Suiza se separa por falta de aire unos laaaargos segundos más tarde. Austria respira agitadamente con el corazón un poco más agitado todavía.

—Eres... Eres... —le susurra Suiza mirándole a los ojos, con la respiración agitada también—. Ich... Liebe dich.

Austria, que sigue abrazándole del cuello, se ríe echando la cabeza atrás en un movimiento muy parecido al que hace su madre. Suiza levanta las cejas porque ahora que la conoce nota que sí que se parece, por primera vez quizás. Se sonroja un poco más porque sí que le gusta un montón. Desfrunce del todo el ceño

Un poco más tarde el austriaco se yergue haciendo para incorporarse del todo y soltarle y Suiza le deja hacer ayudándole un poco y mirándole medio idiotizado.

—Me gusta hacerte reír —repite una vez más—. Es como reírme yo.

Austria le sonríe y levanta las cejas con esa idea.

—Que bueno que puedas reírte por los dos —se encoge un poco de hombros sonrojadito con todo esto y se acuerda de algo... Le señala con el dedo—. No me vuelvas a llamar cabrero.

—Que mal lo tienes, cabrero —se ríe un poco. Le gruñe girando a su alrededor.

—¿Qué tan malo es que los eche a todos?

—¿A qué la ansiedad?

—Pues... A-a que Es… —se sonroja—, ya es tarde.

—Pero hoy es Navidad y es un día especial —es que sabe perfecto lo que te pasa, el cabrón.

Y es que aunque Suiza lo sepa tampoco es tan mal argumento. Suspira dándole la razón y yendo a mirar su reloj, pero ha sido un día largo y agotador y sinceramente tiene muchas ganas de estar a solas contigo al fin y esto se le está haciendo eteeeerno. Pero como sieeeeempre el austríaco no parece tener ningún ansia ni ninguna prisa... Se sonroja por ello incómodo de ser siempre él el ansioso o el que quiere... Más y el que tiene más ganas.

No es verdad, lo que pasa es que él sabe que tú tienes ganas y ansias, pero tú no sabes que él las tiene también y lo usa para jugar contigo.

—Además el camino a Vaduz es más largo que a tu casa.

—Y vamos a llegar tarde y demasiado cansados... —puntualiza Suiza porque también lo había notado sonrojándose más y empezándose a hacer la terrible idea de que esto NO iba a pasar hoy. Tenían toda la vida... Podían dormir sin hacer nada como tantas veces, tampoco era el fin del mundo,

—Oh, ¿estás demasiado cansado? ¿No es para eso que entrenas cada día?

Parpadea y levanta las cejas y se sonroja más.

—¡No entrenamos cada día! —habla de eeeso...

—Bueno, yo no, pero tú...

—¡No es verdad que yo entreno más que tuuuu! —chillonea sonrojándose y haciendo para escondérsele en el cuello arrepintiéndose visible y notoriamente en el camino.

—Pero si tú siempre te quejas de que yo no hago nada y que debería entrenar más —sonríe viendo sus movimientos de esconderse y no.

Suiza se queda un poco ahí sin saber bien que hacer consigo mismo. Austria no le ayuda en lo más mínimo.

—¡Yo nuuuunca me quejo de que deberíamos hacer eso más!

—Ah, nein?

—P-Pues no es que fuera a quejarme pe-pero... Y... E-Es que volviendo a-al punto de hoy...

—¿Aja?

Aprieta los ojos..

—¿E-Es que acaso t-tu...?

—¿Yo?

—Eres un insensible —resume. Y ya para que Suiza te llame insensible...

—¿Por?—levanta las cejas pensando eso mismo.

—Porque solo soy yo el que piensa en cosas, tu... No tengo idea de en qué estás pensando.

—¿Qué crees que puedo estar pensando?

—No tengo ni idea... ¿Que... Soy un ridículo hipersensible?

—Nein.

Frunce el ceño y le mira a la cara.

—Necesitarías mucho MUCHO para ser hipersensible.

—Es que quiero irme ya porque ya estoy harto de todo esto y sí, quiero estar a solas contigo y hablar y... —se sonroja mucho y desvía la cara—, darte besos y abrazarte, y tú no quieres nada de todo eso, así que estoy tan ridículamente solo en tener esas ganas que... Es ridículo. Y siempre es lo mismo —y nunca, nunca entiendo que esto es juego TAMBIÉN—. Quizás es demasiado sensible de mi parte el querer todo eso y debería poder controlarme como tú.

—Eres tan malditamente dulce —se ríe, derrotado.

—W-Was?

—Anda, vámonos.

—¡Yo no soy "dulce"! —protesta sonrojadito sin entender nada, medio ofendido y no para mal.

Austria ni se molesta en contestar, nada más haciendo para irse, buscando a Liechtenstein con la mirada para despedirse.

—¡Pero si aún no se van todos! —es que no entiende naaaaada.

—No importa, saben perfecto donde está la puerta.

Liechtenstein, que ha estado pendiente de ellos, no tarda mucho en encontrarle la mirada. Le sonríe y hace un gesto de despedida con la mano diciéndole a Canadá que ya se van para que se gire a despedirse también. Austria les saluda a ambos sonriendo.

Liechtenstein mira al frustradillo Suiza alegar con Austria que no es en realidad que se tengan que ir solo porque él quiera, sin oírles pero notando claramente que el austríaco le está molestando con algo y suspira sonriendo, deseando que su hermano sobreviva las tres semanas... Sin gritar demasiado.

Suiza mira a Austria todo consternado, con lo mucho que le preocupaba ser hipersensible, ahora no solo es eso sino "malditamente dulce"... le sigue dando saltitos nervioso.

El austriaco se despide de la gente que encuentran a su paso escuetamente, pero sonriendo. Todos les sonríen de vuelta, agradeciéndoles y felicitándoles. Suiza se sonroja porque Además todos, todos, TODOS saben qué es lo que van a hacer.

Puede que Prusia se lo diga. ¿Por qué no nos sorprende? Es una de sus grandes... frases.

Suiza busca a su madre con la mirada para decirle adiós y consigue ubicarla en un rincón alejado. Le pide un segundo a Austria y se va corriendo hacia ella a despedirse. ¿Pues qué va a hacer Austria más que dejarle? puede que se vaya a hablar con España. Suiza no tarda prácticamente nada, con lo secos que son.

España sonríe encogiéndose de hombros para Austria cuando Suiza vuelve, quien toma la mano de Austria y se sonroja un poco. España les despide con un "pasadlo bieeeen" en un tonito demasiado incomodo, que le pone los pelos parados a Suiza que, de por sí, ya los traía. Así que tira de Austria para AL FIN sacarle de ahí. Pese a todo... Suiza sonríe un poquito cuando salen por la puerta. Porque SOBREVIVIOOO.

—Has hablado con Spanien, ¿verdad? —pregunta mientras van a por el coche.

—Bailé con él, tú me viste —responde con suavidad.

—¿Y qué te contó?

—Puras guarradas sin sentido, como siempre —arruga la nariz, le aprieta la mano y no le mira.

—Mmm...

Ahora sí le mira de reojo.

—¿Te preocupa que me haya contado algo en concreto?

—Ja.

Le acaricia la mano con el pulgar.

—¿Por qué te preocupa?

—Es un secreto.

El suizo se encoge de hombros.

—Nada de lo que me contó parecía ser especialmente secreto, Österreich, no me dijo nada que no pudiera yo imaginarme... Solo que con lujo de detalle. No sé cómo pudiste estar casado con él.

Austria aprieta los ojos porque eso es que sí se lo ha contado. Suiza le mira porque no parece estar consiguiendo alejarlo de la idea de que lo sabe... Como desearía.

—No dejo de pensar que es de muy mal gusto alardear de la fantástica vida sexual de alguien el día de su boda... Menos aún darle consejos al novio al respecto —intenta a la desesperada.

Austria levanta una ceja no muy convencido con eso y el rubio le mira sabiendo que quizás solo le queda una oportunidad.

—Verdammt... Vale, ya sé que le prestaste dinero hace poco y no le hiciste firmar NADA y te va a pagar en especies, ¡lo cual es una absoluta IRRESPONSABILIDAD y una IMPRUDENCIA!

—Was?

—Ni siquiera quiero saber CUANTO es que le prestaste...

Austria le mira de reojo pensando en si España le habrá contado eso, ¿o estará intentando que no lo sepa? En cualquier caso tampoco tiene ganas de enfadarse por eso y si es verdad que se lo ha dicho parece ser un buen intento de ocultarlo y si no se lo ha dicho pues... presionar puede ser contraproducente

—Ya le he dicho yo que hablé conmigo para que veamos opciones diferentes de pago... Puedo reestructurarle el crédito y hacerlo todo legalmente. Creo que eso bastó para que me soltara —sigue, sintiendo que miente fatal y quizás se está sobrepasando... O le falta un poco. Preferiría hablar con la verdad y no tener que estar mintiéndole a su marido EL PRIMER DÍA, pero… No cambiaba nada con saberlo, ni cambiaría nada en el trato y si él sabía que sabía quizás se incomodaba. Mejor era que NADIE más que España supiera que lo sabía.

—Vamos, ya hablaremos de eso a la vuelta —hace para que se suba a la limusina.

Suiza se sube pensando que hará todo lo posible por no sacar el tema nunca más. Entonces entra y se estira un poco pensando que el rato de viaje OTRA VEZ se le va a hacer eterno... O quizás no. Se sonroja un poco con la idea pero se distrae al notar que hay una botella de champaña y dos copas y se piensa que ya ha bebido bastante aunque entre tanto baile, no es como que se sienta mareado ni alcoholizado en lo absoluto. Se recorre un poco para darle espacio al austríaco, que entra detrás dejando que el chofer le cierre la puerta, tiene un escalofrío por el cambio de temperatura.

—Al fin solos.

—Se ha hecho largo...

—Pero ha ido bien —susurra el helvético un poquillo cohibido, mirándose las manos—. ¿Te ha gustado?

—Ja. Mucho —responde sinceramente. Suiza sonríe un poco sintiéndose satisfecho consigo mismo.

—¿Qué es lo que te ha gustado más?

—La ceremonia, el convite ha sido un poco desastroso.

—A mí también me ha gustado el convite, a pesar de todo.

—¿Ja? ¿A pesar de los padrinos?

Sí, porque es mi boda contigooooo. Suiza BASTA por el amor de dios, estás demasiado idiotizado. Austria, devuélvele su cerebro.

—Ja, a pesar de Deutschland al que voy a matar algún día, de England y su confesión de boda... Y a pesar de tu mad... Galia comprometiéndose a medio convite y siendo hermana de mi madre y de Veneciano que se fue antes... Y de mi madre... —se encoge de hombros y le mira de reojo.

—Siempre hay bastantes problemas con toda esta gente —asiente.

—No lo sé, no esperaba yo que saliera así, pero a pesar de todo... Es nuestra boda —es que esta ridículamente feliz.

—Pues sí. Me alegra que estés tan contento.

Se sonroja un poco y se revuelve.

—No estoy TAN contento —susurra solo como aclaración.

—Sí que lo estás.

Se cruza de brazos y frunce el ceño pero es que ni siquiera le sale tan convencidamente como siempre.

—Bueno, sí, soy disfrutín e hipersensible y... ¿Que me dijiste hace rato? Dulce... Así te casaste conmigo, aunque te parezca un ridículo.

—No eres hipersensible.

—Punto importante a aclarar, al parecer si soy todo lo demás... —le mira de reojo sonrojadito y le pone una mano en la pierna estirando las piernas. Decide cambiar el tema —. ¿Estás cansado?

El moreno se ríe.

—Un poco.

—¿Quieres dormir un poco o recostarte en lo que llegamos? —ofrece el siempre preocupado suizo. Solo te falta decirle que le haces masaje en los pies.

—¿Y me despertarás al llegar? —protesta un poco.

Suiza parpadea y le mira notando el tono de protesta.

—Pues, pretendía... Claro que...

—¿Aja?

—Preferiría hablar durante el viaje o algo así, solo que si estás cansado... —vacila y aprieta los ojos, visiblemente nervioso —, ¡esto es complicado!

—¿Qué te parece tan complicado?

—Pues... Acercarme o acercarte o hacer algo, no voy a saltarte encima o algo así, aunque no quiero que te duermas, ¡quiero hablar contigo echado sobre mí mientras te acaricio la cabeza y proponerlo así es ridículo!

—Bueno, ya habíamos decidido que eres un ridículo, ¿así que donde está el problema ya? —se le echa un poco encima para que haga lo que ha dicho.

—No quiero ser un ridículo. ¿Por qué soy yo siempre el ridículo? —le sube igual una mano al pelo y le peina un poco, nerviosito con la cercanía pero es más fácil todo siempre cuando Austria coopera.

—¿Quién sabe? —cierra los ojos.

—¿Me cantas algo? —pide como hace muuuucho tiempo no hace.

—¿El qué? —sonríe.

—Lo que quieras, tu eres el experto —le revuelve un poco el cabello y se mueve para que se le eche encima más cómodamente, relajándose más.

Y Austria va a empezar a cantar la parte del coro que has oído en la iglesia. Es que si a Suiza lo relajan más va a empezar a parecer hijo de Roma. Germania, tiembla.

El helvético sonríe un poquito y cierra los ojos reconociéndola y pensando que Austria canta muy bonito. Nadie, nunca jamás, Austria, va a adorarte y quererte como te quiere este idiota.

La limosina se detiene al fin enfrente de casa de Liechtenstein y el chofer tiene que tocarles el vidrio para interrumpir otra soporífera y muy acaramelada sesión de besos. Austria lo ignora ampliamente, y con él, Suiza, quien está perdido entre los besos y las manos en su pelo.

El chofer, que asegura no le han pagado lo suficiente para trabajar en Navidad cuidando una limosina con recién casados que parecen adolescentes... Cielos, es un muy amargado chofer... Toca varias veces más el vidrio con una moneda. Y además lo han hecho conducir hasta el país vecino, diga lo que diga Suiza.

Si, el colmo estas personas. Con suerte han dejado una poca de champaña. Creo que hasta les abre un vidrio un centímetro para gritarles que ya han llegado.

Austria se separa un poco para dejar a Suiza respirar y oír lo que él sí está oyendo y le está molestando, un segundo más tarde vuelve a por él.

Suiza toma aire un par de veces con la respiración agitada y cierra los ojos cuando vuelve al beso, perdiiiido. Podría quedarse a vivir aquí, haciendo esto exactamente. No que no quiera más, peor esto, así, es perfecto.

—¡Eh! ¡Hace frío aquí afuera! —protesta el chofer que se ha bajado a intentar eyectarlos de alguna manera.

Es que Austria no planea hacerle ni caso. Después de unos cuantos golpes más, Suiza nota finalmente que hay un mundo más allá de la boca de Austria.

—E-Es... —le cuesta hilar la frase —, tocan algo.

—Ve a ver —le empuja un poco con la nariz y le busca el cuello.

—¿Que v-vea? —con trabajos sabe dónde está, mira el techo de la limo, mueve la cabeza, oye el vidrio otra vez y suelta un gemidito con Austria en su cuello.

—Eww! ¡Gente! —protesta el hombre —. Ya estamos aquí, pueden bajarse y celebrar en paz.

Austria sigue sin separársele.

—Ö-Ö-Österreich... E-E... Es...

Ni caso, puede que sea incluso una lamida esta vez.

—Señores —insiste el conductor y ahí tienen a Suiza absolutamente avergonzado y con la respiración absolutamente agitada. Olviden lo dulce y acaramelado, ahora es ese estado de semi sufrimiento y muerte lenta tan común alrededor de Austria.

—E-Espera, es que... nos llama —susurra Suiza.

—Pues contéstale —susurra sin separarle los labios del lugar.

—W-W-Was? —sisea Suiza más fuerte. Quizás a Austria, quizás al conductor.

—Hemos llegado ya, señor

—Oh... Ehh... A-Ahora... Ahora... —es que como le distrae Austria, que sigue empeñado en ello.

—Les abro la puerta en un segundo.

—N-Nein! —ahí tienes tus chillidos, Austria, que ríe con suavidad sobre su cuello.

—Nein? Señor, tengo que irme y ya llegamos. ¿Necesitan que de otra vuelta para... ehm... Terminar?

Austria le sopla un poquito en el cuello.

—Nein, nein, si no estamos haaaaaciehhhh —gemidito, desconcentración.

El hombre carraspea.

—Ehm... Señor, ya no traigo mucha gasolina...

—Tiene que irse... —susurra Suiza no se a quién, mirando a Austria de reojo.

—Venga —susurra y le vuelve a empujar con la nariz para que se separe. ¡Le cueeeeesta, lo que le cuesta!

Se medio separa, despeinado, con los labios medio hinchados y rojos y cara que claramente apunta que es un guarrillo.

—Ya... Ya bajamos, e-espere.

Austria aún se esconde un poco empujando a Suiza.

Se escucha otra vez la puerta abrirse adelante, y el chofer se baja del coche para la histeria del helvético.

—Ya, Österreich... Hay-Hay que movernos —susurra empezando a pensar en sus FELICES regiones vitales.

—Tú estás sobre mi.

Suiza le da un beso en el ojo porque le ha quitado los lentes antes y se le quita de encima cuando el chofer abre la puerta.

Austria se gira a buscarlos para ponérselos, dejando que Suiza salga primero. Y ahí va Suiza a arreglarse la zona complicada y a acercarse a la puerta, sonrojaaaaaaado y despeinaaaaaado. Austria le silba cuando hace eso. Suiza le fulmina y el moreno se ríe.

—Ehh! Shhh! ¡El no sabe!

—Seguro ni se imagina.

—Pues no hay nada... ¡No estábamos haciendo nada malo! —le mira el pelo y picado decide no decirle nada, bajándose del coche y congelándose inmediatamente. Austria se pone el abrigo antes de salir.

Listo de su parte, el chofer le sonríe a Suiza con esa cara de SE LO QUE ESTABAS HACIENDOOOOO mientras él se abraza a sí mismo esperando a Austria, que tarda un poco en salir, la diva, porque también se está arreglando un poco pero dentro.

—Mañana vendré por ustedes para llevarles al aeropuerto... Ehm... ¿Quiere que les hable antes de venir para no interrumpir nada?

—¡No va a interrumpir NADA!

—Nein, le llamaremos nosotros a la hora que nos convenga, danke.

Suiza pega un saltito al oír que Austria se ha bajado ya.

—Bien. Máximo tiene que ser a las seis —puntualiza —. Me han dicho que irán a Innsbruck.

—Ja, ja... Estaremos a tiempo. ¿Mis maletas están aquí? —pregunta Suiza si querer hablar más con él, tomando a Austria de la mano y mirándole, notando que está bien peinado y calentito con su abrigo.

—Ha dicho Liechtenstein que están en el avión, debe habernos dejado una muda limpia —para Austria el chofer ya ha desaparecido, especialista en IGNORAR al servicio durante más de quinientos años... especialista también en no dejar propina por quinientos años... y en comer sopa con escupitajos por el mismo tiempo.

—Exactamente —el chofer les sonríe y Suiza se sonroja otra vez metiendo la cabeza al coche y tomando su abrigo cuando sale el chofer le habla de nuevo a él, esperando que le dé un extra para comprar una buena copa y pasar una feliz navidad, por ejemplo —. Que los señores pasen una noche excelente.

Suiza... Se sonroja, claro está, si no sabe hacer otra cosa... Arrugando la nariz.

—Bien, buenas noches —se despide empujando un poco a Austria hacia la casita, que ya está andando hacia ella sin problema.

El chofer les odia, hemos de decirlo, cerrando la puerta de golpe y refunfuñando. Esos choferes ingleseeees.

Suiza rebasa a Austria al caminar hacia la puerta, y levanta las cejas al ver que hay un post-it de corazón pegado en ella, con una flecha hacia la cerradura. El moreno levanta las cejas cuando llega a su lado y la ve. Suiza toma el pomo y la puerta cede sin necesidad de llave, lo cual hace que levante más las cejas y se lleve la mano al cinto donde DEBERÍA estar su pistola.

—Hay algo mal aquí, quizás se han metido a la casa.

—Was?!

—¡Pues está abierto! ¡Liechtenstein sabe PERFECTAMENTE que hay que cerrar las puertas con doble llave!

—¿Te ha dado las llaves?

—Nein, pero aún así...

—Tal vez por eso lo ha dejado así. Este es un lugar tranquilo

—Pues no debería, ¡por más tranquilo que sea! —protesta un poco, entrando frente a él haciendo un movimiento raro con las piernas incomodo aun con los pantalones. De todos modos Austria le deja pasar primero por si acaso, sabiendo que aunque no lleve pistola, Suiza es capaz de reducir a quien sea a golpes.

La casa está muy caliente, como a Suiza le gusta pero le da codera pagar. El fuego esta prendido, y huele a chocolate el ambiente en general. Suiza frunce el ceño pensando que hay alguien.

—Hallo? —saluda Suiza con el ceño más fruncido aun, extrañado de todo esto, buscando a ver si encuentra a alguien por ahí —. Hallo? —Evidentemente no hay nadie más que ellos dos, solo la atmósfera acogedora de la sala, y un baúl en medio de la misma que Suiza no reconoce.

Austria se quita el abrigo nada más entrar.

—¿Dónde guarda Liechtenstein las armas?

—Si hay una aquí debería estar en la caja fuerte. Habitualmente las trae consigo —protesta un poco acercándose al fuego y tomando uno de los palos para mover troncos —, revisare si hay alguien en los cuartos. Tú quédate aquí mejor, grita cualquier cosa

El baúl tiene otro post-it de corazón, hemos de decirlo.

—Está bien —asiente pensando que no es posible que no tenga más de las que lleva encima, pero bueno.

Así que ahí se va Suiza a explorar los cuartos... Notando que en el cuarto principal la cama está extrañamente preparada y abierta casi como para meterse, hay música suave de fondo... El bolero.

Austria se pasa una mano por el pelo mirando alrededor buscando el chocolate y notando el baúl, acercándose con curiosidad para abrirlo. Con la letra de Liechtenstein, que a pesar de todo se parece mucho aun a la del austriaco, está escrito sobre el post IT en tinta blanca.

"Pásenlo bien".

Aun así Suiza abre la caja fuerte y saca felizmente de dentro tres armas cortas, un rifle de asalto y suficiente munición.

Austria sonríe con eso y se sonroja un poco recordando el tonito de España al despedirles. Trata de levantar la tapa del baúl. Cede, y el olor a chocolate se intensifica. Adentro hay una fonduera, con chocolate semi derretido, fresas frescas... Y una fusta. Sonríe y levanta las cejas al notar la fusta pensando en qué concepto tiene Liechtenstein de ellos, ¿es que no ha visto los videos? Los ha visto todos, pero le pareció que ya era hora de que alguien le diera una fusta a Austria y así se cumplieran las fantasías sexuales de la humanidad. O quizás sea su propia fusta que dejó olvidada en la caja, porque alguien me dice que ella y Canadá, que se ven tan santitos, TAN santitos... Se pregunta si habrá cámaras aquí mientras toma una fresa empezando a comérsela haciéndose a la idea de que SEGURO hay cámaras aquí, pensando en cuales deben ser los lugares en los que las han puesto, toma la fusta y se gira cara a donde está CONVENCIDO hay una y la enseña mientras mira fijamente a cámara con cara de "¿de verdad?" Por encima de las gafas.

Lili se sonroja un poquito desde su casa en Suiza porque piensa que se ve muy guapo. Y ya les ha dicho que no se enfadaran. Puede que Prusia se la machaque un par de veces con esos dos segundos de video, pero con amor. (Puede que media Europa termine por ver esos dos segundos de video)

De todos modos Austria no la suelta, se cruza de brazos y se la apoya en la barbilla con una naturalidad digna de ser terrorífica mientras mira alrededor porque... hace mucho que no venía aquí y siempre le ha gustado el lugar. Puede que sean más de dos segundos de video... Sí, creo que sí que puede ser, aunque está ahora ya demasiado sonriente, asegura Prusia

Es una casa digna de la hija de Austria y Suiza. Con cosas SUPER clásicas (y recargadas) por un lado, y ultra minimalistas por el otro. Aun así a Suiza le debe crispar ver el juego de te con rebordes dorados. A Canadá le gusta, porque él tiene uno como ese pero en feo que le regaló la reina pensando que era América.

El buen gusto de la reina. Francia dice que es copia de uno suyo. Copia fea, claro. De hecho no, empezó siendo copia de uno francés y luego se apuntaron a la fiesta algunas flores y volutas de mal gusto. Como siempre. A Inglaterra le parece que mejoró mucho con el cambio. "So lovely, América, da las gracias" fueron sus palabras exactas.

Pues a Suiza le crispa un montón aunque aún no lo ha visto hoy y no se acuerda... Y vuelve bastante feliz con una pistola en una mano y el rifle de asalto en la otra. Y a Austria me le dais una fusta... muy equitativo todo. Pues la verdad... Austria no necesita una fusta. Alguien comenta por ahí que esto no parece ser equitativo en lo absoluto. Porque Austria habitualmente da tres pestañazos y una pequeña burla y se defiende de los rifles de asalto y las pistolas. Bueno, no es como que Suiza no pudiera empotrarlo contra la pared y hacerle lo que quisiera con solo un poco de su fuerza. De hecho Suiza se queda con las cejas en el techo de la casita de verlo con fusta en una mano, fresa en la otra. Puede que se le caiga el rifle de la impresión. Miren como Austria no se tiene que esforzar. Se vuelve a él al oírle entrar.

—N-No hay... No... Na-Nadie. ¿Qué es eso?—pregunta agachándose a recoger el rifle y poniéndolo en la mesa.

—Mejor. ¿Qué es qué?

—E-Eso que traes...

—Fresas, hay más ahí dentro —señala con la fusta, de verdad, ¿podrías hacer esto con menos naturalidad?

Suiza mira tooooodo el movimiento con la fusta y traga salva dando un pasito atrás.

—Lo-Lo otro.

—También hay una fondue de chocolate, Liechtenstein lo ha preparado.

—Nein, lo que traes ahí... —camina de lado hasta la Fondue de chocolate sin dejar de mirarle.

—Ah, ¿esto? —se la muestra. Sí, eso, no es una extensión de tu brazo—. No lo sé, estaba en el baúl también.

—No lo... NEIN. Es... Tú no puedes... No es algo que hoy, nein, nein.

—Tengo una parecida en casa —se encoge de hombros—. No sé por qué la habrá dejado.

—¿Tienes una parecida en casa? ¿¡Y que haces con ella!?

—Pues la usaba con... ellos cuando eran niños. Deutschland, Römer, Italien... cuando se portaban mal.

Maaaala pregunta.

—W-WAS?! Les... Tu les dabas con eso!? —es que se sonroja solo con la idea, aunque la odie.

—Nein, la mayoría de las veces no era necesario. La idea se metía en sus cabecitas con bastante facilidad, esto solo ayudaba a ilustrar lo que podía pasar.

—¡Y eso explica MUCHAS cosas, no me extraña que Veneciano tenga esas ideas raras con Deutschland y contigo!

—Was?

El suizo se sonroja más aun.

—Deberíamos prohibir que te acerques a una.

—¿Por? —esa sonrisa y se da en la otra palma de la mano con suavidad pero firmeza. Ahí tienes tres segundos más, Prusia.

Traga saliva y da un pasito atrás.

—Mein gott... E-Eso no es para hoy.

—En realidad, cuando Deutschland alcanzó cierta edad era... un poco incómodo seguir usándola y también por ese motivo nunca la usé con Preussen —se encoge de hombros.

—Un poco incómodo. Mein Gott in Himmel. Tienes PROHIBIDO usarla con cualquiera de los dos. De hecho tienes PROHIBIDO a usarla con nadie más que conmigo.

—¿Perdona? ¿Quieres que la use contigo? —levanta una ceja porque esta es nueva.

Aprieta los ojos y debe morirse del sonrojo.

—N-Nein.

—Tal vez puedas llevarla a Seychelles junto con esas armas cortas que has encontrado y no planeas volver a dejar en su sitio —se quita la cuerda que la envolvía en su muñeca y se la tiende para que la tome del mango.

—Solo hablo del caso hipotético que fueras a usarla con alguien, SOLO puedes usarla conmigo —se la ARRANCA y Austria se ríe. —Es muy en serio, nada de castigar a NADIE con eso —le señala con ella y la pone en la mesa junto con la pistola —. Ehm...

—¿Por qué tan en serio? —se acerca al baúl por otra fresa, hundiéndola en el chocolate y se sienta en el sofá a comérsela, mirándole.

—No te hagas el tonto conmigo.-Se acerca a mirar el baúl y mete un dedo en el chocolate llevándoselo a la boca.

—No es hacerse el tonto, ya me ha quedado claro que no te gustan los castigos con violencia física, hombre de la pistola... y aun así me parece que insistes más por otro motivo —como si no lo supieras.

—¿Te parece?

—Ja.

—Mira que listo... —se sienta muy recto porque en realidad ahora mismo le parece un poco extraño estar sentados aquí. Así... Con lo bien que iban en la limosina.

—No tanto como tú esquivando preguntas.

—¿Yo? No estoy esquivando nada, solo tu estas preguntando una cosa obvia. Lo digo porque todos van a hacerse a la idea incorrecta —se quita el saco del traje, harto ya de las colas y la formalidad y se afloja aún más la corbata que Austria ya le había medio quitado en el coche.

—¿Qué idea? —le mira hacer tranquilamente, yendo por otra fresa, no que tenga hambre, pero están buenas las malditas.

—Una muy... —le mira mientras se quita los gemelos. Genial, Suiza, ayudándole a Austria a hacer el trabajo sucio de desvestirte —, una incorrecta, espero, sobre tus intenciones con ellos

—¿Qué idea te parece que proyecto con ello?

Se sonroja.

—U-Una completamente... —se agacha a desanudarse los zapatos —, s-sexual.

—¿Te parece sexual castigar a alguien? Tsk tsk tsk que mente taaaaan sucia —como si lo que tú le estás haciendo al chocolate que recubre la fresa con la lengua fuera tan inocente.

Suiza se queda inmóvil agachado al frente mirándole mover la lengua. Tiene, pese al calor, un gran escalofrío. Y es que es LA noche, quizás esa lengua en unos minutos más esté haciendo eso mismo en otro lado. Apriete los ojos y las piernas.

—E-El p-pensamiento no... ¡No es que m-mi mente sea sucia!

—Ah, nein?

—Es lo que TODOS piensan, ¡no te hagas el inocente! Y... Deja de comer fresas.

Se ríe y Suiza le vuelve a mirar embobado y es que le gusta además que te rías. Y esta además el desesperante asunto de que solo este sentado ahí comiendo fresas... En vez de encaminarse a... ¡Algo!

—Liechtenstein las ha puesto ahí para mí, pero está bien. ¿Qué quieres que haga?

—¡Pues que te prepares!

—¿Que me prepare? ¿cómo?

—¡Pues... Haz... Algo! —se sonroja.

—¿Algo de qué?

Parpadea y se endereza en su asiento.

—O... ¿Vas a pasar la noche a-aquí comiendo fresas?

—Tal vez, si tú no haces nada.

—¿Y-Yo? ¡Yo si estoy haciendo!

—¿Quejarte?

Suiza parpadea.

—No. Bueno... Si, pero... —cambia el tono, porque no quiere estar de quejiche hoy. Se recarga en el sillón, tieso y tenso —. ¿Qué debería estar haciendo que no estoy haciendo?

—Depende de lo que quieras conseguir...

Parpadea, parpadea.

—P-Pues...

—¿Aja?

—¿Qué tu no... Quieres?

—¿Querer qué? —como cada vez, lo que quiere es que lo digas.

—P-P-Pues... E-Eso.

—Eso... ¿qué?

—¡Eso eso! Estar más... Cerca.

—Pues acércate.

Se acerca dos centímetros y se sonroja.

—Íbamos tan bien en el coche... —murmura en voz baja.

Austria levanta una ceja.

—¿Eso es todo lo que quieres acercarte?

—Nein —se mira las manos... Cinco centímetros más. Y se le viene a la mente la idea de que quizás Austria espera que él haga cosas bien hoy... Debe tener alguna expectativa, y no tenía idea de cuál era.

—Ya veo...

—¿Quieres que me acerque?

Le mira fijamente unos instantes con cara de circunstancias.

—¿Tú qué crees?

Se sonroja un poco más, toma una gran bocanada de aire, y se pone de pie. Austria le mira. El rubio se le acerca con decisión agachándose un poco. Baja la cabeza.

—Abrázame.

Austria sonríe un poco, se levanta y lo hace sin decir nada. Suiza hace un movimiento fluido y fácil, y le levanta del suelo en brazos. El moreno le abraza más fuerte sin esperarse eso.

—¿Debíamos entrar a casa así, no? Lo olvidé —se sonroja un poquito, pero todo es más fácil cuando ya se están moviendo y tocando.

—En realidad es al dormitorio —le mira.

Se sonroja un poco más, traga saliva y camina hacia allá, con paso seguro.

—Claro que he pasado más horas de mi vida cargándote que no haciéndolo. Esta es fácil.

—Qué exagerado —sonríe.

Suiza pasa por el umbral mirándole de reojo y sonriendo un poquito de vuelta.

—¿Te he dicho ya...?—le recuesta en la cama y se le sube encima tratando de no pensar en nada más que en él y en este día... Y no en la fusta y los nervios.

—Was?

—Que estoy muy, muy feliz —le mira a los ojos y se acerca a darle un beso. Austria se lo devuelve sin decir nada pero sonríe.


Amor, amor... ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!