Germania se acerca a Roma un rato largo más tarde, después de salir a fumar un cigarrillo (y espiar un poco a Romano con Helvetia). Trae cara de circunstancias, pero le extiende una mano para que baile con él.

Creo que Roma estaba hablando con Helena. Parpadea y sonríe levantándose.

Germania le toma de la cintura sin decir nada, llevándole a donde están los demás bailando, no demasiado cerca. Se estira un poco haciendo más notoria la diferencia de alturas y no se mueve para bailar, esperando a que sea el romano el que lo haga para el hacer un poco como barquito a su alrededor y que parezca que bailan.

—Hablé con Helvetia. Y veo que tu con Römer... Y ya les he visto —murmura con voz tranquila y grave—. Podrías explicarme bien todo esto, bitte?

Roma le pone las manos en el culo ipsofacto con pretensión de que se mueva.

—¿Qué no entiendes?

El salto es inmediato y la risa también, pero el sajón se mueve, efectivamente. El cabrón de Roma sabe lo que hace.

—Qué hace Römer.

—Lo que en otro momento habría hecho yo mismo.

Frunce el ceño con esto y se humedece los labios tratando de no enfadarse.

—¿Que es... Qué? ¿Qué pretenden con eso?

—Centrar a tu hijo pequeño con el mío.

—¿Y ella?

—¿Ella qué? —inclina la cabeza.

Suspira.

—Estaba pensando...

—¿Aja?

—Ella... Independientemente de la parte de gustarme o de que sea o no mi chica... Me preocupa. Tanto como a ti te preocupan las chicas, aunque yo no sea tú, y claramente no me salgan muy bien las cosas. Es la madre de Schweiz.

—Ella no se va a enamorar de Romano en una hora, aunque no lo creas, no es tan fácil como eso.

—Ja, ja... Ja —niega con la cabeza —, no es eso lo que me preocupa. Solo pensaba... Eso que dices, que sería lo que harías tú.

—Aja...

—No entiendo que hace Deutschland, pero hablando con ella, es más que evidente que yo... —desvía la mirada—, bueno...

—¿Tu qué?

—No podré ser de ninguna ayuda.

—¿Por?

—No soy tan tonto y esto... Es otra vez como Galia. Helvetia se fue a enamorar de alguien que también tiene a alguien más, como yo... y no de mí.

—Galia no se fue a enamorar de alguien que tiene a alguien más... por desgracia.

—Ja, pero yo sí. Galia siempre dijo que mi problema eras tú, pero Helvetia... En realidad es igual —chasquea la lengua y se encoge de hombros—. Solo pensaba que ya que yo no lo hago bien, quizás...

—De hecho, ella se ha enamorado de alguien que es IGUAL que tú.

—Pero no soy yo. Nunca soy yo... En realidad si lo ves bien, no tienes nada de qué preocuparte —le mira a la cara y levanta una ceja —, nunca consigo ser yo al que quieren. A diferencia de ti, lo que me llevó a concluir...

—¿Aja?

—Es muy mala idea y elimina del todo la esencia inicial de esto, pero no contaba con Deutschland... —puntualiza y le mira de reojo recargándose un poco en él—. Quizás podrías hacer lo que siempre haces y...

—¿Y?

—Y llevarla a vivir a casa y que sea como... Britania.

—¿Llevarla a casa? Ah, por mí no hay problema con ello, pero si va a ser así, quiero conocerla —le mira seriamente.

Al rubio se le revuelve el estómago.

—Conmigo no va a ir a ningún lado. De hecho no sé si realmente vaya a ir... —se humedece los labios.

—¿Quieres que yo... vaya y... la traiga?

—Nein —aprieta los ojos—, no QUIERO que vayas y seguro voy a arrepentirme de esto, pero sí creo que deberías traerla.

—Non.

—Nein?

—Eso he dicho.

—Dejarías de preocuparte por mí y tendrías a otra chica... Y yo dejaría de preocuparme por ella, a cambio de odiarla un poco.

—Tal vez sí, pero no lo voy a hacer —cierra los ojos y sonríe completamente satisfecho con esto.

—Y seguramente no volvería a pensar ni un segundo en Deutschland —frunce el ceño con la sonrisa porque pedirle esto está siendo mucho más difícil de lo que parecía.

—Es muy posible, gracias por pedírmelo —sonríe sinceramente.

—¿Y por qué no vas a hacerlo?

—Porque NO QUIERO.

—¿Por qué no quieres? Tu SIEMPRE quieres y por una vez que te lo pido yo...

—Non —le mira a los ojos muy muy impresionado con esto—. Non. ¿Lo entiendes? ¡No quiero! —sonríe mucho más y tira de él, besándole muy complacido y agradecido con esto que está pasando.

Germania levanta las cejas y se deja besar completamente fastidiado con la respuesta.

Y es un buen beso, de verdad. El germano debe atontarse bastante, pero como está empecinado y fastidiado, cuando se separa y parpadea (y se relame)... Se acuerda del asunto otra vez.

—¿Tu sabes el VERDAMMT trabajo que me ha costado venir y PEDIRTE que hagas esto? ¿Por qué mierda no quieres hacerlo?

—Y te lo agradezco. Te lo agradezco muchísimo. No sabía cuánto lo necesitaba hasta que lo he hecho. Es lo mejor que podrías haber hecho por mí —lo abraza y se le humedecen los ojos, sonriendo sinceramente, sintiéndose bastante completo con esto.

—¿Qué es lo que me agradeces? ¿Qué me quite el orgullo? ¿Sentirte vencedor?

—Non! Que me lo hayas pedido. Necesitaba decirle que no a esto. Decirlo de verdad —le aprieta más fuerte.

—Fantástico —protesta en voz baja.

—Toda, toda mi vida fue así.

—¿Así?

—"Romae, tienes que ir y enamorar a esa persona", "Romae tienes que conseguir que hagan esto" "sedúcele" "convéncele" "engáñale"... ya te he dicho que es algo que amo y odio hacer con todo mi corazón. Y cuando volví aquí... cuando fuimos juntos a Seychelles... me prometí que no lo haría nunca más, que me acercaría a las personas que me gustaran y hablaría con ellas solo por el placer de conocerlas, no por un fin concreto. Esta es la primera vez que lo logro... me siento liberado.

Germania aprieta los ojos porque sí, le había explicado sus "obligaciones" cuando fueron a Seychelles, en un viaje hecho en una época tan distinta a esta... Gruñe un poco y le pone la mano en la espalda, acariciándole

—Te quiero muchísimo —vuelve a abrazarle con fuerza.

—Yo... te detesto. Y te quiero también, maldita sea, me complicas demasiado la vida.

—Eres el único que me hace estas cosas, que me ayuda a sentirme así —le sonríe con el corazón rebosante. El de ojos azules le mira de reojo... y se sonroja.

—Qué voy a ser yo el único —protesta un poco aunque menos agresivamente.

—Pues nadie más lo ha hecho.

Sonríe un poquito de lado.

—Al menos hago las cosas bien con alguien.

El romano se ríe y se pone de puntillas para besarle otra vez. Germania se deja sonriendo un poco más y cerrando los ojos.

xoOXOox

Francia le acaricia la mejilla a Inglaterra abajo de la mesa aun, después de subirse los pantalones.

Inglaterra no se los ha subido porque está cantando con la nariz, abrazándole con los ojos cerrados todo sonriente.

Estos son siempre los mejores momentos juntos, y Francia los guarda y atesora en su corazón con absoluto recelo, e intenta alargarlos lo maaaaaas posiiiiiiible. Le acompaña un poco en el cantar acostándosele encima. Es que no van a salir de ahí hasta que los eche.

—Me encantas —debe habérselo dicho cuatrocientas mil veces en esta noche.

xoOXOox

Liechtenstein, que no se ha acercado aun en todo el rato, espera a que Austria y Suiza terminen de hablar con todos y vuelvan a sentarse un rato a su lugar a descansar y beber un poco. Se acerca a ellos dos sonriendo mucho.

—¿Cómo están?

—Hallo —le sonríe Austria

—Liechtenstein —saluda Suiza sonriendo un poco, sonrojadito. Ella les abraza a los dos afectuosamente.

—Los quiero mucho —asegura en un impulso de afecto.

Austria sonríe y a ella sí se le acerca apoyando la cabeza en su mejilla. Suiza se queda como siempre que lo abraza un poquito petrificado pero le pone una mano en la espalda y se sonroja más.

—Es el mejor regalo de Navidad que me han dado nunca.

—Es una bonita manera de verlo —sonríe más Austria.

—Les tengo unos regalos yo también a ustedes —sonríe separándose un poco.

—¿Regalos? Tú no necesitas darnos regalos, Liechtenstein —asegura Suiza.

—No es que necesite... Pero para mí es como si mis padres se casaran. Canadá me ayudó a prepararlo todo y... Bueno, como England les regaló la luna de miel yo me encargue de dos pequeñas sorpresas.

—¿Dos? —Austria levanta las cejas y sonríe un poco más con lo de sus padres.

—Sí, dos. Los dos son buenos conmigo, así que uno para cada uno —asiente y se le nota que esta emocionadilla con la idea. Mira a Suiza—. Para ti... Son los arreglos del día de hoy.

—¿De hoy? —Suiza frunce un poco el ceño sin estar seguro.

Austria la mira de reojo porque más o menos estaba hablado que Liechtenstein se encargaría de la casa para la noche y todo eso, ¿al final Canadá había dicho que irían ellos a un hotel o algo? Cree que sí.

—Sí, hoy es una noche especial... Y pensé que podrían pasarlo en un lugar especial que te pareciera familiar y en el que te sintieras en casa, aunque no fuera la casa —se muerde el labio y mira a Austria de reojo nerviosita esperando que la apoye en caso de ser necesario—. Así que preparamos la casita que tenemos en Vaduz para que pasen la noche ahí.

—Oh, cambio de planes, entonces —comenta Austria sin que le parezca mal. Sobra decir que la casita que tienen en Vaduz es una primorosa casita perfectamente digna de la niña más rica del mundo.

—Solo es un poco, es un lugar completamente privado —le echa una mirada de esas y sonríe —, y cómodo... Era imposible arreglar la casa porque mein Bruder estaba ahí, pero esta si pudimos arreglarla para ustedes.

Suiza esta aun haciendo esfuerzos extraordinarios por no morir de la vergüenza con el tema "la noche de bodas"

—Muy suspicaz de tu parte —le hace un cumplido el moreno, asintiendo satisfecho y ella sonríe más.

—Espero que les guste lo que preparamos —se sonroja un poco y desvía la mirada—. Ehm... Lo segundo es este asunto del viaje... Mañana en la tarde y para que estén más cómodos volarán en un vuelo privado a Seychelles —sobra decir también que un vuelo privado es un gasto totalmente inútil e innecesario.

—¿Has mandado ahí las maletas que estaban en Bern? —pregunta Austria... sí, porque ya puestos así no tiene que molestarse en llevarlas él mismo.

—Sí, están ya las maletas allá —asegura sonriendo.

—Perfecto, ya nos mandarás los detalles mañana sobre a qué pista hay que ir y a qué hora nos esperan —sonríe—. Dankeschön.

—P-Pero un avión privado —son HORAS con Austria a solas... Se sonroja solo de pensar en acostarse con él en el avión.

—Es un regalo, Schweiz, no tiene por qué ser indispensable.

—Cuesta —susurra apretando los ojos y carraspeando.

—De hecho, ustedes dos pueden irse cuando quieran —les sonríe.

—¿Qué es lo que no cuesta, liebe?

—Pues t-todo, todo cuesta pero... Pero... —carraspea porque se acerca la hora... Y no había pensado otra vez en la noche de bodas.

—Danke, Liechtenstein, de verdad —repite Austria en nombre de Suiza. "Buena chica" *pat pat* "toma, una galleta".

—J-Ja. Ja. Danke Lili —asiente Suiza.

Ella les vueeeeeelve a abrazar a los dos. Palmaditas de Austria. Se separa al fin y les sonríe otra vez.

—No se enfaden por nada, ¿vale?

—¿Enfadarnos?

Les sonríe y se vuelve a sonrojar un poco... Se encoge de hombros.

—Voy a bailar antes de que se acabe la música. No se vayan sin despedirse de mí.

—Espera —Austria la toma del brazo antes de que se vaya y se levanta para llevársela un poco lejos de Suiza, quien levanta las cejas y ella ahí se va detrás de él.

—Escucha —se pone de espaldas a Suiza—. Ha pasado algo con tu abuela, algo serio... y no podemos hacernos cargo ahora, pero Schweiz está preocupado y necesito que lo hagas tú.

Ella levanta las cejas y parpadea asintiendo.

—¿La abuela está bien? ¿Que necesitan que haga?

—La verdad, no lo sé. No he podido hablar con ella, supongo... o quiero pensar que está bien y nada más necesita que la cuides. Dice que quiere ir a nosabemosdonde ella sola.

—Oh... Oh. Bueno, podemos acompañarla Canadá y yo —vacila un poco porque quería pasar días y días con Canadá.

—No sé si hace falta que la acompañéis, ni si querrá, pero estaos pendiente de ella, que os diga a dónde va y obligadla a llevar un teléfono.

Ella asiente porque tiene un gran entrenamiento en esas cosas. Austria asiente también.

—Yo me encargaré de todo, no se preocupen de eso —sonríe—. ¿Te pido un favor yo a ti?

—Y saluda a Galia, tal vez te cuente algo importante. ¿El qué?

—Tira el teléfono de mein Brüder al agua el primer día por accidente, para que no pueda trabajar.

Austria se ríe pero asiente.

—Yo puedo encargarme de todo, de verdad. Pásenlo muy bien —le sonríe y le aprieta un poco el brazo en un movimiento muy parecido al que haría Suiza.

—Espero que no me odie durante tres semanas.

—No va a odiarte, nunca te odia... Ni cuando te odiaba —asegura haciendo un juego de palabras, sonriendo aun. Él se encoge de hombros y suspira, sonriendo.

—De hecho, de verdad pueden irse cuando quieran. Revisaremos que todo esté en orden aquí.

—Danke. Anda, ve a bailar cuanto quieras y no te preocupes que no se va a acabar la música.

Liechtenstein sonríe porque es que le gusta mucho bailar con Canadá y no tiene muchas oportunidades.

—¡Ha sido una boda preciosa! —asegura más expresiva y emocionada que de costumbre poniéndose de puntas y dándole un beso en la mejilla, sonrojándose un poco por el atrevimiento. Hace una reverencia y se va.

Austria sonríe un poco de lado antes de volverse con Suiza. Pero Alemania lo intercepta.

—¿Österreich, necesitas algo más? —pregunta con voz medida, suave y perfectamente seria.

—¡Ah! —se sorprende porque no le ha oído, concentrado en otras cosas—. Nein, nein, Liechtenstein se ha ocupado de preparar lo que sigue.

Alemania cambia el peso de pie y le mira a los ojos. Austria inclina la cabeza escrutándole.

—Voy a irme si no tienes nada más que pedirme —susurra y se le quiebra un poco la voz aun con la cara de absoluta seriedad.

Austria traga saliva porque... Veneciano... y Helvetia... y Alemania que le parece el puñetero Sacro Imperio Románico ahora mismo.

—¿Estás bien?

—Nein. Pero sobreviviré —le asegura y suelta el aire—. Pásenlo bien y... Lo siento, de verdad, debí ser un mejor padrino.

—¿Puedo yo hacer algo por ti? —pregunta preocupado.

Niega con la cabeza.

—Volver, quizás.

Austria suspira, sin sonreír esta vez.

—Peores épocas hemos tenido y he salido adelante —levanta una mano y le da una palmadita suave en el brazo notando que no está sonriendo y en el fondo, no queriendo preocuparle más. Le cuesta mucho trabajo porque ahora mismo es uno de esos pocos momentos en los que quisiera que Austria le abrazara y le ayudara a convencerse de que no toda su vida se acaba de ir a la mierda. Aún así hace tripas corazón—. Felicidades.

—Danke...

—Voy a arreglarlo todo. Te lo prometo —le asegura mirándole a los ojos—. Ve con Schweiz, anda.

El moreno sonríe un poco y... confía en él, haciendo lo que le dice. Suiza mira su reloj y desfrunce el ceño cuando se acerca a él, sonrojándose.

—¿Todo bien?

—No mucho, pero creo que se resolverá. Espero.

—Eso es que sí se acostó con mi madre, ¿verdad?

—Creo que sí...

Suiza suspira y le toma la mano.

—Confío ciegamente en que no me voy a quedar en este estado.

—No pensemos en eso ahora. No tenemos que resolverlo nosotros, todos ellos son adultos.

—Justamente me refiero a eso —le mira y se sonroja —. Espero que algún día vuelva a importarme porque en este momento no estoy por la labor.

—Oh... y ¿qué es lo que acapara toda tu atención? —sonríe de nuevo. Suiza se sonroja más.

—Ehh... C-Cierto individuo indeseable.

—¿Cómo es eso? ¿Qué te ha hecho?

—Hacerme, hacerme... Nada —"aun", le dice una vocecita en su cabeza que hace que se sonroje más—. P-Pero se casó conmigo.

—Oh, qué poca consideración —como si fuera algo terrible.

—Y va a irse conmigo tres semanas de indeseabilidad.

—¡Oh! —exagera más—. ¿Crees que vayas a poder soportarlo?

—No lo creo... posiblemente tenga que esforzarme por no matarle.

—Suena muy apetecible todo el plan.

—De hecho ahora que lo pienso... England tiene mis pistolas, ¿le has visto?

—En realidad... hace mucho rato que no, tal vez se han ido —le busca por la sala. Suiza parpadea descolocado y mira alrededor.

—Y... Pero... Mis pistolas —susurra contrariado porque puede pasar lo que sea pero NO irse sin ellas... ¿Verdad?

—No las necesitas en vacaciones.

—Sí las necesito. Como vamos a ir fuera sin pistolas... ¡Y hasta allá!

—Pues como va todo el mundo.

—Pero... ¡Yo no soy todo el mundo!

—Eso lo sé —sonríe.

Frunce el ceño y se cruza de brazos.

—Pues sin pistolas será... ¿Cómo voy a volarte la cabeza si no?

—Was?

—Volarte la cabeza.

—Ni siquiera tú te crees eso.

—¿Que voy a volarte la cabeza? —se sonroja un poco porque si, en efecto, ni él se lo cree.

—Ja.

El rubio se sonroja un poco más y carraspea.

—Piensa que nos atacara alguien.

—¿Quién va a atacarnos estando de vacaciones?

—Alguien. Piensa que te quisieran secuestrar.

—¿Tú, por ejemplo? Que lleves pistola juega en mi contra.

—¿En TU contra? ¿Por?

—Si tú quieres secuestrarme...

—Yo no necesito secuestrarte, voy a tenerte solo para mí.

—Mira que claro lo tienes y lo feliz que suenas con ello.

—¡No sueno feliz! ¡Es una tragedia! Tres semanas solo contigo en una isla es terrible.

El austriaco se ríe.

—No te riaaaas, ya bastante es que no lleve yo la pistola. ¿Tú llevas algún instrumento?

—Tengo la armónica en la maleta, pero no le va bien al barniz del Stradivarius el cambio de temperatura, le cambiaría el sonido.

Suiza arruga la nariz.

—Me gusta cuando tocas el violín —y es que van a morirse de la histeria con tres semanas sin nada que hacer. Suiza al menos.

—Ya lo sé, pero no puedo llevarlo a los trópicos.

—Supongo que tendrás que hacer maravillas con la armónica. Ehm... ¿Nos vamos a ir pronto?

—Mañana, ya ha venido Liechtenstein a decirlo.

—¿Hasta mañana? —el habla de la fiesta, pero solo por la cara que pone vale la pena la confusión.

—Pues eso es lo que ha dicho... ¿o tienes prisa?

—N-Nein, e-es decir, pensé que hoy... Y-yo entendí que hoy e-era... N-no que...

—¿Hoy?

Parpadea y le mira a la cara... ¿Hasta mañana se quedarían aquí? Él pensaba que ya podían irse... Y hoy era la noche de bodas... ¿No?

—No vamos a irnos hoy.

—Oh... —tono de desilusión OBVIO y EVIDENTE. Cambia el peso de pie—. Bueno.

—No puedo creer que después de todo esto quieras tomar un avión hoy mismo.

—¿Avión? No vamos a ir en avión a Vaduz, no digas tonterías.

—Estábamos hablando de... —se detiene a si mismo al entender.

—Irnos —suspira mirando bailar a los que quedan.

—Pero no podemos irnos si no se han ido todos.

—Hoy. ¡Si nos vamos a ir hoy!

—Pues espero que se hayan ido antes de media noche, pero quien sabe.

Suiza suspira cansado y un poco harto ya de la gente aunque tira un poquito de su mano y la pone boca arriba.

—¿Vas a usar la argolla?

—¿A qué te refieres?

—En general. ¿Vas a usarla o va a estorbarte? —pregunta pasándole un dedo por la palma.

—Tal vez sea incomoda con el arco... y no sé qué tan bien pueda mover los dedos en el piano —como si fuera la primera que llevas una. Si serás cínico.

—¿No sabes? —levanta una ceja porque no crean que Suiza no lo tiene presente—. Si serás cínico.

—Pues no lo he intentado.

—Con esta argolla... Llevas media vida usando una.

—No esta, esta es más gruesa y pesada.

—Con los anillos que usabas en otros tiempos, de esos que si te caías al mar te ibas directo al fondo... Seguro si podrás tocar con esta —se levanta porque es nerviosito y quiere hacer algo.

—No puedes saber si no me los quitaba en los conciertos.

—No te los quitabas todos, eras un ridículo —le extiende la mano—. Vamos a bailar.

—¿Alguna vez fuiste a un concierto? —se levanta dejándose tirar para ir a eso sin problema.

—Ehhh... —vacila un poco—, ¿algún día fuiste a ver como hacia queso en la montaña?

—A lo que me refiero es que si no fuiste no puedes saberlo.

—Ya... —carraspea—. ¿Puedo preguntarte una cosa?

—No creas que no he notado que solo has desviado la pregunta sin responder.

Suiza se sonroja.

—¿Tu pensabas en mí?

—Depende. A veces.

—¿Depende de qué?

—De los problemas en general, de la vida, de las personas, de mi estado de ánimo... de la música.

—Pero a veces sí —susurra sonrojado sintiendo cierto consuelo con ello. Se le recarga encima —. Es bueno saberlo.

—Pues... cuando se acababa la leche —sonríe mediomaligno. El suizo abre la boca y se separa indignado. Austria se ríe.

—Eres... Eres... Es... —protesta queriendo estrangularlo.

—Pues no esperarás que el gran emperador del mundo pensara románticamente en un cabrero maloliente y de clase baja —es que no pueeeeede y aun así se sonroja un poco con el "románticamente".

—¡Tu no eras el gran emperador del mundo! ¡Y tienes la MISMA clase que yo! ¡Y NUNCA fui maloliente! ¡Y yo no me refería a románticamente! —es que se EMBERRINCHA. Seguro la gente debe dejar de bailar, la música de sonar y todos deben volverse a mirarle. Parpadea... Y se sonroja y aprieta los puños sin saber qué hacer, con la necesidad absurda de acusarle y a la vez de decirles a todos que si está chillando eso es porque EL le ha dicho cosas, está perfectamente justificado.

—Shhh, no alces la voz y compórtate educadamente que no estamos en el campo y todos te miran —le riñe Austria en un susurro sin dejar de sonreír.

Es que hasta da un saltito con eso de estar en el campo y hacer cosas educadamente. Le fulmina de reojo cruzándose de brazos y frunciendo un MONTONAL más el ceño. Detestándole momentáneamente.

Por si eso fuera poco... Austria se toca la oreja y ahí van todos los meseros y luego todo el público en general, como si fuera nada más para cortar el ambiente y la discusión.

—Nein, no voy a darte un beso... Neeein —protesta dando saltitos.

—No hay más remedio, no soy yo quien elige cuando pasa esto.

—Arrancarte la lengua de un mordisco. Eso debería hacer —protesta acercándose a él con bastante furia.

—No sabrías ni por dónde empezar... mira que yo no soy una cabra —replica dispuesto a provocarle aún más, como la primera vez...

—¡Cá. Lla. Te! Deja de decir idioteces, ¡yo no beso a las cabras! Solo te beso a ti, verdammt! —chilla enfadado tomándole del cuello y acercándole a él, con violencia.

—Eso dices pero solo se te oye gritar culpable sin hacer nada —sigue.

Es que lo pones HISTÉRICO, Dios mío. De cero a cien en veinte segundos. Además Austria con su sonrisita caustica y su tonillo mesurado.

Suiza le jala hacia el enojado y le besa antes de que termine de decir "nada", con completa intensidad y esa pasión absoluta que le da el estar furioso y que a Austria le guuuusta, lo bueno es que no es tan hábil para devolver un beso de forma irónica, así que es devuelto en la medida de lo posible que no es aspirado por la energía repentina del helvético. Y creo que a pesar de todo no consigue que la rabieta le dure con todo y el beso ya que Austria hace lo posible porque no sea, dejándose inclinar, doblando las rodillas y abrazándole un poco para no caerse de espaldas. Suiza cierra los ojos y se relaja, apretándole contra el sin disminuir la intensidad del beso... Todo de manera un poco guarra, pues creo que le está revisando las amígdalas con la lengua. Lo que se está dejando claro es que Austria SABE que Suiza no suele besar a cabras por mucho que diga. Y lo que quiere es picarleeeeeee.


Tres semanas de esto... Buena suerte, Suiza! ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edic ión!