Romano, completamente vestido de cardenal sale de la sacristía mientras empieza ya a sonar la música y todo el mundo se sienta. Camina hacia el fondo de la iglesia con paso firme y sonriendo un poco, para recibir a los novios y el séquito en general, con intenciones plenas de dar instrucciones y de ser posible, reñirles un poco.

Le encantaba por eso este atuendo... Era como traer el peso entero de la iglesia empujándole detrás. Era una buena sensación, como surfear una gran ola. Sonríe más algo cautivado con la música mientras llega al fin al fondo notando que se enredan un poco para formarse bien. Por no hablar del tremendo de morbo que le da a España esa ropa. Ejem... Puede que Romano le cierre un ojo muy sutilmente cuando pase a su lado. Puede que España se muera entonces, junto a Francia y Prusia.

Los siguientes en salir son Veneciano y, como algo planeado entre él y España, Vaticano en sus brazos, que está para comérsela. El italiano le da las flores y ella las tira al suelo... o al aire porque está bastante emocionada, mirando a todo el mundo. Cuando llega a la mitad del pasillo y ve a Romano chilla "Aparinooo!" Como si no le viera desde hace mil años.

Romano le sonríe genuinamente y le hace "Shhh" con un dedo en los labios. Veneciano se ríe, también haciéndole "shhh" porque la música... y apresurando el paso para que no chille otra vez.

Y creo que todos los presentes la consideran monísima. España le susurra a Francia que está seguro que cualquier día le robará a Romano, está completamente enamorada de él mientras se levanta a llevársela para que Veneciano no tenga que estar sosteniéndola todo el tiempo y por si chilla o llora poder sacarla.

Francia le sonríe un poco a España susurrándole que no es por ponerle nervioso pero parece mutuo. Cuando España vuelve al fondo con la niña en brazos, nota a Austria junto a Germania para andar los siguientes.

Germania estira mucho la espalda y mira a Austria de reojo. España se acerca al Austriaco con la niña en brazos y aprovecha este momento para abrazarle.

¡Van a arrugarle el trajeeee!

Así que el austriaco quiere literalmente ARRANCARLE LA CABEZA. España de todos modos se ríe y se va sin darle un beso en la mejilla ni tocarle el culo porque lo ha acojonado con la mirada.

—¿Estás listo? —pregunta Germania en un susurro un segundo antes de que les dan la marca de entrar.

—El cello —protesta apretando los dientes—. No es como que pueda hacer nada ya si no lo estoy.

—Puedes salir corriendo, no creo que lo note nadie —bromea Germania, que está también nervioso, empezando a caminar

—¿Y te casas tú en mi nombre?

—¿Con Schweiz? Mmm... —hace como que se lo piensa.

—Si lo haces en mi nombre tiene que ser con él...

—Creo que voy a pasar esta vez...

—Te habría convencido con más facilidad en la boda con Spanien.

—Que va, en esa hubiera matado al novio... —sonríe de lado y se sonroja.

—En lo más mínimo, Spanien se parece mucho a Rom, en lo físico, pero Frankreich es mucho más como él en forma de ser.

—Los dos, Frankreich y Spanien son unos monstruos sacados de los infiernos. Desde que les recuerdo.

Austria se encoge de hombros.

—¿Ungarn entonces?

Abre la boca para protestar... Pero es que en realidad Hungría le gusta mucho mucho más. La cierra de nuevo.

—Entonces quizás habríamos tenido un trato... —murmura dos pasos más adelante.

—No conozco mucho a su madre, pero no me da la sensación que se parezcan mucho.

—Yo la conozco lo bastante como para tener la idea de que con que se parezcan poco, basta.

Austria sonríe sin comentar al respecto.

—Aunque sería mejor que convencieras por mí a tu madre... —es lo que agrega casi al final del pasillo—. La música es preciosa.

—¿Yo? No creo que yo pudiera a convencer a nadie de nada... —susurra cínicamente antes de dar un paso para ponerse junto a Romano, dejando a Germania en su posición.

—Felicidades —le susurra antes de hacerle un cariño en la mejilla y ponerse donde le toca.

Austria sonríe y automáticamente se vuelve a las puertas de la iglesia, nervioso de nuevo, tomando aire y soltándolo lentamente. Se arregla el traje y se pone derecho.

Francia saca la cabeza, poniéndose en primerísima fila con la cámara en alto para tomarle la foto a los que siguen, pero Alemania y Helvetia están parados al fondo del pasillo, contrario a sus expectativas.

Ella está al lado de Alemania SUPER rígida, mirando al suelo, roja como un tomate pensando que todos la miran y LO SABEN y hay... demasiada gente.

Alemania está IGUAL de sonrojado, rezando porque nadie se dé cuenta de nada, apretando el brazo de Helvetia un poco más de lo que debería. Mira a Austria al fondo del pasillo.

—Hay que caminar ya, Helvetia.

Se tensa más, sintiendo que es como una tremenda burla hacia ella por haber pensado en querer a un hombre. Lo había querido, ¿no? pues esto es lo que hacían las chicas, andar junto a un hombre delante de todo el mundo para que las vieran y supieran lo que habían hecho. (Galia, vas a tener que hablar mucho con ella y quitarle las angustias)

Alemania empieza a caminar tirando un poquito de ella, sonrojándose más porque... Es que de verdad TODOS tenían que verles juntos. Hace sobreesfuerzo por mantener la cara seria de poker habitual.

Y además a uno que no la quiere a ella, solloza un poco lo más silenciosamente que puede sintiéndose muy muy humillada pero andando mirando al suelo, tratando de centrarse en su hijo y en lo que él quiere, usando todas sus fuerzas para hacerle feliz.

Alemania la mira de reojo... Y es que no deja de parecer que preferiría hacer cualquier otra cosa en el mundo, incluyendo ser desollada, en lugar de estar aquí haciendo eso con él. Vuelve a mirar al frente, frío y serio pensando que ha aprendido su lección. Él no sabía hacer estas cosas ni meterse en esos líos. Deben ser la pareja más consternada de todo el cortejo, he visto a gente ir al paredón con más entusiasmo. Algo era seguro: Veneciano no notaria nada entre ellos con ella actuando así.

Es que de verdad, de verdad, está casi llorando, aunque puede parecer que es de emoción. No ha ido a abrazarle, ni a decirle nada bonito, ni besarle pero puede hacer esto. Puede caminar todo un pasillo entre un millón de ojos, con el corazón ardiéndole en el pecho y no desmoronarse a pesar de la humillación solo por estar con él y hacerle feliz.

Alemania le aprieta un poco más el brazo con pesar y sin saber bien que hacer ya hacia el final del pasillo y la vuelve a mirar de reojo.

—Lo siento —susurra antes de dejarla en su lugar y soltarla para irse a poner junto a Austria, mirando el suelo.

Ella se atreve a levantar un poco la cabeza y entreabrir los ojos notando que nadie le hace ya mucho caso y no ha pasado nada tan terrible como creía, aunque sigue incomoda con sus zapatos y ropa y con la TREMENDA cantidad de gente que hay aquí.

Así que ahora si Francia vuelve a echarse al frente a ver a su madre e Inglaterra.

Y ahí están los dos, Inglaterra sonrojadito dejando que ella le tome del brazo, ya que lo hace con completa naturalidad, se siente todo un gentleman a su lado, es algo que irradia Galia... a pesar de que sigue llorando. Por supuesto, lo primero que hace Inglaterra es buscar a Francia y luego morirse del sonrojo al imaginarse a sí mismo andando al altar hasta el francés, del brazo de America, seguramente. Galia saluda mandando besos a todos.

—¿No se ven guapísimos? —susurra Francia imaginándose a sí mismo del brazo de su madre yendo al altar para casarse. Se pierde en la idea sonriendo idiotamente. Inglaterra no pierde la ocasión de molestar un poco a su hermano acercando a Galia hacia si cuando pasan por su lado.

Gales es perfectamente molestable, así que arruga la nariz, celoso, cuando hace eso. El inglés lo nota y sonríe más maligno, incluso abrazando a Galia de la cintura y lleva pensando en hacer esto desde que le dijeron que iría con ella.

El galés suelta vapor de agua por la cabeza, frunciendo más el ceño. Francia les toma fotos y le asegura a España que un día va ser ÉL el que camine por ahí y va a ser una boda mucho más bonita que esta tan fea.

Lo malo es que el pasillo no le da para más... pero ya se aprovechará en el baile. España niega y le hace pat pat en la cabeza a Francia.

La cosa es que... Detrás de Galia e Inglaterra, absolutamente nervioso e histérico, aunque especialmente enfocado con la música... Esta un pequeño hombrecito de cabellos claros, ojos verdes y ceño fruncido, que busca al fin conseguir ver a Austria al fondo del pasillo.

El hombre moreno y alto se siente como un niño pequeño asustado al que le tiemblan las rodillas, cambia el peso de pie una y otra vez estirándose otra vez el traje cuando el coro empieza a cantar los salmos que indican que ya viene Suiza.

Suiza se pasa una mano por el pelo y también cambia el peso de pie, aunque cuando al fin le ve, ahí... Que no se ha arrepentido, que sigue en pie la boda, que se ha vestido para él y... En realidad se le borra un poco de la mente absolutamente todo cuando escucha el salmo y la música que indican su entrada. La angustia sobre Austria, en sí, se le esfuma.

El sentimiento es mutuo de hecho, por el precedente de eventos, puede que el alivio de Austria sea aún un poco más pronunciado, pero él no estará tranquilo hasta que esté ahí a su lado y haya dicho que si, llamadle paranoico... pero no sería la primera vez que Suiza se marcha cuando todo parece ir bien.

El corazón del suizo late a toda prisa cuando Liechtenstein le toma del brazo. No sabe aún como es que va a conseguir caminar hasta el altar sin caerse... Se enfoca por completo en Austria sin mirar al MONTONAL de invitados que hay, a la iglesia o a nada, apretando los puños y echando a andar.

Austria sonríe un poco enfocándose en sostenerle la mirada y llamar toda su atención, pensando que sí se ve guapo y... van a volver a ser un equipo. Probablemente el brazo de Liechtenstein quede estrangulado por Suiza, eso sí, porque de que esta nerviosísimo aun, lo está.

El moreno levanta la barbilla, estirándose en toda su altura tratando de recuperar su postura segura, sonriendo de lado, lo cual hace que el suizo frunza un poco el ceño (y trague saliva), pero que camine con más seguridad sintiéndose un poco más él.

La magia es que esta vez ni siquiera oye si el coro está siendo o no todo lo limpio que quiere.

Suiza se las arregla para recorrer el pasillo entero a paso tortuga, es decir, en muy pocos segundos. Austria levanta le mira por encima de las gafas sin dejar de sonreír cuando llega a su lado.

¡Y no se puede creer que ya estén aquí y ahora! Liechtenstein les hace una pequeña reverencia a ambos para irse a su lugar con rapidez.

—No te he hecho esperar —le susurra sin poder evitarlo en cuanto le ve, notando que se ve GUAPÍSIMO, tanto que quizás él si se vea como un simple Cabrero a su lado.

—Eso dices —responde sin dejar de sonreír y se vuelve a Romano levantando una mano y luego hacia los bancos pidiendo un momento.

Y Suiza toma al austriaco de la mano, sin saber qué es lo que va a hacer.

Cuando tiene la atención de todo el mundo se vuelve a él buscando algo en su bolsillo. Algo pequeñito y de color rojo. Toma aire sonrojándose un poco, le pone el pelo tras la oreja, le da un beso suave y le pone el pequeño objeto en el bolsillo con un "Feliz Navidad, Liebe".

Suiza parpadea, se sonroja mucho con el pelo tras la oreja, más aún con el beso suave y tiembla un poco más aún con un beso que no esperaba.

Austria se vuelve a Romano sin más, indicando que eso es todo, puede empezar. Suiza se toca el bolsillo donde sabe que debe haber un chocolate y le aprieta un poco más la mano.

No, no es un chocolate. Es un Ipod con la música grabada, interpretada por él. Ohhh, levanta las cejas al ver que no es un chocolate metiéndose la mano al bolsillo y sorprendiéndose al ver lo que es, sin esperárselo y sin estar seguro de lo que contiene. Romano carraspeando lo saca de sus pensamientos.

—En el nombre del padre...

También tiene grabada la fecha y sus nombres en el reverso. Austria sonríe un poco al notar su cara y se vuelve a Romano otra vez cuando empieza a hablar.

Va a oírlo hasta que se desgaste la música. La misa empieza con normalidad, con Suiza anclado de la mano de Austria, pero anclado es ANCLADO. Austria le acaricia un poco con el pulgar para que se relaje... y no se le ocurra rompérsela.

No se la va a romper… Creo. Después de los ritos habituales terminan de leer el evangelio y Romano se aclara la garganta para dar un breve sermón. Romano es de pocas palabras, quizás debido a toda una vida junto a España que es el que habla. Les habla un poco del amor y un poco sobre no matar al otro por más que lo merezca, terminando con una felicitación a los dos por atreverse a casarse, en estos tiempos en que los compromisos a largo plazo no están de moda. Les mira sonriendo levemente a ambos y luego le echa una muy rápida mirada a España antes de acercarse a ellos dos un poco más.

España está llorando como una puñetera manguera con Vaticano en brazos, que está muy desconsolada porque no entiende por qué llora su papá.

—Bueno, ha llegado el momento —les dice a los Romano dos apagando el micrófono unos instantes. E interrumpe cualquier cosa que sea necesario interrumpir, con cosas como... Los nombres y títulos nobiliarios.

Suiza parpadea sin estar muy seguro, mientras el italiano les pide a los dos que se pongan de pie, aun con el micro apagado. El moreno aprieta la mano del rubio para que lo haga junto con él.

Suiza se levanta también, sudando porque sabe perfectamente bien que en si lo que viene es la BODA. Tiene que soltar un instante a Austria para limpiarse la mano en el pantalón.

—Voy a empezar —indica el chico mirándoles, prende el micrófono otra vez—. ¿Republik Österreich, Confederazione Svizzera... —pausa dramática—, vienen los dos a contraer matrimonio sin ser coaccionados y de manera libre y voluntaria?

Austria se pregunta si alguien ha dicho que no a esa pregunta alguna vez, dejando responder a Suiza primero.

—J-Ja... —susurra Suiza.

—Esas preguntas comprometidas, Römer... ja, por supuesto.

—Tengo que hacerlas, ya lo sabes. ¿Están decididos a amarse y respetarse mutuamente,

siguiendo el modo de vida propio del matrimonio, todos los días de su vida?

Suiza ya está teniendo preguntas sobre a qué se refiere con "modo de vida propio del matrimonio" aunque ya bastante vergonzoso es lo de amarse y respetarse mutuamente.

Austria tiene serios problemas para que no se le escape la risa, no sé si de propios nervios o de hecho de que está contento, así que deja que Suiza conteste primero de nuevo.

—Ich... I... Io... E-Estoy dispuesto, si, aunque no sé a qué te refieres con el estilo de vida propio del matrimonio —suelta traicionado por los nervios.

—Se refiere a que lo que hiciste ayer noche solo en la intimidad de tu cuarto, lo hagas conmigo —susurra Austria en el tono de voz de Liechtenstein SOLO para Suiza.

—W-Was? —el micro hace un "piiiiiii" por el chillido, antes de que Romano se lo quite de enfrente. Suiza se histeriza y se sonroja. Austria le aprieta la mano y sonríe volviéndose a Romano, que levanta una ceja y le acerca el micro a Austria haciéndole un gesto de que responda él también porque no lo ha hecho.

Sonríe sin decir nada expresamente para provocar un poco de pánico.

—Austria... —le insta Romano mirándole. Suiza también se gira hacia él. Austria mira a Suiza de reojo y este traga saliva nerviosito.

—Todos los días —responde al final, sin dejar de sostenerle la mirada.

Suiza se sonroja otra vez, porque es bonito y le acelera el corazón tanto como no lo creía posible. DE VERDAD se estaban casando.

—Así pues, ya que quieren contraer santo matrimonio, levanten sus manos unidas y manifiesten su consentimiento ante Dios, su iglesia y ante todos como testigos —sigue Romano.

Austria es quien levanta la mano con la que le sostiene, que ahora tiene los dedos entrecruzados. Romano le pasa una hoja a Suiza y mira a Austria de reojo, que carraspea levantando la barbilla muy digno.

—Yo Schweizerische Eidgenossenschaft, te acepto a ti... —Suiza hace una pausa y parpadea... y vuelve a parpadear—. Archiduque de Alta y Baja Austria, Modena y Teschen... ¿Qué es esto?

—Mi nombre completo.

—¡Este no es tu nombre completo! —protesta entre dientes y se vuelve a leer— Gran Duque de la Toscana, Duque de Salzburgo, Estiria, de las antiguas Babenberg y Hohenberg, Conde del Tirol y Señor de Vorarlberg... —Y es que cada nombre que dice lo dice con bastante más irritación que el anterior.

—No veo que iba a ser si no. Léelo otra vez, completo y sin parecer que vas a escupir a cada palabra que te está oyendo todo el mundo.

—No voy a leerlo otra vez, eres Republik Österreich y nada más, todo lo demás son tus ridiculeces —sisea fuera del micrófono.

—De todos los momentos que hay, ¿qué te hace pensar que este es el propicio para discutir este punto?

—Empieza otra vez Svizzera... Desde "Yo..."

—Verdammt, esto es de verdad increíble —aprieta los ojos y se gira a la hoja. Traga saliva y decide dejar SU nombre en la mínima expresión—. Yo Schweiz, te acepto a ti... Archiduque de Alta y Baja Austria, Modena y Teschen... Gran Duque de la Toscana, Duque de Salzburgo, Estiria, de las antiguas Babenberg y Hohenberg, Conde del Tirol y Señor de Vorarlberg... Republik Österreich —hace los ojos en blanco—, como mi esposo y prometo serte fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la e-enfermedad, y a-amarte y respetarte todos los días de mi vida.

Se sonroja un montón con este final y le tiembla un poco la voz, queriendo salir corriendo.

—Qué bonito —el cínico, aunque sonríe mucho y se sonroja un poquito.

—Calla... Es tu turno —susurra en protesta. Romano le pasa a Austria la hoja y sonríe también. Austria se aclara la voz con un carraspeo.

—Yo Archiduque de Alta y Baja Austria, Modena y Teschen, Gran Duque de la Toscana, Duque de Salzburgo, Estiria, de las antiguas Babenberg y Hohenberg, Conde del Tirol y Señor de Vorarlberg, Republik Österreich... —lee completo el nombre hinchando más el pecho a medida que lo hace, con absoluta pompa, deben oírse los dientes de Suiza rechinar en toda la Iglesia—. Te acepto a ti Schweizerische Eidgenossenschaft —hace una pequeña pausa—. Duque de Suabia, conde de Ginebra y Toggenburgo.

—Yo no soy... Conde... —susurra apretando los ojos y los puños porque en realidad es que hace decenas de años que esas cosas no son válidas en su casa y solo es la ridícula POMPA la que hace que esté diciéndolo le salta un poco el ojo

—Y Barón de Lugano... —al notarlo Austria se regodea nombrando algunas Baronias más de Suiza que no están en la hoja.

Suiza no deja de protestar entre dientes, cosa que el austriaco ignora olímpicamente y mira, de repente ya se siente más tranquilo, suspira sonriendo cuando considera que ya la mirada del helvético va a empezar a hacer arder la hoja que sostiene entre las manos.

Suiza sisea entre dientes picado con todo esto, con el ceño altamente fruncido.

—... como mi esposo y prometo serte fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, y amarte y respetarte todos los días de mi vida —sentencia él sin titubear, con firmeza y convicción como jurándose a sí mismo, "Österreich, archiduque, duque, conde, barón y blablablatodoloquetuquieras esta es la puñetera última vez que pasas por el maldito altar. La ÚLTIMA"

Suiza le mira muy muy fijamente, pensando que le da IGUAL que haya dicho esto dos veces antes, esto es para él y con él SÍ va a ser TODOS los días de su vida.

Austria quiere matizar que sigue queriendo mucho a Hungría. A España no tanto, pero un poco si... solo que no de la forma en la que quiere a Suiza y le ha querido todos los días de su vida hasta ahora.

(A Hungría todo esto le parece muy tierno. ESPAÑA BROKENHEART. Romano le frunce el ceño a España. Pues es que dice que no tantoooo. Suiza dice que todos se vayan a la mierda, ¡que está en el momento más importante de su vida!)

Suiza le aprieta un la mano al austríaco, con los ojos vidriosos y este aparta la hoja de papel para mirarle intensamente.

—Svizzera... Tus votos —pide Romano con suavidad sin querer interrumpir el momento del todo.

Suiza ignora al italiano por un momento, aun mirando a Austria con intensidad, traga saliva con el ceño sin fruncir y sonríe un poquito. Austria sonríe en espejo y le aprieta la mano sintiéndose de repente otra vez un niño, queriendo abrazarle.

—Escribí algo para ti —indica con suavidad volviendo a sentirse tranquilo, como hace AÑOS, por no decir, centurias, que no se sentía.

—¿Qué es? —pregunta con curiosidad y sin burla en la voz. Da un pasito hacia él buscando en su bolsillo interno del saco.

—Es el resumen de todo lo que hemos pasado y como es que llegamos hasta aquí... No sé si quieras oírlo —le mira a la cara.

—Sí que quiero.

—Te lo leeré —se le acerca un poco más extrañamente no se sonroja, ni parece tan histérico. No recuerda que haya público, o que alguien pueda burlarse, simplemente se humedece los labios.

Austria sonríe y asiente. El de ojos verdes se aclara un poco la garganta mientras Romano le pone el micrófono a Austria en la mano para que él se lo sostenga. Con voz clara y suave empieza su relato...

—No soy bueno para decir cosas bonitas... —empieza —, aunque las pienso más a menudo de lo que crees.

Austria le escucha apretando los ojos en los momentos en que la cosa se fue de madre en la historia y sonriendo en las partes buenas.

No hay invitados, ni más presentes, solo están él y el austríaco. No se detiene hasta terminar, aunque se le corta la voz en algunos tramos. Austria le escucha con especial atención, como siempre, casi olvidando de sujetar el micrófono, porque él no lo necesita.

—... no hay otro lugar en el que preferiría estar que hoy, aquí y ahora —termina su relato, con simpleza quedándose unos segundos en silencio antes de volver a doblar la hoja y mirarle.

Austria vuelve a sonreír genuinamente. Suiza se sonroja un poco y le extiende las hojas para que las tome.

—Dankeschön —las guarda con cuidado y delicadeza.

Suiza le mira, satisfecho y en un mar de tranquilidad. Suspira, porque para él ya está prácticamente todo lo que necesita. Romano les hace un gesto a Alemania e Inglaterra para que se acerquen con los anillos.

Sin que esté previsto ni venga en realidad a cuento de nada, Austria siente la necesidad de hablar en este momento, así que sin hacer caso, se vuelve a Suiza y le toma de ambas manos.

—No importa que tan lejos haya necesitado ir, que tan fuerte haya necesitado probarme o que tan grandes hayan sido mis proyectos, tú siempre has resultado estar al final del camino como lugar al que regresar. Mi hogar —le aprieta un poco las manos—. No diré que no te he odiado porque sería una mentira, siempre fuiste la imagen de algo que quise esconder y negar por ser insuficiente en todo lo que yo valoraba, sin embargo, al final tú eres quien me ha superado en todo ello, quien me ha enseñado, quien me ha recogido, protegido y puesto en pie de nuevo cuando lo he necesitado, a pesar de mis burlas, mis reproches y mis cabezonerías infantiles. Muchos creen que me refugio en la música, pero ella es nada más mi voz. Y tú, hombre humilde, sencillo, huraño y parco en palabras, tú... cabrero, eres quien me ha enseñado que mudo no es el hombre que no tiene voz, si no el que no tiene nada que decir en su corazón.

(Ay Austria. Acaba de convertir a Suiza en una masa gelatinosa y aguada con un corazón que le late como si fuera a explotar. Estamos tratando de articular pensamiento. No pasa nada, Galia y los latinos llevan un BUEEEEEN rato llorando. Incluyendo a Francia... De hecho debe haberse esforzado los primeros minutos en que no pareciera que llora. Ahora ya no se esfuerza. Es que toda la historia de Suiza... Prusia, que está sentado entre la masa moqueante española y la masa moqueante francesa les mira con cara de "WTF?" Porque no es como que hayan dicho nada nuevo)

Suiza le mira a los ojos escuchando cada palabra que se le enrolla al corazón como metal caliente. Lo había intentado toda la vida, consciente o inconscientemente: tener un significado en la vida de Austria, aun en las malas, en los momentos difíciles o en los espacios de lejanía y silencio. Y había sido completamente exitoso en esa tarea que no sabía que tenía. Era obvio que Austria era su vida entera, pero el escucharse y saberse correspondido en ello la calentaba el alma.

Finalmente, nota que en todo el viaje que ha recorrido hasta ahora y en el que tantas veces se ha sentido completamente solo, ha tenido a Austria caminando en paralelo. A veces tan lejos que casi era imposible verle, a veces más cerca, tanto que podía rozarle los dedos al caminar... Y a veces tan cerca que se llevaba uno al otro sobre sus hombros.

Hay que decir que Helvetia justo acaba de ser CONSCIENTE de que su hijo se casa con Austria... que es otro hombre. Se plantea por un momento si Suiza será mujer y se le habrá pasado por alto, pero no, la chica es Liechtenstein, está segura. Además ha visto al suizo afeitarse y le lavó el culo un par de veces... Tal vez es Austria entonces el que es una chica. Se sonroja y carraspea SEGURA de que no lo es...

Veneciano mira a Alemania porque ese asunto del hogar al que regresar le ha removido las entrañas. Alemania levanta la vista y le encuentra la mirada, también por lo del fin del camino al que regresar.

Al ser compartida, la carga de su propio viaje repentinamente no le parece tan pesada. Parpadea con ojos vidriosos y húmedos sonriendo un poco y levantando la mano para acariciarle suavemente la mejilla. Austria sonríe un poco más.

Germania sonríe de lado pensando que todo esto es muy bonito (y bastante obvio, está de acuerdo con Prusia en que no han dicho nada nuevo), y busca a Roma con la mirada identificado también con algunos pasajes del breve discurso del austriaco. Él también consideraba a Roma inferior... Y también Roma le había levantado cada maldita vez, a pesar de todo. Roma no le mira porque está llorando como si se fueran a morir en los próximos cinco minutos. Hace los ojos en blanco sonriendo un poco más.

Veneciano al notar la mirada de Alemania solloza otra vez, de forma incontenida... y es que Inglaterra tiene que buscar a Francia un poco. Es un milagro que no vaya corriendo a echarse en tus brazos.

Y después del momento pegajoso general...

—Yo siempre voy a escuchar lo que tocas — asegura Suiza con simpleza alargando un poco más la caricia antes de quitar la mano.

Austria asiente, pensando un poco en el asiento vacío del Musikverein todo ese tiempo en que no se hablaron, pero sonríe y mira a Romano para que continúe.

Y Suiza vuelve a tomarle de la mano como activado por un imán mientras ahora si Romano trae a los padrinos.

Inglaterra vacila un poco embobado con Francia, antes de acercarse. Alemania se acerca con su cara de huelepedo característica. Romano levanta las dos manos hacia Austria y Suiza y les sonríe.

—El Señor confirme con su bondad este consentimiento que han manifestado ante él y ante nosotros, y les otorgue su bendición —empieza con voz solemne y tiene que sorberse un poco los mocos porque... Él es latino también ¿saben?—. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

Suiza traga saliva apretándole a Austria la mano, dispuesto a él sí hacer valer esta vez eso de que no lo separe el hombre... Austria aprieta los ojos volviendo a pensar que sí, que esta es la definitiva... como las otras veces.

Alemania le entrega a Austria su anillo y Suiza se mete un buen susto al notar que hay alguien más por ahí que el, Austria y Romano.

—Danke —agradece Austria mientras Inglaterra le pone la mano al hombro a Suiza, que traga saliva mirándolo como a un extraterrestre... sonrojándose un poco.

Alemania le sonríe muy levemente a Austria haciéndole un gesto con la cabeza y susurrándole un "felicidades". Austria asiente un poquito a Alemania sin mostrarse enfadado por unos instantes.

Inglaterra sonríe pasándole a Suiza el anillo. Y Francia se toca el anillo y le da vueltas en el dedo, pensando que a pesar de todo él si tiene un anillo que cuidar y que representa todo lo que ellos dos no hicieron. En realidad Inglaterra está muy impresionado de que Suiza lo haya conseguido

—Österreich, recibe esta alianza en símbolo de mi amor y fidelidad —se la pone con extrema delicadeza acariciándole la mano con mucho cuidado—. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo —ya ni siquiera espera a que Austria lo haga primero. Ni tartamudea.

—Schweiz... recibe esta alianza en símbolo de mi amor y fidelidad —le imita mirándole a los ojos al ponérsela porque tiene más práctica en hacerlo—. En el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo.

—Oremos, hermanos, por las necesidades de la iglesia y de todos nosotros, especialmente por Austria y Svizzera que acaban de celebrar con gozo su matrimonio... —Romano hace un gesto para que todos se pongan de pie y continuar la misa... Romano, hijo mío, como troll eres infinito. Romano asegura que tiene que seguir las normas… Con la de rato que hace que Austria quiere un beso.

Finalmente, después de lo que a Suiza le parece una vida entera de estar sentado ahí, sin poner ninguna atención, Romano sonríe un poco y les hace ponerse de pie a todos por décima vez.

—Nuestro Señor Jesucristo, que santificó con su presencia las bodas de Caná, les conceda a ustedes, Austria y Svizzera su bendición —Romano muy solemnemente los bendice—. Pueden ir en paz, la celebración ha terminado.

—Dankeschön, padre —agradece Austria haciendo un gesto de cabeza. Romano junta las manos angelicalmente y les sonríe sinceramente. A tres de levantar la vista al resto de los feligreses.

—¡Un aplauso a los novios!

Y ahí va todo el mundo a aplaudir... siguiendo a España que ha sido el primero en ponerse de pie y gritar "¡Bravo!"

Suiza levanta las cejas y se gira un poco sobre sí mismo, descubriendo al montonal de gente en la que no había ni pensado. Austria le aprieta la mano al notar su cara. Suiza la aprieta de vuelta y gira la cabeza para mirarle, sonrojado.

—¿Estás bien? —pregunta suavecito. Suiza suelta un poco el aire porque se ha puesto nervioso otra vez, pero el tono, la mano, la cercanía y lo que acaba de pasar...

—Estoy muy feliz —responde el rubio dulcemente. Austria sonríe. Suiza le mira a los ojos y luego a los labios... Y quisiera, de verdad quisiera un beso, pero no se anima...

—Aun hay una cosa que falta que hagas...

Parpadea un poco incrédulo con eso... Es decir, ya había hecho todas las cosas complicadas que le habían pedido, ¡y había superado la prueba con valentía! ¿Qué más podía faltar? Austria se humedece los labios y el suizo baja la mirada a ellos inconscientemente.

—¿Y bien?

Y quisiera decir que Suiza no sabe a qué se refiere... Pero sí que sabe. Se sonroja un poco y traga saliva.

—Ehm...

—¿Vas a hacerlo o salimos así? Está esperando todo el mundo.

Traga saliva, porque no es que no quiera hacerlo en serio. Suspira.

—V-Voy a... —todos los nervios vienen de vuelta.

—¿Aja?

—Te detesto, ¿lo sabes?

—Ja —sonrisa cínica. Suiza gruñe un poco, mientras Austria se ríe.

—Voy a hacerlo, vale... Voy a hacerlo —decide levantando las manos. Austria le mira levantando una ceja y el de ojos verdes se sonroja más con la cara y les mira a todos de reojo.

—Todos están esperando —presiona Austria.

—¿Compusiste toda esa música para mí...? —pregunta de la nada, porque sí que la ha notado. Austria levanta las cejas... se sonroja un poco y se acerca él a besarle para no tener que responder

¡Suiza ha ganado esta mano!

Pues a veces se gana, a veces se pierde... y de todos modos Austria estaba empezando a impacientarse. Suiza le hunde la mano en el pelo de la nuca y profundiza el beso totalmente y hay un MONTÓN de gritos de fondo a los que al menos Suiza hace caso omiso por unos cuantos largos segundos hasta que se separan.

En realidad a Austria le hacen sonreír. Claro que te hacen sonreír, Austria... Tú eres el cínico de los dos.


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