Capítulo 03: Responsabilidades.
Se había levantado de su cómoda y reconfortante cama pero no con el ánimo que ella hubiera querido, Elsa se disponía a partir junto a sus guardias reales a las Islas del Sur a entregar a Hans a las autoridades de su reino, al principio el General Stein se opuso alegando que el mar y el reino en sí mismo eran muy peligrosos, pero cuando una reina ordena algo se debe cumplir. Todo estaba en orden como a ella le gustaba, el reino (y con esto me refiero al pueblo) estaba feliz, la familia era amable y los negocios seguían prósperos, sin embargo la situación del país hubiera entrado en crisis si el general no hubiera tomado cartas en el asunto de su asesinato así que Elsa, como Reina de Arendelle, debía actuar para salvar a su gente, a sí misma.
Y mientras la reina se preocupaba por el reino alguien más cercana a ella velaba por su seguridad, Dina "la leñadora" se había levantado muy a su pesar en la mañana para dirigirse al castillo y enfrentar su destino siendo guardia real y proteger no sólo a Elsa y a su familia sino también al pueblo que la acogió.
Sus puertas siempre han estado abiertas pero sólo observaba con esperanza las montañas detrás del castillo pues allá en la lejanía podría estar un hogar que ella nunca conocería, a su parecer, al menos no ahora, no cuando había escogido agradecer todos los favores que le habían hecho, era su momento de devolver el favor así que se armó de valentía y pese a lo que dijeron sus padres corrió con entusiasmo hacia las puertas del castillo dónde aún no habían llegado ni el general ni sus guardias, en el trayecto saludo a muchos conocidos a los que vendía madera para subsistir, todos se sorprendían por su vestidura poco femenina y comentaban acerca de su amistad tan cercana a la Reina y príncipes, no podían creer que ahora vistiera como un hombre.
El general desde una alta ventana del castillo la observo esperando pacientemente frente al castillo soportando el frio de la mañana con un humilde vestido que seguramente no la resguardaba del todo así que respiro hondo mientras bajaba las escaleras pensando que decirle a esa chica rebelde.
Las frases "eres una chica", "no hay puestos libres para ti" o "no eres de este reino" estaban totalmente descartadas pues el ser chica no le impedía nada ya que la reina de Arendelle era la mas valiente y hermosa mujer de ese reino y más, tenía muchísimos puestos vacantes que cubrir ahora que se iba de viaje y al nacer en el castillo poseía incluso privilegio real.
─Viniste ─dijo con su áspera voz y su acostumbrada mirada seria que penetraba el alma de cualquiera.
─Siempre cumplo con mi palabra─Estableció Dina firmemente.
─Señorita, estoy consciente de que usted en verdad quiere entrar en la guardia real ─dijo luego de inflar su pecho con firmeza─ sin embargo, no podemos dejar que cualquiera entre sin una prueba previa...así que aun tienes tiempo para desistir.
─Acepto la prueba ─insistió al darse cuenta por sus palabras que el general la quería fuera de la guardia.
─Sígueme entonces─Hablo Stein con firmeza. Se dirigieron hacia una casa humildemente construida pero increíblemente abarrotada de personas, no cualquier persona, ellos eran guardias reales dispuestos a brindar su servicio por el reino. Fue en ese momento cuando Dina se sintió poco menos que una leñadora, era un pequeño conejo en la cueva de muchos lobos sin embargo solo trago saliva y con ella sus miedos.
─Les presento a Dina, nuestra nueva integrante... ─los chicos comenzaron a murmurar recordando que esa chica en algún momento les vendió leña, Stein hizo una pausa─ muchos de nosotros iremos a las islas del sur mientras otros se quedaran aquí, ¿entendido? Hay una lista al frente de la casa, allí aparecen los que se van a las islas, los que no aparezcan se quedaran, pueden ir y leerla ─observo a Dina y le hablo firmemente─ tu cargo sera encargarte del reino hasta que vuelva, si algo le sucede incluso a una hormiga de este reino no podrás entrar en la guardia real...ademas, ten especialmente cuidado en los príncipes.
Dicho esto el general se despidió de sus soldados y dejo anonadada a una simple leñadora.
Ser un muñeco de nieve y que le guste dar abrazos cálidos no es nada fácil y mucho menos cuando todo el reino tiene tantos ni;os peque;os curiosos, había pasado solo una hora de caminata por el pueblo y Olaf había perdido su nariz diez veces por parte de los peque;os de Arendelle y no podía contar con la ayuda de Sven, Kristoff, Denis o Boris pues aquel cuarteto estaban trabajando en lo alto de la montaña, fue entonces cuando comenzó a correr para encontrar un sitio donde esconderse y descansar por algunos minutos pero sus brazos eran muy largos y sus pies muy cortos así que de un momento a otro se encontró tirado en el suelo, sacudió la tierra de su cuerpo y al observar al suelo consiguió una carta con un sello rojo imponente al frente, inocentemente solo la tomo y se la llevo para leerla en casa...
El frió estaba mas imponente que nunca en lo alto de las monta;as haciendo que Boris cada vez necesitara mas cosas con la que cubrirse, incluso Denis desobedeciendo a su padre se quito su abrigo para dárselo a su hermano menor.
─Quédense en el trineo yo iré a picar el hielo ─Dijo Kristoff.
─Yo quiero ayudarte ─repuso Denis con confianza.
─No me arriesgare a que caigas en el agua congelada sin abrigo ─culmino Kristoff la conversación. Tomo su pico, cierra y cuerdas y comenzó con su trabajo cotidiano.
─¿Que tal te pareció el baile? ─pregunto Denis a Boris queriendo indagar acerca de los sentimientos que sentía su hermano por la leñadora.
─...Normal...─respondió sin mucho animo.
─Vamos se que bailaste con Dina! algo tienes que contar... ─Dijo como si no le importara en absoluto.
─Se a donde quieres llegar...─Hablo Boris.
─¿Ah si? ─contesto incrédulo.
─Quieres escuchar que me gusta Dina... ─Comento serio─ y claro que me gusta pero yo solo le agrado, como un hermano...
─Quizás lo veas de ese modo porque ella y yo nacimos el mismo día... ─Dijo intentando consolarlo.
─No lo creo pero no importa, me di cuenta que no todos los amores son como los de mamá y papá... ─suspiro. Denis no pudo mas que verlo un poco entristecido sin embargo se disponía a hacer algo por su pequeño hermano.
Klara no podía creer lo que le estaba pidiendo su madre, le había encargado el reino por dos semanas completas alegando que tenia la edad y la disposición para cuidar de un reino tan grande.
─¿Pero a dónde iras, donde estará mi tia Elsa y papa? ─pregunto Klara desconcertada.
─Tu padre y yo teníamos que visitar el reino corona desde hacia un buen tiempo y Elsa y yo decidimos que dadas las circunstancias nadie mejor que tu y tus hermanos podrían encargarse del reino...en especial tu, que eres la mayor... ─Contesto Anna relajada.
─¿Cuando se irán? ─Cuestiono Klara sin relajarse.
─Hoy por la noche ─esa respuesta desespero a Klara mucho mas comenzó a dar vueltas por todos lados a hiperventilar y a contar las cosas que debían resolverse y hasta las que no.
─¡Relájate Klara! ─Grito Anna saliendo de su compostura─ seras una reina por dos semanas, querías responsabilidades y ahora las tienes...solo confía en ti...
Klara asentio sabiendo que ahora tenia mucho trabajo que hacer.
La noche llego rápidamente y con ella los príncipes que luego de una larga jornada de trabajo en las monta;as heladas Boris, Sven y Kristoff se sentian exhaustos mientras que Denis se sentía extrañamente con fuerzas renovadas, el solo descargo los cubos de hielo y aun así en cuanto llego al castillo continuaba arreglando uno de los salones que nadie usaba, luces una mesa con cómodas sillas, un centro frutal de mesa, velas, vino, comida e incluso rosas de las mejores (que había conseguido en el jardín), todos esos preparativos tenían un propósito, esta noche tenía que hacer que a Dina le gustara su hermano Boris, aunque él no estuviera. Cuando el lugar estuvo perfecto se vistió y fue al humilde hogar de la leñadora, toco con calma la puerta de madera y de ella salió Gerda.
─ ¡Príncipe Denis! ─Dijo sorprendida haciendo una reverencia al instante─ pase y siéntase como en casa.
─Oh, no hace falta que haga una reverencia cada vez que vengo Lady Gerda ─Hablo Denis sonriente mientras entraba en una casa tan pequeña que él se sentía un gigante, retratos cubrían la estancia y él se sentía reconfortado por el olor a rosas por todo el lugar, algo extraño pues por el trabajo que ejercía su amiga como leñadora casi siempre hacia que el lugar oliera a humedad, madera y moho─ De todas maneras vengo muchas veces a esta casa…
─Tienes razón, pero un príncipe es un príncipe… ─Gerda lo miró por un instante y sintió lágrimas salir por su mejilla─ Oh, lo siento mucho…
─ ¿Está bien? ─pregunto preocupado.
─Es sólo que…recuerdo cuando usted y Dina tan sólo eran unos bebes y ahora usted es todo un respetuoso príncipe y Dina, vaya, como la voy a extrañar… ─Comentaba con una sonrisa nostálgica─ la casa ahora se sentirá vacía…
─ ¿Qué? ─dijo anonadado por las cosas que la señora Gerda decía─ ¿A qué se refiere con eso?
─ ¿No lo sabe? Dina ahora es parte de la guardia real…
Un momento de silencio invadió la humilde casa hasta que la puerta de la casa volvió a abrirse para mostrar a una uniformada Dina.
─Mamá, estoy en casa… ─Dijo con múltiples bolsas de comida en sus manos, las dejó en la mesa y se sorprendió al ver a su amigo de infancia─ Denis…─Él la miro rudamente pero retuvo los sentimientos encontrados por la ya vieja Gerda.
─ Entonces ahora eres una guardia ─Hablo rudamente.
─Así es… ─rectifico Dina.
─ ¿Por qué no me lo dijiste? ─Se levantó de su silla exaltado y moviendo las manos exageradamente.
─ ¿Porque habría de decírtelo? ─contesto ella con una pregunta.
─Por ser tu amigo ─afirmo él fríamente─ Siempre haces éste tipo de cosas, ¿primero vender leña y ahora esto?
─Es mi decisión y no me harás cambiarla ─Habló calmadamente mientras ordenaba lo que estaba dentro de las bolsas de compras.
─Y pensar que a Boris le gustas ─murmuro Denis sin medir sus palabras.
─ ¿Que Boris qué? ─Preguntó Dina rápidamente al escuchar tales palabras. Denis cerró su boca y se marchó de la casa, no sin antes despedirse de la señora Gerda dejando a la nueva guardia real con la palabra en la boca. La comida ya no tenía propósito, ni las rosas y mucho menos su traje.
Notas de autora: Espero les guste este capítulo, he tardado porque había estado muy apegada a los estudios pero ya la historia tiene fin, sólo falta escribirlo… (Falta mucho para el fin) Nos leemos~
PD: He mejorado los dibujos, la de la portada es Dina a los 15 años, pero tienen la idea de cómo es al menos...
¡GRACIAS POR LOS REVIEW'S!
