NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DREAMWORKS SOLO ME DIVIERTO AL ESCRIBIR.
Y pues fui al cine y pasaron un trailer de "cómo entrenar a tu dragón 2"... me quedé sin palabras. Y me dije a mí misma "¡Tengo que terminar esto de una vez por todas!" así que ¡Voilá! ¡Al fin! ¡El esperado final! ¿Pueden creer que me tardé tanto con un solo capítulo? no sé... me daba tanta pena darle fin a un fic que escribí con tanto cariño y esmero... ¡Pero aquí está al fin! =D
Comentarios:
Guest: ¡Hola! ¡Muchísimas gracias! ^^ por ahora no planeo una secuela, pero si la idea surge no dudaré en publicarla :)
Guestbrandon: ¡Hola! muchas gracias por leer y me alegra que te haya gustado tanto esta historia =D ¡espero te guste el final!
fic: ¿de los mejores? wow... nunca pensé que dirían eso. Gracias en serio por disfrutar tanto de mi humilde escrito, esa es la intención.
javiera gazlene: ¡intento darle el mejor de todos los finales! y espero poder subir ese final muy pronto para ya no dejarles con la intriga. ¡Gracias por leer! =)
mmmeli: lo siento, sé que debo terminarlo, pero a veces no hay tiempo o inspiración y no me gusta subir capítulos mal escritos, así que espero aunque creo que no es justo para ustedes. Ojalá te guste este capítulo y al contrario, gracias a ti por leer :)
aleea: am... algo, sí, lo siento xD
astrid hofenson5757: ¡Gracias! sí, Astrid sufrió mucho.. al igual que todos.
Gues2t: ¡Hola! muchísimas gracias por leer éste fic y opinar tan bien al respecto, por ahora Finn está muerto y no he pensando en una revancha, como tú dices, aunque quizá es un punto que deba considerar =) ¡Gracias por la paciencia!
toxy: ¡Mil gracias! ^^
Sakurarozen: ¡Hola! considerando el tiempo que yo me tardo en actualizar está peor... ya vi el tráiler y otro nuevo que acaban de sacar en inglés (ni me esperé a que saliera en español xD) El nuevo está terriblemente intrigante y me quedé con demasiadas emociones atoradas (¡que bueno que aquí estaba el fic para sacarlas!) =D
Guest3: realmente que has esperado mucho :( ¡aquí está el capítulo! disfrútalo porfavor.
RUBIRAMOSHDA: ¡Que bueno que te haya gustado! lamento haberme tardado tanto en responderte y subir este capítulo, pero espero que aún así lo leas :)
danielitha: ¡Muchas gracias! =D
mielr12:¡exactamente! camy es como Hipo xD (vaya que te lo digo mucho tiempo después) ¡Gracias en serio por leer! =D
Niknok19: ¡Mil gracias! ya solo falta un epílogo además de éste capítulo y la historia termina oficialmente, la historia no es tan históricamente exacta como lo he mencionado pero intenté hacerla lo más real posible para darle un buen ambiente ¡Gracias en serio por leer! =)
Sofrix: ¡Espero que mis otros fics también te gusten! =D saludos
Dragons119: ¡y el casi final aquí está! =D
lilian: ¡Muchas gracias! ^^
Johnunoxx: lo sé, he dejado de lado varios fics por falta de tiempo e inspiración sobre todo. Los Juegos del Dragón espero poder retomarlo a vuelta de año =D ¡Gracias en serio por leer!
caroline3: ¡Gracias! al fin aquí esta el capítulo :)
Anonimo: ¡lo siento lo siento lo siento! tardé demasiado lo sé pero aquí esta al fin...
Isabella: Sip, sé que me he tardado demasiado... lo siento.
¡AL FIN EL CAPÍTULO!
Capitulo 21
.
.
Tomó horas.
Horas que parecieron interminables.
El incendio avanzó voraz como solo la vivacidad de las llamas puede hacer. Consumió prácticamente todo a su paso. Pero si los vikingos son necios a la hora de la guerra, lo eran igualmente de necios a la hora de apagar un incendio. Era una pelea contra las llamas y ellos saldrían victoriosos de la misma forma en que lo hicieron contra los romanos. No hubo descanso hasta que la última brasa fue consumida por el agua y los últimos escombros desechados.
Anochecía cuando el pueblo de Berk pudo detener sus labores y respirar aliviados. El incendio se había contenido. Tres casas se habían perdido pero los demás eran daños que podrían restablecerse de forma rápida. Había solo nueve heridos que no pasarían ni un día en la choza de los curanderos. El vigor, la adrenalina y su orgullo vikingo estaba resurgiendo.
Y fue en ese momento cuando todos alzaron su brazo derecho al cielo y dieron al unísono el grito de la victoria. Los romanos habían caído, todos fueron derrotados y los que habían sobrevivido o escaparon o estaban prisioneros en el ruedo con Bocón. Ni una sola baja. Y daños menores a los esperados ¡Berk había triunfado!
Repentinamente se percataron de que esto significaba algo que nunca habían imaginado ver: era el fin de la guerra.
Lágrimas de regocijo cayeron por las mejillas de mujeres que cargaron a sus hijos llenas de emoción. Los esposos y parejas se besaron dejando caer las armas al suelo. Los jóvenes soldados vitorearon elevando sus espadas para que el reflejo del filo anunciara su valor ¡La guerra había terminado! ¡Y ellos eran los vencedores!
—¡Todo ha terminado!—se escuchó el grito, proveniente de la multitud—¡Somos libres!
—¡Somos vencedores!
—¡Somos vikingos!
¡VIKINGOS!
Gritaron todos al mismo tiempo, recordando el origen tan noble de su valiente raza y ensalzando la bravía de un pueblo que había peleado hasta ser el vencedor.
¡Vikingos!
Que serían recordados a través de la historia como el pueblo que jamás se rindió, que peleó por su libertad, por sus tierras, por su cultura, por su valor y necedad ¡Y que además triunfó valerosamente, por un ingenio sin igual!
¡Vikingos!
Los dragones, que estaban contemplando todo el alboroto formado por sus humanos, volaron alrededor del Berk emitiendo rugidos de victoria que parecían armonizar perfectamente con los gritos humanos. Tal pareciera que los mismísimos dragones se percataban de que habían ganado y estaban haciendo su propia fiesta. Llamas iluminaron las nubes sin acercarse siquiera a las construcciones de madera, como un juego entre ellos mismos que esquivaban sus llamaradas en el cielo sin alejarse demasiado.
Hipo miraba cómo todo el pueblo festejaba lleno de gozo. Todos habían empezado a cantar en el nombre de los dioses y nadie, ni un solo niño, faltaba al coro:
¡Gran Odín, protector, que nos has hecho ganador!
¡Levante su mástil que aquí sois el dios!
¡Nosotros vikingos te hemos de alabar!
¡Y que sepa la tierra, nadie nos podrá derrotar!
—¿No es sensacional, Chimuelo?—dijo el joven jinete, acariciando con ternura el cuello de su mejor amigo. El dragón emitió ligeros ronroneos por la caricia, mirando el festejo con curiosidad.
Repentinamente, el furia nocturna se irguió con brusquedad, alzando sus orejas y moviéndolas de un lado al otro detectando un sonido. Hipo inmediatamente se tensó, pensando que Chimuelo estaba detectando alguna especie de enemigo. Pero estaba equivocado.
—¡Hipo!—el grito apenas podía escucharse por el sonido de las voces que cantaban y gritaban al mismo tiempo—¡Hipo!
Chimuelo dio un salto señalando al lugar de donde provenía la voz. El jinete miró a su dragón y luego el sendero que parecía apuntar. Una figurilla peleaba contra las masas de personas que se movían buscando acercarse más al centro del pueblo. La delgada chica rubia emergió al fin de aquél bullicio con su hacha en la mano, cabello algo despeinado y una enorme sonrisa en sus labios.
Hipo caminó hacia ella encontrándose los dos en el punto justo. El hacha cayó al suelo cuando Astrid abrazó a Hipo del cuello, hundiendo su rostro en la clavícula del chico y aspirando su aroma lo más fuerte que pudo. Hipo la abrazó por la cintura y después por la espalda, apretándola lo más que pudo a su cuerpo.
—¡Ganamos!—dijo Astrid, rompiendo el abrazo para verlo a los ojos—La guerra terminó…
Los ojos verdes de Hipo se humedecieron ligeramente. Él había sufrido la guerra de una forma que desearía no recordar. Había pasado hambre, sufrimiento, tortura, desesperanza. Había visto a su gente siendo llevada al límite y sobrepasarlo solo por la esperanza de ganar. Había derramado sangre, sudor y lágrimas día con día para encontrarse en este momento saboreando la víspera de la victoria.
Y sabía tan bien. Sabía tan merecida. Cada sonrisa, cada canto, cada persona alegre en ese lugar ¡Merecía esta felicidad! Y él merecía a la chica que estaba en ese momento en sus brazos, viéndolo con regocijo.
Astrid recordó por un momento cuánto había sufrido debido a la guerra. Las peleas, los entrenamientos, el hambre, la pérdida de Hipo… todo pareció borrarse en un torbellino reemplazándose por éste momento perfecto.
La pareja se miró a los ojos, perdiéndose en sus miradas solo el tiempo que les tomó darse un profundo beso. Sus labios encontrándose con ansiedad, explorando uno la boca del otro, intentando devorar el cuerpo y el alma del ser amado a través de la boca, del abrazo y de las apasionadas caricias por unas inquietas manos juveniles.
El beso, los cantos, la noche que caía y la luz de una enorme fogata, la alegría que el pueblo entero derrochaba…
…todo era el sabor de la victoria.
o-o-o-o-o-o-o-o-o
o-o-o-o-o-o-o-o-o
Durante toda la noche la gente bailó, cantó y gritó, bebiendo de aguamiel alrededor de una enorme fogata improvisada en el centro del pueblo. Cuando las primeras luces del amanecer hicieron que las estrellas comenzaran a ocultarse, la fogata fue apagada y las personas comenzaron a retirarse a sus casas para un descanso antes de continuar con los festejos.
Estoico declaró tres días enteros de fiesta por el triunfo completo sobre los romanos. Y esa tarde la gente se la pasó preparando la comida, la bebida y el gran salón para la fiesta de los tres días. Llegada la noche, Estoico el Vasto, Jefe de la Tribu, acompañado de su hijo el héroe y heredero Hipo Haddock III, prendieron el enorme fuego en el centro del salón y las personas gritaron de regocijo dándose inicio a la fiesta.
Las personas solo podrían recordar después alegría inmensa, fiesta, comida y bebida abundantes para todos. Los soldados, los jóvenes, los esposos, incluso los niños pudieron disfrutar. Se cantó y se honró a todos los dioses por haberles bendecido con este enorme triunfo y se condecoró a los que fueron considerados héroes por su valentía.
Estoico y Bocón se escaparon durante un momento de la enorme fiesta para poder terminar unos cuantos asuntos. A los soldados romanos que estaban encarcelados se acordó que se haría un juicio en los próximos días. Se revisaron los suministros de comida y de armamento y se les dio la debida bienvenido a los jefes y soldados de las demás fortalezas que no estuvieran presentes.
Por fin, después de años, todas las personas de las fortalezas podían regresar a Berk, su hogar, y festejar al lado de sus hermanos y hermanas vikingos un triunfo bien merecido.
Terminados los tres días de fiesta, siguió un día en el cual se recogió absolutamente cualquier desorden. Entonces comenzaron los preparativos de reconstrucción de la Tribu. No había realmente mucho que hacer y todos estaban más que felices de poder construir en tiempos de paz, sin temer que después fuera destruido.
Tal y como Hipo había comentado a su padre, muchas personas decidieron regresar a las fortalezas que ya consideraban su hogar. Estoico decidió dejar el asunto de aquellos fuertes para una ocasión posterior y permitió que quienes lo desearan regresaran. No sin antes se oficiara el juicio a los soldados romanos.
En el ruedo, con todos los vikingos de espectadores, los romanos prisioneros fueron sacados y se sintieron gladiadores de su famoso coliseo. Vieron cómo Estoico e Hipo estaban por encima de los demás, listos para dictarles la sentencia. El consejo había declarado a los romanos culpables de asesinados, de saqueos, robos y destrucción. Se les concedió la pena de muerte.
Lejos de ser torturados, los romanos fueron rápidamente asesinados con un golpe de espada certero que ni dolor debió causarles. Aún así, Hipo cerró los ojos. No había querido esa sentencia, ni tampoco ninguna en realidad. Estaba francamente harto de la muerte, de prisioneros, de torturas y de castigos. Estaba harto de la guerra como nadie más.
Una vez que las sentencias fueron terminadas, Estoico e Hipo firmaron una carta al Consejo donde se notificó detalladamente de las bajas y el estado general de Berk ahora que estaban en reconstrucciones. Varios líderes de otras tribus declararon por medio del Consejo que mandarían ayuda económica a Berk si así la aceptaba Estoico en gratitud por haber derrotado a los romanos.
Estoico aceptó las ayudas. La muralla que protegía a Berk fue reforzada y se le agregó dos metros más de altura. Gracias a los daños del incendio, Hipo pudo mostrarle a su padre los planes para aprovechar una reconstrucción del pueblo. La vereda que conducía al Gran Salón fue ampliada para que luciera como una calzada, creándose así una pequeña explanada frente a las escaleras que conducían al Gran Salón. En la explanada se elevó un monumento en gratitud a los dioses y en honor a los vikingos caídos en la guerra contra los romanos.
La mitad de los barcos de guerra se usaron para la pesca y la mayoría de los soldados regresaron a sus actividades de agricultura y ganadería. Ahora que había paz, la Tribu podía seguir creciendo y prosperando como era debido. En las fortalezas, la mayoría de los soldados decidieron quedarse ahí. Trabajaron la tierra, el ganado y la pesca de la misma forma que lo hacían antes en Berk siendo ayudados por las pequeñas aldeas celtas que protegían.
Hipo veía cómo su pueblo estaba, literalmente, levantándose de las cenizas. Y no podía sentirse más orgulloso de ser un vikingo.
o-o-o-o-o-o-o-o
o-o-o-o-o-o-o-o
El bosque era uno de los lugares que más extrañaba Hipo. Había estado ocupado monitoreando las reconstrucciones, ampliando los establos por la nueva generación de dragones y también ayudando en la administración de la Tribu. Estoico le estaba enseñando la forma en que se debía dirigir el pueblo, ahora que no había guerra y como era el heredero tenía varias cosas que aprender. Hipo aprendía gustosamente, aceptando las nuevas responsabilidades que le daba su padre.
Pero entre esas responsabilidades se tomaba pequeños descansos para volar con Chimuelo por encima de las nubes o caminar alrededor del bosque. O, como en ésta ocasión, dar un paseo por las veredas verdes junto con Astrid.
La rubia guerrera estaba demasiado feliz con el fin de la guerra como para poder ocultarlo. Regresó a la casa de sus padres y se empeñó en ayudar en cuanto fuera posible. Estoico le dio un puesto en el Ruedo como una de las entrenadoras oficiales de los dragones, en vista del buen resultado que tuvo entrenando a los dragones de Masla. Parecía que todo iba a ser mucho mejor en el futuro.
Los dos caminaban con las manos entrelazadas, platicando sobre lo que habían hecho del día y disfrutando de su mutua compañía. Tomaron asiento bajo la sombra de un árbol, descansando y dejando que la suave brisa de la primavera los relajara.
—Qué hermoso día—comentó Astrid, recargada sobre el hombro de Hipo quien la estaba abrazando—¿No te parece?
—Sí…
Hipo miró hacia el verde de los árboles y del pasto. Tomó una profunda respiración antes de continuar.
—Astrid… ¿qué piensas de nosotros?—inquirió.
—¿Nosotros?—la vikinga se separó del abrazo para verlo a los ojos—¿A qué te refieres?
Un tenue rubor cubrió las mejillas de Hipo, causando en Astrid una enorme sonrisa. Había cosas que a pesar del tiempo no cambiaban.
—Bueno… tú y yo… antes…. em….
Astrid rió un poco e Hipo se aclaró la garganta ¿Cómo podía escapar de un fuerte atestado de romanos y no declarársele a la chica que amaba?
—Cuando empezó ésta guerra—dijo en un arranque de valor—Tú y yo… estábamos…
—¿Comprometidos?—Astrid completó la oración, comenzando a cansarse de los nervios de su novio.
—¡Eso!—Hipo respiró hondo otra vez—Ya ves… han pasado unos años, y las cosas han cambiado mucho en todo este tiempo… ¿Tú crees…? ¿Aún me consideras… un prometido? ¡Porque entenderé si no quieres! Yo…
Astrid suspiró, inclinándose frente a él para robarle rápidamente un beso que lo silenciara. Hipo la miró, aún nervioso pero más calmado, y dándole la oportunidad a su novia de hablar.
—Hipo, sé que han pasado muchas cosas—comenzó—Verás, yo no he tocado este tema porque has estado más ocupado que nadie estos últimos días tras la victoria.
La chica sonrió con algo de nostalgia. Esto era de alguna forma parecida a cuando él le propuso matrimonio años atrás. Fue en el bosque, en un sendero cercano. Estaba tan nervios y sonrojado que Astrid pensó que tenía un resfriado. Regresó de sus recuerdos cuando Hipo agarró una de sus manos, instándola a seguir hablando.
—Pero quiero que sepas que te amo. Que en estos años no te dejé de amar. Y que sí, para mí eres mi prometido. Nunca has dejado de serlo.
Hipo sonrió de oreja a oreja, acariciando con ternura una de sus mejillas.
—¿Sabes? fuiste tú la que me mantuvo vivo todo ese tiempo en esa celda romana—Hipo pegó su frente con la de Astrid, viéndola fijamente a los ojos—Tu recuerdo, la esperanza de encontrarte algún día…
Los ojos de Astrid se llenaron de lágrimas mientras lo veía. Rodeó su cuello con ambos brazos, quedando incluso más cerca.
—Aquí estoy—le respondió—Y no me iré a ninguna parte.
—Me encargaré de eso—las manos de Hipo la abrazaron por la cintura y los dos entonces se dieron un beso tierno y profundo.
Se besaron apasionadamente. Intensamente. Duraron así en ese beso un buen tiempo. Todo estaba en calma. Al fin todo estaba bien. Era el momento perfecto para comenzar de nuevo, en todos los sentidos. Se besaron prometiéndose muchas cosas. Amor, fidelidad, un futuro juntos. Un futuro que iban a construir los dos con esfuerzo y ahínco.
No había marcha atrás. Ya no había nada que perder y en cambio mucho que ganar.
La guerra había terminado.
Era hora de empezar.
¡Ahhhhhhhhhhhhhh!
Al fin, al fin ¡Al fin! vaya que fue difícil de escribir esto...y no entiendo porqué la verdad xD ¡YA ES EL FINAAAL! Bueno, solo falta un epílogo para poner las cosas en más orden y ya ¡FIN! ¡YEAH! ¡AL FIN!
Consideren este su regalo de navidad (espero que les haya gustado)
¡LOS AMO A TODOS POR SER TAN PACIENTES! ¡GRACIAS!
¡FELIZ NAVIDAD!
