Liechtenstein entra a las nueve menos dos minutos por la puerta del cuarto de Suiza con una pila de tortitas con chocolate recién hechas que ha hecho Canadá, que huelen de muerte, mira a Suiza, nota sus labios marrones, mira la escultura de Austria, deja las tortitas y le saca una foto antes de tratar de despertarle con un suave "bruder?"
Suiza se revuelve un poquito, entreabre los ojos y se saca la mano de los calzoncillos sin saber dónde está... Quizás si se ha tomado un poco de pastilla.
—Bruder? —repite poniéndole la mano en el hombro—. Son las nueve, Bruder.
—Son las... Eh? —abre más los ojos y la ve un poco borrosa. Abre la boca sintiéndola pastosa.
—Las nueve... te habría dejado dormir más, pero... la boda...
Suiza pega un SALTO y se cae de la cama.
—¡Las nueve! ¡La boda!
Liechtenstein da un saltito y un gritito del susto.
—¡Es muy tarde! Es muy... Es... Es... —se levanta y da unas vueltas sobre sí mismo—. Ya debería estar en la iglesia!
—Nein, nein, tranquilo, he hablado con England, vendrán a buscarnos un poco más tarde.
—¡Pero es a las doce! —corre por su reloj y nota la escultura... Se sonroja y la trata de cubrir.
—Ja, ja, pero son las nueve, no hay forma que hagamos tres horas a la catedral.
—Nein. Nein. Pero tengo que bañarme y vestirme y desayunar... Y llegar antes... ¡Y aun necesito tiempo para arrepentirme!
—Mira, Canadá te ha hecho tortitas para desayunar —se las muestra.
—Ah... Tortitas —levanta las cejas y se acerca un poco a Liechtenstein porque no parecen tortitas normales. Se le hace agua la boca en cuanto las huele.
—La abuela y nosotros ya estamos todos preparados, he vuelto a plancharte el traje esta mañana —le sonríe.
—¡Mi madre!... ¡Y el traje! —toma las tortitas, eso sí, porque se está muriendo de hambre. La mira notando que en efecto esta ya lista—. Verdammt, ¡yo me debía levantar temprano!
—Lo he pensado, pero Canadá ha dicho que necesitabas estar descansado y que era un poco pronto.
—Yo iba a despertarme a las cinco —se mete un gran bocado de tortitas a la boca—. ¿Has traído algo de beber?
—Ja, hay chocolate. Lo he hecho yo— le tiende la taza.
—Danke —le da un trago y se quema un poco, pero no tiene mucho tiempo para chillar por ello. Aprieta los ojos—. ¿Vendrá Deutschland por mi madre?
—Ah... ja, ehm... ja.
Asiente respirando rápidamente.
—Tengo que ducharme —se mete otro pedazo grande a la boca y se levanta—. ¿Sabes algo de Österreich?
—Ja, está... está despierto hace rato.
Ya se había encaminado al baño se detiene y la mira.
—¿Está despierto... Está... Bien? ¿Qué sabes? ¿Cómo sabes?
—Ha llamado antes Ungarn, hemos hablado.
—¿Y qué te ha dicho? —frunce el ceño con el asunto de ser Hungría.
—Quería saber cómo vamos con todo, le he dicho que bien, ha dicho que Deutschland vendrá por la abuela después de dejar a Österreich en la iglesia para que focalice su ira en los músicos...
—¿Focalice su ira? ¿Cuál ira?
—No lo sé, supongo que... está nada más gritando.
La mira con cara de circunstancias porque en su mente... Austria está completamente ecuánime y tranquilo, sin ninguna preocupación.
—¿C-Crees que debería hablar con él?
—Ehm... si quieres...
Vacila un poco más... ¿Y si ahora no quería casarse? Busca su teléfono notando que no está donde debería.
—Aunque a mí me parece que nada más está nervioso... como cuando vamos al Musikverein.
—Pero es una boda, ¡él lo ha hecho ya!
—Bueno... no contigo.
—¡Cielos, mira la hora! —nota al ver el teléfono—. ¡Y no me he bañado!
—Ve a hacerlo y avísame para que te arregle el pelo.
Asiente yendo corriendo y olvidando a Austria. Mientras él va, Liechtenstein ordenadamente le hace la cama y recoge los restos del desayuno. Gracias, Lili. Luego que vaya llamando señorito a los demás que bien entrenada que está la niña.
Buen punto. Suiza de verdad no tendrá tiempo ni de arrepentirse. Tal vez ahora mientras Liechtenstein le peine y le corte el pelo... que tendrá que estar quieto y sin moverse.
—¿Y si... Y si voy por Österreich... Y me lo llevo?
—¿A dónde? —le peina tranquilamente y acaba de hacer exactamente esto mismo con Helvetia, vais a estar monísimos los tres con el pelo igual.
—A donde sea. Lejos de la boda.
—¿Pero para qué?
—Para no casarnos...
—¿No quieres casarte?
Traga saliva.
—No creo querer casarme en estas condiciones. Somos dos adultos, podríamos casarnos solos.
—Pero es bonito que todos lo veamos y sepamos que os casáis... que lo compartáis.
—Pero es que...
—A mí me gusta mucho que hagáis esto —la chantajista, le acaricia el pelo. (Sí, Austria le enseñó bien). Él cierra los ojos.
—¿Por qué?
—Me parece muy hermoso que por fin demostréis al mundo que os queréis y queréis estar juntos para siempre. Yo os quiero mucho a los dos —contra todo lo que tú le enseñaste sobre odiarle. Suiza se sonroooooja.
—Tú debías odiarle —protesta un poco.
—Oh... —susurra.
—Al menos eso te enseñé... O intenté.
—Pero yo le quiero porque tú le quieres... —susurra de nuevo. Él gruñe un poco pero la mira de reojo.
—Ya, ya lo sé —aprieta los ojos—. Es un idiota al que cuesta demasiado trabajo odiarle.
—Bruder... hoy no es un día para odiarle.
—Ya lo sé que hoy es un día para quererle del todo.
—¿Entonces?
—Entonces... No es tan simple.
—¿Por qué no?
—Porque van a reírse y... Aun me da... Aun creo que es posible que él...
—Nadie va a reírse, Ungarn me ha asegurado que va a tener controlado a Preussen ¿Que él...?
—No lo haga igual de vuelta —susurra—. O que lo haga... diferente. No lo sé. O que vaya mal y otra vez lo pierda para siempre. Estamos bien así... ¿Y si todo cambia?
Venga Liechtenstein... Las palabras finales de aliento para tu hermano.
—Que una persona no te quiera como quieres no significa que no te quiera con todo su corazón, bruder...
—Y tú piensas que él...
Asiente. Suiza resopla un poco.
—Hoy va a ser un día muy hermoso, seguro todos van a decirte cosas muy bonitas, por favor, déjate disfrutarlo.
—Que yo me deje... Disfrutarlo —repite valorando sus palabras. Ella asiente otra vez.
—Soy yo, verdad... El que simplemente no me lo permito.
—Eso creo.
Toma aire con esa nueva perspectiva pensando que... Sí. Claramente tenía todo hoy. Tenía a Liechtenstein a su lado, a su madre y a su padre. Iba a casarse con el hombre que amaba desde que tenía consciencia y aparentemente lo quería de regreso y no podía dejarse llevar solo por temer miedo al cambio o a que fuera mal. Ella se vuelve a cortarle el pelo en silencio, dejándole pensar.
—Avísame cuando termines, bitte —pide seco y serio y justo así es que ella lo hace.
Suiza se gira un poco a ella y la abraza. Ésta levanta las manos con las tijeras para no hacerle daño, asustándose un poco y le devuelve el abrazo tras unos segundos.
—Me salvaste, Lili... Me hiciste persona otra vez.
—Y tú a mí cuando no tenía a donde ir...
—Ya es tarde... —susurra unos segundos más tarde, soltándola.
—Ja, un poco —ella se separa y recoge sus cosas, yendo para dejarle vestirse tranquilo y se limpia una lagrimita de un ojo secretamente porque esto le hace mucha ilusión y se ha emocionado un poco.
Suiza sonríe leve leeeevemente asintiendo para sí, dispuesto a ver qué pasa si se deja a si mismo ser un poco feliz.
xoOXOox
Austria está a punto de asesinar a alguien, todos los músicos tiemblan cuando lo ven andar de un lado a otro con cara de mala hostia, imaginando como le atraviesa la garganta al primer violín con su propio arco... Se llama balance perfecto.
Romano se acerca a él con cautela... Aunque en el fondo le parece muy divertido esto porque al menos a él no puede hacerle nada.
Mientras el austriaco se pellizca el puente de la nariz gritando de nuevo quien sabe qué instrucciones contradictorias al coro, quienes todos saben que les está imaginando consumidos por las llamas.
—¿Austria?
—... Y me encargaré personalmente de que cualquiera que falle una sola nota, lo más parecido que pueda hacer en la vida a hacer música sea haciendo cantar al cristal de las copas del restaurante donde traba...—se detiene y se vuelve al que osa interrumpirle.
Romano le sonríe un poco, aunque no crean que no sin cierto temor.
—Signiore Austria para ti, mocoso —le riñe en italiano, señalándole con el dedo.
—Debería ser Eminencia para ti... —murmura por lo bajo—. SIGNORE AUSTRIA, ¿Podrías acompañarme?
—¿Dónde está Vaticano? —pregunta aguantándose mucho de soltar un "la cría que como se ponga a llorar te juro que va a quedar muda para el resto de la vida" haciendo un gesto para que vaya delante. "Y su padre, también. Lo que no conseguí tras siglos de matrimonio..."
—Con Spagna... —le mira de reojo—. No interrumpirá tu hermosa música, no te preocupes.
—Bien, no es como que este grupo de inútiles no merezcan ser interrumpidos —riñe a los músicos sin mirarles—. Otra vez desde el principio. ¡Voy a estar oyéndolo!
—No, no. No. No vas a estar oyendo nada —camina delante de él y le hace un gesto—. Sígueme, hay algo importante que hacer.
—Claro que voy a estar oyéndoles, ¡con lo que desafinan se les oye desde Wien! —protesta siguiéndole igual.
Romano se ríe un poco bajito, metiéndole por detrás del altar.
—¿Qué es lo que ha pasado ahora? —pregunta cuando ya están un poco más lejos.
—Ahora te explicaré.
El suspiro de "no tientes mi paciencia que te debo un castigo limpiando todas las piedras de los Alpes desde el siglo XV, no creas que se me ha olvidado". Romano cierra la puerta de la sacristía con llave y se la guarda en el pantalón. Austria le mira fijamente, impaciente.
—Vale, no pasa nada más que creo que necesitas relajarte —sentencia—. Por tu propia seguridad incluso... Y la de todos los que te rodean.
Austria parpadea.
—Estás actuando como loco desquiciado... Y creo que deberías poder pasarlo mejor.
—Lo pasaría mejor si no fuera a ser todo un desastre, ¿has oído el segundo cello? No me digas que me calme cuando está sonando así, Römer.
—Sí, si te digo que te calmes porque tus gritos suenan aún más desafinados que el segundo cello... Y eso es preocupante.
Se lleva la mano a la garganta impresionado con eso, lo que faltaba que le dijeras.
—Lo que quiero decir es que estas simplemente histérico y necesitas... Relajarte. Y relajarte a cualquier precio es lo que pretendo hacer. ¿Que suele funcionarte?
—Lo que funciona es que esos graves... Mein Gott in Himmel —se quita las gafas y da un par de vueltas, frustrado.
—Suena bien. Suena ridículamente bien. Suena mejor que Pavarotti cantando —le asegura cruzándose de brazos—. ¿De verdad pretendes pasarlo mal el día de tu boda por esto?
—Esto... esto es importante, Römer, esto es la boda. Es la obra de mi vida, lo que llevo escribiendo desde que empezamos a usar notas... ¡desde antes, incluso!
—¿Y cómo vas a terminarlo y que suene perfecto si tu vida no se acaba hoy?
—Es perfectamente evidente que no está acabado y que no suena perfecto o no me habrías encerrado aquí —vuelve a un tono de voz mesurado.
—Bien, como hemos dejado claro ya, entonces... DEBE ser imperfecto. ¿Te sirvo vino de consagrar?
—Nein, no imperfecto de este modo.
—Suena perfecto para todos
—¿Te parece que yo estaría así si eso fuera cierto?
—Me parece que tú no eres capaz de oír como "todos" así que no puedes decir si suena o no perfecto para los demás —se levanta y saca una botella que claramente NO es vino de consagrar. Toma el cáliz y sirve un poco en el sentándose sobre el escritorio de la sacristía y haciéndole un gesto para que se acerque.
—No seas ridículo —protesta acercándose igual—. Soy perfectamente capaz de ser crítico, sé a lo que te refieres con eso pero deja de intentar desacreditarme —sigue, aunque trata de suspirar y bajarle la agresividad a su tono de voz.
—Claro que eres capaz de ser crítico —ojos en blanco—. De lo que no estás siendo capaz es de detenerte.
—Pues es algo que no planeo hacer hasta que ya no quede más remedio —le mira con una ceja levantada—. ¿Qué esperas de mí exactamente?
—Que te calmes y pienses en otra cosa hasta que sea la hora —estira el cáliz hacia él.
—¿En qué otra cosa? ¿Obligarte a ti a repasar de nuevo toda la misa hasta que te la sepas a la perfección? Es un ejercicio de focalización, Römer, lo descubrí en mi segunda boda —niega porque sinceramente siente que podría vomitar.
—Oblígame a eso si quieres... Creo que enfocarte está bien, pero hacerlo en la música me da sin más dolor de cabeza que repasar lo que ya me sé —le mira como por encima de las gafas en un movimiento imitado de él.
—A mí me da dolor de cabeza como es que ellos lo hacen. Está bien. Empieza —gesto con la mano. Romano suspira.
—¿Algo que quieras cambiar? —da un trago al cáliz.
—Probablemente, lo decidiré en cuanto vuelva a oírla.
—¿Sabes algo de Svizzera?
—Ungarn les ha llamado antes, dice que todo va de acuerdo con el plan —lo cual es una vil mentira, pero Hungría no quería presionarle más.
—Eso es lo más importante... Por cierto. ¿Quieres confesarte?
—Confesarme... —cierra los ojos y sonríe un poco ante esa idea, pensando si hay algo que quiera confesar.
El italiano sonríe porque le ha hecho sonreír, esperando.
—¿Confesar algo como sueños eróticos con mi primer marido? —bromea expresamente solo porque eres tú y considera amable que le estés tratando de calmar. Romano levanta las cejas.
—Por ejemplo. Aunque si es así no vas a terminar de rezar tú penitencia ni para cuarta boda —sonríe un poco. Austria niega con la cabeza y chasquea la lengua aun sonriendo un poco—. Así que se más selectivo con lo que confiesas... Quizás un desliz con Prusia o algo en la línea nos sorprendería menos.
—Más bien pesadillas es lo que tenido los últimos días —sigue negando con la cabeza a eso y sonríe un poco más.
—¿Pesadillas con qué?
—¿A ti que te parece? —abre los brazos señalando alrededor. Romano le sonríe ahora un poco él y hace los ojos en blanco.
—Esperaba que fueras un poco más específico —se encoge de hombros.
—Obviamente con todas las cosas que pueden ir mal. ¿Vas a psicoanalizarme? —le mira y Romano casi se ríe... Pero no lo hace.
—Claramente no, eres tú el experto en eso—le mira—. Estábamos confesándote.
—Déjame pensar... avaricia... ira... soberbia... pereza... —va asintiendo a medida que los nombra, contando con el dedo, finalmente cierra los ojos y se sonroja un poco—. Y lujuria.
—Vamos a concentrarnos en la lujuria ya que me parece el más raro en ti —decide Romano, un poco en broma, un poco en serio. El austriaco le mira por encima de las gafas con cara de circunstancias.
—Por supuesto, nada que ver con qué es lo que te parece más interesante —te conoció ayer, este hombre. Romano pone el cáliz sobre el escritorio y junta las manos sobre su regazo haciendo esa cara tan ensayada que tiene de "reverendo padre". Sonríe un poco maligno un instante.
—Exactamente, esto es porque los pensamientos y actos lujuriosos que involucran sexo premarital... Gay, no sin bien vistos por nuestra santa iglesia —explica con voz pausada.
—Espero que no tenga que venir a decirte yo eso a ti durante el convite —le riñe un poco de vuelta y el italiano se sonroja.
—Desde luego mi situación no te concierne. No estamos aquí para juzgar... —sonríe forzado—. Ni para hablar de mí. Volvamos a tu lujuria.
—Aja...
—¿Qué quieres confesar de estos pensamientos o actos? ¿Todos son con Svizzera?
—Ja, puedes volver a relajarte. El problema es que no estoy seguro de que esto funcione si no estoy arrepentido —empieza a andar de un lado a otro, nerviosamente…
Hace los ojos en blanco con ese primer comentario porque en realidad hace muchos, muchísimos años que dejó de tener celos de Austria. Lo mira hacer sin moverse.
—Técnicamente para la confesión si sirve, aunque no te arrepientas.
—¿No se supone que el fin de esto es conseguir el perdón a través de arrepentimiento?
—Ah, justo a eso iba. En dónde vas a tener problemas es en la parte de la contrición y en la penitencia, que no esperaba que cumplieras.
—Así que confesarme sin arrepentimiento es básicamente... contarte los chismes.
—Estás aun perdiendo el foco de la utilidad de esto... Signore Austria —sonríe y carraspea—. Lo que quiero es distraerte.
—No estarás tratando de distraerme mientras arregláis algún desastre del que no se me ha informado, ¿verdad? —mirada de hielo.
—Sí, la verdad es que la Iglesia entera se está incendiando —ojos en blanco—. Te expliqué ya que quiero distraerte porque hasta las paredes están nerviosas con tus gritos.
—Me calmaré cuando todo empiece —asegura pasándose una mano por el pelo.
—Veremos si es verdad... Por ahora, cuéntame de lujuria.
Austria hace los ojos en blanco.
—¿Tu sabes algo de cierta escultura de chocolate? —aprovecha para preguntar ya que estamos.
—El interrogado interroga. Sí, sé de una escultura de chocolate.
—Pues hazte una idea y cuéntame sobre ello —exige cruzándose de brazos.
—Contando y contando me parece un mejor trato —se señala a si mismo y luego al austriaco que suspira por paciencia.
—Con preguntas directas —negocia.
—Bien—asiente pensando que ya le va bien.
—Bien. ¿En qué modo estabas implicado en el asunto de la escultura?
Romano sonríe de lado y se encoge de hombros.
—Directamente, en ninguno. Solo era un invitado —explica—. ¿Cuántos actos de lujuriase has cometido en la última semana?
—Define acto de lujuria.
—Sexo o acto de onanismo.
—Uno. ¿Cómo podías ser un invitado si esto fue ayer en la despedida de soltero y solo estaban invitados England und Mein Vater?
—La lista de invitados era mucho más extensa.
Entrecierra los ojos porque eso es desviar un poco la respuesta, pero no protesta.
—Así que uno solo... Vaya, he de decir que esperaba que el pecado fuera más extenso. ¿Sexo o acto de onanismo?
—Teniendo en cuenta que ni siquiera nos hemos visto esta semana... ¿Quiénes eran todos los invitados?
Romano levanta una ceja.
—¿Por qué no se han visto? Vale, vale. Ehm... Veneziano, Helena, Egitto, Roma, Germania, Spagna, Francia, Prussia, Inghilterra, America, Russia –escalofrío— ... Belgio con el Stronzo di merda y Liechtenstein... Que creo que iba con alguien.
—Para no caer en el pecado —sonríe levantando las cejas con toda esa gente—. Mein Gott... ¿Qué más le hicieron? ¿Cómo pasó?
—¿Hacerle? Mmm... Directamente nada, nadie le tocó ni le besó ni le bailó encima... Y dudo mucho que haya tenido sexo con alguien más, a no ser que Inghilterra... —deja la frase al aire con cara inocente.
—No me refería específicamente a eso, ya imagino que no fue así.
—No le han hecho nada TAN grave —ojos en blanco—. ¿Cuándo fue la última vez que hicieron el amor, entonces?
—No fue hace tan poco —se devuelve. El italiano arruga la nariz y hace los ojos en blanco con esa respuesta.
—Intentaron que contara historias guarras sin lograrlo... Pasaron un video con fotos de esas de Hungría que la gente iba explicando y... La escultura.
Austria levanta las cejas con eso. Romano las levanta en espejo porque asumió que si sabía lo de la escultura sabría esto.
—Historias guarras... —repite negando con la cabeza y sonriendo un poco—. Ungarn lo hubiera pasado bien con vosotros.
—Ya imagino que tú no les contaste nada digno de repetir.
—Suelo ser bastante discreto —y cínico hasta decir basta.
—Eso ya lo veo. No me has respondido.
—El lunes pasado.
Le mira con curiosidad pensando en lo tremendamente raros que son los germanos. Él se habría comido a España con total necesidad casi hasta anoche si fueran a casarse... Se sonroja un poco y gira la cara.
—Espero sinceramente que no disparara a nadie.
—¿Que más quieres saber? Ah... Bueno, sí que sacó la pistola.
Levanta las cejas.
—Con la escultura. Estaba tremendamente histérico.
El austriaco aprieta los ojos pero sonríe un poco imaginándolo.
—En realidad ahí se terminó la reunión. ¿Cuándo fue la última vez que tuviste una fantasía sexual digamos con... Prusia?
—Con Preussen... —vuelve a mirarle por encima de las gafas, dejando de sonreír—. Qué bonita pregunta para hacerle a alguien el día de su boda —le riñe.
—Justamente por eso es que la pregunto, espero que me digas que hace años —sonríe un poco culpable y se encoge de hombros—. Tengo que cerciorarme.
—Nunca —responde tan cínico.
—Si tendrás morro... —susurra Romano en respuesta. Austria sonríe—. ¿Algún otro detalle morboso que quieras saber sobre tu futuro marido y su obsesión contigo?
—¿Algún otro que sepas y quieras contarme?
Romano inclina la cabeza y le mira.
—Nah, nada que no sepas ya, en realidad y si no lo sabes, espabila.
—Siempre tan amable.
—Pues vas a casarte con él. ¡Aunque sea un histérico que saca la pistola y asusta a todo el mundo! Aun así asumo que has notado lo que tienes.
—Debisteis tensar demasiado la cuerda —niega con la cabeza.
—Solo a ti te interesa conocerle cuanto hay que tensársela —se inclina un poco hacia él—. ¿Estás seguro de querer casarte con él?
—Es la primera boda en la que no le echo de menos —confiesa como respuesta, desviando un poco la mirada.
—Así que pensabas en el en tus otras dos bodas... —levanta las cejas.
—No para que estuviera en el lugar que está en esta... pero sí para que estuviera al menos aquí, conmigo.
—¿Sabes? Para ser Germanos... —Romano le sonríe de lado—. Claramente su problema es de expresión, no de sentimientos. Aunque cuando era pequeño siempre te considerará un bastardo sin corazón.
—No tuviste una infancia muy normal —Austria le mira de reojo.
—Ah ¿no? ¿Por?
—Por lo general... —se encoge de hombros y aprieta los ojos volviendo a oír algo feo en la música.
—Por lo general... —presiona para que siga con la idea.
—¿Pues no te lo parece?
—Bueno, ser el esclavo de un bastardo sin corazón ciertamente no es lo más normal.
—Esclavo... —repite y vuelve a oír algo—. ¡Basta! ¡Tengo que ir a gritarles por eso!
—¿Y de verdad crees que gritarles va a servir de algo? —no se mueve.
—¡Pues al menos se les meterá en la cabeza como hacerlo bien!
—Se les meterá en la cabeza que hay que matarte. Creo que voy a ir yo a decirles que están libres hasta las doce.
—¡Que intenten matarme si se atreven! ¡¿Cómo vas a darles libre!?
—Así, diciéndoles que vayan a comer algo o tomarse un café.
—No vas a hacer eso Römer —le asegura empezando a perder toda la calma que había logrado.
—Vale, vale, no lo hago —entrecierra los ojos y escucha también—. ¿Por qué no quitas ese cello?
—Porque va a sonar demasiado débil sin él...
—¿Sabes? Hay una película... Que le encanta a Vati.
—¿Aja?
—Es una de estas películas animadas...
—¿Y?
—Es una ridiculez con hielo y canciones —y te hizo llorar también, confiésalo—, pero hay una que creí que debes cantarte hoy a ti mismo.
Austria le mira esperando que siga y el menor le sonríe.
—Let it goooo, Let it goooo
Ojos en blanco otra vez.
—Como lo voy a dejar pasar, nunca volverá a haber un día como hoy. Este es el momento.
—Solo vas a casarte una vez con él. Accedió a venir y hacer tu gran boda. ¿Y qué si el cello suena mal? —levanta los brazos y hace gestos.
—Solo voy a casarme una vez con él. Accedió a venir y hacer mi gran boda. El cello tiene muchísimos días para sonar mal que no son este —replica.
—Lo único que me preocupa es que por estar traumatizado con el cello dejes de pensar en lo que de verdad importa.
—No puedo hacer nada con lo que de verdad importa y si no me preocupo por esto hoy, ¿qué otro día voy a hacerlo?
—No hablo de ahora —ojos en blanco—. Hablo de en el momento de la boda.
—Nunca he ido a gritar a un cello a mitad de una boda.
—Como esté Svizzera en un momento mirándote con ojitos de amor esos ridículos que hace y tú estés histérico con el cello... Aunque no le grites...—se levanta y saca la llave de la puerta.
—No ibas a poder estar tú más cerca para llamarme la atención —le fulmina.
Se ríe. Austria le sigue mirando con cara de advertencia de todos modos.
—Te cantaré —asegura con voz suave y conciliadora, yendo a la puerta—. ¿Algo más que pueda hacer por ti, Signore Austria?
—Te elegí para uno de los papeles más importantes, en uno de los días más importantes de mi vida porque confío que estarás a la altura y me harás sentir orgulloso. No me decepciones —pide mirándole a los ojos, no en un tono de voz especialmente frío.
Romano le sostiene la mirada y se pone un poco nervioso con esto, cambiando la cara a una más seria. En realidad, sí que quiere hacerlo bien y sí que quiere que se sienta orgulloso.
—Irá bien y si algo no va bien lo arreglaremos —asegura. Austria sonríe y asiente un poco, lo que vendría siendo el equivalente a un abrazo.
Romano vacila un poco porque como que esto parece ser el momento del abrazo. Lo sentimos, él NO es Germano. Decide que vale madre, Austria necesita un poco de contacto así que él le abraza un poco y éste levanta las cejas y parpadea sin esperárselo... los italianos siempre te sorprenden con estas cosas. Al final le da unas palmaditas a la espalda, dios, Austria, que mal se te da esto.
—Dioses, que mal se te da esto —el italiano protesta un poco y se separa una vez que le parece que ha sido tiempo suficiente de abrazo.
—En fin...
—En fin, vamos —se pasa una mano por el pelo y abre la puerta y ahí salen los dos...
xoOXOox
Prusia se acerca a Alemania una vez ha vuelto a arreglarse tras dejar a Austria en la iglesia a primera hora.
—Hallo —murmura nerviosito casi sin mirarle.
—Heil!
—¿Has visto las llaves del Mercedes? No las encuentro.
—Ah... ehm... nein. Tal vez el señorito.
—Nein, Nein. Si lo dejé en la iglesia en el Mercedes y luego vine aquí... Quizás en el abrigo —le mira de reojo y está a PUNTO de pedirle que vaya él por Helvetia. Se sonroja.
—Bueno —respira y sonríe porque por un momento ha pensado que ayer se las dejó en algún lado—. ¿Y ya estás preparado para tu pareja?
—W-Was?! —se tropieza con una baldosa y da un saltito.
—Pues ya sabes...
—Nein. Neinnein! No es mi pareja, yo solo voy... ¡Porque Österreich me dijo!
—Eh?
—¡Pues no sé de dónde estás sacando eso! —Alemania levanta la voz y hace cierto tonito chillón leve, aun así muy impropio de él.
—¿De dónde saco el qué? Solo te pregunto si estás listo.
—¡Nein, no estoy listo! —se pellizca el puente de la nariz—. Pero aun no tengo que irme. No le digas a Italien.
—Pues más vale que te des prisa porque no tardaras en verle —sonríe maligno. El alemán aprieta los ojos.
—Ya, ya lo sé. Gracias por recordármelo.
—De todos modos Italien y todos te van a ver...
Palidece en concreto por el "todos".
—Nein. Nein. Nadie tiene por que ver nada, Preussen —susurra pensando en Suiza.
—¿Como que no?
—Pues no. Solo nos van a ver llegar y quizás un poco en la misa.
—Y luego en el baileee...
—Oh... Ohh! ¡Es verdad, verdammt!
Prusia se ríe malignamente.
—Lo bueno es que quedará claro a Italien que no le necesitas para nada.
—Nein. Nein! Hoy no es el día... No puedo... Nein! Se supone que al fin vamos a volver, de no ser así todo sería bastante diferente.
—¿Diferente?
—Ja. Ja. Quizás entonces... —vacila un poco—, Mein Gott
—Was?
—¡Nada, nada! No debería estar pensando en eso —se va a su abrigo bastante en pánico.
—¿Pero en qué?—se va detrás.
—En nada. No debería pensar en nada. Solo es un encargo.
—¿Cuál encargo? ¿De qué hablas?
—De ir por ella.
—¿Por quién?
—¿Como que por quién? Preussen... ¡De verdad no estoy para esto!
—Es que no sé de qué me hablas...
—¿Pues como que de qué? De lo que estamos hablando.
—¡Tú estás hablando de no sé qué encargo, yo te hablo de tu pareja!
—¡No es mi pareja!
—Claro que sí, no seas negativo.
—¡No lo es! ¡No lo es y no lo digas!
—¿Pero porque no?
—¡Porque no! ¡Porque no se puede, porque está Italien!
—Und? Italien se fue y te dejó, ¿recuerdas?
—¡E Italien va a volver hoy!
—Eso no lo sabes.
Alemania frunce el ceño
—Sí que lo sé, va a volver hoy —insiste preocupado con que no lo haga.
—De todos modos pienso que merece verte llegando del brazo de otro.
—Esa era la idea desde el principio...
—Pues de eso es de lo que te hablo.
—Pero es que nein, nein. Parecía simple pero todo esto se ha vuelto muy complicado —murmura encontrando al fin las llaves en un extraño bolsillo del abrigo.
—¿Qué es lo que se ha vuelto complicado?
—Pues todo, Preussen —hace los ojos en blanco—. Eso que hace Italien no es en lo absoluto simple.
—¿Eso qué?
—Ir y acostarse con todos. No es nada simple ni se puede hacer.
—Pero hombre, no tienes por qué hacerlo. Solo es que te vea llegar. Anda, no seas remolón que será awesome.
—N-No es como que tenga yo la opción —se sonroja porque no es que pretenda hacerlo ahora OTRA VEZ.
—Was? ¿Por qué no?
—¡Pues porque no! Es lo que quiere Österreich.
—¿Que te acuestes con alguien?
—Preussen!
—¡Pues es que no entiendo lo que dices!
—¡No es que quiera, verdammt! ¡Al contrario!
—¿No es que quiera el que?
—¡Que me acueste con ella, ya bastante maldito lio es!
—¿Con ella quién?
—¿Pues con quien crees? El encargo de Österreich.
—¿Pero qué tiene que ver todo esto con tu pareja?
—¿Pues como que qué? ¡Es ella!
—¿Ella? Nein! Te dije que te buscaría a alguien. ¿La quieres a ella?
—¿A-A... Ella? —se sonroja tres veces más.
—Nein?
—¡Yo no dije en ningún momento que la quisiera! —responde MUY nervioso.
—¡No entiendo lo que quieres entonces!
—¡Volver con Italien!
—¿Y qué? Vas a pasar de todo y a irte arrastrando a por él OTRA VEZ.
—¿Y qué es lo que quieres? ¿Qué le deje y me vaya con ella? Porque ya lo he valorado yo, danke.
—W-Was?
—Verdammt —se pasa las manos por el pelo y carraspea apretando los ojos.
—¿Has valorado ir con ella?
Tarda en contestar.
—Nein... Al menos no ir —lo que no quiere decir que no ha valorado la opción, de manera completamente teórica, de dejar a Italia y hacer una vida nueva... con Helvetia.
—Pero... bueno, que se joda el señorito —sonríe. El menor parpadea y frunce el ceño.
—No tienes ni idea de nada, ¿verdad? No es para joder a Österreich es que...
—¿Aja?
—Es que ella es... Es... Diferente —Alemania no me jodas que ahora esta es una conversación del doctor corazón. Prusia... Dale un golpe.
—¿Diferente? —el problema es que Prusia está entendiendo que no quiere ir por ella AHORA para llevarla a la iglesia y que si la quiere o no como pareja de HOY. De hecho ni siquiera está seguro del todo de QUIEN es ella
—Ja, es diferente a Italien, es salvaje, no sabe nada del mundo, pero es dulce y delicada —es que además que Italia no te vea o te oiga decir estas cosas que va a morirse.
—Und?
—¿Pues como que und?
—Pues... ja, parece todo eso, aunque no sé qué le ves de dulce. Ehm... ¿la conozco?
—¡No es Italien! Él es... Es... No lo sé —le mira de reojo —. Es todo muy confu... Was?! Como que... Was?!
—Pues... ella. ¿De quién estamos hablando?
Parpadea, parpadea... Una microventana de oportunidad.
—De... —traga saliva—. Angela.
—¿La... bundeskanzler?
—J-Ja. Ja. Ella —carraspea un poco y es que es la única mujer que se le ocurre en este momento.
—¿El señorito quiere que la lleves a la boda? Nein! Mein Gott! ¡Tengo una pareja mucho más awesome para ti en el salón!
—W-Was?! —parpadea tomado por completo por sorpresa.
—Anda, venga, es lo que he venido a decirte. Ya te dije que te traería a alguien... anda que la Bundeskanzler... como si eso fuera a impresionar a Italien.
Por un lado Alemania se siente genuinamente aliviado de haber quitado a Helvetia de la ecuación... Hasta que recordó que Prusia SI iba a traerle una pareja. Con lo enfadado que estaba Austria con él, ¡solo faltaba que fuera una meretriz! Aprieta los ojos dejándose arrastrar.
Prusia le empuja al salón y sale corriendo... que poca imaginación tienes, Alemania, que mal guionista de pesadillas serías...
—Privet.
—Oh Mein g... PREUSSEEEN! —protesta incrédulo.
No hay respuesta del albino, tal vez una risita maligna en lo que Rusia se pone de pie.
—Verdammt, como si no tuviera ya los suficientes problemas —rabia Alemania entre dientes sin podérselo creer, llevándose la mano a la cara como si así pudiera desaparecer mentalmente a Rusia
—¿Qué problemas tienes, tovarisch? —mano a la cabeza.
—No tengo ningún problema —intenta quitarse—. Tienes que ir a la iglesia.
—Me ha dicho Prussiya que vamos juntos.
—Nein. Cambio de planes. Tú vas ahí solo y yo llego más tarde.
—¿Por qué?
—Porque... —vacila un poco pensando que ya está de racha de inventos útiles, debe podérsele ocurrir una idea genial—, necesito que me ayudes a apartar lugar en la iglesia.
—Pero Prussiya dijo que íbamos juntos.
—Bueno, ahora Deutschland dice que no.
—Le diré a Prussiya —se encoge de hombros.
—Puedes decirle ahora mismo si quieres. Tengo que irme, pero... Ehh... Nos veremos más tarde
—Da —tan feliz... es que le da igual—. Buscaré a Soedinennye Shtaty. No le digas a Putin.
Alemania casi le sonríe porque esto ha sido muy fácil.
—Búscalo. No le diré a nadie, te lo prometo.
—Bien —y de repente se acuerda... hace una sonrisa de tiburón—. Spasiba.
Que le da un escalofrío al alemán... Se detiene un instante antes de irse.
—¿Podrías darme un chupito de vodka antes de irme?
—¡Da! —para eso siempre hay tiempo, sirve un par y se toma él los dos antes de pasarle a Alemania el suyo y tomar un tercero.
Alemania parpadea pensando que todo esto es un rollo extraño como siempre. Se toma el suyo de golpe y se arrepiente de haberlo pedido, como siempre.
—¿Otro? —él ya se lo está sirviendo.
—Nein. Nein. Tengo con uno, danke. Nos vemos en un rato... Tovarisch.
Rusia le hace "adios adios" con la mano.
Y ahí vamos... esto ya está en marchaaaaaa ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!
