Helvetia mira a Suiza irse mientras busca las puertas que tienen una persona dibujada, sin fijarse en cual lleva falda o no por estar peleando con la cremallera en su espalda y el sostén a través de la ropa.
Alemania echa un poco la cabeza atrás, de pie en uno de los mingitorios, haciendo eso que hace uno en la intimidad, tratando de ocupar este momento de relajación para organizar sus ideas.
Ella consigue desabrocharlo (o romperlo) en cuanto nota que hay alguien más en el baño, dándose un susto.
Alemania, con la mano SOSTENIÉNDOSE el asunto, gira la cara y la mira. Ella abre los ojos como platos y da un pasito atrás. Alemania abre los ojos también como platos y se gira un poco hacia ella... Torpe. Tan torpe que sigue con la mano ahí... Sin cubrirse mucho más. Levanta las manos cubriéndose los pechos por si acaso y luego trata de estirarse el vestido para cubrirse las piernas.
—Q-Qué haces...
Baja la mirada a sus manos lo siguiente, sin poder evitarlo.
—Ahhh! —protesta un poco cubriéndose mejor, aunque él mismo le mira los pechos y baja a verle las piernas. Se sonroja. Helvetia se agacha al suelo haciéndose bolita para esconder las piernas en la falda, apretando los ojos.
—¿Qué haces aquí?
No contesta nada hecha bolita en el suelo. Alemania se guarda la... cosa sonrojadisimo, dándole un poco la espalda por un instante.
—¿Helvetia?
Ella niega con la cabeza porque le da miedo abrir los ojos y volver a ver... Él se le acerca un poco súper sonrojado con las manos aun en el asunto, sobre el pantalón cerrado. Ella no se mueve.
—Este es el baño de hombres —puntualiza poniéndose en cuclillas frente a ella.
—¿Q-Qué? —pregunta en un susurro hecha bolita.
—Que este es el baño de hombres, ¿querías ir al baño?
Niega con la cabeza.
—¿Entonces? —levanta las cejas y se sonroja mucho con la posibilidad... —. No me estabas espiando ¿verdad?
Le mira con los ojos muy abiertos sonrojándose y niega muy fuerte con la cabeza volviendo a cerrarlos. Alemania se sonroja con la idea aún más y aprieta también a los ojos.
—Vale, vale, ¿entonces qué haces aquí?
—Yo...
—Mmm?
Niega con la cabeza porque no quiere decírselo. Él estira la mano y se la pone en la cabeza. Alemania, deja de juntarte con Rusia.
—Como sea, van a entrar más hombres pronto.
Ella se sonroja y traga saliva, mirándole.
—¿Te ayudo a levantarte?
—Y-Yo… —se encoge un poquito sin dejar de mirarle. Alemania se sonroja más porque está cerca y es muy mona
Ella levanta un poco la mano hacia él, que traga saliva y mira la mano... Y no se mueve. Helvetia parpadea porque no se la toma, así que la apoya en el suelo y aprieta los ojos levantándose sola. Él le ayuda cuando ve que se para tomándola de debajo de los brazos. Lo siento, no es como tú quieres, es de otra forma. Pero la ayuda a levantarse.
El problema es que tiene medio suelto todo por ahí, así que al ponerle las manos bajo las axilas se le mueve todo el sujetador. Alemania levanta una ceja sin entender... De por si tiene CERO idea de cómo funcionan los sujetadores más allá de la teoría...
Ella se sonroja y aprieta los brazos delante de sus pechos.
—Tienes algo roto en la ropa.
—Nooo —lloriquea suavecito.
—Ja, algo se mueve raro —asegura—, déjame ver.
Ella se sonroja mucho más apretando los brazos y es que él se sonroja a juego cada maldita vez.
Alguien va a entrar al baño... Ya sabemos quién...
Helvetia se asusta y se echa sobre Alemania que abre los ojos como platos al ver quiénes son, aplastando un poco a Helvetia contra la pared... Abrazándola.
Rusia estampa a América contra la pared a un palmo de ellos, no lo hace sobre ellos solo por PURA suerte. Y es que el gemidito completamente sexual no ayuda al sonrojo de Alemania.
Helvetia se le esconde en el cuello porque las dos moles enormes... Alemania la abraza protectoramente y se mueve un poco para alejarse...
Ella mueve un brazo hasta abrir una puerta de un urinario, tirando de Alemania para que se metan dentro. Cuando el alemán ve lo que propone no duda ni un segundo entrando y cerrando la puerta.
Ella suspira aliviada apoyando la frente en su pecho sin pensar. Alemania le mira de reojo y sonríe un poquiiiiito dejándola hacer... Y sonrojándose. Al menos si parecían... Amigos. O algo. Sale de sus pensamientos cuando ahora América intenta subir a Rusia al lavabo.
Ella levanta un poco la cabeza con los ruidos, asustándose un poco porque parece que vayan a romper las paredes del cubículo... y entonces nota que está ahí metida con Alemania y que están un poco apretados.
—Mein Gott... —susurra Alemania apretando los ojos.
—L-Lo siento.
—Shhh... —susurra—, esto no es tu culpa.
—Tengo que irme... —susurra nerviosa con la cara girada.
—No puedes salir ahora. Son peligrosos.
—Pero... —trata de acomodarse un poco la ropa.
—Les detesto, hacen esto así cada que pueden —se sonroja y ella le mira. América tiene a bien soltar otro gemido que hace que ella se sonroje pensando en lo obvio, porque Alemania está cerca y es demasiado rubiodeojosazules y le ha echado de menos desde que le hizo eso. Alemania aprieta más los ojos.
Helvetia decide darle la espalda y seguir con su sujetador para poder salir de aquí cuanto antes. Rusia no es mucho menos silencioso, además.
—Y... Aquí estamos en el urinal... —la mira de reojo y es que es TAMBIEN piensa en ESO —. Mein Gott...
Lo que pasa es que la helvética no consigue hacer nada más que trastearse la ropa y repegarse a Alemania, que empieza a pensar que esto es broma de Prusia mientras le mira el cuello y el vestido un poco flojo...
—Esto es incómodo —hace notar en voz alta.
Ella no le hace mucho caso, se lleva las manos a la espalda medio trasteando con la cremallera ahora.
Él le pone las manos sobre las suyas intentando distraerse de alguna manera, por el amor de dios. Helvetia se mete un susto apartando las suyas.
—Te ayudo.
—¿Q-Q-Q...? —paralizadisima
—Te ayudo, agáchate al frente.
—P-Pero...
Alemania le pone una mano en la espalda y piensa en... Sexo, así, con ella. Por alguna razón no le gusta la idea de que sea así por la espalda.
Ella se tapa la cara con las manos preguntándose porque no le ha golpeado y salido corriendo ya. Alemania trastea un poco, con cuidado, poniéndole una mano en la baja espalda y rozándole la piel y dándole un escalofrío a ella.
—Estás helada.
—Yo... —ni se mueve.
—¿Te lo subo o te lo bajo?
—Yo estaba...
—¿Aja?
—Bájalo.
Alemania levanta las cejas, traga saliva, y se lo baja. Ella tensa toda la espalda cuando la cremallera baja.
—¿Y ahora? —pregunta olvidando un poco los gritos sexuales del fono.
—Yo... —se sonroja de muerte porque debe estar viéndole el sujetador abierto.
—Estaba... quiero quitarme el...
—¿El qué? —le toca la espalda.
—El... a-aguantador y... —le mira de reojo. Roja como un tomate por decirlo.
—¿Aguantador? Ah... El su-sujetador...
Ella se esconde contra la pared y América hace máaaas escándalo. Lo está pasando BIEN. Ou llea.
—¿Po-Por qué te quieres qui-quitar el sujetador? ¿Es incómodo?
Asiente y es que todos eso sonidos no ayudan nada. Alemania tiene problemas, de verdad. Le pone las dos manos en los hombros. Y se sienten tan cálidas y fuertes... Pretende muy amablemente ayudarte a quitarte el sujetador. Es que ella hasta tiembla bajo ellas. Así que el de ojos azules trata de bajarle el vestido y sujetador por los hombros.
Alguien tiene que darle un golpe a Alemania en la cabeza. Helvetia traga saliva y se mueve un poco para dejar que lo haga. Y es que es pequeñita y parece frágil aunque musculosa.
Con cuidado Alemania separa los tirantes del sujetador pensando... No, no está pensando. Punto. Ella se echa para atrás para echársele encima y hacerse pequeñita entre sus brazos y él la abraza cada vez más seguro de que eso que creía que se le había roto... Sí que se le ha roto irremediablemente. Quiere darle un estúpido beso y creo que es lo siguiente que busca hacer.
Esto es sumamente injusto porque ella quiere uno también. Así que él le besa. Con bastante suavidad y una música de fondo tremendamente... Porno. Y ella le devuelve el beso dejándose llevar... cuando alguien conocido entra silbando algo de Verdi.
Alemania se muere de un infarto, cosa que no nos extraña. Se separa del beso en pánico. Helvetia se va detrás un poco. PANICO al oírlo, cargando a Helvetia en un impulso de que no vaya a ver que hay cuatro pies. Ella se asusta abrazándole sin entender que pasa, pero a Veneciano se le ha cortado el silbido al ver a América y Rusia.
A Alemania le late el corazón con ganas sin dejar de abrazar a Helvetia y sin saber qué hacer, simplemente en silencio. ¿En qué momento o como se había metido en este GRAN lio con dos personas a la vez?
—S-Suéltame —pide Helvetia notando que no sigue besándola ni nada, siendo más consciente de lo que hacían.
—Nein... NEIN, Bitte... —susurra en su cuello. Porque además... Es que como se entere Veneciano... Va a ser EL drama. Austria va a dejarle de hablar eternamente.
Aun así Helvetia trata de bajarse y es que Alemania no tiene idea de si Veneciano sigue ahí o no, trata de escucharle, y gira la cara para verla a los ojos.
—Helvetia... De verdad me gustas mucho y eso representa un problema enorme en mi ordenada vida —susurra aprovechando los sonidos de fondo. Ella gira la cara y se mueve aun para que le suelte, sonrojándose más.
—No sé si alguna vez mi vida vuelva a ser igual —le da un beso en la mejilla y la deja bajar le ha quitado sujetador y le haya bajado el vestido, así que si, tiene el sujetador en la mano y Helvetia el pecho al aire, que se cubre lo mejor que puede sin meter de nuevo los brazos en las mangas y hace para irse corriendo.
Alemania la deja, de hecho, ayudándole a que salga del urinal, quedándose con su sujetador. ¡El trofeo!
El caso es que ella pasa corriendo junto a América y Rusia... y junto a Veneciano, que estaba esperando en la puerta a ver si los otros dos acababan para entrar.
Alemania se guarda el sujetador en el bolsillo (menosmal) y unos diez segundos más tarde sale del urinal. Y ahí siguen Rusia y América como... bueno, como si hiciera bastante más de lo que les gusta de la última vez de esto. Venga, Rusia sigue siendo Rusia y no sabe que tú estás ahí.
Momento incómodo en todos los aspectos posibles. Alemania les mira de reojo un instante... Pero la mirada real recae en la búsqueda del italiano que está fuera de la puerta, escondido.
Va hacia la puerta, sin estar seguro de que esté ahí aun. Su mente cuadrada le hace lavarse las manos en el lavabo que está desocupado antes de salir. Le busca con absoluta decisión pero en vez de ver a Italia ve a la puerta preguntándose si aún está ahí.
Veneciano aun mira a Helvetia que se ha parado al final del pasillo a arreglarse el vestido y no puede subirse sola la cremallera.
Alemania sale y traga saliva al ver a Veneciano, sintiendo que esto que pasa es TREMENDAMENTE absurdo. Él, ahí, con las dos personas que le tenían el corazón dividido. Hasta parece Latino.
Alemania se acerca a Veneciano con decisión que aun mira a Helvetia pensando en si ir a ayudarla.
—Italien... Ven conmigo —le pide sin tocarle.
El italiano, que ni le había visto, levanta las cejas un instante volviéndose a él
—Ven conmigo, bitte
Frunce el ceño mirándole fijamente.
—¿A dónde? —se cruza de brazos y trata de no mirarle de arriba abajo porque joder el cabrón imbécil de mierda que se ve bien y hace tanto ahora que no están juntos que casi ya ni tiene ganas de discutir
—Ha llegado el momento de hablar. No tengo más tiempo, no hay más concesiones, no hay un día más ni un rato después. Vienes ahora mismo y da lo mismo a dónde.
—¿Y si no?
—Esta vez no quieres averiguar qué pasa si no —el tono esta vez es mucho menos agresivo.
—¿No? —le reta.
—Italien... Nein. No puedo seguir haciendo esto así. ¿Quieres estar conmigo o no?
—Depende.
—¿De qué depende?
—Pues de ti. ¿Ya has estado todo lo que querías con il signiore y dejarás de perseguirle como un idiota?
—No tengo nada con Österreich, por el amor de dios, ni quiero nada con él.
—Ya se ha visto que cualquier intento de frustrar la boda ha sido un desastre —en realidad sonríe un poco porque esa era una gran prueba.
—No quería frustrar ninguna boda, estoy feliz de que se casen —parece todo menos feliz, mira a Helvetia.
—Sí, ya se nota —frunce el ceño porque Veneciano no necesita que sonría para saber cuándo está feliz.
—Estoy feliz por ellos, no estoy feliz por nada de todo esto, todo este lío en el que me metes.
—¿Que YO te meto? TÚ fuiste el que dijiste que querías casarte con Austria.
—Was? Que YO quería casarme con Österreich? Italien, piensa en lo que estás diciendo. Me contó que se quería casar, fuimos a comprar sus anillos para la boda con Schweiz, claro que no quería casarme con él, quería ser su Verdammt padrino.
—Tú lo dijiste la tarde que me fui. POR ESO me fui.
—¡Fue un MALENTENDIDO! OBVIAMENTE no tengo NINGÚN interés. ¡Llevo MESES pidiéndote que vuelvas y no me escuchas!
—Y yo llevo meses diciendo que quiero pruebas. Bien, esta era una prueba.
—Fue DEMASIADO tiempo y tú hiciste DEMASIADAS a tonterías.
—¿Yo? Ja! Il signiore perfetto, sei tu!?
—En lo absoluto. Yo hice una sola cosa aún más tonta —murmura.
—Che cosa? —le mira de arriba abajo pensando que DEBE haberse acostado con Austria. Alemania se humedece los labios.
—¿Una sola contra decenas de cosas? Quién te da derecho a saberlo. Llevas meses acusándome injustamente, llevas meses empujándome al abismo.
—Y tras MESES tu actitud y tu postura no cambian. Bravo. Bravísimo, Germania.
—Sí que cambian, Italien. Pero no puedo inventarme cosas que no pasan. Mi actitud es la misma porque igualmente lo que quiero es arreglarlo.
—¿Y crees que seguir picando la piedra con el mismo martillo hará que lo consigas? ¿Porque si eso no me valió hace meses crees que ahora sí va a hacerlo? Me agotas, Germania. Me AGOTAS. Yo veo algo que no está bien algo que no me gusta hasta el punto de que me colma el vaso y me voy de casa... y tú pasas MESES emperrado en tu cabezonería de que NO pasa nada y estoy loco. Insisto, bravo. Me das unas tremendas ganas de volver. ¿Y sabes qué pienso después de meses, MESES, en los que no se te ha ocurrido intentar comprenderme y ver las cosas de mi modo, explicármelas o DE VERDAD intentar resolverlas hablando de ellas en vez de nada más gritando que haga el favor de volver mientras tratas de comprarme con regalos? Que no te importan un cazzo. No te importa como vea yo el mundo o porque lo veo así—se sorbe los mocos porque ya se le están empañando los ojos.
Alemania le mira incrédulo porque había llegado hasta aquí con la firme idea de que hoy al fin le levantaban el embargo. Le había costado mucho llegar hasta aquí, MUCHO, ¿y otra vez volvían al principio? Tras MESES en que Roma decía que los malditos regalos y las flores funcionarían, picando piedra poco a poco... Que no hiciera nada drástico... Hoy, Italia le salía con que no le importaba una mierda de nuevo.
—Para qué me has mandado todas esas flores y todos esos regalos, ¿eh? ¿Creíste que lo que necesito es que te gastes el dinero en mí en vez de que me quieras a mí?
—No me salgas con que no intente hablar contigo o arreglarlo, porque me he pasado MESES intentando. Ya fui a verte a Rom, ya te rogué, ya te seguí mandando regalos para demostrar buenas intenciones y que seguía pensando en ti... ya aguanté tus humillaciones... ¿Sabes qué es lo que creo yo? —le mira fijamente —. Que tu solo me presionas y presionas y presionas... Como si YO fuera de piedra.
—¿Y qué crees que gano yo de hacerlo si no reaccionas?
—No reacciono. Italien, ¿acaso nos conocimos ayer? ¡Tú eres quien se supone que me conoce! —protesta—. Debí ir por ti cuando me PEDISTE que no lo hiciera, cuando me dijiste que ESPERAR AUN MÁS era mi última prueba.
—Así que nada, tengo que esperar y aguantar ver como tienes más interés y ganas de ir con Austria que conmigo sin hacer nada, solo quedándome en casa y cocinando y limpiando para ti porque tú no reaccionas y yo ya debo saberlo. Eso es lo que me dices.
—¡No quiero ir con Österreich! ¡Solo es mi amigo! ¡Como Römer para ti, Verdammt! ¡No puedes seguirme acusando de imbecilidades con Österreich! No puedes salirme ahora con que no me importa, no PUEDES a salirme ahora con que no reacciono. ¡NO PUEDES! —grita enfadado—. He pasado todas las malditas pruebas ya. He ido por ti, he esperado que vuelvas, he sido paciente y, a pesar de todas estas imbecilidades, te he elegido a ti. Pero aquí, aquí y ahora mismo termina ese camino. Decide: o vuelves conmigo, a tu casa, donde llevo meses echándote de menos. Vuelves y hablamos de esto como adultos y aclaremos nuestras diferencias... O te vas a la mierda.
Italia le mira fijamente con el ceño muy fruncido, frustrado por unos instantes porque está CLARO que Austria no es para Alemania como Romano para él y es injusto que lo diga y no se dé cuenta de lo idiota que es por creer que lo creerá. Poco a poco... se echa a llorar. Porque no os creáis que él no está agotado y sobrepasado con todo esto, que no quiere olvidarse y volver a ser feliz e ignorante cocinando y cantando en su casa sin preocuparse de toda esta mierda
Alemania le mira fijamente, con el ceño fruncido y la respiración algo acelerada. Pero el que llore es feo... No le gusta. Da un pasito hacia él.
—No llores —pide en un tono de voz mucho más suave queriendo levantar la mano hacia él y acariciarle la cabeza y... Se detiene a si mismo de pensar en QUERER hacerlo, y simplemente... lo hace.
Veneciano se le echa encima agarrándole la camisa con los puños y hundiéndole la cara en el pecho, llorando desconsolado. Alemania le abraza con mucha fuerza queriendo hacer esto por MESES. Me van a descongelar al más frío de los hijos de Germania. Y Veneciano se siente mejor, apretando más fuerte la ropa. Alemania se agacha un poco y le levanta de la cintura esperando que le abrace también con las piernas e Italia así lo hace, rodeándole el cuello con los brazos, desmoronándose. El alemán se recarga un poquito en la pared, cerrando los ojos.
—Ay, Italien... —susurra
No contesta nada ni deja llorar.
—Shhhh... Shhh... —si le aprieta más le va a sacar un pulmón. Y creo que se van a quedar ahí un buen rato.
El baño es zona de guerra. Espero que nadie intente ir, aunque ellos están en el pasillo justo al lado.
Canadá, que estaba en el baño desde que entró Alemania y nadie le ha visto, suspira saliendo esquivando a todo el mundo, suspirando.
xoOXOox
Francia se acerca a Inglaterra con dos copas de champaña en una mano y una flor en la otra. Él está revisando algo en el teléfono, levanta la cabeza al notar que alguien se acerca y se sonroja al ver quién es.
—Allô —le sonríe encantador.
Le tiemblan las manos que casi se le cae el teléfono al tratar de guardarlo, torpemente.
—Te traje esto... —se le acerca y le extiende la flor.
—I... ehm. You —aprieta los ojos con el saludo tonto.
—Me, oui.
—Well... what do you want? —gira la cara y vuelve a notarse demasiado agresivo sin saber por qué. Francia parpadea esperando aun que tome la flor.
—Brindar.
Inglaterra le toma una copa y se la toma casi entera de un solo trago. El francés levanta una ceja.
—¿Qué pasa?
Baja la copa y se limpia los labios con el dorso de la mano, y Francia sonríe un poco porque el movimiento le parece sexy.
—¿Sed?—pregunta alejando la flor de el al ver que no la toma.
Inglaterra niega con la cabeza porque lo que tiene son nervios. El de ojos azules inclina un poco la cabeza y le acerca la mano al cuello, dando un par de pequeños pasitos hacia allí, hasta que ocupa la misma baldosita del suelo que él. Inglaterra se tensa conteniendo el aliento y pensando en un beso. Tiembla, se sonroja, pero consigue no dar un paso atrás.
El francés se acerca un poquito y le da un beso suave, metiendo el dedo por el cuello de la camisa y sacando la cadenita de su escondite. El inglés no se entera, hipnotizado siguiendo su boca. Francia busca el anillo en la cadenita y lo aprieta con la mano cuando lo encuentra, concentrándose en el beso que Inglaterra no le niega a pesar de no estar solos.
No sé si le besa, pero sí que le sigue los labios. Si Francia da un paso atrás irá tras él y si encima tira de la cadena ni te cuento, conseguiría hasta subirle a la mesa de los novios, si quisiera. Tira un poco de él, con intenciones de llevarlo al centro de la pista de baile. Y ahí va el tonto detrás hipnotizado como un conejito ante el baile de una serpiente.
El francés le pasa la mano por la espalda como esa serpiente antes descrita, apretándolo contra sí. Mueve la cadera y da una vuelta con él en sus labios. Inglaterra le sigue, bailando con él, ni siquiera hay música, pero a Francia se le dio la gana bailar, así que ahí están los dos como locos bailando en el silencio.
Vale, vale, no es que Inglaterra sepa lo que pasa siquiera, mientras todos felicitan a los novios. Al cabo de un poco cierra la boca de atontado y sonríe un poco siguiéndole, aun con los ojos a media asta.
—Je t'aime —susurra el francés recargándose más sobre él.
—Tonight... —le pone las manos en las caderas.
—Mmm? —sonríe como idiota
—We are young —canta a su oído haciendo que mueva las caderas adelante y atrás suavemente, moviéndolas él también—. So let's set the world on fireeee.
Francia se le recarga más, dejando que le cante, relajándose del todo. Ni siquiera sé cómo se han metido en esta burbuja, pero están instaladísimos y felices. Así como de repente... plop. Además es que se quedan ahí haciendo la barquita el par de ridículos. Al cabo de un ratito, Inglaterra susurra algo.
—Mmmm?
—El brindis —repite.
—Ah, ¿ya estás listo? —le mira de reojo.
Niega con la cabeza.
—Tú siempre estás listo para hablar, aun cuando improvisas.
—¿Qué digo?
—¿Me estas preguntando en serio?
Asiente.
—Mmm... ¿Que acaba de casarse con una fiera maldita y le deseas toda la suerte del mundo?
Se ríe.
—¡Es verdad! Peor no podría haber elegido.
—¿Y qué querías? ¿Qué te eligiera a ti?
—¡A mí! Non, mon dieu... Eso sería su segunda peor elección. Además yo ya estoy casado.
—Shhh! —protesta y se ríe.
—Desde hoy no puedes protestar por eso, desde hoy TODOS pueden saberlo.
—No! Why?
—Porque todas las razones por las cuales pensaste que no podíamos decirlo... Hoy no valen, mírales a ellos, se han casado frente a todos y no ha pasado nada.
—But... —se esconde. Francia le acaricia la espalda—. It isn't the same...
—¿Por?
—Pues porque... I don't know, nadie va a entenderlo y...
El francés suelta el aire y le acaricia el pelo.
—Y en realidad no quieres decírselo a nadie...
—¿Tú quieres? Switzerland no tiene un montón de hermanos idiotas.
—Yo... Creo que tres hermanos tuyos tienen hoy otras cosas que pensar, el cuarto y el quinto ya lo saben, al sexto le da lo mismo y el séptimo es compartido con Suisse
—¿Quiénes lo saben?
—Suisse, tú le dijiste... Y seguramente su marido diabólico.
—Aunque tengan otras cosas en que pensar, Scotland y... Wales! Wales está aquí, France.
—¿Y? Galles sabe que estamos juntos.
—No! Siempre se ríe de mí.
—¿Por qué se ríe de ti?
—Pues dice que todo es una fantasía y que no... ¡ya lo sabes!
—¿Él te dice eso a ti y tú le crees? Cuando él está con maman...
Inglaterra se le esconde otra vez.
—Recuérdale con quien vive mi madre cuando vuelva a decirte que todo es una fantasía.
Aprieta los ojos porque dicho así es muy fácil pero...
—O puedo ir directamente yo a decirle unas cuantas cositas...
—¡No! ¿Qué vas a decirle? —es que eso no suele salir bien.
—Que el león cree que todos son de su condición. Era ÉL el de las fantasías conmigo... Ya quisiera que hubieran sido siquiera un poquito reales.
—No le digas eso, va a venir a molestarme más...
Le mira de reojo y el menor le mira un poquito desconsolado.
—No le digo nada que no quieras, pero no... ¿De verdad no quieres decirlo? Dejar de callarme cada vez que se me sale...
—Pero es que... todos van a...
—Ya, ya lo sé. A criticarte, a decirte que quien es tan idiota como para casarse conmigo, a burlarse de ti y ese tipo de cosas.
Inglaterra aprieta los ojos porque eso suena tan mal y Francia hace los ojos en blanco.
—Ya sé que he hecho muchas cosas mal y me he acostado con todos ellos... Pero tampoco soy un caso perdido.
—Todos creen que soy un idiota...
—¿Por qué? ¿Por darme la oportunidad real de ser feliz con alguien?
—Pues... es que ellos creen que tú tuviste muchísimas y que el que lo hizo al final es el tonto, ya lo sabes.
—Ellos creen que yo tuve muchísimas oportunidades... Desperdiciadas. En realidad ellos no tienen ni la más mínima idea —le mira de reojo—. ¿Tú... Te sientes idiota?
—A veces...
Gira la cara y le mira genuinamente desconsolado.
—Pues es que...
—Trato, en serio que trato. De hacerte sentir único y especial porque eres único y especial.
—But... —aprieta los ojos porque normalmente sí se lo siente—. Vamos mejor a comer —trata de soltarle.
—Non, espera... —le retiene un poco medio angustiadillo. Le da un beso en la mejilla—. Je t'aime.
Se sonroja.
—De verdad, de verdad. Más que a nadie. Algún día voy a conseguir que no lo dudes nunca.
Inglaterra se esconde otra vez en su cuello. Francia sonríe un poquito con eso y le aprieta contra el antes de soltarle y buscarle la mano.
—Vamos a comer.
Asiente mirando el suelo y el francés le mira de reojo preocupadito apretándole la mano. Inglaterra sigue pensando en todo ello, claro. Francia también lo piensa, angustiadillo, dándose vuelta al anillo en su dedo.
xoOXOox
Suiza vuelve a relajarse un poquito cuando le traen una cerveza y la gente empieza a sentarse para comer gracias las instrucciones del austriaco. Hay que ver qué pasa con ellos dos en realidad y mientras Suiza se toma su cerveza Helvetia se le acerca.
—Mutter —se vuelve a mirarle
—¿P-Puedes... venir?
Él parpadea un par de veces y baja su cerveza.
—Ja.
—Me... el vestido.
—¿Qué pasa con el vestido? —pregunte levantándose y tirando un poco de ella con la mano en el brazo, como suele tirar de Austria.
—No puedo cerrarlo.
—Oh... ¿Y por qué lo abriste? —pregunta mirando de reojo la zona en cuestión y haciendo que le dé la espalda.
—Por el... aguantador.
—Sujetador —corrige con suavidad, poniéndose en cuclillas porque hay algo que está mal con la cremallera.
—Sujetador —responde... y se sonroja un poco pensando en las manos de Alemania "¿Cómo lo has abierto?" Es la pregunta que no te atreves a hacerle, Suiza. Se lo sube después de trastear un poco con la cremallera.
—¿Cómo lo pasas?
—Hay mucha gente.
—Ya, ya lo sé. También me pone los pelos de punta. ¿Cómo dices que te bajaste esto?
—Yo no me...
—¿No te diste cuenta?
Ella se tapa la cara con las manos
—Mutter? ¿Qué pasa? —pregunta sonrojándose un poco porque se ve reflejado como en espejo, cuando algo le da vergüenza, pero ella niega con la cabeza—. ¿Estás bien?
Helvetia se detiene... y no se atreve a negar, pero no se siente como para asentir. Suiza parpadea preocupado.
—¿Estas bien? —repite—. ¿Te pasó algo vergonzoso? —Y si alguien le va a decir... Lo mejor sería que le dijera su madre.
Helvetia se detiene un momento y es que de nuevo no se atreve a asentir, pero no quiere negar.
—Ehm... Mutter? — Suiza la mira y espera a ver si le responde.
—Yo... estaré... bien.
Él parpadea otra vez y la mira directamente a los ojos.
—Si necesitas algo...
Niega con la cabeza y Suiza suspira.
—Está bien.
—Trabajando, estaré bien.
—¿No querrías que Galia pasara unos días contigo?
—Ahora no puedo volver a subir... —niega pensando que Galia es tan genial y maravillosa con sus dos hijos y con como la mira Germania y todo eso.
—Ja, ya sé que no, ¿pero no quisieras invitarla a... Zurich o a Lausanne? Una semana las dos.
—Hay muchas personas en Zurich.
—Ya lo sé —responde sin querer presionar del todo.
Helvetia mira a Galia de reojo, pensando en que ella es tan... lleva esos zapatos de talón alto tan cómoda y se mueve tan bien y ese vestido y las medias de las piernas, pero no se ha rascado ni una vez... y tiene uno de esos chismes de luces con los que hablan que ella no entiende y todos esos hombres a su alrededor, que no está segura que le vaya a gustar estar con ella en la montaña, sintiéndose un poco acomplejada.
—Si no, puedes solo quedarte cerca de la casa como habíamos planeado. Liechtenstein irá a visitarte con Canadá.
—Hay un sitio al que voy a ir, yo sola.
—¿Qué sitio?
—Voy a ir ahora que no hay trabajo y las ovejas no pueden salir lejos, para volver a casa en primavera —explica sin responder, pensando por supuesto en la Bayer.
—¿Ir a dónde, mutti? —la mira preocupado.
—Fuera de las fronteras a aprender. Estaré bien.
—¿No querrías ir cuando vuelva? Puedo acompañarte.
Niega. Suiza la mira a los ojos porque no suele querer que la ayude ni que le acompañe.
—Me preocupa que pase algo y no estar aquí para ayudarte.
—Tú tienes que hacer tu trabajo de dinero.
—Ja, y además tengo que cuidar de ti, de Lili y de Österreich. Si me dices a dónde quieres ir puedo ir contigo.
Ella niega otra vez con el ceño desfruncido y él le vuelve a mirar a los ojos preocupado.
—Lili puede acompañarte.
—Ella... tiene que ocuparse del chico aquel tan silencioso.
—Mutti... Bitte, o yo o ella. Voy a quedarme muy muy preocupado si no.
Helvetia niega otra vez.
—¿Por qué no? Es una cuestión práctica. Mejor explorar dos que uno.
—No puedo aprender las cosas peligrosas de ahora si estáis conmigo todo el tiempo cuidándome de ellas.
—¿Y si te pasa algo?
—Soy fuerte.
Suiza asiente derrotado porque ya la conoce. Ella asiente también.
Suiza se pregunta si el mismo es tan difícil con Liechtenstein y tan preocupante. Quizás debía confiar más en que su madre lo hará bien. Pero el mundo de hoy... Se humedece los labios pensando en ir a hablar con Galia.
Helvetia le mira de nuevo y suspira pensando de nuevo en Alemania, se abraza un poco los brazos a sí misma. Suiza la mira sabiendo que su madre no está bien y no teniendo idea de lo que está mal o qué hacer para ayudarla.
—No me gusta que estés tanto tiempo sola —apunta directamente—. Quisiera hacer algo para cambiarlo pero no sé qué.
Eso se le clava a ella en el corazón como un puñal, porque justo es lo que ha sentido todos los últimos días desde que... hizo eso con Alemania de esa forma que no ha hecho nunca con Germania.
—Yo he estado solo mucho tiempo, en una época porque no tenía opción. Pero ahora estoy yo, y está Liechtenstein y está Vater y ahora está Galia. Bitte, déjame.
Niega con la cabeza porque es que no está acostumbrada a todo eso. Y no quiere que nadie sepa lo que ha pasado, solo quiere volver con sus ovejas y cabras y sus montañas y hacer sus tareas todos los días que le ocupan tanto tiempo y esfuerzo que no puede ni pensar en si está sola o acompañada. Eso es lo que conoce, lo normal, lo confortable.
—Está bien —asiente pensando que aun sin que quiera va a seguir yendo a verle y a pedirle a Lili que la cuide.
Suiza levanta una mano dispuesto a hacer un cariño a si madre en la mejilla... Y a la mitad del camino se arrepiente mucho pensando que si madre no lo va a entender quedándose paralizado con la mano idiotamente a medio camino, casi como en un saludo nazi.
—Liebe —llama Austria a Suiza haciendo un gesto para que vaya a sentarse porque ya sirven los platos. Como si necesitara además que le llame así en ese momento incómodo. Se queda atrapado, sonrojándose y mirándole, bajando la mano de golpe.
—T-Tengo que... M-me llama mí... ¡Él! ¡No mi nada! ¡No es mi nada de nada!
—Ve —le pide ella haciendo gesto para que se acerque. Sin más que decir, Suiza se sonroja y se da la vuelta hacia Austria volviendo a la mesa.
—¿Qué quería? —pregunta Austria.
—Que le cerrara el vestido, se ha quitado el sostén —explica sentándose en su lugar.
—¿Y te lo ha dado?
—¿Dado? Nein, no sé qué hizo con él, no me lo dio como lo otro —cae en la cuenta—, debe haberlo dejado por ahí.
—Habría que recuperarlo, no sea que lo encuentre alguien.
Parpadea sonrojándose un poco.
—Le preguntaré por él —asiente de acuerdo buscándola a ver si sigue por ahí y haciéndole un gesto de que se acerque y lo hace, claro.
—Mutter —susurra muy bajito —, ¿qué hiciste con tu sostén?
—¿Q-Qué? —se sonroja de muerte.
—Calma, solo no queremos que alguien lo encuentre.
Levanta la cabeza buscando a Alemania sin poder evitarlo, culpable, pensando además que si lo tiene él le da aun mucha más vergüenza Por suerte para ella, no le ve, aunque sí que ve a Germania, lo que igual hace que se sonroje de muerte sintiéndose un poco zorra. Bueno, bastante en realidad, porque no suele meterse en estos líos de chicos y no sabe ni qué hacer, decir o como salirse de él.
—Maman? ¿Lo dejaste en algún lado?
Ella niega con la cabeza porque es que ni siquiera está segura pero Alemania se lo ha quitado, eso está claro. Y te ha besadooooo.
Sí, sabe perfecto lo que estaba haciendo mientras se lo quitaba. Gracias. De hecho eso hace que se sonroje aún más. Suiza mira a Austria de reojo, que frunce el ceño sin entender y luego trata de mirar donde ella a ver si ve algo que le dé una pista de lo que ha pasado.
—¿Estabas con... Vater o algo? —pregunta y ella se sonroja más negando con la cabeza.
—¡Österreich! —le riñe Suiza—. ¿¡Qué clase de persona crees que es mein mutter!?
—No pasa nada porque así sea, ella le ha mirado.
Y estaba muy avergonzada hace rato, recuerda Suiza.
—Pero el sostén... ¿Alguien te ha ayudado a quitarlo? —la mira.
Ella se tapa la cara con las manos súper avergonzada otra vez. Suiza vueeeelve a mirar a Austria de reojo, que vuelve a fruncir el ceño con eso, pero no considera que Alemania pueda ser tan TAN sumamente insensato.
—Mutter... ¿Estás bien? ¿Alguien te dijo algo feo?
Niega con la cabeza.
—Es que no entiendo qué pasa.
Ella le mira entre los dedos, desconsolada y Suiza vuelve a intentar acariciarle y vuelve a arrepentirse.
—Sabes que si alguien te hace algo malo yo voy a defenderte, ¿verdad?
Helvetia vuelve a taparse la cara y lo que quiere es marcharse. Suiza la vuelve a mirar sintiéndose identificado con ella, aunque no sabe cómo.
—Ve... Ve a sentarte para comer ya —pide Suiza frunciendo un poco el ceño y ella se marcha corriendo.
Suiza suspira preocupado. Austria la mira irse frunciendo el ceño.
—No sé qué le ocurre, pero me preocupa.
—¿Qué te ha dicho?
—Que va a estar bien. Que quiere salir de nuestras tierras sin que nadie la acompañe... Que no quiere decirle a tu madre que pase unos días con ella. No lo sé...
—¿Quiere salir de tus tierras? —conociendo a Suiza, eso es lo que menos le cuadra—. ¿Para ir a dónde?
—No me ha dicho. Dijo que a aprender. Le pedí que me dejara ir con ella o a Liechtenstein y dice que no puede aprender si va acompañada.
—¿No querrá ir a Rom con Vater o algo así?
—No lo sé... Realmente no lo sé y más le vale que no sea eso. Aunque Rom me ha dicho que se ha enojado con Vater porque Vater estaba nervioso por él y mi madre.
—Ah, ja? —les mira de reojo ahora que ya han vuelto y no parecen en lo absoluto enfadados.
—Eso me dijo —suspira—. Quizás no debí decirle a mi madre que viniera.
—Creo que a ella le ha gustado verte hacer esto a pesar de todo —la mira sentada en su silla con la cabeza gacha sin mirar a nadie ni hablar con nadie viéndose tremendamente incomoda—. Estaba llorando al principio de la misa mientras venía al altar.
Suiza le mira frunciendo el ceño.
—¿Estaba llorando?
—Debe haberse emocionado, mein mutter ha llorado toda la ceremonia —asegura sin pensar en cómo la ha llamado.
Suiza parpadea notándolo él y relajando el ceño por ello.
—Mein mutter no se emociona —asegura poniéndole suavemente la mano en la pierna otra vez—. ¿Qué tal que ha pasado algo horrible que no me cuenta? Algo en el bosque... O aquí. Alguien que la haya asustado.
—Schweiz, es una persona, ¿no crees que puede emocionarse un poco en una ocasión especial como la boda de su único hijo?
—No, no creo —asegura sinceramente y con bastante frialdad—. Ella es muy práctica, Österreich... Para nada emocional —se aprieta el puente de la nariz—. ¿Si fuera Liechtenstein o tu madre estarías así de tranquilo?
—Creo que ambas podrían emocionarse en un día como hoy, ya te he dicho que Galia ha estado llorando todo el tiempo.
—¿Estoy preocupándome demasiado por mi madre?
—No lo sé, tal vez un poco... o un poco a destiempo, hoy no es día para eso.
Suspira y le aprieta un poco la pierna.
—Hoy es día para pensar en nosotros.
Austria sonríe. El rubio se sonroja un poquitín ooootra vez sin poder evitarlo y el austriaco pone la mano sobre la suya en su pierna.
—¿Lo pasas bien? ¿Estás contento?
—Por supuesto —le aprieta un poquito la suelta el aire relajándose y sonríe el un poquitín olvidando la angustia de su madre—. ¿Tú estás más tranquilo?
—Yo... —traga saliva... Y es que no solo está más tranquilo, está FELIZ.
—M-Más o menos... Un poco, ja... P-por ahora.
—Habrá que ponerte nervioso entonces —sonríe.
—Verdammt... ¡¿Otra vez?!
Austria se ríe con esa respuesta.
—Ya bastante será ahora que tengamos que bailar frente a todos.
—No será la primera vez que lo hacemos.
—Nein, tú y tus bailes.
—¿Qué te pone nervioso de ello entonces?
—Movernos casi pegados al ritmo de la música, ¿enfrente de todos?
—Procura no sonrojarte demasiado —y espera a que descubras qué van a bailar.
—No voy a sonrojarme—se sonroja solo de decirlo.
—No sé si voy a poder resistirlo viéndote así.
—¿Así como?
—Sonrojado y nervioso.
—¡No estoy sonrojado y nervioso!
—Y chillando.
—¡No estoy chillando!
Sonríe sin decir nada.
—¡Tú siempre me acusas de chillar!
—Shhhh —le pide que baje el tono, sonriendo.
—Shhh... ¡Estoy guardando silencio! —asegura en un susurro chillón.
Austria le mira de reojo sonriendo aun porque Suiza es muy mono haciendo eso.
Aaaaaaay, Alemania... ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!
