NADA DE ESTO ME PERTENECE, ES DE DREAMWORKS, YO SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS.
¡Hola a todos! Sé que les prometí este epílogo hace mucho, pero al menos al fin llegó. Primero que nada quería decirles que hace unos días me avisaron que encontraron ésta historia sin mi permiso publicada en otra página por otro usuario, lo cual de verdad me molestó. Por ello decidí también cerrar el ciclo de este fic que, aunque en el capítulo anterior quedó claro el final, quise agregar este epílogo con pensamientos más profundos de Hipo sobre los cambios en Berk durante la guerra contra Roma.
Segundo y no menos importante, en ese epílogo vemos mucha nostalgia pero también un curioso final feliz que espero disfruten. Trata principalmente el evidente cambio de los vikingos, primero tribus y después grandes conquistadores que arrasaron toda Europa. Espero encuentren entretenido y ameno este epílogo que, sinceramente, sé que poco o nada agrega a la historia original, pero eran pensamientos que deseaba compartirles. Quiero agradecerles enormemente por siempre haberme seguido hasta el final y por haber apoyado esta historia desde sus inicios. ¡Gracias a todos!
Epílogo
Hipo estaba sentado en una roca encima de una meseta alta, desde la cual podía observarse perfectamente todo Berk. El pueblo estaba en calma, las personas platicaban mientras realizaban sus deberes. Las estrechas calles del antiguo Berk fueron reconstruidas y ampliadas creando caminos más transitables para peatones y dragones, volviendo los trabajos de carga y transporte más llevadero. Esto facilitó el comercio, y pronto alrededor de la calzada principal (la más ancha y grand de todas) varios comerciante de la zona colocaron carpas donde vendían su productos durante días. Algunos se quedaron allí a vivir otros se establecían un par de semanas antes de volver a partir, pero permanentes o transitorios, los comerciantes habían transformado la calmada calzada en una multicolor llena de atracciones, risas y curiosidades.
Cuando estuvo encerrado en la infame fortaleza Alere Flamma, escuchó a los soldados romanos cuando hablaban de las enormes caravanas que recorrían el continente abasteciendo a lo pueblo de cualquier cosa que pudieran necesitar. Lo propios padres del capitán Eliseo fueron comerciantes antes de morir. En el continente era muy común esa profesión, que jamás se desarrolló completamente entre los vikingos. Los mares del norte eran difíciles de navegar en muchas temporadas del año, por lo que las aldeas debían sobrevivir de sus propios recursos, incapaces de confiar en los elementos para que otras aldeas pudieran ayudarlos.
Pero con los dragones las cosas cambiaron mucho, mejoraron enormemente la forma y calidad del transporte y por la guerra contra los romanos lo vikingos debieron mejorar sus embarcaciones, creando navíos demasiado eficientes que, al sumarse a la ventaja de los reptiles voladores, eliminaron gran parte de las querellas que conformaban un viaje. Con la llegada de la paz las aldeas vikingas expandieron sus dominios, y Berk sobresalió de entre todas las demás, los tiempos de guerra habían menguado lo recursos pero aumentaron el espíritu, y al expulsar a los romanos de Escandinavia la tribu de Berk se alzó como la inconfundible ganadora, comenzando a reclamar todos los territorios posibles y creando un flujo marítimo impresionante.
Entre la paz, los buenos años de cosecha y el perfeccionamiento de la tecnología de la época, las persona fueron enriqueciéndose y los comerciantes, siempre en busca de quienes puedan adquirir sus objetos, llegaron en enormes filas semejantes a las caravanas (pero ésta vez en barcos) a establecerse en Berk y en sus alrededores. Una vez al año, la semana anterior al solsticio de invierno, la calzada entera de Berk se llenaba de mercaderes que ocupaban todos los lugares posibles desde el puerto hasta la entrada del Gran Comedor, se tocaba música y las personas compraban, bailaban y se divertían durante esa semana antes de que llegaran los crudos inviernos, se le conocía como la Feria del Otoño* y todos siempre la esperaban.
El joven héroe Hipo permanecía sentado sin despegar su vista de aquella calzada llena de puestos y de mercaderes vendiendo sus productos. Recordaba cómo era Berk antes de la guerra y lo compraba con lo que ahora era. Los dragones no fueron el único cambio, la gente había cambiado también y lo que alguna vez fue una simple villa escondida entre las montañas de una isla, era ahora una especie de reino con diferentes fortalezas en muchas otras islas más y que veía engrandecer a sus hombres y enriquecer a su gente.
Más pensativo aún Hipo contemplaba desde esa distancia la felicidad de las personas. Berk seguía siendo tierra de guerreros implacables, pero con asombro vio que esos guerreros compraban espejos, telas preciosas, especias y ocasionalmente libros. Hipo se cuestionó si aquella calzada no se parecería a las muchas que seguro habían en Roma y si su gente no estaría cayendo en esas tradiciones que tanto cuestionaba. Quizá los vikingos se estaban convirtiendo en gentes del continente. Con sólo pensar eso Hipo se estremeció, pero debió reconocer que podía ser cierto. Las cosas cambiaban, nadie lo sabía mejor que él, y no por eso necesariamente debía todo empeorar.
¿Verdad?
Una mancha negra sobrevoló el cielo y el sonido del viento cortado por la velocidad empujó a los árboles hacia la costa, doblándolos notoriamente pero sin poner en riesgo su integridad, la mancha tomó forma al lado del joven héroe y se acurrucó a su lado, en búsqueda de confortable calor y compañerismo. Chimuelo contempló recostado a Hipo, quien le acarició las escamas cerca de las orejas con aire distraído, consternado el dragón rugió para llamar su atención.
-Lo siento Chimuelo-dijo Hipo, viendo a su inseparable amigo-Es sólo que estaba pensando...
Chimuelo dejó caer su cabeza sobre el regazo del chico, como si estuviera confortándolo. Sin dejar de acariciarle las escamas, Hipo se introdujo más profundamente en sus dudas. Probablemente aquello no le importaría mucho de no ser porque Estoico le había avisado de sus planes para nombrarlo deje muy pronto, para ser exactos el primer día de la Feria del Otoño, pero Hipo no estaba para nada convencido de poder guiar a ese pueblo en franco crecimiento y cada vez más diferente al Berk que conoció.
Jamás había sido del todo un vikingo, al menos no como el resto de su familia y amigos, y el hecho de tener que enfrentarlo le costó romper tabúes (Chimuelo el mayor) pero al final a su manera consiguió ganarse el respeto de su gente. La guerra lo cambió tan drásticamente que por primera vez creyó haber comprendido el espíritu guerrero de los vikingos, pero ahora que la paz había llegado y Berk cambiado tanto se encontraba nuevamente en cero. No estaba seguro si su personalidad y carácter fueran los óptimos para dirigir a un naciente reino vikingo ¿Y si hacía, otra vez, algo mal?
Nadie parecía dudar de él, cuando Estoico comunicó la próxima fiesta en honor a la coronación del heredero todo el pueblo se reunió y comió en el Gran Comedor festejando. Sus amigos, su padre, hasta Astrid lo miraba con entusiasmo y sin un ápice de dudas. Pero él no se sentía listo para tanta responsabilidad, listo para tanto cambio, listo para enfrentar que el Berk que conoció se había esfumado en una nube de caos hace mucho tiempo atrás.
Cuando el último rayo de sol se escondió entre las montañas, Hipo montó a Chimuelo y ambos bajaron hacia la calzada, los mercaderes estaban guardando sus valiosas posesiones en espera de que el próximo día venderían más. Las personas caminaban hacia sus hogares, contándose cosas divertidas del día, otros se iban al Gran Comedor donde pasarían la noche tomando con amigos. Por ahí y por allá la vida seguía, sin importarle que Hipo estuviera muy confundido.
Jinete y dragón caminaron hacia la escalera que se desprendía de la calzada, hacia una elevada y muy grande casa recientemente ampliada que estaba cerca del Gran Comedor. El símbolo de la familia Haddock estaba tallado en la nueva y enorme puerta, ante la cual Hipo solía sentirse imponente. Al lado de la casa estaba un establo hacia donde Chimuelo voló, buscando pescados frescos. Viéndose abandonado por su mejor amigo, Hipo se armó de valor y entró en la casa, empujando la gigante puerta con fuerza y miedo ante los cambios que venían en camino.
La casa olía a un exquisito guisado de borrego y a pan recién horneado. Astrid estaba en el comedor (una mesa larga al lado de la chimenea encendida) dando indicaciones a dos mujeres extranjeras, bajitas y menudas, que llevaban los platos con comida hacia la mesa para después desaparecer en la puerta trasera que llevaba a la cocina. Al escuchar el sonido de la puerta, Astrid volteó y miró a su ahora esposo con una enorme sonrisa, colocó una mano sobre su hinchado vientre y otra en su dolorida espalda mientras caminaba hacia él, para recibirle con un casto beso en los labios.
-¡Que bueno que has llegado!-le dijo feliz-¿Cómo fue tu día?
.-Nada fuera de lo normal-Hipo acarició el vientre de su esposa, tan hinchado que según las curanderas debería nacer el bebé en no más de una semana, para su sorpresa al posar su mano sobre el vientre sintió una patada que le daba la bienvenida, emocionado Hipo se inclinó y susurró-Hola a ti también.
Adaptarse a su nueva vida no fue sencillo ni para Hipo ni para Astrid. Ambos debieron dejar de lado sus complejos de soledad y tristeza para revelar un nuevo futuro donde estaban los dos juntos y que estaría lleno de felicidad. La guerra efectivamente había cambiado todo, pero quizá esos cambios fueron para bien. La verdad era que Hipo no deseaba pensar más en eso, deseaba concentrarse en su familia, en su tribu y en ser la persona que su gente necesitaba para tener paz y prosperidad, deseaba ser feliz y desquitar esos años perdidos encerrado en aquella calurosa celda romana.
Quizá ser el jefe no resultaría tan malo. En las últimas charlas que habían tenido en el Consejo, los jefes de las diferentes aldeas habían debatido la idea de crear un título de rey en lugar de jefe tribal, volviendo al Consejo una especie de sesión informativa con muy poca autoridad. Estoico había sido el defensor de ésta propuesta, principalmente porque Berk se había expandido tanto que necesitaba tener mayor autoridad sobre las aldeas de las antiguas fortalezas de guerra y ningún jefe del Consejo podía ayudarle en eso. Vistos ante el inminente cambio, el Consejo había cedido y por sus honores Hipo sería coronado primer rey.
No había mencionado absolutamente nada de aquello, ni siquiera a Astrid, y la principal razón era porque no estaba de acuerdo con ese título. Se haría una especie de ceremonia solemne en la parte más elevada de la calzada enfrente de todo el pueblo con la presencia de los jefes de las demás tribus vikingas. Simbólicamente Berk estaría por encima de las demás tribus. Hipo no estaba seguro si todo ese alboroto, si todo ese cambio, era lo que su gente necesitaba, pero al menos estaba dispuesto a intentarlo.
.-¿Hipo?-preguntó Astrid, con un dejo de preocupación-¿Está todo bien?
.-¿Eh? Ah, sí, claro. Todo bien. Sólo estoy muy pensativo.
Astrid le sonrió con cariño a su esposo y le acarició la mejilla con dulzura. Hipo había estado muy aislado desde que se enteraron que sería el nuevo jefe ese año. Sabía que Hipo estaba inseguro al respecto, pero también sabía que nadie podría ser mejor jefe que Hipo. Ella misma tenía muchas dudas y muchos temores, pero más relacionados a su nueva y evidente maternidad, pero teniendo a Hipo a su lado sabía que todo saldría bien.
Hipo vio a su esposa a los ojos y leyó en ellos exactamente lo que necesitaba: la absoluta confianza en él. Sólo con eso se sintió más tranquilo. Astrid le distrajo de su peligrosa e imaginativa mente platicándole su día mientras los dos tomaban asiento en la mesa y disfrutaban de la deliciosa comida hecha por las cocineras. Estoico llegó un poco más tarde para acompañar a la feliz pareja.
Ninguno podría adivinar que varios años después de esa cena se levantaría una estatua en la calzada principal de Berk con el nombre de Hipo cincelado. Ninguno podría adivinar que la pareja tendría tres hijos perfectamente sanos y que dos de ellos también serían reyes. Ninguno podía adivinar que la pareja viviría varios y muy felices años, antes de que Astrid muriera enferma e Hipo le siguiera hacia el más allá tres años después. Ninguno podía adivinar que Berk se convertirá en un gran reino que conquistaría muchas y mayores islas al sur, incluyendo los antiguos territorios de Roma y que sus descendientes crearían reinos y ducados muy poderosos. Ninguno podía adivinar que, después de que Hipo fuera coronado, efectivamente los vikingos cambiaron y su poder y expansión no conocería límite en el continente. Quizá no fuera el cambio que ellos desearan, pero indudablemente la vida jamás fue la misma después de que Hipo Haddock III fuera coronado primer Rey y soberano de Berk.
No hay nada más que decir, excepto que gracias por compartir esta mágica experiencia conmigo.
~NefertariQueen
