Austria llama a su padre porque no puede creer que aún no hayan llegado, miraqueselodijo y aún tiene que ocuparse él de Galia así que... taptaptaptaptap en el suelo mientras espera que le conteste al teléfono.

—Hallo.

—¿Nomevengasconhallodondedemoniosestás?

Germania parpadea.

—E-Estamos en camino. ¿Tú dónde estás?

—No debías estar en camino, Vater, debías estar aquí AHORA.

—¿Para qué? Aun no empieza. Schweiz acaba de hablarme a decirme lo mismo.

—¿Has hablado con él? —cambio absoluto de tono de voz.

—Ja, hace ni diez minutos —un poco exasperado pensando que están juntos.

—¿Q-Qué... qué te ha dicho? ¿Cómo está? —claramente nervioso y raramente inseguro.

—¿No está ahí contigo?

—Nein. Me habrían avisado si hubiera llegado ya, no podemos vernos antes de la ceremonia, ya te lo he explicado.

—Ah, eso... Es verdad. Está... Ehm... —y lo que pasa es que esta chillón e histérico—. Un poco nervioso creo yo.

—¿Ha dicho ya que se arrepiente? No estoy seguro de querer saberlo... —confiesa porque si lo ha hecho malo y si no, de lo raro tal vez aun peor. Germania parpadea.

—Pues parecía más preocupado por otras cosas. Algo me dijo de quedarse dormido y en realidad sospecho que quería saber si ya te había visto por eso pensé que ya había llegado y tu no.

—De todos modos vamos según el tiempo previsto, debía estar protestando y arrepintiéndose hasta las once y cuarto —el cínico.

—Si no se arrepiente es bueno, ¿no?

—No estoy seguro, de todos modos el asunto es que TÚ no vas según el tiempo previsto. ¿Por qué no estás aquí?

—Porque Rom es imposible.

—Lo siento, mi vida, pero ya vamos para allá —grita Roma de fondo.

—¿Y Galia? —pregunta Austria frustrado.

—¿Galia? Con el idiota estirado —frunce el ceño.

—Se supone que tú tenías que ocuparte de llamarla y asegurarte que venían.

—¿Yo? Pero ella no quiso venir conmigo.

—No traerla, Vater, llamarla.

—Ahora le hablo, pero deben ser los primeros en llegar, pasaron la noche en Bern.

—No lo son... ¡y date prisa!

—Vaaaale ¡NO me regañes!

—¡Como voy a no regañarte si llegas tarde!

Germania ya va a contestar de nuevo en protesta pero gana la prudencia.

—Voy a hablar con tu madre.

—Más te vale —Austria le cuelga.

Germania suelta una grosería en sajón antiguo hacia el teléfono, marcando a Galia y creo que es posible que si que sean los primeros a menos que Galia de verdad no coopere.

Roma se acerca a Germania a hacerle cosquillas con la barba en la cara, riendo. Germania protesta un poquito algo sobre rasurarse y que ponga atención al camino... Pero sonríe un poquito de lado porque está de buen humor. Le pone una mano en la pierna con el teléfono en la oreja

Roma se ríe sin apartarse hasta que pitan porque ya se ha puesto verde el semáforo, así que tiene que separarse.

Germania se estira un poquito y le da él un beso suave en el cuello. El problema es que no sé Galia que tanto caso haga a su teléfono. Si hace ruido, bastante. Gracias a Gales.

Es que es británico, la puntualidad le importa mucho y más a un lugar donde sabe que Galia debe quedar bien. Así que si, deben estar ya en camino si Austria les dijo que más les valía que llegaran temprano. Entonces sí que contesta tranquilamente.

—Allô?

—Hallo —saluda un poquito distraído e idiotizado con Roma.

—Germania, ¿qué pasa?

—¿Dónde estás?

—En el coche, vamos para la iglesia —le sonríe a Gales. Gales le sonríe de vuelta, estira por su mano y le da un beso en el dorso.

—Ah, menos mal, ya sé.

—Oye, ¿tú has hablado con Austria? —pregunta Galia.

—Acabo de colgar con él. ¿Por?

—Egipto me ha llamado antes... ¿tú sabes cuantos días va a durar y tenemos algún regalo? —y que justo te preocupes de esto ahora, en el coche camino a la iglesia dice mucho de ti, Galita.

—¿Egipto? ¿Qué quería? —levanta una ceja—. Dura solo hoy y sí que tenemos un regalo de todos.

—Pues saberlo... es que las bodas ahora son tan raras...

—Si nos casáramos sabrías todo lo que hay que saber de las bodas —susurra Gales al otro lado del teléfono. Es decir... Al otro oído de Galia, que le guiña un ojo sin responder a eso.

—¡Ah! ¡Sabía que lo teníamos! ¿Qué es?

Pues de los Ancient... casa de Roma, es que los veo yendo a sacar a un niño de un orfanato para que lo usen de esclavo o algo así. Veneciano dice que iban a hacer eso y él les dijo que no, así que les compraron una casita pequeñita en las playas italianas, en Sicilia.

—Dile que luego le daré el llavero para que se lo dé a Suizzra para hacer la broma de que solo les regalamos unos llaveros a juego —pide Roma a Germania.

—Es una casita en las playas del Sur de Italia... Roma dice que te dará el llavero para hacerles la broma de que solo le regalamos unos llaveros a juego —repite Germania haciendo los ojos en blanco.

—Aaaah! ¡Que bonito! —exclama ella.

—¿Tú tienes el de Austria, non? —pregunta Roma a Germania.

—Ja, lo traigo aquí —asiente buscándose lo en los miles de bolsillos que tiene el saco. Gales le recuerda que ellos dos también le tienen un regalo a Austria, que han hablado antes de ello.

—Dile que si vuelve a llamar Egipto que le diga de mi parte que no se ponga histérica, que no es poco —pide Roma.

—Que si vuelve a llamar Egipto no le contestes —Germania pasa el mensaje que le interesa.

—¡No he dicho eso! —Roma se ríe.

—Ah... ¿por? —pregunta Galia.

—Porque es molesta —resume Germania encogiéndose de hombros y mirando a Roma con sonrisita.

—Ya hablaré yo con ella —niega él con la cabeza.

Gales, que no es muy feliz con este asunto de la llamada misteriosa con Germania, aprovecha un semáforo para acercarse a Galia y darle un beso rápido en los labios. Galia sonríe devolviéndoselo tan tranquila.

—Ten cuidado cuando llegues, Galia, por cierto... —advierte Germania pero ella no hace mucho caso. Germania frunce un poquito el ceño—. ¿Galia?

—Eh? —pregunta ella volviendo en si después del beso.

—Que Österreich está de bastante mal humor. Solo para que lo consideres. Ahora nos vemos.

—Ah... vale, hablaré con él luego —asegura.

—Bien... —vacila sin saber que decirle, queriendo decir algo bonito y poético respecto a que le gusta mucho compartir con ella la boda del hijo que tienen en común... Aunque ella no quiso venir con él y parece en si feliz por todo el concepto, nada especial con él. Frunce un poco el ceño—. Hasta ahora —el emo surge de entre las tinieblas.

—Hasta ahora —responde con una risita y Germania corta.

—Ya llegamos —hace notar Gales señalándole la catedral a su derecha, dando la vuelta para estacionarse. Si se fijan bien, parece un poco más nerviosito que de costumbre y diría yo que más pegajoso, pero es difícil que sea MÁS pegajoso aún.

—¡Oh, qué bonito! ¡Mira cuantas flores! —exclama echándose hacia la ventanilla para verlas.

—Flores entre la nieve, no voy a negar que tienen mucho encanto —sonríe hacia ella al verla emocionada. Llegar temprano tiene sus ventajas, encuentra un lugar lo suficientemente cerca como para no tenerla que dejar en la puerta y venir a estacionarse.

—¿Cómo van a ser las nuestras? —pregunta ella con ensoñación. Bien, así es como uno consigue que Gales CASI le pegue al coche.

—Las... ¿Nuestras flores en...en nuestra boda? —la sonrisa es absurda (e Irlanda dice que ridícula)—. Azules, quiero que combinen con tus ojos y con el hermoso cielo que va a haber sobre ti para cobijarte.

—Entonces tendrá que ser en verano —decide mirándole a los ojos.

—Eso imagino yo... En verano en París —asiente él.

—¿En Paris? —sonríe. Gales se sonroja un poco.

—En donde tú prefieras. Me casaría contigo incluso en Rome si eso te hiciera ilusión... Pero pensé que bueno, querrías que fuera en tu casa.

Ella se ríe un poco con eso. El británico la mira sonriendo poquito porque se ríe aunque se le nota muy muy nervioso.

—Claro que lo primero no es eso... —vacila y la mira con mucha seriedad antes de buscarse algo en el bolsillo del saco.

—Non?—le mira interesada.

—No... Primero hay que conseguir que quieras casarte —sonríe y gira la cara, sacando la mano de adentro del bolsillo, pasándosela por el pelo—. ¿Bajamos?

—Ah, eso —se encoge de hombros y asiente.

Él se vueeeeeelve a estirar a darle un beso, esta vez un poquito angustiado pero Shh, no le digan a nadie y ella se lo devuelve porque sí quiere casarse pero no tan pronto. (Y él tampoco, no se dejen engañar)

—Vamos, te abro la puerta —sonríe otra vez como idiota después del beso, separándose y abriendo la puerta para bajarse e ir por los abrigos.

Y ahí se espera ella tranquiiiila mientras Gales abre la puerta de atrás, se pone y abrigo y los guantes, toma abrigo de Galia, da la vuelta con parsimonia al coche y le abre.

—Uhh... Hace frío aquí afuera —susurra tomándola de la mano para que baje del coche. Galia se baja y se abraza a si misma porque sí que lo hace.

Gales saca su anforita de whisky, siempre útil para estos climas. Le ofrece un poco.

—¿Ya empezamos con eso? —le mira de reojo, sonriendo un poco mientras le deja que le ponga el abrigo.

—Hace frío y es solo un traguito para calentarnos —se defiende abrazándola por la espalda una vez puesto el abrigo.

Ella se ríe un poco más, girándose para darle un besito corto.

—¿Te he dicho ya que te ves preciosa?

—No, una tremenda falta de tacto por tu parte —bromea. Él se ríe un poco también.

—Es que las palabras no te hacen justicia hoy, my love —asegura sonriendo y tirando suavemente de ella para llevarla hacia la iglesia. Ella también se ríe dejándose llevar y yo sospecho que si Austria está gritando, los gritos se oyen desde el atrio. En cuanto abren las puertas ya se deben oír. Gales levanta las cejas al oír los gritos. Galia traga saliva acojonándose un poco, en realidad.

—Veo que tu hijo no está muy de buenas...—comenta Gales tras un carraspeo

—Germania me lo ha dicho, pero... —le mira de reojo.

—No lo tenía yo como una persona... Ehm... Agresiva.

—Yo tampoco —susurra. La abraza de la cintura y ahí se acercan los dos, él notando que parecen llegar a buena hora y Galia decide que porque no van a pasear antes un rato a esperar que llegue más gente.

xoOXOox

Rusia está sentado en mitad de la iglesia sin tener en cuenta el lado de nadie ni de nada, donde le ha gustado, tan tranquilo, escuchando los gritos de Austria como si viera una película, porque ha intentado bailar, pero como le paran la música a cada rato, ha decidido que no se puede.

América mira a Egipto de reojo antes de entrar y le pregunta que si quiere hacer un muñeco de nieve.

—No, hace muchísimo frío. Espera que venga tu hermano o quien sea y lo haces con él —se mete dentro directa. Él se mete tras ella mirándole el culo, hemos de decir y quitándose el gorro dentro de la iglesia.

—Hello? —grita un poco y el grito resuena en las paredes. Rusia se gira en automático con el grito y Austria deja de gritar un instante.

—Whooooa! —Navidad para el niño—. Commie?

—Privet! —se levanta mientras Egipto se quita el abrigo mirándoles a ambos sin mucho interés. Creo que Gales y Galia salen de detrás de por ahí al oír los gritos.

—Hey! ¡Pensé que llegarías temprano! ¿Quieres hacer un muñeco de nieve?—pregunta medio cantando... y no precisamente bajito.

Rusia sonríe y tararea lo que sigue a la canción. América le sonríe también y se le acerca dando saltitos.

—Come on! Egypt no quiso jugar conmigo y... ¿Viste lo bonita que está la nieve afuera? —alguien impídaselos de verdad.

Rusia sonríe mirándole dar saltos a su alrededor.

—Sooo? ¿Quieres? ¿Quieres? ¿Vamos a bailar al rato? —debe haberle preguntado sobre eso mil veces.

El ruso asiente efusivamente.

—He estado ensayando con Egypt —ya me imagino, Egipto debe tener un dedo hinchado.

—¿El baile?

—Yes, verdad, Egypt? —le pregunta sonriendo pero Egipto ya no está ahí... Sinceramente se ha ido con Austria a ver que grita y si puede gritar a alguien. Uy, dios... Pobres, POBRES músicos. Es como la peor mezcla posible.

América levanta las cejas al ver que no está ya y se gira con Rusia sonriendo otra vez.

—Well... Yes, he estado ensayando. No que no lo haga ya mejor que tú, obvio, pero quería hacerlo aún mejor.

—La música que hace Austriya es siempre muy bonita —va andando a su lado hacia fuera.

—Pues ahora parece solo que esta gritando —sonríe un poco y se gira a la iglesia antes de salir—. WE'LL BE BACK IN A SEC!

Nadie te hace caso, América. Mejor, en realidad le da igual, solo es para que no se diga... Lo bueno es que los gritos de Austria han bajado y puede que si este no fuera el día de su boda estuviera mirando a Egipto de una manera especial.

En la salida, América y Rusia se topan con Germania y Roma.

—Guapoooo —le grita Roma a América riéndose. Él se ríe un poco abrazando a Rusia y sonrojándose.

Germania hace los ojos en blanco y tira de él riñéndole un poco. Roma se deja riéndose, claro.

—Pórtate bien, que Österreich está enfadado y va a regañarnos.

—Nah, claro que no —riiisas.

—Claro que sí, ¡tú no lo oíste! Está enfadado y va a encontrar algo por que gritar —le mete a la iglesia y a la que se oye gritar es a Egipto.

—¿Esa es... Egipto? —Germania levanta una ceja.

—Oh, cielos... —Roma se tensa.

—¡Lo que nos faltaba! ¿Qué hace esa mujer gritando aquí? —protesta yendo hacia los gritos arrastrando a Roma detrás.

—Pero no te acerques... ¡insensato! —protesta Roma deteniéndole.

—¡Voy a callarla! ¿Qué hace gritando en la boda de mis hijos? ¡Ya bastante es que haya tenido que venir!

—No te acerqueees... —trata de detenerle—. Será por algo.

—Será por algo... Bah! No hay NADA por lo que gritar en la boda de mis hijos. De verdad, solo eso me falta —sigue caminando pese a las recomendaciones.

Roma se va detrás de él... a una cierta distancia. Germania se acerca con paso seguro y levanta más la ceja... Cuando ve a Austria ahí. Así que carraspea, ya que estamos. Y a Egipto con uno de los chicos del coro de rodillas, llorando. Del coro además... Ahora no tendrá voz. Austria dirá que ya no la tenía.

—¿Pero qué demonios... ? —protesta Germania acercándose directamente a Austria, que está ligeramente sonrojado y se mete un susto con su padre porque estaba tan concentrado que no le ha oído.

—¿Qué pasa? ¿Qué hace está loca?

—Esta... aleccionando a mis músicos.

—¡Y qué hace aleccionando a tus músicos! Voy a echarla, lo advierto —da un paso hacia ella. Germaniaaaa.

—¡Ni se te ocurra!

—Was?! ¡Está aquí, gritando en tu boda!

—Ja... ¿no es increíble? Vamos, quiero que sientan terror del bueno.

Germania parpadea y mira a Austria sin creérselo.

—Hace esto mismo con los alumnos y todos la odian —murmura frunciendo el ceño porque Egipto no le agrada ni tantito. Arruga la nariz y se cruza de brazos—. Hallo.

—Lo imagino. Es maravilloso porque ahora creen que yo soy un ángel —asegura.

—Lo cual es bastante que decir —sonríe de lado con el cinismo y le mira de reojo—. ¿Cómo estás?

—Bien, bien... llegas tarde —recuerda de repente.

—Es buena hora. Aun no llega nadie... ¿Y tu madre?

—Dímelo tú.

—Me dijo que estaba en camino cuando hablé con ella, pensé que ya estaría aquí —explica.

—Aquí no ha venido.

Levanta las cejas y saca el teléfono.

—¿Y Schweiz?

—Tampoco...

Le mira otra vez, levanta la mano y le toca la mejilla.

—Espero que esté más tranquilo hoy, ayer me quedé preocupado.

Austria le mira con cara de horror con ese comentario.

—¿C-Cómo?

—Pues estaba muy... Diría yo que tenso, no lo he visto pero sé que hasta sacó la pistola y terminé por irme con Preussen porque me dijeron que estaba muy mal. Espero que hoy esté más tranquilo.

—¿Qué pasó exactamente?

—No lo sé, solo estaba muy enfadado y dando gritos, lo escuché hasta el baño. Y ya sabes cómo se pone... No habla con nadie —le mira pensando en Suiza enfadado cuando era pequeño—, a excepción de contigo.

—¿Cómo consiguió Preussen colarse?

Germania carraspea un poco más, sin mirarle.

—Creo que tú puedes poner otra vez a Schweiz tranquilo.

—Estoy seguro de que puedo, pero eso no responde a mi pregunta.

—¿Por qué quieres saber eso? —suspira.

—Porque me temo que tiene que ver contigo siendo demasiado permisivo.

—Éramos solamente tres. Y Preussen dijo que quería ir y pasar la tarde con su bruder.

—Así que tú fuiste el culpable de que Schweiz acabara histérico.

Suspira otra vez.

—Me pareció que era agradable que estuviéramos juntos nosotros tres, si tú ibas a estar solo con Deutschland.

—No es conmigo con quien tienes que excusarte —le fulmina.

—¿Vas a regañarme nada más o me dejarás que te cuente algo importante que pasó ayer?

El moreno se cruza de brazos y levanta la barbilla.

—No te enfades con tu padre que solo quiere verles felices a todos —murmura poniéndole una mano en el hombro—. Es un buen día, vas a casarte, deja de estar enfadado y escucha esto. ¿Sabes quién es England? El pequeño de Britania.

—Ja, claro que sé quién es England.

—¿Te agrada? —le mira tan impaciente e irritable. Sonríe un poco más porque es adulto, está vivo y entero e incluso da miedo.

—Bueno, no es quien yo elegiría como amigo, pero...

—Escucha... Ayer me dijo que Britania ha dicho que es hijo mío también.

—¿En serio? —levanta una ceja. Germania asiente con cierta efusividad—. Qué bonito, no tiene dos hijos del mismo padre.

—Ja. Eso implica que son cinco chicos y no cuatro. Es más grande que... Deutschland.

—Ja, lo sé... y le va encantar saberlo a Deutschland, créeme.

—¿Por?

—Se llevan bastante mal.

—Oh... Oh —se rasca la mejilla—. Bueno, es el mejor amigo de Schweiz... Y al final si va a ser su padrino uno de sus hermanos. ¿Por qué se llevan mal?

—Perdimos la última gran guerra contra él y todos sus aliados... Preussen también estará encantado.

—Como tú, por lo que veo.

—Esto me recuerda... vigila a Helvetia —le señala con el dedo.

—¿Eh? ¿Que la... Vigile de qué? ¿Ya llegó? —mira a la puerta y se acojona un poco al pensar en una flecha en su cabeza.

—Nein, Deutschland ha ido por ella, pero está raro. Vigílales a ver si te enteras de qué va —porque como te lo cuente yo se lo vas a decir a Suiza y se va a poner histérico, así que entérate tú solo que tardarás más. El mayor frunce un poco el ceño.

—Espero que no le atraviese con nada.

Austria levanta las cejas con el doble sentido de eso.

—Tú no les pierdas de vista, por si acaso y cuéntame a mí antes si te enteras de algo.

—Aun así dudo que me entere yo de algo, hijo... Ya sabes que Deutschland no me habla —se encoge de hombros asintiendo igual. Le mira otra vez a la cara—. ¿Estás listo ya? ¿Quieres hablar de alguna cosa? ¿Una plática padre hijo?

—Me he casado dos veces antes y tú ninguna, pero... bitte.

—Eso es verdad... —admite levantando las manos en rendición—, pero bueno... Algo habrá que tu viejo y anticuado padre pueda decirte.

—Veamos —esa mirada interrogante digna de maestro de escuela. Germania le pone las manos en los hombros.

—Cuando eran chicos, siempre temí por los dos estando separados. Tú eras demasiado débil, y Schweiz era excesivamente antisocial. Y ahora están los dos aquí, adultos, tu casado dos veces, él rico e independiente. Han superado por mucho mis expectativas.

Austria sonríe un poco porque aun con todo es bonito oírlo.

—Aun no sé cómo lo lograron separados y a estas alturas no me importa. Lo que sí sé es que sin importar las dificultades que aparenten tener, o que haya momentos de tensión, o momentos difíciles... Ustedes dos pueden hacer lo que quieran estando juntos. Lo he visto, los he visto ser mejores chicos juntos y hacerse crecer.

El austriaco sonríe un poco de lado.

—Estoy tranquilo porque sé que van a estar bien, sé que si alguien puede cuidarte incluso poniendo en juego su vida es él, y si alguien puede calmarle y sacarle del silencio eres tú.

—Qué bonito —asiente sinceramente. Germania le pone la mano en la mejilla.

—Si algún día dudas de si hiciste o no lo correcto, o de si las cosas van o no van bien, mira hacia atrás... Tan atrás como quieras. Puedes recordar su infancia... O puedes recordar el punto en que a pesar de todas las diferencias, lograron estar juntos —le sonríe un poco e infla el pecho—. Que orgullo volver y ver a mis hijos ser hombres de bien.

Volviste en buena época...Hace notar Polonia. Austria opina lo mismo. Germania le da unas palmaditas suaves en la mejilla y le suelta.

—Danke —sonríe sinceramente mirándoles a los ojos porque de verdad son importantes las palabras de su padre, pero es que de verdad está preocupado por un millón de cosas—.Ve ahora a ver si encuentras a Galia, bitte.

—Vale, seguramente estará por ahí. La llamaré —asiente Germania, a la vez que Austria. La frialdad de todos.

Y ahí se va a Germania a llamarle por teléfono y descubrir que él mismo escucha el teléfono de Galia dentro de la iglesia.

¡Mierda! Tan bien escondida de estaba ella.

—Galiaaaa —la llama colgando y dando una vuelta sobre sí mismo.

Es que creía que habían salido, tal vez estén arriba, o en alguna de las capilla. De hecho, para entonces, Germania nota que ya hay una poca más de gente. Eso incluye a Liechtenstein y a Canadá...

Joder, todos los latinos llegan tarde siempre.

Inglaterra es que va a despertarse tarde fijo, seguro cuando le llame Liechtenstein para decirle que vaya un poco más tarde.

Y entonces Francia va a tener la ABSOLUTA necesidad de hacerle el amor. Lo cual es un drama porque llega tarde, tienen que vestirse y afeitarse y ducharse y peinarse y... Francia es convincente y persistente.

—Es queeeee —lloriqueos. No te creas que a UK le resulta fácil negarse.

—Rápido y verás cómo llegas más relajado —una de esas dos cosas es cierta... La otra no del todo. Francia iba igual a tomarse su tiempo.

—¡Tú no sabes ir rápido! ¡Y yo no quiero!—añade lo segundo un poco más tarde.

—Shhhh —besos en el hombro y el cuello.

—But, Franceeee —protesta igual sin apartarle.

—Disfruta el momento —se le sube encima—. Je t'aime.

Si no es que no lo disfrute... es que... Es tarde. Pues Francia se toma su tiempo (o eso aparenta, podría tomarse más) haciéndolo con suavidad y lentitud, usando movimientos lánguidos y mirándole a los ojos.

Porque es tarde... Pero Liechtenstein también es una histérica. Y es que Inglaterra se pieeeeeerde. Finalmente, como todo en esta vida, acaban, con bastante intensidad por haber agregado un poco lo "prohibido" y medio culpable.

Francia se le echa encima completamente sin aliento y de mucho mejor humor. Inglaterra le abraza.

—...en... cantas —susurra en su oído el francés.

—Yo te... te... o-odio muchísimo...

Francia se ríe con voz ahogada.

—¡No te rías! —protesta sonriendo.

—¡Qué vas a odiarme!

—¡Sí lo hago, por pesado!

—Nooooon... Yo soy adorable.

—No lo ereeeeees —ya se ha olvidado de la prisa.

—Claro que sí... Y buenísimo en la cama.

—¡Que vas a ser buenísimo!—protesta sin dejar de sonreír y sonrojándose un poco.

—Tienes razón, "buenísimo" no describe lo que soy.

—Un pesado pegajoso odiosoooo.

—Y tu un quejiche.

—Nooooo.

—Mais oui. Eres un quejiche estirado.

—Pesado pegajoso.

—No soy pegajoso, ¡soy cariñoso!

—No! Pesado pegajoso odiosooooo —se ríe.

—No es verdaaaaad —protesta.

—Sí que lo eeeeees.

—Nah, y lo sabes perfectamente. Soy adorable y cariñoso, no bestia como tú.

—Que nooooo —le toca la nariz y no se va a ir nunca. Suena su teléfono. Parpadea saliendo de su burbujita.

—Nooon —protesta Francia abrazándolo.

—The wedding!

Francia levanta las cejas habiéndola olvidado por completo.

—¡Tenemos que irnos! —le suelta, histérico.

—Ugh... Non. ¿Qué hora es? —no se mueve.

—¡Y yo qué sé! —corre al baño.

Francia mira al techo, sonríe un poco otra vez, satisfecho y se levanta, porque el tarda tres veces más que Inglaterra en arreglarse, aun con la ropa ya elegida.

—¿Vas a llamar a Prussia para que venga por ti? —pregunta mientras se afeita.

—Oui, o... A Espagne, depende.

—OK —sonríe porque así no tiene que esperarle. Francia le sonríe de vuelta.

—Espero que Suisse no te mate.

—Iiiih! —se mete a la ducha corriendo.

El francés se estira para buscar su teléfono en la mesita de noche y le escribe a Prusia para preguntarle que si viene por él a qué hora pasaría cuando Inglaterra sale de la ducha vistiéndose a toda prisa sin mirarle ni tener tiempo de tener pudor.

El francés que aun esta acostado sonríe y... Le toma una foto secreta. Inglaterra ni se entera, claro saliendo corriendo. Francia le detiene, eso sí, en la puerta antes de que se vaya. A pesar de las prisas, para arreglarle un poco y darle los toques finales latinos, peinarle un poquito, enderezarle la pajarita.

Inglaterra se deja, claro, de forma bastante natural. El francés le da un beso rápido en los labios al final con el que se sonroja un poco el británico.

—Suerte, padrino —le sonríe.

—You... jum! —sonríe igual.

—Nos veremos en la iglesia.

Inglaterra asiente.

—Anda, corre que te matan —le abre la puerta y le entrega el abrigo. Y así sale corriendo, sujetándose el sombrero. Francia se ríe un poquito por lo bajo, sonriendo idiotizado.

¡Es que le gustas, Inglaterra, de verdad! Y va a tardarse el día y la víspera en arreglarse, eso sí. Se mete a bañar tan tranquilo.

Inglaterra corre por toda Berna hasta llegar a casa de Suiza. Es Liechstenstein quien le abre la puerta, antes siquiera de que toque. Inglaterra parpadea levantando las cejas con el dedo en el timbre.

—Hallo —susurra suavecito—. Ya estamos listos, Mein bruder baja en un minuto.

—Ah… ehm... vale—se pasa una mano por el pelo y se va a hablar con el chofer que lleva el coche con flores.

—Es... Tarde y está un poco nervioso —les quita de la puerta para que pase.

—Ah... —vuelve a medio camino.

—Pero no creo que sea necesario hacer nada más que esperarle —como sacarlo a rastras, piensa para sí.

—E-esperarle. Vale.

Ella asiente nerviosa también en realidad.

—Ehh... Y... EHHH.

El inglés entra pasándose una mano por el pelo y mirando alrededor, nervioso. Liechstenstein cierra la puerta porque se escapa el calor y mira que esta calientito adentro.

Se oyen gritos desde arriba, sobre cosas que no encuentra o la hora, o lo muy idiota que es Austria por alguna razón, hasta que Suiza aparece vestido y peinado... Y nervioso, con el ceño más fruncido que nadie le ha visto jamás.

—¡Llevo quince Verdammt minutos buscando mis pistolas y las tienes tú! —acusa a Inglaterra—. Dámelas.

—Ah... las... —se busca a sí mismo—. Me las he olvidado... en el hotel —sonríe forzado porque NI HA PENSANDO en ellas.

—¡Como vas a haberlas olvidado!

—I-I'm sorry —se disculpa—. ¿Vamos a buscarlas?

—¡No! ¡No nos da tiempo! Mein Gott, nunca debí dártelas.

—Well... ¿estás listo?

Suiza traga saliva y le mira desconsolado. Inglaterra le sonríe un poquito.

—Y- yo... No... No sé...

—Venga —hace un gesto con la mano.

Él hacía todas las cosas en su vida con excesiva seguridad. No había en general paso que diera que no estuviera medido y confirmado como seguro... Y aun así esto le daba miedo, casi paralizante. Aprieta los puños.

—Vamos.

Inglaterra asiente y mira a Liechtenstein a ver si ella ya está. Ella asiente mirando a Canadá y susurrándole que si ya está listo también, poniéndose de pie. El canadiense lo está, claro.

—Vamos entonces... Es tardísimo —sentencia Suiza casi corriendo a la puerta y tomando una bolsa negra de ahí, saliendo hacia el coche.

—Merry Christmas —le desea Inglaterra cuando llega a su lado.

—Merry... What? —parpadea descolocado.

—Christmas.

—¡Ah! Es verdad que hoy también es... No había pensado en ello —levanta las cejas—. Feliz Navidad a ustedes también.

Canadá asiente, sonríe y susurra que ellos también.

—Ahora corran, que es MUY tarde! —arrea un poco a Canadá dando unas palmas

Y así lo hacen. Canadá se acerca un poco a Inglaterra por un abrazo o un beso o una palmada en la espalda o una sonrisa cariñosa o algo... por Navidad... y no obtiene nada. Liechtenstein sale detrás de Suiza sin entrarse de eso sonriendo un poco pero concentrada en hacerlo bien. Suiza mete la bolsa en su coche.

—¿Qué llevas en la bolsa? —pregunta Inglaterra.

—Una... Tontería... Una cosa para saliendo de la misa es... Tradición.

Liechtenstein les sonríe y le susurra a Inglaterra que ella le explicara.

—Rice?

—No, de hecho en vez de arroz se suelen tirar unos dulces... Les explicaré en la iglesia —Liechtenstein explica con voz tranquila mientras Suiza trata de no morir al ver las flores en el coche, uno que Inglaterra alquiló, seguramente una limusina.

—Oh, bien —asiente y Canadá les abre la puerta.

—E-Eso... Eso es... —¡totalmente ostentoso!

—Es bonito, ¿verdad? Austria me lo pidió cuando planeasteis que yo viniera por vosotros.

—¡Österreich es un ridículo ostentoso! ¡Es un coche enorme! ¡Y absurdo! —chillonea irritaaaado.

—Ehm...

—Claro que ÉL iba a querer un coche así de ridículo.

—Pero... es bonito.

—¡Es innecesario! —es que dijiste las palabras mágicas.

—Well...

Austria. La palabra.

Suiza vacila un poco entre la diplomacia... Y el protestar. Mira su reloj.

—¡Vámonoos! Es TARDÍSIMO.

Inglaterra habla con el chofer porque ya están y el coche se pone en marcha. Suiza está HISTÉRICO. Mueve las piernas y se limpia las manos en el pantalón.

—¿Estás bien?

—Ö-Österreich... ¿Saben algo de él?

—Yo no... He venido corriendo. ¿Quieres que le llame?

—Ya está allá —repite Liechstenstein con paciencia.

—No podemos vernos antes de la boda...

—Pero le llamo yo.

Suiza traga saliva y asiente sin poder evitar la curiosidad.

—No creo que te conteste, no me ha contestado nada a mí desde hace unos días.

—¿Qué le preguntamos?

—¿Si no se ha arrepentido?—pregunta inseguro. El inglés parpadea y le mira de reojo.

—Ehm... ¿Estás seguro?

—P-Pues... Solo quería saber cómo está y si aún... —vacila dejando la frase al aire.

—OK... veamos... —Inglaterra marca el teléfono de Austria... que suena en algún lugar de la iglesia. Este mira el nombre y se lo pasa a su padre para que conteste mientras él sigue ocupado en ponerse histérico y ponérselos también a todos los demás, quien mira el nombre y levanta las cejas.

—England, hallo —saluda Germania.

—¡Ah! G-Germany, no quería llamarte a ti —vacila Inglaterra.

—Österreich, tu hermano, me ha pedido que conteste.

—Ah... está bien. Estoy aquí con Switzerland y ya vamos para allá.

—Bien, bien. ¿Cómo está Schweiz? ¿Más tranquilo?

—Well... —le mira de reojo—. Algo así...

—Pregúntale como esta Österreich —pide Suiza.

—¿Cómo está Austria? —pregunta Inglaterra.

—Pues... Yo creo que m... Ehm... Lo he visto mejor —valora Germania mirándole de reojo. Inglaterra hace un gesto de más o menos para Suiza.

—Pero no se arrepiente, rigth? —pregunta un poco preocupado el inglés.

—Arrepentirse... Nein, no creo. Österreich, pregunta England que si te arrepientes —pregunta Germania. Austria faceplam y se ríe. Suiza espera impaciente—. Ehm... Österreich se está riendo.

—Dice que se ríe —informa Inglaterra. Suiza parpadea y frunce el ceño, sonrojaaaaado.

—Dile exactamente lo que te voy a decir. Es una acción, tienes que decirle lo que te digo pero no hacerlo, ¿queda claro? Solo pasa el mensaje y pídele a England que haga lo mismo —pide Austria.

—Pues... Pues es un... ¡Un idiota! ¡No voy a casarme con él! —chilla Suiza a la vez cruzándose de brazos. Germania parpadea escuchando a Suiza chillar.

—Dile que quiero que le preguntes si tiene miedo y que si dice que sí, la respuesta es que obviamente que me arrepiento —pide Austria.

Inglaterra trata de ahogar los gritos tapando el altavoz. Germania mira a Austria y levanta una ceja. Él le sostiene la mirada.

—Dile a Schweiz esto que te voy a decir —pide Germania y tapa el altavoz.

—¿Aja? —pregunta Inglaterra.

—¿Y si dice que no? —se detiene Germania mirando a su hijo otra vez.

—¿Que no qué? —pregunta Austria.

—Que no tiene miedo... ¿No es eso lo que le han de preguntar? —insiste su padre.

—Nein, no has de preguntarle, has de... —se detiene el austriaco—. Da igual, no le digas nada, de todos modos no es una buena idea.

—¿He de decirle que dices que le pregunte? —en realidad es mejor idea de lo que crees.

—Nein, es igual —se detiene a si mismo porque no quiere molestarle pensando que le pondrá muy nervioso.

—Nein, olvídalo, England. Österreich no quiere decirle nada —asegura Germania para el teléfono.

—¿Eh? ¿Decirle de qué? —pregunta Inglaterra.

—De nada, no quiere que le digas nada —resume.

—Dice que no quiere decirte nada —le dice Inglaterra a Suiza, que sigue sonrojado, protestando entre dientes y, eso sí, muy pendiente del teléfono. Parpadea con eso… Austria se pasa una mano por el pelo, sin saber muy bien que hacer por culpa de los nervios que lo traicionan.

—W-Was? —y es que no es lo usual y no es lo que Suiza esperaba... ¿es que había alguna razón por la cual NO hablarle ni siquiera a través de la gente? ¿Solo se había... Reído de su pregunta? Se sonroja un poco más y deja de chillar y protestar en realidad asustándose un poco—. Cuelga.

—O-OK... Germany, nos vemos ahora, ¿vale? —se despide Inglaterra.

—Ah, vale, vale —asiente Germania devolviéndole el teléfono a Austria.

—Und? —pregunta Austria.

—Nada. Me ha dicho que ahora nos veíamos y ya.

Austria frunce el ceño porque eso tampoco suena... convincente, pero lo achaca a los nervios guardándose el teléfono.

—Ya falta poco —le pica su padre levemente notándolo nerviooooso. La FULMINACIÓN que se lleva. Traga saliva un poquito acojonado aunque se ríe bajito poniéndole una mano en el hombro.

—Y ya viene Schweiz en camino... Todo va a ir bien —murmura.

—Ja, ja. Vale, voy con los músicos. No le dejes acercarse.

—No le dejaré. Tú no mates a nadie.

Vuelve a fulminarle un poco y se va. Germania se encoge de hombros y silba un poco buscando a Roma.


Yaaaaa vaaaaaan llegaaaaaaando toooooooodoooooos ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!