LA VENGANZA DE YAMA

CAPITULO I: FIRST MEETING.


Nuestra aventura comienza como un día cualquiera en el Instituto de San Fransokyo. Hiro asistió con su hermano a sus clases regulares del Instituto Tecnológico y su imaginación se hacía cada vez más grande con el tiempo, inclusive más grande que el universo mismo. Ambos, caminaron hasta los laboratorios del ala de robótica y divisaron los trabajos de sus amigos, la asiática Go Go realizaba reparaciones a sus avanzadas bicicletas, Wasabi perfeccionaba su rayo inducido por plasma, Honey experimentaba con químicos y Fred quien sólo estaba allí como apoyo moral se encontraba sentado leyendo historietas.

— ¡Hey chicos! —dijo Tadashi como saludo, vistiendo uno de su típicos suéter con una camisa debajo con un resplandeciente sol naciente en rojo tomó por sorpresa a Fred quién se exaltó gritando como una chica, a lo que todos rieron a carcajadas para seguir con lo suyo.

Los hermanos caminaban hacia su laboratorio cuando una bicicleta con cierta asiática encima pasó y se detuvo frente a ellos.

—Sólo paso para recordarles que hoy iremos al nuevo parque de patinaje—avisó sin siquiera quitarse el casco, esperó a que ambos diesen un sí como respuesta para luego marcharse de nuevo a su sitio.

Ahora, como vigilante, déjenme transportarlos a otro sitio no muy lejos del Instituto. En una mansión de gente claramente adinerada se encontraban tres mujeres discutiendo con otro hombre como espectador y aparente juez. Una de ellas era la madre de las otras dos, mientras que el hombre junto a ellas se trataba de uno de los más adinerados de San Fransokyo, Alistair Krei, una de esas chicas era su asistente y con quien discutían resulta ser su hermana, una chica de diecisiete años a quien no le importa lo suficiente su futuro, ni siquiera el dinero, ya que con luchas ilegales de robot y ofreciendo su inteligencia para arreglar autos se las arreglaba bastante bien, aun así, ésta discusión no se trataba precisamente de cuestiones legales sino más bien de inteligencia.

—¡Tienes que empezar a entrar en razón, no puedes ir por la vida simplemente haciendo cosas sin valor! —gritaba la asistente de Alistair a su hermana, a diferencia de ella, su hermana no lucía un aspecto tan asiático debido a los rasgos americanos de su padre, que en la paz del Universo descanse.

Apartando de su rostro el cabello rojizo y corto que se había hecho algunos meses atrás, respondió: — Si piensas que lo que hago no tiene valor entonces hazlas tú —insinuó. Alistair dejó su taza de café en la mesa y suspiró.

—Quizá tu hermana se expresó mal —miró con sus ojos azules y penetrantes a la chica— lo que ella quiso decir, es que…

—Que le brinde mi inteligencia al fabuloso Alistair Krei —interrumpió ella, se acomodó en el sillón de manera en que pudiera verlo fijamente a los ojos, siempre había creído que los ojos azules eran intimidantes pero la actitud era lo que realmente lograba persuadir a una persona— ¿sabes por qué no lo haré? —Krei negó con una sonrisa pícara que la molestó, ella se levantó de su sillón y comenzó a recorrer el lugar— mira éste lugar, no es mi casa…no del todo, yo la compré con mi dinero y la obsequié a mamá ¿Qué ha hecho ella? —señaló a su hermana en tono acusatorio.

—Jade relájate —murmuró su mamá tomándola de los hombros, calmándola— tu hermana sólo intenta ayudarte…

—Y yo sólo quiero salir de aquí, pero ustedes no me dejan —volvió a sentarse esperando que alguien más rompiese el silencio.

—Lo que te propongo es algo que no puedes evitar, amas los motores y los robots —inició la asistente— trabajar en Krei Tech debería ser perfecto para ti.

—No, es perfecto para ti y tu dinero —ella se levantó de su asiento y tomó su chaqueta— y para tu información, me estoy dedicando a otra tecnología ahora.

—¿Otra? —preguntó emocionado Krei. Saliendo de la sala con superioridad instó a los demás a que la siguieran a un sitio donde les mostraría sus nuevos avances. Casualmente, éste sitio es al que nuestros héroes irán a pasar un rato amigable, apretados como iban en el auto de Wasabi fue un milagro salir de él, muchas veces Tadashi insistió en que podía llevar a alguno en su moto pero todos negaron firmemente.

Se acercaron al área de patinaje y, oh, era el paraíso para Go Go, se sentó en la hierba y comenzó a ponerse sus patines mientras que los demás decían palabras de ánimo.

—Ustedes también pueden hacerlo —comentó ella levantándose del suelo— a menos que tengan miedo.

—¡Yo lo haré! —Dijo Hiro sin pensar mucho en el peligro.

—¿Ven?, al menos él es valiente —habló intentando también convencer a Wasabi y a los demás de hacerlo, pero todos eran demasiado precavidos con sus cuerpos, incluso hasta Hiro pero la adolescencia se encargaba de cambiar ciertos hábitos particulares. Fred tomó lugar en la conversación hablando sobre lo poco interesante que podría ser el parque al no haber monstruos o súper villanos en el lugar, pero enseguida detuvo su boca al notar algo realmente interesante que hacía que las personas comenzaran a agruparse en la zona de patinaje. Los grandes héroes se acercaron también para maravillarse con la escena.

Una chica, Jade, para ser exactos estaba demostrando a Krei su última tecnología pero no sólo para hacerlo molestar sino porque también quería presumir un poco sobre su IQ. Juntó sus tobillos e inmediatamente de ellos surgieron ciertas ondas que la hacían flotar, más que flotar, esas ondas desafiaban en su totalidad a la gravedad del planeta. Con una palabra dictada a un reloj en su brazo esas ondas cambiaban dando forma a otro objeto.

Patineta.

Dijo, y en seguida las ondas junto a un movimiento de sus pies se volvieron una patineta gravitatoria, no era materia simplemente ondas que apenas se lograban ver por el efecto solar y visual. Aun no lo ven nuestros héroes pero ese invento en unos años revolucionaria muchas cosas en el mundo.

La chica, vestida con sólo una camisa blanca con el símbolo de San Fransokyo y unos shorts comenzaba a mostrar a los espectadores sus mejores dotes deportistas luciéndose en la pista de patinaje. Incluso los héroes se hipnotizaban observándola. Pero justo cuando Tomago iba a retarla a unos cuantos movimientos en patines, ella bajó del lugar despidiéndose de todos con una reverencia inglesa y se marchó patinando a su verdadero hogar. Por ahora, no nos interesaremos hacia dónde ella fue sino en lo que nuestros héroes hablaron en el parque con Alistair Krei.

—Los grande héroes —habló el empresario acercándose a los chicos— ¿Cómo han estado? Saben, aún tienen las puertas abiertas de mi compañía por si quieren ser exitosos.

—Gracias, pero no, gracias —respondió Wasabi.

—Woo, eso fue sorprendente —musitó Fred exagerando movimientos con sus manos— juntar los pies y que salgan cosas extrañas.

—Ah, eso…sí —Krei miró de reojo el sitio por dónde se había marchado la chica hace poco— Saben, ella es un poco difícil… —miro a los chicos y miró fijamente a los ojos del chico de catorce años, recordó entonces el pasado de aquél chico, cómo había pasado de peleas robóticas ilegales a ser estudiante del Instituto de San Fransokyo— …como tú, Hiro.

—¿Cómo yo? —cuestionó.

—Sí, no de mala manera, sólo que ella no ve más allá de las peleas —silencio— robóticas.

—Pero Hiro ya no ha hecho más eso —comentó la chica rubia conocida como Honey Lemon— él ahora está con nosotros.

Los hermanos Hamada contrariaban eso debido a que Hiro, aunque no necesitaba el dinero, se divertía mucho luchando y exasperando a sus contrincantes en las luchas robóticas.

—Exacto —mencionó Krei— y, ahora que lo mencionan me gustaría saber si pudieran convencer a Jade a ingresar al Instituto de San Fransokyo.

—Pero, Krei creí que la haríamos ingresar a la compañía —comentó su asistente por lo bajo, pero él la hizo callar con una mirada de negocios. Y, claro, ella conocía esa mirada bastante bien.

—¿por qué querríamos nosotros que ella ingresara a SFTI? —cuestionó Go Go.

—Porque…ella es una chica sin futuro…sin esperanza, y ustedes son héroes —miró con persuasión a los héroes y supo que los había convencido.


N/A:
Sólo para aclarar diré que la personalidad de jade será como la de Sherlock Holmes y, en verdad, los animo a que lean los libros de Sir Conan Doyle. Por otro lado, quiero agradecer el review de
Chiara Polairix Edelstein, en serio, gracias. ¡Nos vemos en el próximo capítulo!