NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DREAMWORKS Y SOLO ME DIVIERTO AL ESCRIBIR
¡Hola!
Este... mmm... yo sé, lo sé, me he tardado demasiado, demasiado, en subirles este capitulo ¿excusas? ¿razones? son las mismas. Falta de tiempo, de inspiración, etc, etc, etc... sé que todo esto no les interesa tanto como ver ya esta historia terminada. Yo también quiero ya terminarla de una vez. Si están leyendo esto muchísimas gracias por seguirme aún.
Comentarios:
Espartano: ¡Hola mi lector favorito! me alegra demasiado que sigas leyéndome y que además te siga gustando el fanfic =D
Metallicdragonangel: oh si, se pondrán las cosas un poquito intensas. Pero no demasiado, creo.
Ares-sama: me halagas demasiado, muchas gracias por leer mi historia y además comentarla de una forma tan positiva. Gracias =)
Rockiii21: ¡Muchísimas gracias! aquí tienes el nuevo capitulo.
Diegospark: ¡Muchas gracias por leerme y darme reseñas tan positivas! Me halagan tus palabras, espero que aún sigas este fic y leas el capítulo.
galaxydragon: sé lo desesperante que ha de ser esperar mis actualizaciones, te pido perdón por eso.
Chofis: tienes toda la razón, a mí me encanta escribir y es raro, demasiado raro, que deje fics. Hasta el momento solamente he dejado tres. Me quede ya tan poco para terminar esta historia que es seguro, tengo que acabarla ¡mi propósito de año nuevo!
Reiaya2DX: ¡Hola! muchas gracias. Respondiendo a tu pregunta, si he visto la serie. Hasta el momento me ha gustado mucho, solo con el detalle de que la relación de Hipo y Astrid a mi gusto va muy lento (suben los capítulos más o menos cada una o dos semanas, así que me parece más lento de lo normal) pero en todo el desarrollo va bien la historia.
fanaticoZ: me alegra en demasía que te haya gustado ¡mil gracias por todo tu apoyo y tus buenos deseos!
SakuraRozen: Muchas gracias, aquí está la continuación.
Tsukimine12:: espero que con todo el tiempo que ha pasado todavía sigas esta historia. Gracias por todo el apoyo.
Capitulo 19
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Erick le había dado a Hipo el mensaje donde declaraba a Patán y Finn como traidores. Tuvo una corta charla con él, donde le explicó a groso modo lo que hicieron ambos traidores. Llegaron a la conclusión de que el mensaje entregado a los romanos daba su ubicación exacta, o de alguna fortaleza, quizá un rastro de debilidad. Pero no correrían riesgos. Hipo ya estaba terminando los preparativos de la misión que él y otros cinco jinetes llevarían, para destruir las tropas romanas. Si todo salía bien en esa misión, cualquier información que Finn y Patán pudieron darle a los romanos era insignificante.
Con su misión cumplida, Erick estaba listo y dispuesto a volver con Greta y Gunter. Había que aprisionar a los dos traidores, pero más importante que eso, debían ayudar en la batalla de Hipo y los otros jinetes. Aunque el heredero fue claro en que el pequeño grupo debía encargarse de todo, Estoico no se fiaba en absoluto en los romanos. Sin que Hipo supiera, el Jefe absoluto le pidió que él, con Greta y Gunter, ayudaran a Hipo en esa batalla, aprovechando que estaban muy cerca del campamento romano.
Volando sobre su Nadder, la presión y la adrenalina se estaban jugando el cuerpo de Erick. Necesitaba llegar rápido con sus dos compañeros para ir al campamento romano y darle una mano a Hipo y los demás. Estoico fue claro; de Patán y Finn se encargarían después. Mantuvo un vuelo ininterrumpido y bastante veloz hacia la aldea de Vix donde habían visto la traición y donde, en teoría, deberían estar sus amigos.
Llegó en poco tiempo al pueblo romano y rodeó hasta el estrecho donde habían estado espiando toda la tarde. Pero lo que encontró no fue nada grato. No había nadie ahí, pero sí las evidentes señales de lucha. Los arbustos estaban destrozados, había manchas rojizas en el suelo y flechas tumbadas en varias partes. Asustado, Erick se bajó de su dragón y caminó siguiendo el rastro del combate.
El rastro no fue nada difícil de seguir. Las mismas manchas en forma de gota funcionaron como migas de pan. Conforme más caminaba, Erick se volvía más paranoico ¿Quién los atacó? ¿Quién estaba herido? ¿Por qué los atacaron?
El rastro llegó a su fin… en un acantilado.
—Esto está mal—dijo en voz alta, muerto de la angustia.
El acantilado era alto y trató de ver hacia la minúscula playa de al fondo, donde las olas se rompían. No había nada entre la arena. Al voltear, además de las manchas de sangre, encontró unas flechas más, que se dirigían a su lado derecho.
El camino era como una colina que descendía hacia la playa; mientras bajaba, miraba ansiosamente alrededor en un intento de observar pistas o claves. Sin éxito cabe destacar. Eso hasta que escuchó un grito guerrero inconfundible: el de su hermana.
Erick agarró con fuerza la espada de su cinturón y saltó del camino para caer sobre las arenas. En la playa había muchas rocas altas y filosas; con la marea alta conformaban un riesgo increíble para los barcos. Corrió entre la arena húmeda donde sus pies se hundían y rodeó varias rocas; al final, en un pequeño espacio bloqueado por una altísima pared de piedra, los encontró.
Greta estaba de pie sosteniendo su martillo con orgullo. Gunter al lado respiraba entrecortadamente, algo cansado. Reclinado en el muro de piedra estaba Patán, amarrado e inmovilizado; gritaba majaderías y lucía completamente furioso, casi fuera de sí.
—¡Greta, Gunter!—Erick corrió hacia ellos feliz de verlos sanos y salvos—¡Están bien!
—Pero claro que estamos bien—replicó Greta, ofendida—Sus ataques apenas nos hicieron cosquillas ¿sabes?
—Si, fue divertido—agregó Gunter—Salvo la parte de corretearlos por la playa. Eso sí me canso.—y respiró pesadamente, demostrándolo.
—¿Qué tal te fue a ti?—le preguntó Greta—¿Tan rápido entregaste el mensaje?
—Sí, debemos apurarnos—Erick miró alrededor, buscando algún vestigio de Finn—¿Dónde está el maldito de Finnbogi?
Greta hizo una mueca de disgusto.
—Era un cobarde—fue su respuesta—Se lanzó del acantilado. No alcanzamos a ver si cayó al mar o a la arena. En cualquier caso, podemos buscar su cuerpo… o cadáver.
Así que el cretino se suicidó. De cierta forma no le sorprendía.
—En fin. En Berk se están preparando, Hipo comandará una tropa de seis jinetes para un ataque masivo al campamento romano.
Gunter gritó.
—¡Pero eso es un suicidio!—estaba sorprendido—Los romanos no son tan fuertes ahora, es más, son una minoría. Pero ¿Solo seis jinetes? ¡Mínimo hubiera llevado diez!
—Hipo quiere mantener el factor sorpresa. Pero Estoico está trazando otro plan. Nos ha mandado ir al campamento y pelear para ayudar al escuadrón de Hipo.
—¿Y qué estamos haciendo aquí?—Greta guardó la espada en su cinturón y Gunter se echó a Patán sobre el hombro igual que un costal de patatas—¡Vamos!
—¿Qué haremos con él?—Erick señaló a Patán.
Amarrado como estaba, no podía moverse. Y sería una carga en medio de la batalla.
—Lo dejaremos en Fereiya antes de irnos al campamento. Nos queda de paso ¿No? Que le den el trato que merece.
En ese momento, Patán se puso lívido.
—¡Soy el sobrino de Estoico, el primo de Hipo, ustedes no pueden tratarme de esta forma malditos estúpidos hijos de troll! ¡Tontos! ¡Suéltenme de una puta vez!...
Los insultos seguían, Erick no les hizo caso.
—Volaremos muy lento. Somos cuatro y dudo que mi Ghora pueda volar tan rápido con ese peso—se refería a su Nadder, que de por sí estaba algo cansado.
—Fereiya no está lejos de aquí, el tiempo estará de nuestro lado—le sonrió Greta para animarlo—Además en la fortaleza podremos coger nuevos dragones.
Erick estuvo de acuerdo con el plan. Comenzaron a moverse rápidamente.
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El plan de Hipo era sencillo. Sobrevolarían el mar rápidamente y llegarían en poco tiempo al campamento romano. Debían acercarse sigilosamente para mantener el factor sorpresa. De ahí comenzarían la batalla desde cielo donde lanzarían un fuego atroz para destruir sus barcos y sus municiones. No debía quedar nada ni tampoco debían pelear cuerpo a cuerpo. Todo desde el cielo.
—Llegaremos en menos de veinte minutos—les dijo Patapez—¿Todos están listos?
Brutacio y Brutilda tiraron de las riendas para ir más rápido.
—Lo estamos.
Hipo pudo ver que Egil, casi a su lado, lucía un poco entristecido. Aquella distracción podía costarle la vida en el campo de batalla.
—¿Qué te pasa?—le preguntó.
—Mi hermano…—Egil cerró los ojos un segundo solamente—Me duele su traición.
Hipo nunca tuvo hermanos, pero ganas no le sobraron.
—A todos nos duele su traición—le dijo tratando de animarlo—Pero verás que todo saldrá bien.
—Él se lo buscó. No interferiré en su juicio, lo juro. Pero… aún así duele.
Eran uña y mugre. Los dos crecieron siempre unidos y contándose mutuamente a lo largo de esa guerra. Era horrible percatarse de que tu hermano, la única persona en quien podías contar durante años, te había traicionado por una nimiedad como lo era la mano de una chica. La traición de Finn no solamente iba hacia su hermano y a todo el pueblo vikingo. Con esa acción también traicionó el honor por el cual sus padres habían muerto. Egil apenas lo podía creer, pero sabía que era cierto.
—Te acompañamos en tu dolor—Hipo no sabía qué más decir—Y estaremos contigo.
—Gracias.
Egil tiró de las riendas para ir más rápido. Astrid se colocó al lado de Hipo.
—¿Tú estás listo?—le preguntó la rubia.
—Completamente,
Todos guardaron silencio y vieron a lo lejos cómo el mar comenzaba a dar paso a la masa de tierra. No tardaron en llegar a las costas donde en teoría deberían estar los campamentos romanos. A distancia se podía ver un barco anclado y unas figuras que seguramente serían las tiendas de campaña. Todos comenzaron a prepararse para el ataque, los dragones más que dispuestos a lanzar sus bolas de fuego.
Descendieron un poco de la altura y pudieron entonces presenciar el campamento con mayor claridad. Se pusieron rígidos. Las tiendas de campaña estaban puestas, pero no se veía ni una sola alma en el lugar. Sobrevolaron varias veces sin encontrar a nadie. Chimuelo aterrizó a Hipo comenzó a explorar lugar. Muy pronto los demás se les unieron.
—Esto no tiene sentido—dijo Hipo.—Revisen bien todas las tiendas—ordenó.
Los gemelos comenzaron a explorar de la misma forma que Astrid, Patapez y Egil. Hipo inmediatamente caminó a la tienda de campaña más grande, la que seguro sería de Eliseo. En el interior de la tienda estaba lo que parecía ser una cama, y nada más. Unas cuantas mesas con papeles. Lo que le llamó la atención a Hipo es que no había ni una sola espada, ni un escudo… las armas estaban tan desaparecidas como los soldados romanos.
—¡Hipo!—Astrid entró en la tienda—No hay absolutamente nada ni nadie. El lugar luce casi abandonado.
—Esto no me augura nada bueno—decía el chico pensativo.
Chimuelo entró a la tienda, que era grande, y caminó inmediatamente hacia su jinete. El dragón recordaba perfectamente y con odio el olor de los soldados romanos. Hipo miró al Furia Nocturna, Chimuelo movió la cabeza de un lado al otro, como si estuviera negando. No había una sola persona aparte de ellos en ese lugar.
—Un momento ¿Cuántas naves hay ancladas?—preguntó, mientras agarraba varios de los papeles que estaban colocados sobre el escritorio.
—Solo una—respondió Patapez, que se asomaba a la tienda.
—¡Oye nos llegaron refuerzos!—se escuchó el grito de Brutacio—¡Son tres!
Hipo pensaba en la cantidad de barcos que le había dicho Patapez ¿Un solo barco anclado? En la batalla contra Alere Flammam escaparon varios. Y por la cantidad de tiendas en el campamento, había más hombres de los que cabían en una sola nave ¿Dónde estaban los demás?
—¡Son Greta, Erick y Gunter!—anunció Egil.
Hipo pensaba rápidamente lo que estaba pasando ahí con lo que ocurría en su mente. Sin soltar los papeles caminó fuera de la tienda. Greta, Gunter y Erick iban en un Nadder respectivamente. Hipo recordaba haberle a pedido a los tres espías que siguieran de cerca los pasos de Finnbogi ¿Qué estaban haciendo ahí?
—¿Qué hacen aquí?—preguntó.
Egil fue el que le respondió acercándose.
—Estoico nos dijo que viniéramos como refuerzos—fue su respuesta—Pero parece que no los ocupan—agregó, mirando alrededor.
—Esto no tiene sentido—fue el turno de Patapez para hablar—No creo que hayan dejado el campamento hace mucho tiempo.
—¿Cómo lo sabes?—inquirió Brutacio.
—Mira—Patapez les señaló un costal con hogazas de pan—No están recién hechos, pero tampoco están duros. Los hicieron hace máximo unos días.
—Pero un ejército no dejaría ni un solo trozo de pan si va a hacer una excursión—razonó Astrid—Si ellos regresaron a Roma o fueron a otro pueblo, se llevarían todo.
—Incluido el dinero—Brutilda mostró una bolsita llena de monedas romanas.
—¿A dónde pudieron haberse ido?—Greta se inclinó cerca de los restos de una fogata, pensando.
Hipo miró entonces los papeles que tenía en sus manos. Los hojeó rápidamente, la mayoría eran apuntes diarios del comportamientos de las tropas, las tácticas, la vida cotidiana, unas cuantas cartas de Roma… al parecer el emperador le había pedido a Eliseo que regresara a Roma con el resto de los soldados, pero dudaba que hubiera cumplido el propósito.
Las últimas hojas eran diarios de Eliseo. Todo estaba escrito en latín, Hipo como nunca antes bendijo conocer el idioma. Las pinceladas eran violentas, estaba casi seguro de que Eliseo estaba enojado cuando lo escribió. Había una firmada hacia apenas dos días.
Con la información que nos han dado estos dos desertores vikingos podremos hacer un ataque a Berk de forma rápida y concisa. Conquistaremos Escandinavia y volveremos a Roma como unos héroes. Recibiremos el favor máximo del emperador. Pero lo mejor de todo es que podremos deshacernos al fin de esos bárbaros vikingos y vengaré dignamente a mi familia, tal y como lo prometí hace tantos años. Enterraré mi espada en el vientre de Hipo y veré cómo se desangra entre espasmos dolorosos, no sin antes haber contemplado su desesperación por haber aniquilado a ese maldito dragón y prenderle fuego a la Tribu que tanto amó, ver cómo las llamas consumen y matan en agonía a las personas, escuchar el deleite de los gritos adoloridos…
¡Ese hombre estaba enfermo! La preocupación nubló a Hipo por unos momentos.
—¿Cuándo fue que Patán y Finn mandaron el mensaje a los romanos?—en el fondo, Hipo ya sabía la respuesta.
—Hace casi dos días—repuso Greta—Salieron en la noche ¿Por qué?
—Los romanos atacarán Berk—Hipo saltó hacia el lomo de Chimuelo, que sentía a la perfección la angustia de su jinete—¡Tenemos que volver y ayudarlos!
—Pero Hipo, no deben ser más de sesenta romanos y Berk está llena de soldados—Astrid intentaba calmarlo, aunque ella misma se acercaba a Torméntula lista para montarla—No creo que les causen el mínimo problema.
—Astrid, hoy es la reunión del Consejo—Hipo se maldijo a sí mismo ¿Cómo se le fue por alto ese detalle?—¡La mitad de los soldados irán a Thorum!
Astrid palideció.
—¡Qué maldita suerte la nuestra!—gritó Brutilda—¡Maldición! ¿Qué demonios hacemos aquí?
Brutacio subió rápidamente al Cremallerus y ayudó a su hermana también.
—Debemos irnos de aquí—Patapez ya estaba sobrevolando encima de sus amigos.
—Perfecto—Hipo ajustó la cola artificial de Chimuelo—Volaremos a velocidad máxima hacia Berk, no pasa nada porque nos separemos esta vez ¿de acuerdo? Cada quien que vaya a un ritmo que le funcione, si encuentran naves romanas destrúyanlas ¿Entendido?
—Claro ¿Misma estrategia?—inquirió Astrid.
—Misma estrategia—asintió.
Hipo volteó hacia Erick.
—¿Pueden ustedes ayudarnos?
—La pregunta es necia—respondió Greta en vez de su hermano, ya montada sobre el Nadder—Creo que iremos más lento pero podremos ayudarles.
—Pues entonces vámonos.
Astrid e Hipo se vieron mutuamente, y asintieron.
Emprendieron vuelo rápidamente a Berk. No había tiempo que perder.
Eso ha sido todo.
Espero, realmente, que la espera haya valido la pena. Mil gracias por leer.
chao!
