Ya vestido, peinado, bañado y listo para la misa, habiendo cruzado solo un par de palabras con Austria en la mañana, Alemania se arregla un poco la corbata, tremendamente nervioso con tener que verla otra vez. Le había traído una flor... Y pensó que era demasiado. La ha dejado encima de la reja de la puerta. Toca el timbre preguntándose si va a lanzarle una flecha.

Helvetia está sentada en el sofá, en la puntita sin atreverse a moverse, muy rígida con las rodillas juntas y las manos sobre estas. Todo en estas casas la tensan y la incomodan porque la mayoría de las cosas que parecen una cosa en realidad resultan ser otra. La han dejado sola otra vez porque todos han ido ya a la iglesia y no se la han llevado, básicamente porque una vez ahí no podían atenderla. Alemania se sube el cuello del abrigo porque hace un montón de frío en la montaña. Vuelve a tocar el timbre cambiando el peso de pie.

Y además ahora mismo, Liechtenstein se ha ocupado de vestirla con uno de sus vestidos y peinarla. Así que por primera vez en su vida, Helvetia está llevando unas medias que le parecen tremendamente delicadas y picantes, le da la sensación que cualquier movimiento se van a romper. Lleva un vestido con una falda con mucho vuelo como le gustan a Liechtenstein, que se le enrolla en las piernas y que además deja que se le vean, cosa que aún no ha descubierto que le da mucha vergüenza... igual que la forma en que se le ciñe en el pecho a pesar de ser de cuello alto. También le ha puesto unos zapatitos de tacón que la hacen andar muy lentamente, ya no hablemos de correr y de los que le da un miedo tremendo caerse... por eso es que no se mueve de donde la han dejado sentada, además de que no sabe que el timbre implica que hay alguien atrás de la puerta que quiere entrar... le parece nada más una sirena como tantas otras.

Después de un ratito... el alemán toca el vidrio de la ventana al lado de la puerta... Y la puerta, un poco más tarde. Ella mueve la cabeza hacia la puerta notando que eso debe ser una persona, se levanta como si fuera vestida con globos hinchados y se sostiene de los muebles para andar más segura hacia la puerta. Las medias le pican un montón, así que trata de rascarse un poco y se desestabiliza hasta que consigue llegar a la puerta.

—¿Quién es?

Alemania se humedece los labios.

—Soy... Deutschland, Helvetia.

Parpadea una vez... y otra... y otra, sin poderlo creer. Se sonroja automáticamente sintiéndose además súper incomoda e insegura en esta ropa.

—¿Q-Qué?

—Deutschland... ¿Te acuerdas de mí? Vine por ti para ir a la iglesia.

La chica abre la puerta una rendijita y le mira. Se sonroja más. Alemania se sonroja también un montón a juego y recuerda algo que le trajo además de traerle la flor. Se busca en el bolsillo interno del saco y saca unos cuantos paquetes de aspirina que tomó del botiquín del hotel.

—¡Te traje esto también!

Se esconde un poco más y mira lo que tiene en la mano. Traga saliva volviendo a mirarle a los ojos porque con todo tampoco sabe muy bien donde han dejado sus cosas y su dinero. Niega con la cabeza.

—No parecen porque están en otra envoltura individual pero son aspirinas.

Vuelve a negar con la cabeza sin abrir la puerta.

—¿No las... quieres?

Él cambia el peso de pie otra vez. Helvetia le mira a los ojos y traga saliva. Alemania parpadea notando por la rendija que está completamente distinta a la última vez que la vio.

—E-Estás... Diferente. Claro. La boda —trata de sonreír, pero no le sale bien... Como siempre.

Baja la mirada a si misma y se esconde más tras la puerta.

—¿Te dijeron que vendría yo por ti? —pregunta incómodo.

Niega con la cabeza.

—Oh… lo... Lo siento. ¿Odias que haya venido yo?

Traga saliva y no responde.

—Podemos no hablar... No traje coche para no asustarte. Solo caminamos en silencio.

Ella se humedece los labios y mira dentro de la casa un segundo... y las malditas medias, hace un movimiento poco elegante rascándose el culo y pensando que de todos modos no sabe bien como llegar a la iglesia con tanta gente que hay por la calle en esta ciudad y con los coches... además ir andando es lo más práctico.

A Alemania le parece rara y no acaba de ver ni entender sus movimientos pero a la vez... Es mona por alguna razón extraña que no acaba de comprender. Da un pasito a la puerta intentando abrirla porque además, joder, hace frío.

Deja que la abra porque ha dado dos pasitos hasta los abrigos para tomar el que Liechtenstein le ha dicho que debe usar.

Él entra sintiendo calorcito... Por no decir un horno que es lo que siempre tiene Suiza dentro de la casa, aunque gaste dinero... Ejem... El friolento.

—Te... Te ves muy diferente —comenta el que iba a estar en silencio.

Ella se gira de golpe y levanta las cejas sonrojándose al ver que ha entrado y automáticamente junta las rodillas y las dobla un poco tomando el bajo de vestido y estirándolo para taparse.

—Es... ¿Incómodo?

Se agacha un poco más doblando las rodillas hasta casi en cuclillas y asiente un poco. Desconozco por qué razón, Helvetia, consigues que este hombre HABLE.

—Las mujeres siempre tienen ropa bonita incómoda —se encoge de hombros—. Te ves... Te pareces a Lili.

Traga saliva y se mira a sí misma. Se hace un poco más bolita volviendo a mirarle... y las medias que pican otra vez. Se debate entre si rascarse o no. Alemania vacila un poquito sin saber qué hacer.

—Pero tienes que pararte de ahí... —se agacha un poco poniéndose en cuclillas—. ¿De verdad no quieres las aspirinas?

Se hace un poco más atrás cuando se acerca y se cae de culo con esos zapatos malditos, levantándose las faldas y haciéndose un lío con ellas, repta hacia la pared... y puede que se haga una carrera en la media.

Él se sonroja un poco también y creo que con el susto y tanto movimiento él también se cae de culo.

—Ay... —se levanta de golpe torpecito también, sonrojándose más.

Ella le mira y por primera vez nota su camisa y su traje y corbata tan raros también. Trae colas además... En efecto, todo es raro. Se pasa la mano por el pelo.

—Ehm, perdona... Son los zapatos que están nuevos y se resbalan... —la mira de reojo.

Ella mira sus propios zapatos y recoge de nuevo las piernas bajo la falda, tapándoselas.

—N-No voy a hacerte daño.

Helvetia le mira otra vez a los ojos, porque... ya lo sabe, no es como que vaya a permitírselo de todos modos, aunque con lo que se parece a Liechtenstein no nos extraña que se lo aclares. Se rasca ahora sí. Alemania sonríe levemente porque hace gracia notar que esta incomoda con el vestido.

—Te ayudo a levantarte —le tiende la mano.

Y además los hombros son abultados y le tira de los pechos porque le han hecho ponerse sostén que se le clava. Se rasca más en varios lugares, apretando los ojos y se queda quieta viendo la mano de Alemania como si fuera un extraterrestre. Es que si fuera más expresivo se reiría de los rasquidos.

—Dame la mano —pide con su voz plana. Ella se sonroja de nuevo y la levanta tímidamente hacia él, que le toma la mano y la jala un poco más bestia de lo que debería jalar a una dama... Pero es Helvetia. Y la levanta, claro, el problema es que ella no es especialmente estable y ágil como siempre con estos zapatos, así que se le cae un poco encima y él la abraza de la cintura como abrazaría a Veneciano. Y ella se sonroja un montón cuando nota su brazo rodearla, recordando... ese momento con el corazón acelerado desde ya.

El alemán se sonroja también a juego y la mira a la cara y el problema es que él también piensa en... Ese momento, igual de falto de afecto que la última vez, en realidad. Casi podría darte hasta un beso.

Ella se revuelve súper incomoda apartando la mirada con las orejitas rojas también saliendo de debajo de los lazos que Liechtenstein le ha puesto en el pelo.

La cosa es que... Se ha preparado para este día con Veneciano, pero ella es rara y le llama la atención. Le aprieta un poco contra si para que no se revuelva esperando a estabilizarle en el suelo, le baja del todo al suelo y carraspea un poco.

Ella piensa que Alemania es un seductor muy hábil porque ha hecho eso como si nada para abrazarla y piensa en si le dará un beso como hizo... y cuando nota que la deja en el suelo aprieta los ojos regañándose a sí misma por ser tan tonta y recordándose que por eso se fue, frunciendo más el ceño. Pues es lo que ella cree... además es que lo ha pasado muy mal los últimos días, se ha sentido muy sola...

Alemania se acerca y le da un beso en la frente antes de soltarla del todo y ella sale completamente de sus pensamientos con eso.

Alemania se sonroja otra vez con su atrevimiento pensando que NO debería hacer eso. No debería. Pero ella le activa demasiado fuerte el instinto de ser cariñoso. Carraspea y Le suelta.

—Perdona. Soy un tonto —le tiende las aspirinas menos suave y más brusco de lo que ha sido todo este rato.

—No soy Liechtenstein —susurra ella y se da la vuelta para tomar el abrigo porque además ha sido un beso súper de los que se le da a una niña pequeña, ignorando las aspirinas.

—¿Eh? —la mira de reojo sin tener idea de a que se refiere, notando que ha ignorado sus aspirinas. Frunce el ceño fastidiado con el mismo, gruñendo un poco—. Vámonos.

Ella se lo pone junto con una bufandita y un gorrito de lana con borlas que le han dejado también y asiente.

—¿Ya estás?—pide guardándose las aspirinas y cerrándose el abrigo.

Debe haber aplastado completamente sus lazos al encasquetarse el gorro. Se acerca a la puerta con un par de pasos vacilantes.

—Los zapatos... Son incomodos —nota al ver la vacilación mientras le abre la puerta. Joder Alemania, ¡Cállate!

Se los mira y vuelve a tratar de bajarse la falda y cubrirse las piernas... y levanta las cejas al descubrir la carrera que se ha hecho antes, pensando que las ha destruido, ¡una cosa que le dejan! ¡Y no tiene ni idea de que tan caras sean! Tarata de esconderlo con la falda.

—¿Vas a poder caminar con esos zapatos en la nieve? —pregunta sin notar que se tapa la carrera.

Helvetia se mira los zapatos... y la nieve. Sinceramente no está segura.

—Vamos. Si no puedes me dices.

Ella asiente y Alemania espera que salga y cierra la puerta tras ella.

Helvetia se agarra de la pared y nota todo el frio metiéndosele por debajo del vestido y vuelve a rascarse.

—Ehhh... Detente de mi —a Alemania le parece monísima. Ella le mira de reojo con eso y se sonroja. Él le ofrece el brazo como se lo ofrecería a Austria o a Veneciano. Aunque a este último quizás lo abrazaría de la cintura. Se sonroja con la idea de abrazar otra vez a Helvetia sin entender realmente por qué le atrae la idea. Es decir... Hoy era el día de volver con Veneciano. Lo había esperado y lo había planeado. Tenía acordado que les llevaran champagne al cuarto en la noche, había puesto flores en su cuarto en Berlín. Y Helvetia no estaba en lo absoluto en esa ecuación. Aunque sí que había pensado en ella en estos días y se había puesto muy nervioso anoche al saber que tendría que ir por ella y, a pesar de que Austria estaba tan infinitamente enfadado... Le había traído aspirinas igual. Y una flor. Y no tenía idea de por qué.

Ella trata de dar un par de pasos y enseguida patina agarrándosele.

—Debí traer el coche —murmura saliendo de su pensamiento y dejando que se detenga, claro.

Ella se suelta muy sonrojada y vuelve a resbalarse y agarrarse, apretando los ojos.

—Puedes detenerte todo el camino si quieres —murmura Alemania otra vez tirando un poco de ella—. ¿No tienes frío?

Asiente y no le mira, sonrojada, sin soltarle. Así que Alemania empieza a caminar hacia la verja y la calle con cierto cuidado.

Helvetia da pasitos cortos apoyándosele, intentando separarse todo el tiempo sin conseguirlo. Aprieta los ojos sintiéndose torpe y ridícula.

Él la mira de reojo y otra vez hace una de sus sonrisas de mover el labio solo un milímetro. Para alguien tan... Ágil al correr por la montaña y cazar con un arco y una flecha... Parecía demasiado torpe y frágil con esa ropa. La prefería con su otro atuendo salvaje y hecho claramente a mano.

—¿Está Schweiz nervioso?

Parpadea y asiente.

—Yo creo que Österreich también lo está —suspira pensando más bien en lo enfadado que está, niega con la cabeza

Ella le mira de reojo, escuchándole. Alemania se calla exactamente diez segundos y empieza otra vez.

—Feliz Navidad, por cierto.

Ella le mira de nuevo y piensa que no sabe qué significa eso.

—Eres la primera persona que felicito hoy. Es como si Österreich y Schweiz nos hubieran robado la navidad —sigue parloteando y la mira de reojo.

—Navidad...

—Ja. Navidad —asiente y la mira pensando que el año pasado han tenido que explicarle a su padre y a Galia—. ¿Te explicó Schweiz que es? Una fiesta en que se celebra en todo el mundo. En realidad da lo mismo, lo único es que es una buena fecha que todos celebran y que no es la boda de Schweiz y Österreich.

—No entiendo lo que dices.

—Hoy... ¿Sabes que tenemos todo el año dividido por... Fechas? ¿Sabes de eso? —se va más atrás pensando de verdad en si sabe estas cosas o nunca se las han explicado.

Asiente.

—La fecha de hoy, que es 25 de diciembre, es una fecha que no solo es la boda de Österreich y Schweiz, también es una... Fiesta que todos celebramos. Nos damos regalos, adornamos las casas...

—He visto luces en las casas —susurra.

Alemania asiente preguntándose si Suiza no suele arreglar. Cual si él hubiera arreglado algo este año. Suspira pensando ahora también en Veneciano. Joder, Alemania, no sabía que fueras capaz de tremendo lío sentimental.

—Es todo raro.

—¿Por?

Ella le mira de reojo y se encoge un poco de hombros resbalando otra vez, aunque empezando a andar ya con más seguridad.

—¿Y cómo has estado? —pregunta tras sus minutos en silencio.

Helvetia se sonroja de nuevo y frunce más el ceño con esa pregunta porque desde luego que no ha estado bien y ha sido culpa de él. Alemania carraspea un poco y se sonroja otra vez en espejo.

—¿Vas a volver a la montaña después de la boda?

Niega con la cabeza porque con la nieve ya no se puede subir.

—¿Vas a quedarte aquí? —levanta las cejas.

—Hay mucha nieve.

—¿Y tus cabras? —pregunta mirándola con interés.

—Las bajé.

Y la cosa aquí es que, una vez más, está tremendamente cómodo en esta conversación extraña sobre cabras mientras caminan a la iglesia. En la esquina hace que se detenga para esperar poder cruzar la calle.

Una ráfaga de aire helado hace que se le levanten las faldas y el pelo, cierra los ojos y se agarra de su brazo con más fuerza escondiéndose un poco. Alemania la mira de reojo y levanta un poco el brazo para que le suelte y poder abrazarla.

—¿¡Tienes frío!?

Asiente soltándole y tratando de bajarse las faldas, encogida.

Alemania le mira unos instantes, vacila un poquito y se quita el abrigo (¿Desde cuándo tan caballero...? Italia te entrenó bien, creo que mejor de lo que tú a él)

Helvetia levanta las cejas al ver lo que hace y de nuevo se sonroja recordando el jersey que le dio y que se sentía tan bien como si la abrazara. Da un paso atrás y niega con la cabeza. Gracias, Helvetia, por hacer lo que este hombre idiota NO está haciendo.

—Was? Así no tendrás frio.

—Tú sí.

—Ja, pero puedo aguantármelo hasta que lleguemos allá. No falta tanto, es ese pico de allá —lo señala con un escalofrío antes de agotar otra vez el abrigo hacia ella—. Venga, apresúrate.

Niega de nuevo fervientemente y da otro pasito atrás. El alemán frunce el ceño un poco sin entender del todo y hay otra ráfaga de viento que hace que él tiemble un poco.

—Entonces vamos a caminar más rápido —murmura pensando que la vez pasada si había aceptado su chaqueta... Claro que después habían pasado todas esas cosas y se había ido. Era obvio que ahora no querría su abrigo por eso.

—Hoy vas a ver a tu novio —susurra sin mirarle, con el ceño fruncido, porque nunca se entera demasiado bien de lo que pasa pero eso sí lo sabe. Alemania traga saliva y cambia el peso de pie.

—Ja... Y antes hubiera matado por —carraspea—, por verle y que volviera a casa. Pero ahora todo me parece más complicado.

Ella le mira de reojo, escuchándole.

—Ahora pienso en ti a veces también y no sé qué hacer con eso. Me caes bien y... Me gusta traerte aspirinas y me gustaría llevarte a la Bayer aun.

Helvetia se sonroja un montón con lo de que piensa en ella paralizándose.

—No puedo no seguir a Italien. Él es... Italien —se encoge de hombros—. Pero no siempre estoy cómodo hablando con la gente y contigo sí.

Ella traga saliva y se mira los pies, nerviosita. Se rasca de nuevo.

—¿Podríamos al menos ser... amigos? —pregunta pensando que pocas veces ha podido poner en palabras con tanta elocuencia sus sentimientos por alguien... Y que ese alguien no sea Italia es bastante impresionante.

Ella aprieta los ojos y todos los días que ha pasado pensando en él y que él estaba pensando en alguien más, como Germania con sus otras novias... le aprieta el corazón sabiendo que nunca va a ser la primera, prefiere estar sola que pasar por eso cada vez que se vaya. Niega con la cabeza fervientemente.

Alemania baja los hombros con esa respuesta y también se le revuelve un poco el corazón porque nunca, nadie había conseguido competir ni siquiera remotamente con Veneciano y con ella si ha pensado idiotamente en la soledad de su cuarto, qué pasaría si se quedara con ella. Vacila un poco antes de ponerse otra vez el abrigo.

—Te acompaño a la iglesia igualmente —susurra.

Ella se echa a andar de nuevo pensando en eso, con cierta expresión de desasosiego y desconsuelo, volviendo a sentirse sola. Se abraza a sí misma y se asegura que será fuerte y nunca ha necesitado a un chico idiota.

Alemania la mira caminar y se echa a andar tras ella sintiéndose de nuevo mal por esto... ¿Por qué todo tenía que ser tan complicado? ¿Italia tendría el mismo problema que él... Con su padre o Helena o Egipto o toda la gente que se había tirado en estos meses? ¿Dejaría de pensar en Helvetia cuando Italia volviera a casa? Por alguna razón siente que algo se le ha roto por dentro y no sabe si vaya a tener arreglo.

Helvetia intenta andar con dignidad y falla miserablemente volviendo a resbalar cayendo de culo.

—Mein Gott... ¿Estás bien? —ahí va Alemania a ayudarle a levantarse, preocupado.

Así que ahora está además mojada y medio llena de barro... Más te vale no dejar que Austria la vea. Alemania aprieta los ojos con esto antes de fruncir el ceño y mirarla fijamente.

—No puedes caminar bien sola con esos zapatos por aquí... Y vas a congelarte además, toda mojada. Deja que te ayude a caminar y voy a prestarte mi abrigo

—No, vamos.

—Al menos tómame del brazo, Helvetia —insiste tomándola de la mano.

Eso sí lo hace, a regañadientes. Y creo que ahora si has logrado callar un poco a Alemania. Bien Helvetia. Costó. Alemania le aprieta el brazo con cierta fuerza contra él, mirándola de reojo constantemente.

Y creo que ahí van a llegar.

Chan chan chaaaaaan son un desastre pero... Es un problema, enserio fuera del drama. Helvetia se robó un trocito del corazón de hielo de Alemania… Si... Alemania uno bastante más grande del de ella.

Sé que no es consuelo, pero Alemania es menos pillo que su padre. Es decir, Germania es un idiota que compite por Roma y quiere sentir que alguien le quiere solo a él, por... Posesivo y por tener ese gusto. Aunque sabe que Roma le quiere y Galia y Britania y Helena... Es un estilo de vida extraño que ha aprendido con Roma. Alemania se está topando con esto, sin quererlo y sin realmente buscarlo ahora, con una sinceridad y una claridad que a el mismo le preocupa y asusta.

Si... pero igual Alemania va a irse con Veneciano. Bueno, suponemos. Dependerá de Veneciano que tiene mucho más en juego de lo que el mismo cree y... Entendemos a Helvetia, de verdad (Alemania le da un abracito). Es durillo para ella también, de hecho es durillo para ella en una gran proporción.

xoOXOox

El coche con Suiza, Inglaterra, Liechtenstein y Canadá se detiene frente a la iglesia.

Suiza casi salta a la puerta con ABSOLUTA necesidad de moverse y de respirar aire fresco. Abre la puerta y sale... Y respira el aire helado escondiéndose en su abrigo nuevo. Mira la hora y a Liechtenstein de reojo.

—Voy a hablar con ellos —le susurra. Liechtenstein, que ha sido la segunda en bajar del coche, asiente sonriendo un poco.

—¿Con quiénes? —pregunta Canadá a Liechtenstein antes de que una bola de nieve le dé en toda la cara.

—Los soldados. Mein Brüder preparó algo con ellos a la salida al parecer.

—¿Los soldados? —pregunta Inglaterra un poco alarmado.

—Ja. Los soldados. Ahora lo verán.

—Necesitas que vaya conti... America! ¡Mira lo que estás haciendo con tu traje! —Inglaterra se pone a gritar y reñir al verle quedándose a media frase.

América esta medio mojado y muerto de risa de Canadá. Liechtenstein, que no se había dado cuenta de lo que pasaba, levanta las cejas al ver que Canadá está goteando nieve y agua.

—¡Pero mírate todo mojado! —sigue riñendo, acercándosele.

—Es que estamos jugando con la nieve —sonríe.

—¡Pues no deberías! Y no me digas que Russia está igual que me da lo mismo —lo mira de reojo igual de desaprobatoriamente y Rusia baja un poco la cabeza—. ¡Vamos dentro en este instante antes de que enfermes!

—Pero si seguimos jugandoooo —protesta oooootra vez.

—Pues ya se acabó. ¡A dentro! —señala.

—Peroooo... Es que estamos muy divertidooos —da saltitos y debe estar medio azul del frío, pero feliz.

—¡Me da igual! —tira de él adentro y si alguien puede hacer eso es él, América va a rastras atrás de él. Seguidos de Liechtenstein y Canadá ... y Rusia, que no se va a quedar él solo ahí.

Y creo que ahora si se empieza a armar corrillo adentro de la iglesia, con todos los que han llegado ya.

Seh, tal vez estén ya ahí Francia, Prusia, Hungría, Veneciano y Helena. ¡Así que ya es prácticamente todo el mundo! (Suiza se cuelga del campanario)

Germania se acerca a saludar a Inglaterra tan tranquilo, sin notar los regaños y América ocupa unos segundos en limpiarse el agua de encima con el pañuelo que le ha dado el inglés.

Inglaterra no le hace mucho caso aun cantándole las cuarenta a América sobre cómo puede ser posible que sea tan mayor y él tenga que decirle todo el tiempo qué hacer y velar para que no enferme como si fuera un insensato niño de cinco años.

Solo un par de minutos más tarde se entreabre la puerta de la iglesia y un par de ojitos les espían.

América protesta que NO va a enfermarse por un poco de frío mientras saca su gorro y se lo pone igual porque tiene frio.

Suiza intenta encontrar a Austria dentro de la iglesia... Sin éxito alguno. Muerto de frío en realidad escondido tras la puertas en la parte de afuera, pero queriendo verle... Y leerle.

Austria está ahora mismo escondido solo, dando vueltas histericolocoperdido.

Finalmente Suiza se atreve a entrar MUY sigilosamente a la iglesia esperando que nadie le vea. Con su mala suerte, la bisagra de la puerta rechina.

Egipto es quien le ve y frunce un poco el ceño. Él se plancha contra la puerta, cerrándola y mirando hacia todos nervioso.

Ella se acerca a él porque le suena un montón, tiene PERFECTAMENTE controlados a los hombres más ricos del mundo. Suiza no la nota hasta que esta lo bastante cerca.

—As-salamu Alaykum —saluda—. Me parece que no nos han presentado.

Suiza parpadea porque alguien saludándole así, aquí, ahora... Es extraño, sinceramente. Se sale un poco del drama y los nervios que tiene.

—Schweizerische Eidgenossenschaft.

—Egipto —le tiende la mano.

Suiza parpadea otra vez, porque sus catastróficos escenarios del día incluían risas y burlas... No presentaciones pacíficas. Ella se la toma apretándole un poco como si fuera chico, no demasiado.

—Ehm... Mucho gusto.

Ella sonríe coquetamente y se acerca a darle dos besos a pesar de todo. Suiza se tensa y se queda tieso como palo dejándola hacer.

—Eh... Ha-Has... Sabes si... Ö-Österreich —lo siento, Egipto, está demasiado tenso como para pensar mucho.

—Austria... Sí, he estado con él antes. Espera... tú eres... ¿el novio?

Se sonroja un poco.

—Ehm... Schweiz. Ja. ¿Cómo está Österreich?

—Mejor ahora, estaba ayudándole con los músicos. Creo que al final han entendido la importancia de su cometido... pero no hablemos de mí.

—De ti —repite relajándose un poco.

—Vas a casarte hoy... mi enhorabuena. Es un chico afortunado, tu novio.

—¿T-Te lo parece?

—Pues claro —se ríe un poco y se acerca más. Suiza levanta las cejas porque en general no le es tan fácil hablar con la gente y menos que se rían y así.

—¿Por qué crees que tiene suerte? —pregunta en un susurrito. Egipto se ríe otra vez.

—Eres adorable. Por casarse contigo, claro.

—¿S-Soy adorable? ¿Yo?

—Sí, me lo pareces —le sonríe. Él vacila un poquito.

—Pu-Pues habitualmente no me dicen esas cosas.

—Habitualmente debes encontrarte a gente obtusa. De todos modos, no te pongas nervioso, solo quería saludarte y felicitarte amigablemente.

Él levanta las cejas porque sí, suele encontrarse mucha gente obtusa y esto parece muy muy sensato y agradable.

—D-Danke. Esto es... —le desfrunce el ceño y todo, aprobando y pensando que le cae bastante bien. Egipto le escucha—... agradable. A-Alguien sensato que no quiere burlarse. Danke.

—¿Por qué iba alguien a burlarse? ¿De qué?

—De mí, por la boda —se pasa una mano por el pelo.

—¿Qué tiene de gracioso?

—Es estúpido siendo esta su tercera boda —no sabe cómo es que sigue hablando con ella... Y como es que no le desagrada.

—¿Y? Cuando yo me casé, él también se había casado dos veces antes y créeme que no pensó en las otras dos ni por un instante y a nadie se le ocurrió decir nada al respecto.

Suiza levanta las cejas y le agrada más aún.

—¿Y no te sentiste patética por quererle aunque ya lo hubieran querido antes?

—¿Disculpa? Ni hablar, él me eligió a mí en vez de a las dos perdedoras anteriores.

El helvético levanta las cejas con ese pensamiento.

—Es verdad —asiente y podría ser una bonita amistad si Suiza no fuera a negarse rotundamente a comprarle cualquier cosa—. Danke, necesitaba oír eso.

Todos dándole a Suiza las palabras que quería oír. Egipto sonríe, aunque no pretende exactamente hacer nada con él, es bueno tenerle cerca.

—Eh! Schweeeeeiz! —ahí va Prusia a gritar y tooooodos se giran a mirar que ocurre.

—¡Ahh! ¡El noviooooo! —grita un poco Francia.

—¡EL NOVIOOOO! —grita España y todos aplauden por algún motivo. Alguien silba a lo lejos y empiezan a acercársele todos. Y toda la tranquilidad que había conseguido Suiza con Egipto desaparece, quedándose otra vez paralizado.

—Te ves guapísimo, Suisse.

De hecho, creo que es un tremendo alboroto de gente diciendo cosas a la vez y Suiza después de cinco segundos de alboroto e histeria hace todo lo posible por salir corriendo e irse a esconder. Inglaterra les grita que les dejen en paz que tienen cosas que preparar y se lo lleva.


Por lo menos hsn logrado llegar a la iglesia sin ningún intento de fuga... ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!