Capitulo 05: Las tragedias de un reinado.

Calmar al pueblo parecía trabajo sencillo, al menos cuando lo hacia Elsa, pero era el momento de Klara. Tomó un poco de aire y se dispuso a calmar la euforia, dijo:― Pueblo de Arendelle, estén calmados pues el palacio esta a su disposición ―observó el cielo y fijó que la tormenta provenía de las montañas, de aquellos cuentos lejanos de los que habló alguna vez su madre cuando tan solo tenia 5 años― la tormenta no nos debilitará, en cambio esperaremos pacientemente a que pase y, si no lo hace, enviaremos a nuestros mejores guardias reales para saber mejor su procedencia, así pues...me despido.

Entró en el castillo nuevamente y se dirigió junto a sus hermanos que, quizá por cobardía o respeto, no abrieron la carta sin la presencia de la Reina Klara.

Boris la abrió un poco extrañado y prosiguió con su lectura.

"Reino de Arendelle.

Hace mucho tiempo me expulsaron de sus tierras, sin dejarme las puertas abiertas al comercio, y ahora que leen esta carta es tiempo de venganza, deben estar consientes que he muerto, yo, el Duque de Weselton dejando a mis más fieles seguidores sin saber la causa. Es tiempo de que su reino se hunda, junto conmigo. Su enemigo, Duque de Weselton."

En cuanto terminó de leer la carta, Dina, que había salido del castillo, volvió exasperada junto a ellos, dirigiéndose a Klara dijo:―Su majestad, el jinete murió, sin embargo, aunque esta muerte es indeseada, hay algo mucho peor que esta ocurriendo justo ahora.

―¿Qué está sucediendo? ―preguntó.

―Los barcos mercantes, mi reina, todos se están yendo del reino ―comentó. Klara seguida de los guardias y sus hermanos corrieron al puerto para intentar controlar la situación, pues resultó que el jinete antes de dar la carta a la realeza tenia un comunicado urgente a los mercaderes, debían irse de Arendelle o fracasarían en negocios futuros, todo dirigido desde Weselton y los más grandes mercantes.

Dina, desde la distancia observaba como Klara, Boris y Denis se exasperaban al ver los botes partiendo, ellos intentaban buscar una solución a todo pero ellos rechazaban todo y se marchaban, fue así como pasó una hora y sólo algunos botes se observaban a la distancia, sin nada que hacer y con deshonra Klara se marchó a su habitación dejando a cargo a Denis y Boris. El pueblo de Arendelle confiando en su reina no molestó esa tarde.

Aprovechando su tiempo libre Dina optó por ir a meditar en busca de una solución a los establos.

―Sven, ¿qué deberíamos hacer? ―preguntó― ¿Qué debería yo hacer? ―no sólo se preocupaba por el reino, sino también por su amiga. Sven observó extrañado a Dina y lamió con delicadeza su mejilla dándole todo su apoyo― Gracias Sven ―musitó. Observó entonces el cielo en busca de una respuesta pero sólo observó el problema incesante, la tormenta no había parado desde sus comienzos, fue entonces cuando decidió qué hacer.

―espera aquí, Sven, tenemos que hacer algo para acabar con todo esto ―Dijo tomando de la cabeza al reno― ¿Estás conmigo? ―agitó la cabeza asintiendo muchas veces, Dina preparada para todo fue a su casa y preparo una mochila con todo lo necesario para sobrevivir en las montañas durante dos semanas y volvió al castillo escondiendo entre algunos arbustos el mismo. Aún vestida con su uniforme de guardia visitó a Klara dejándole una carta― Sólo aguarde, mi reina ―dijo, entonces visitó a Boris.

Tocó como lo hacia en viejos tiempos, tres veces, esperando que el chico le abriera pero sin muchas ganas él dijo:― Lo siento, estoy trabajando ―Preocupada dejó entonces para él un broche con una cruz incrustada en él.

Caminando hacia su destino pasó frente la habitación de Denis. Recordó todo lo que habían vivido juntos y le dejó una simple carta que decía:― Gracias por todo.

Su última parada sería junto a los guardias que, dándoles un largo discurso sobre el honor, la gloria y la esperanza les dejó todas las instrucciones necesarias mientras ella no estuviera, sin embargo se marchó sin decirles su plan al completo.

―Por Arendelle ―Dijo montándose en el lomo de Sven y cabalgando hacia las montañas.

La mañana intentó traer consigo al sol pero la tormenta sólo empeoraba cada vez más, los aldeanos tomaban las mejores precauciones posibles mientras Klara y sus hermanos repartían junto a varios guardias mantas y comida caliente. En su momento Klara tuvo que marcharse para escribir una carta contando todo lo acontecido en el reino para sus padres y la Reina Elsa, Boris por su parte se encontraba distante mientras con la mirada buscaba incesantemente la mirada de la leñadora que no encontraba por ninguna parte, el broche fue a tomar parte de su vestimenta desde el momento en que le vio. Denis sin querer hacer conjeturas extrañas pero sabiendo todo de Dina supo al instante que el broche de cruz pertenecía a la guardiana, consideró entonces aquella carta, corta y majestuosa, de la mañana.

Preguntó a los guardias:― ¿Dónde está su capitana a cargo?

Dos de ellos se miraron fijamente recordando las ordenes una a una de su capitana.

No deben decirle de mi paradero a ninguno de los miembros de la realeza.

―Lo siento, majestad, no lo sabemos ―contestó uno de ellos.

―Oh, ¿no lo saben? ―cuestionó un poco molesto― ¿me están diciendo que desertó?

― ¡No majestad! ―gritaron.

―¿Dónde esta? ―inquirió, sabia que Dina no desertaría, en cambio, haría todo lo posible para resolver las cosas por ella misma. Los guardias se miraron nuevamente y contestaron:― fue a resolver el problema...

―¿Qué?

―Dijo que... ―tragó saliva con algo de miedo― antes que nada, no le diga que fui yo quien se lo dijo, pues... ella es...bueno, usted sabe.

―No le diré nada ―contestó― ahora habla.

―Ella se fue con Sven ―comenzó― a resolver la tormenta y, además, irá a Weselton para detener la venganza del Duque...

―Pero si el Duque está muerto... ―murmuró.

―Aun así los mercaderes están vivos... ―completo el guardia los pensamientos de Denis, el príncipe le agradeció la información.

Entró en su habitación dispuesto a seguir a Dina, pero primero debía preparar una maleta con todo lo indispensable, Olaf que pasaba por allí se fijo de la preocupación del príncipe y decidió a hablar con el con su paciencia y bondad correspondiente.

―¡Hey, Denis! ¿Qué haces con esta maleta? ―preguntó.

―Iré a buscar a Dina ―confesó sin apartar la vista de su armario, sacando uno a uno las prendas necesarias.

―¿Acaso se perdió? ―preguntó inocente.

―Espero que no... ―murmuro confundido― ...sabes, creo que perdió algo pero no ella exactamente...

―¿A qué te refieres? ―cuestionó doblando la ropa dela maleta debidamente.

―Ella...desde que es guardia no deja de...confundirme ―comentó molesto― esta bien si quiere ser guardia pero, una y otra vez habla sin cesar de sus obligaciones, de proteger a la corona y a nosotros pero, me mira sólo a mí y... ―agitó su cabello― aun así no me ha hablado más desde aquello...creo que, estoy perdiendo a mi amiga.

―¡La viva imagen de Anna! ―sonriente Olaf le pidió que se sentará a su lado, en la cama, Denis obedeció― Anna cuando tenia 18 no sabia lo que el amor era...

―pero yo no estoy ―interrumpió Denis antes de que Olaf le volviera a interrumpir a él.

―Pues bien, Anna creyó que su verdadero amor era Hans.

―Ya me sé esa historia Olaf―sonrió algo victorioso Denis.

―Lo que no sabes es tú historia...

―¿Qué quieres decir? ―confundido observó como Olaf se bajó de la cama y comenzaba una rítmica canción como sólo él sabría cantar.

En verano sonreían, tomados de la mano lo hacían

eran pequeños y vivían así feliz

pero ahora adultos son y complicados igual

nunca creíste que el amor

así pasaría

―Yo no estoy ―interrumpió sin culminar pues Olaf prosiguió su canto.

Finalmente veo como los dos

son felices y cálidos

viviría siempre así

con ambos besándose

―En la mejilla ¿no? ―dijo confundido.

Pero las miradas juntándose

y gente alborotándose

no son sólo los dos

Verano siempre es bueno para un hombre de nieve

pero invierno es perfecto para estar abrigados

y estar juntos así, probando un bocado

tu y ella

conquistando el reinado

Con un giro terminó la canción y abandonó la habitación.

―Ella es mi amiga ―murmuró Denis intentando convencerse de esa amistad.

Elsa hacia mucho tiempo que nos sonreía de esa manera por un baile, no balaba mucho pero con el Príncipe Louis, hermano mayor de Hans, bailó sin cesar y ahora conversaba apaciblemente:―La verdad siempre he amado el chocolate ―confesó mientras tomaba vino.

―seria un honor para mi entonces invitarla a comer los mejores chocolates del reino, claro, si así lo desea ―comentó tomando la mano de la reina y besándola. En aquella época era de gran cortesía caballerosidad besar la mano de una mujer, en este caso, besaba la de la reina así que no solo significaba eso, sino mucho más, quizá la unión de reinos o la venganza de hermanos, al menos la última la pensó el General Stein que desconfiaba inmensamente de todos y cada uno de los príncipes, inclusive del rey y la reina del lugar.

―Apreció su oferta Mr. Louis, aún así...

―Aún así necesitaremos volver a Arendelle lo más pronto posible ―completó Stein.

―No veo porqué apurarse, mi señora ―cuestionó el príncipe― si mañana nos dirigimos a la chocolatería podrá marcharse al siguiente día...

Meditó profundamente y concluyó que, si se marchaba, las relaciones con ese reino solo girarían entorno a Hans y ella no quería que eso pasara.

―Me quedaré entonces ―respondió sorprendiendo a Stein― pero no me marcharé al día siguiente pues ese día visitaré al príncipe Hans...

―él no merece llamarse príncipe, no más ―dijo Louis.

―Para mi sigue siendo príncipe, aunque usted me cuestione, señor―respondió Elsa dando una reverencia de disculpa se retiró junto al general.

―Personalmente, majestad ―comenzó Stein la conversación― cuestiono su decisión.

―Visitar a Hans es primordial ―dijo Elsa sin darse cuenta del alcance que tenían sus palabras en el corazón de Stein y en su propia mente, durante el viaje en el barco había tenido múltiples conversaciones con Hans y, sin saber, comenzaba a ocupar parte de su corazón.

En una de esas tantas conversaciones Elsa había hecho reír a Hans, y él a ella también.

―No me refería a esa decisión, mi señora ―Stein la sacó de sus pensamientos más profundos.

―¿Cual entonces?

―No es que me quiera meter en sus asuntos pero... ―bajo la mirada, agito su cabello y arreglo su sombrero antes de proseguir― ...ese príncipe no me convence del todo.

―No es como si fuésemos a unir los reinos, general ―se detuvo frente la puerta de su habitación― nos veremos mañana, pues tú nos acompañaras.

Así ambos se despidieron sin decir nada más.

Por su parte, Anna y Kristoff continuaban disfrutando de su estancia en el reino Corona.

El paisaje era único, las personas sonrientes y el verano parecía eterno.

―Es hermoso ¿no es así? ―comentó Eugene, el Rey de Corona al príncipe Kristoff.

―Sí, es perfecto ―dijo― ¿como es que no nos habíamos visto desde hace tanto, amigo?

―Pues tú con tus hijos y... ―observó hacia abajo a sus cinco hijos, dos gemelos idénticos a su madre, uno amante de la aventura de la edad de Denis, otro con amor a los animales y la justicia de apenas 5 años y por ultimo, su hija Clarence de 16― yo con los míos todo se ha complicado de buena manera...

―Tienes razón, quizá debería de traer a mis hijos para que conozcan a los tuyos de una vez por todas ―sonrío, ambos jugaban cartas en una mesa desde el altar del reino apostando los dulces más exquisitos de cada reino.

―Hablando de eso, Kristoff ―lanzó un pico― tu hija Klara hace mucho que cumplió mayoría de edad al igual que Germán y Daniel ¿no?

―Si, aunque ellos le llevan cierta ventaja ―miraba su mano de cartas, lanzando un rey coronó más dulces.

―Tengo una propuesta, sabes ―tomó un chocolate y lo metió en su boca mientras que los demás los dio a su contrincante― quisiera que mis hijos conocieran a Klara...

―Espera ―dijo Kristoff viendo por donde iba la conversación― desde hace mucho no se hacen los matrimonios arreglados...

―y no pretendo hacerlos ―interrumpió― tu y yo sabemos mejor que nadie lo que es el amor verdadero ―ambos miraron entonces a sus mujeres, Anna y Rapunzel, ambas tejiendo unas coronas de flores para adornar a las niñas del reino― aun así, quiero saber si alguno de mis hijos se enamoraría de Klara pues ninguno de ellos a querido experimentar tal sentimiento.

―No lo sé Eugene ―cuestionó― tus hijos son... ―miró a los gemelos coqueteando con una mujer del reino― como tu cuando eras joven...sin ofender.

Eugene sonrió alegremente― por eso, amigo mio, quiero que conozcan a tu humilde hija y quizá Clarence también podría conocer a Boris o Denis...

―No estaría mal, tengo una idea ―comentó alegre a su amigo― qué tal una sorpresa en nuestro reino de su parte, además de alegrar a nuestra familia alegrarían también al reino...ya sabes, con bailes, cantos, actos de magia...

―Globos flotadores, como cada año en el cumpleaños de mi amor ―dijo soñando despierto pensando en Rapunzel.

―...Sí... ―juntos iniciaron planes magníficos dignos de reyes que se llevarían a cabo cuando volvieran, dentro de cuatro días.


N/A: Ha pasado tanto tiempo que no recuerdo mucho de todo...pero estoy tan feliz de publicar nuevamente un capitulo de estos problemáticos chicos.

Bueno, antes que nada he dejado que Eugene y Rapunzel aparezcan por más tiempo pues, no sé, amo esa pareja y más cuando les he inventado cinco hijos.

Bien hablemos de esos hijos. Los hijos mayores son gemelos y se llaman Daniel y Germán (26 años), ambos poseen el cabello un poco rubio y ojos claros como su madre, por otra parte Diego (18 años), el aventurero, es el vivo reflejo de su padre pero con la personalidad de su madre, Clarence (16 años) es la única chica de la familia, es una rompe corazones muy parecida a su padre sin dejar los rasgos de su madre, por ultimo, Flynn (5 años), nombrado así por su padre es el menor y más travieso de todos.

Ahora podemos pasar al príncipe Louis, es un poco mayor que Elsa, quizá sólo por dos o tres años, es muy parecido a Hans sólo que más maduro.

Y confirmo: EL DUQUE DE WESELTON ESTA MUERTO. debería haber confeti y fiesta en vez de venganza. Me iré de vacaciones dentro de poco así que aprovecharé de seguir escribiendo pues comenzaré la universidad y no quiero hacerlo sin publicar dos o tres capítulos más.

Bien, hasta luego.