Después de... uno de esos vuelos de cómo un millón de horas, es que el avión de los recién casados montañeros aterriza en Seychelles. Lo bueno es que no vais a tener Jet lag.
Suiza es un agobio generalizado con que si las manos de Austria están bien, que si se siente mareado *ojos en blanco*. Cuando abren la puerta del avión por primera vez en su vida siente que quizás hace más calor del que soportaría habitualmente. No pasan más de cinco minutos fuera del avión cuando ya está empapado en sudor.
Austria está mareado como una sopa y aún más por el calor y le duelen las manos y tiene mucho sueño. Aún así, la extrema felicidad de Suiza no se ve opacada. Lo carga todo hasta la salida tomando a Austria de la mano para que la ponga en su hombro y dirigiéndole con suavidad hacia allá.
—Hace mucho calor y mucha humedad —comenta pensando que si a él le molesta Austria debe sentir que se muere.
—Hace MUCHISIMO calor —responde y se alegra de no haber traído el Stradivarius después cinco horas de pelea consigo mismo.
—Estaremos mejor en el hotel con ropa menos formal.
Y el problema es que empieza a desnudarse ya, quitándose el pañuelo y abriéndose un par de botones de la camisa, mientras anda tras él. Suiza le mira de reojo y a pesar del calor y el cansancio que el mismo trae sobre los hombros piensa que se ve muy muy bien así sin pañuelo y con la camisa medio abierta.
—¿Quieres quitarte el saco? —pregunta buscando al taxi con la mirada, le han dicho que el chofer estaría aquí esperándoles.
El moreno asiente parándose y haciéndolo, pensando que quisiera quedarse en calzoncillos a ser posible. El hombre del taxi les espera con un cartel.
—Mira. Ahí está el hombre que nos busca. Anda, no te quedes atrás —hace un gesto con la cabeza —. Ya habrá aire acondicionado o algo en el coche.
Se le cae la chaqueta al suelo y se va tras el cómo medio zombie. (Irlanda le manda decir a Austria que le entiende perfectamente bien). Suiza aprieta los ojos dejando todas las maletas en el suelo y yendo a recoger la chaqueta, sacudiéndole el polvo.
—Camina adelante de mí, mejor, ¿ves al chico? —le hace un gesto al muchacho.
Austria no ve un pimiento, creo que hasta las gafas se han empañado del susto que se han llevado con el calor. Suiza toma las maletas de nuevo y la chaqueta, claro. Le empuja suavecito de la espalda dirigiéndole hacia el conductor.
—Hello?
Él les saluda y les pide que le sigan dirigiéndoles al coche. Suiza le da todas las maletas... El saco no porque le gusta... Y se agacha levantando a Austria en los brazos.
—Uuuh, estás ardiendo —protesta pero se deja levantar súper mareado.
—Hace calor, tú estás pegajoso. Si te sientes tan mal quieres... ¿Volvernos a casa?
Niega con la cabeza con los ojos cerrados NEGÁNDOSE a tomar otro vuelo hoy.
—¿Tienes hambre? —pregunta el rubio al meterle al taxi después de que el chico le abra la puerta. Austria niega con la cabeza porque está mareado y la idea de comer le revuelve el estómago, aun con los ojos cerrados, dejándose hacer.
—Y yo que creía que en Rom hacía calor en el verano —susurra Suiza cuando el taxista cierra la puerta tras el acomodando a Austria y acariciándole un poco el pelo antes de pensar que cuando uno está mareado y se siente mal lo último que quiere es que lo agobien. Le sienta pidiéndole al taxista que prenda el aire.
—Se supone que es... invierno o algo de eso, ¡estamos en enero!
—Esto está en el Ecuador, Österreich. Aquí no hay invierno.
Se revuelve porque ya lo sabe, solo estaba protestando, de todos modos el conductor prende el aire
—A mí me gusta... ba el calor.
—Vas a pasar una semana temblando cuando volvamos a casa, como te acostumbres —sonríe el moreno con los ojos cerrados.
—No estoy seguro de que pueda acostumbrarme a esto —se acerca un poquito a él porque el aire acondicionado frío le ha parecido demasiado frío.
—Puedes moverte... estás prácticamente acostumbrado ya —responde entreabriendo los ojos y escuchando el movimiento. Suiza le mira de reojito y se le recarga un poco encima.
—Tú eres un dramático.
—Ugh —protesta porque aun hace calor. Suiza se sepaaaaara—. Vas a dormir en otra cama... en otro cuarto. Y ni sueñes con tocarme.
El de ojos verdes se gira a mirarle con los ojotes abiertos.
—P-Pero...
Es que Austria aún tiene hasta que respirar por la boca por la humedad.
—Quizás deba decirle al conductor que nos lleve de vuelta.
Austria niega de nuevo.
—Pareces un cachorro cansado y acalorado —comenta Suiza al notarlo.
—Y tú estás como una rosa.
—Nein, a mí también me molesta, pero no es para tanto. Imagina que estas en el sauna —sigue protestando, pero sonrojado.
—No quiero estar en el cuarto de vapor.
—Es nuestra luna de miel, ¿Por qué no INTENTAS quejarte solo un poco menos y pasarlo bien? mira hacia el mar.
—Llevamos aquí diez minutos, ¿por qué no intentas tú relajarte un poco?
Suiza suspira mirándole de reojo.
—Vale, perdona, solo quiero que lo pases bien —mira por la ventanilla preguntándose si esto aquí va a ser un desastre o si mejor no debieron ir a un lugar más convencional, sin relajarse absolutamente nada en realidad. Solo tensándose en silencio.
—OIGO tu tensión —sonríe un poco con los ojos cerrados.
—¡Pero si no estoy diciendo nada! —debe sonar hasta cómo gira la cabeza hacia él.
—Tú no, pero tu cuerpo grita como si estuviera en un concierto de rock.
—Pues... No grita pero es que han pasado muchas cosas y...
—¿Muchas cosas cuáles?
—Pues nos casamos con mucha mucha gente ahí y estamos de luna de miel, es imposible que solo me... Relaje.
—No hay mucha mucha gente en la Luna de miel.
—No, de hecho no. Estamos nada más tu y yo...
—Pero puedes ir a otro cuarto si eso te tensa —insiste.
—No creo que haya otro cuarto siquiera, pero es absolutamente infame de tu parte pedirme otro cuarto HOY —susurra.
—Pues mira que calor hace y tú eres el que considera que hay demasiada gente.
—Está el chofer. Y puedes darte un... No voy a pelear contigo hoy.
—¿Un...?
—Baño.
—Me parece que vamos a tener que estar en remojo a menudo.
—Me gusta cuando estás en remojo — Suiza sonríe muy levemente.
—¿Por?
—Estarás en traje de baño.
—¿Verme en traje de baño es lo que te gusta?
—Y mojado... ¡Y no me gusta!
Austria se ríe un poco.
—Vamos a estar en una isla para nosotros, ¿sabes?
—¿Toda la isla? ¿Eso es alguna especie de fantasía sexual tuya? ¿Cómo lo de volar los puentes?
—Eso me han contado es un... Was? Nein, así es el hotel.
—Supongo que England pensó que así era.
—Habrá mozos y así, ¡no es una fantasía!
—Seguro puedes echarlos y hacer que vengan una vez en la mañana y una en la tarde.
—¿Eso quieres? Puedo hacerlo.
—¿Yo? A mí me da igual. De hecho mejor que se queden a abanicarnos.
—Abanicarnos. ¡Tú eres el de las fantasías raras!
—No es ninguna fantasía un abanico con este clima.
—Quizás haya uno automático en el techo. No seas dramático.
—Espero que haya algo mejor que eso en los lugares que haya techo.
El conductor los deja en el puerto donde han de tomar el ferry del hotel.
—Dios mío con este sitio es... —protesta en voz baja y mira a Austria de reojo—. ¿Lo odias?
—Mucho —bromea solo por desesperarle porque ya empieza a sentirse mejor con el aire acondicionado. Suiza aprieta los ojos y le toma de la mano.
—Estoy seguro que una vez ahí no estará TAN mal.
—Si tú lo dices —sonríe y cuando vuelven a abrir la puerta del coche al calor, vuelve a querer morirse.
Suiza se baja y baja las cosas con ayuda del chico. Ayuda a bajar a Austria y despide al muchacho quien se va antes de que llegue el ferry dejándolos ahí en el muelle en silencio y sin mucho alrededor.
Austria lucha contra sí mismo para no quitarse los pantalones, puede que una vez estén ahí solos vaya desnudo todo el tiempo...
—Espero que no tarde mucho... —intenta consolar Suiza con un carraspeo, rostizándose el también—. Aquí hay al menos brisa.
—¿Y si nos caemos al agua?
—¿Quieres caerte al agua? ¿De verdad?
—Nein, pero...
—Cierra los ojos.
Lo hace y el rubio le carga. Austria abre los ojos otra vez con eso.
—Eh, dije cierra los ojos. ¿Y no te mueras del escándalo vale?
—Pues si me levantas así...
—Y espérate a ver lo que haré ahora —camina un poco hacia la playa.
—¿Vas a echarme al agua? ¡Vigila las bolsas y hazlo con delicadeza!
—No voy a ECHARTE a ningún sitio, ¿qué clase de marido me crees? Voy a... Meternos.
—Como venga el ferry...
—Tendrás que llevarme tú nadando. Quítate los zapatos.
—¿Que llevarte?
—Sí, tu, pataleando —sigue quitándose él los suyos aun cargando al austríaco.
—Olvídalo.
—Entonces quizás vamos a morir ahogados en las turbulentas playas de Seychelles. Mejor eso que morir rostizados — Suiza le mira con los ojos entrecerrados porque el sol está pegador.
—Suena todo tan romántico—responde sarcástico.
—Anda, quítate tus preciosos zapatos de piel de cabritilla que igual voy a mojarte.
Sin soltarse de su cuello, Austria dobla las rodillas hasta alcanzarlos. Suiza le espera hasta que los zapatos caen al suelo. Dioses, es que se van a meter con todo y calcetines. ¿¡Qué les pasaaaa!? ¡con lo ordenados que son!
Creo que ahí llega el ferry.
—Oh, mira... de lo que te acabas de salvar —suelta Suiza sonrojándose y bajándole al suelo. Y están los dos como para foto del recuerdo de lo RAROS que se ven.
—Schweiz! —protesta porque el suelo quema y está sucio y no se ha puesto de nuevo los zapatos.
—Hay que cargar las cosas, súbete al barco y yo subiré lo demás.
Aun así se apoya sobre él quitándose los calcetines y poniéndose los zapatos. Zapatos sin calcetines, el universo siente la perturbación. Por fin consigue Suiza subirlo todo y pagar el costo del traslado, pensando que este sitio es agreste y extraño... y caluroso. El pequeño ferry (porque en realidad las islas a las que va son pequeñas) es mono y tiene todo el encanto del mundo, aunque sus asientos están mojados.
El calor hace que tengan que tomarse medidas desesperadas. ¿Sabéis lo sensible que es Austria con su oído? Bueno, pues el mareo tremendo a los cinco segundos.
—Cielos, ¿pero que nunca antes habías subido a un barco? ¡Estuviste casado con el hombre de los miles de barcos! —le pregunta preocupado al verlo VERDE después de cinco minutos. Es que no puede hablar siquiera.
El helvético está seguro de que esta es la PEOR luna de miel de las múltiples lunas de miel de Austria, apretando los ojos y acariciándole la espalda.
—Ahora llegaremos y te sentirás mejor —le asegura fulminando al chico que mueve el barco.
Vuelve a vomitar, sentado en el suelo.
Suiza le detiene la bolsita que le han dado en el ferry para esto justamente, y se pregunta por qué demonios no fueron al maldito bosque de luna de miel... o de menos a una ciudad normal. Podrían haber pasado al menos una semana en Viena sin que ocurriera ninguna de estas tragedias. Menos mal, pasan solo diez minutos más (que se les hacen eternos) antes de que lleguen al borde al otro lado.
Austria está completamente mareado y no se entera.
Así que cuando al fin tocan tierra firme, Suiza le levanta en brazos y le saca del barco sentándolo en el primer lugar que encuentra disponible, que es una tumbona frente al bungalow en el que van a quedarse. Suiza se le pone en cuclillas enfrente y le acaricia la frente. Mientras el chico del ferry empieza a contarle como funciona todo. Al final no parece ser una cosa tan terrible, fuera de que Austria de maree así cada vez que sube al barco. Todo parece funcionar como un hotel de lujo, instalaciones y demás parecen ser perfectas y confortables, aunque los horarios de actividad son extraños y todo parece ser muy nocturno.
Después de un largo rato de explicaciones sobre cómo funciona todo, dadas entre el chico del ferry y una muchachita que parece ser la encargada de recibir a los inquilinos, Suiza al fin puede acercarse a Austria a ver si no se ha muerto derretido en el calor, menos mal que la tumbona estaba bajo una palmera.
Austria asegura que lucha entre la vida y la muerte.
—¿Estás bien?—creo que esa es la pregunta que más veces le ha hecho Suiza a Austria a lo largo de la saga. Este niega con la cabeza y para enseguida—. Mareo aún. Galletas saladas, dicen que asientan el estómago. Ven —se agacha un poco para cargarle—, te va a gustar nuestro cuarto.
—No quiero comer nada —le abraza, con los ojos cerrados porque además le da nauseas solo pensar en comida otra vez.
—En el fresco te sentirás mejor, ya he puesto la temperatura a unos cómodos 21 grados —explica yendo hacia adentro.
Austria se quita las gafas y hunde la cara en su cuello casi sin escucharle.
Suiza automáticamente se pone mejor con esta posición, se le eriza la piel del brazo y del cuello y se sonroja, aunque no haya nadie para verlo
Se siente bien con ese concepto de no haber NADIE más, relajándose un poco más por primera vez.
Austria se queda ahí, mareado como una sopa, teniendo frio y calor a la vez.
—¿Quieres... qué quieres? ¿Quedarte aquí inmóvil hasta que se te pase, meterte al jacuzzi, te hago compañía? —pregunta Suiza acostándole en la cama y poniéndose a su lado. El austriaco se hace bolita junto a él—. Siento que esté yendo tan mal —le acaricia el pelo un poco y le da un beso en la frente.
Austria no se mueve, dejándole hacer. Suiza se separa un poquito yendo a quitarle el cinturón, los zapatos y los pantalones de esa manera que Suiza hace las cosas con Austria cuando no le da vergüenza, sino preocupación.
El austriaco se deja protestando un poco cuando le mueve demasiado. Pues protesta lo que quieras pero al final verás cómo ambos terminan considerablemente más cómodos, Suiza en calzoncillos y camiseta... Austria en calzoncillos... y camisa abierta. Suiza sonrojado, eso sí.
Austria no se mueve en un bueeeen rato, poco a poco se va sintiendo mejor. Suiza se acuesta a su lado abrazándole y sintiendo que debería ir a hacer 18372822727 cosas más allá de acostarse aquí junto a Austria, pero no las hace, espera "pacientemente". Se le acerca al cabo de un poco cuando nota que empieza a moverse más.
—¿Ya estás mejor?
—Un poco.
—¿Me odias por traerte a este horrible viaje de bodas?
—Ja —sonríe un poco con el agobio. El suizo se muerde el labio y aprieta los ojos.
—Se supone que debíamos pasarlo bien.
—¿Y qué planeas?
—¿Quieres volver? Podemos ir a la montaña.
—Nein, no voy a tomar un avión hoy.
—¿Mañana quizás? No sé qué hacer para que la pases menos mal… ¿Quieres darte un baño o algo?
—Nein, no me atrevo a levantarme, no sé si me marearé si lo hago. No quiero volver a vomitar.
—¿Aun no quieres comer o beber nada? —se pone boca abajo en la cama, mirándole.
Austria niega. Suiza suspira acostándose en la almohada y sonriendo un poquito.
—Nos casamos... —susurra casi como si no hubiera aun tenido tiempo de que le caiga la noticia.
Austria le escucha con atención a ver si tiene suerte y piensa en voz alta.
—Y fue una boda bonita... Y... Conmigo —se le acerca un poquito.
El moreno sonríe un poco con eso. Suiza le pasa un brazo por encima y le pone la cabeza en el pecho.
—Y estabas ahí enfrente de toooodos y decidiste que si me elegías a mí, no a Ungarn, no a Spanien... A mí —susurra.
—¿Y qué te parece eso?
Suiza le aprieta contra si con bastante fuerza mientras Austria trata de no protestar... demasiado.
—Y estamos aquí... Y de verdad de verdad nos casamos.
El austriaco le pasa una mano por la espalda.
—¿Estás contento?
Austria se plantea soltar un "meh" por un momento, pero piensa que es el hombre más dulce que existe con lo feliz que parece y que ya suele hacerle sufrir bastante.
—Ja.
—Yo también estoy muy feliz —susurra y se le quiebra la voz, sollozando.
—Hey... ¿qué pasa? —se preocupa un poco al notar que solloza, mirándole y abrazándole un poco.
—Nada, solo no pensé que pasaría y... —le aprieta contra si—, ya no vas a irte.
—Nein, no voy a irme... para bien o para mal —susurra y le acaricia la espalda.
—No va a ser para mal, esto va a salirnos bien —asegura repagándosele en el pecho. El menor sonríe sin dejar de abrazarle—. Lo conseguimos —susurra en un sollocito suave completamente atípico suyo. Extrañamente, sonríe en un gesto extraño y poco común, pero claramente una sonrisa.
Austria sonríe también disfrutando del momento con él. Suiza le mira a los ojos y se acerca a darle un beso... ¿Quién lo diría, verdad? Que casarse lo haría feliz.
Y Austria le besa de vuelta sin meterse con él ni ser malo, lo cual es un gran logro. No te preocupes, Suiza, tiene otras tres semanas para meterse contigo y ser malévolo. Lo que pasa es que no van a consumar ningún matrimonio en la isla, sino van a quedarse dormidos como piedras. Hasta el anochecer, cuando Suiza se despertará de golpe SUPER descolocado sin saber la hora. Austria duerme aun. Suiza se revuelve en la cama mirando su reloj y viendo las ocho con cincuenta. Es la hora en la que todos los gatos son pardos, así que no está seguro si han dormido hasta la mañana siguiente.
—¿Ö-Österreich?
No hay respuesta.
Se revuelve un poco sintiéndose groggy y mareado, entre el calor y en general todas las cosas, notando además que trae una erección de recién despertado absolutamente brutal. Aprieta los ojos y se separa del austriaco un poco sonrojándose.
Austria se mueve para quedarse en mitad de la cama.
—Se ve cómo te encanta dormir conmigo —protesta un poquito Suiza entre dientes estirándose y pensando en arreglarse su problema de ahí debajo... Aunque no era justo ni apropiado, debía esperar a SU MARIDO para ello. Se sonroja solo con la idea aun sin entender el horario acercándose al gran ventanal para ver el cielo.
El austriaco ni caso.
Suiza deambula aun medio sonámbulo por el cuarto, caminando raro con su problema y preguntándose si puede ir al mar a meterse un poco y quizás el agua fría le haga... Volver a la normalidad. Muere de sed, eso sí, así que en ese andar extraño va a la cocina y se toma como dos litros de agua de un par de tragos, despertando con ello. Sirve un buen vaso con agua y lo lleva al cuarto dejándolo para a Austria en la mesita de noche, que ya se ha movido al mitad de la cama y la ha ocupado toda.
—Österreich... Voy a ir a nadar al mar—y ya me imagino que le hace tanto caso como a la silla.
Así que bueno, no le queda más remedio que salir el solo abriendo la puerta del cuarto sin cerrarla y caminar hasta la playa cubriéndose las regiones vitales…Tres pasos más adelante va a tropezarse con la arena hacia la tumbona y caerse encima de una sombrilla haciendo todo el ruido del mundo incluyendo un gritito.
Que agilidad el alpinista. ¡Esto es playa! Será por la arena. Sí que lo es, no se camina normal ahí bajo ninguna circunstancia. Austria se despierta con sabor extraño en la boca y un poco desorientado.
—Schweiz?
—Ja, ja. Soy yo, ¡no pasa nada! —responde dando saltitos porque además se ha dado en el dedo chiquito del pie con la pata de la tumbona.
—Nnnn —Austria deja caer la cabeza en el cojín.
Camina cojeando hasta el cuarto, la parte buena es que sus regiones vitales con el dolor del golpe están ahora a la mitad de potencia.
—¡Ugh con la verdammt arena!
—¿Qué has hecho? —pregunta el moreno desde dentro sin levantar la cabeza ni abrir los ojos.
—La pata de la tumbona se ha ESCONDIDO en la arena, he ido a caer en una sombrilla.
—Que ágil...
—Es la arena, vamos, ven conmigo a caminar y verás.
—Nein, casi prefiero que no —se estira, haciendo angelitos con las sabanas.
—¿Y vas a quedarte ahí acostado todo el tiempo? —levanta la mirada de su dedo, que se estaba revisando y se sonroja al ver al austríaco, quien le mira de reojo—. Ven a meterte al mar.
—¿Al mar quieres ir? Estoy agotado —porque dormir demasiado al medio día es lo que tiene.
—¡Si has dormido todo el día! —protesta volviendo dentro.
—Ja, pero me siento cansado —bosteza.
—¿Entonces solo vas a dormir hoy?
Austria suspira.
—¿Tú no lo estás? —lo que tiene es pereza.
—Pues no como para no hacer nada —se sube a la cama—. Y ahora hace menos calor.
Bufa con pereza, sonriendo.
—Al menos caminar un poco o hablar o algo.
—Hablar me parece bien—si serás vago.
—Hablar afuera —decide Suiza unilateralmente levantándole de la cama. Austria protesta pero se deja levantar—. Afuera adentro del agua.
—Nein! —patalea un poco—. Ni siquiera estoy en traje de baño.
—¿Y qué? Estás en ropa interior y conociéndote eres perfectamente capaz de nadar desnudo —asegura saltando la tumbona.
—¿Eso quieres? —levanta una ceja.
—¡No he dicho que sí quiera! —protesta acercándose a la orilla del mar.
—Pues lo has propuesto tú.
—He dicho que serias perfectamente capaz, no que... Oh!
—Was?
—El agua, parece que alguien se hubiera... Está... ¡Esta tibia!
El de ojos violetas gira la cara para mirarla.
—Mira —Suiza le baja las piernas con suavidad.
Pone los pies en el agua apretando los ojos.
—¿Sientes que está tibia? Aunque se siente bien en los pies —le detiene con fuerza de la cintura. No es que nunca hubiera ido al mar... Pero meterse a la playa no era en lo absoluto uno de sus pasatiempos. Le parecía extraño y algo nuevo que no solían hacer. Mira a Austria de reojo.
—Parece que alguien se haya... —aprieta los ojos—. Ugh. Meado.
—Sí. Cuantos miles de personas tendrían que mearse para calentar así el agua. ¿Estará toda igual? —pregunta ahora caminando de vuelta.
—Es... —pone cara de asco.
—Es imposible nadar en agua así.
—Imposible no es, pero es como estar en una bañera.
—Debes acabar cansado y relajado... Vamos a meternos un poco más.
—No estoy seguro de querer meterme más.
—Pero si solo estamos metiendo los pies, voy a ver... ¿Si te suelto te caes?
—Es que la arena —arruga la nariz.
—Te limará un poco los pies y más allá no habrá arena, estarás flotando. Anda, ven —tira un poco de él.
El austriaco sigue arrugando la nariz pero se deja un poco. Suiza tira tantito más de él y mete la otra mano en el agua, le echa encima un poco, jugando y cuidándose de que no le caiga en la cara.
—Ugh.
—¡Deja de portarte como un señorito! —protesta un poco echándole más agua.
—Para —protesta.
—Hombre y luego me dices a mí que me relaje —otra oleada de agua.
Aprieta los ojos y le para con las manos
—Cero afición por el juego físico, ojalá fuera tan simple parar tus juegos.
—¿Desde cuándo no te gustan mis juegos?
—No he dicho que no me gusten... Ni que me gusten. A ti no te gustan mis juegos.
—No, cuando consisten en tirarme agua hasta ahogarme.
—¡No voy a tirarte agua hasta ahogarte! Que dramático eres, te estoy mojando, no te encoges.
—Es que está realmente caliente.
—Te duchas con agua más caliente.
—¿Y crees que debería tomármelo como una ducha?
—Pues creo que deberías tomártelo como que estamos de luna de miel y has dormido todo el día, puedes bañarte conmigo un poco para... Relajarte.
—Contigo —se le acerca.
—E-Exacto, conmigo —le mira y una ola le empuja un poquito hacia el austríaco, quien se quita la camisa y la lanza a la arena. Suiza levanta las cejas mirándole hacer con cara de bobo.
—¿Y? —pregunta levantando una ceja al notar su cara.
—E-Eso es. A-Ahora... —se quita el la suya y la lanza a la playa, sonrojándose más. (Y todos hacemos ohhh con el torso de Suiza. Austria maldice haber dejado dentro las gafas) Suiza se acerca un poquito más a él y extiende las dos manos para que se las tome.
—Entre el Matterhorn y esto... —se las toma igual.
—Has tenido una vida de locura últimamente. Me pregunto a cuantos conciertos tendré que ir calladito y bien portado para compensarte.
—Lo dices como si tuviera que llevarte atado siempre.
—En realidad me gustan tus conciertos más que a ti venir aquí.
—Precisamente, por eso digo que no vale como compensación.
Suiza suspira y le abraza un poco.
—¿Que te vale como compensación?
—¿Qué te parece que me obedezcas en todo? —expreeeesamente.
—Que te... Was?!
—Obedecer —es que peor verbo no podía elegir.
—No voy a... obedecer —marca la palabra.
—¿Por?
—¡Porque no! Soy tu... marido, ¡no tu esclavo!
—Es una compensación.
—¿Por qué siempre quieres lo mismo?
—Porque tú no quieres hacerlo.
—¿Exactamente qué cosas quisieras… que obedeciera?
—No lo sé, cualquiera que se me ocurriera.
—Schweiz, lame el piso. Nein, no voy a ser Deutschland o Italien y no entiendo por qué SIEMPRE quieres que lo sea.
—Ya te lo he dicho, porque no quieres serlo.
—Si estás conmigo una hora en el agua te obedeceré una hora... Casi en todo a menos que pidas algo verdaderamente humillante o que definitivamente no haría.
—Es decir, no vas a compensarme.
—¡Vale, te compenso una hora obedeciéndote! —protesta apretando los ojos y pensando en cosas HORRIBLES que le hará hacer.
Austria sonríe malignamente y Suiza aprieta los ojos y tira un poco del austríaco para ir a lo más hondo, y se deja tirar.
—Entonces... cuando estés preparado.
—Yo siempre estoy preparado.
—Entonces empieza por desnudarte del todo.
—W-Was? ¿Aquí? —se sonroja.
—Ja. Y olvídate de cualquier prenda hasta de aquí una hora.
—Y-Y... ¿Tú vas a desnudarte? —pregunta con las manos en el borde de los calzoncillos pensando que no es TAN grave, está metido en el agua. Y Austria no trae lentes y...
—¿Yo? Por supuesto que no. ¿Por qué iba a hacerlo?
—Porque te lo PIDO —lanza sus calzoncillos a la arena.
—Mmmm... nein, danke.
Suiza se hace bolita lejos de él pero el moreno se acerca. El rubio flota alejándose un poquito, y además tiene problemas porque Austria aun debilucho, aun pisa... Y él no.
—¿A dónde vas?
—A... Ningún sitio.
—¿Por qué te alejas entonces?
—E-Es una corriente —se acerca un poco.
Austria dobla un poco la rodillas para mojarse el pelo, sonriendo. Otra vez le mira el helvético con cara de bobo. Austria, mojado, a la luz del atardecer.
El moreno le mira al notar que lo hace y Suiza aprieta los ojos y sacude la cabeza al notarlo, hundiéndose en el agua.
El austriaco levanta las cejas y se espera a que salga por aire pacientemente. Se taaaarda bastaaaaaante bastaaaaaaaaante.
Para cuando el austriaco ha tenido la mala idea de humedecerse los labios... y no le ha sentado bien el agua salada. Suiza se peina hacia atrás y se talla los ojos que, por abrirlos bajo el agua, se le han irritado un montón.
—¿Qué haces?
—El agua... Había olvidado la sal —protesta.
—Yo también, ¿te escuece?
—Ja, no veo bien —protesta tratando de abrir los ojos.
—Vamos a lavártelos con agua dulce —le toma de la espalda para dirigirle.
—Esto es ridículo, la gente nada aquí —asegura yendo hacia fuera dejándose empujar por Austria a pesar de todo, olvidándose desde luego, de que está desnudo.
—Y sigo pensando que parece que alguien haya hecho sus necesidades —se desestabiliza un poco al salir porque se hunde con las olas y la arena, abrazándole más.
Suiza le sostiene de las manos para ayudarle a estabilizarse, apretándole contra sí, hundiéndose también y medio tropezándose.
—¿Vas bien?
—Ja, ja, es la arena... —decide mejor tomarle de la cintura para más estabilidad mientras intenta que no se le pegue a los pies al andar... y falla miserablemente.
—Ja, ya lo sé. A mí se me hunden los pies. La que yo puse en Ginebra no es tan... ¡Así! —asegura repentinamente estando consciente de las manos de Austria donde están.
—Se pega por todas partes, va a acabar dentro del cuarto —protesta abriendo la puerta sin soltarle.
—Ya, ya lo sé, y-y pica los pies y... —se cubre un poco las regiones vitales con la mano—, n-no he recogido...
—Vamos, está ahí el baño —le guía sintiendo que están dejándolo todo mojado también.
—Aquí dentro hace frío —declara Suiza con demasiadas cosas a la vez.
—Porque hemos dejado el aire —le guía las manos hasta el grifo.
Suiza se suelta las regiones vitales que tenía tapadas con una mano con cierta renuencia, pero le urge más ver bien de nuevo así que se agacha sobre el lavabo limpiándose la cara. Austria gira un poco la cabeza para verle el culo. Además como esta nerviosito lo tiene bien apretado y en tensión así que ahí tienes tooooodos los músculos perfectamente marcados, desde los muslos hasta los de la espalda. No creo que Austria pueda evitar ponerle la mano en una nalga suavemente, sinceramente.
Suiza se detiene de tallarse la cara y los ojos, paralizándose sin saber si lo que ha sentido es... Lo que ha sentido. Volviendo a recordar que tiene el culo completamente al aire. Lo que está sintiendo aun, no la ha apartado. Suiza levanta la mirada y se sonroja al mirarle por el espejo. El de ojos violetas hace un círculo con las yemas de los dedos antes de notar que le está mirando. Es que Suiza ahí tiene la piel de gallina en el culo, se sonroja tres veces más cuando siente el movimiento. Austria le mira a través del espejo y aparta la mano suavemente.
—¿Ya no te escuecen?
—Nnnn...
Levanta una ceja como si no acabara de tocarle.
—N-Nein.
—Bien —sonríe y vuelve a preocuparle la arena. Suiza carraspea varias veces y se pasa las manos por el pelo para aplacárselo.
—V-Voy a ir por mi ropa interior
—No ha pasado una hora.
—¡Pero estoy desnudo!
—Ja, me he dado cuenta —vuelve a mirarle de arriba abajo mientras se limpia los pies en la ducha.
Se sonroja más y se cubre las regiones vitales acercándose a limpiarse también.
—Al menos no te has caído, ahogado o algo así, tienes que tener cuidado con las olas.
—Por supuesto. Puedes traerme las gafas.
—No me hables así.
—Tráeme las gafas —ordena.
Le mira fijamente y frunce el ceño, porque lo ODIA así. Lo detesta. Le hierve la sangre solo de pensar que le ordene algo así sin razón alguna y que él lo haga. Pero ha acordado con el que lo haría... Y él cumplía las cosas que acordaba. Frunciendo el ceño y fulminándole con los ojos rojos de la irritación del agua se gira y se marcha hacia la habitación.
Austria traga saliva pero sonríe porque le gusta la fuerza que tiene Suiza cuando está crispado.
—También quiero que saques la arena fuera de nuevo.
Deteniendo los lentes con solo índice y pulgar como si fueran una cosa asquerosa y horrenda se los trae abriendo la boca y crispándose aún más con eso de sacar la arena.
—¡No voy a sacar arena en nuestra noche de bodas!
—Aun no es de noche y no tardarás más de un par de minutos. Y de todos modos la noche de bodas ya fue ayer.
Bufa porque se siente el criado de Austria y de veras le irriiiiita como muy pocas cosas en esta vida.
—Pero ayer... No es aquí —se sonroja al oírse a si mismo. Quieres una noche de bodas en todos los lugares, ¿eh?
—Un par de minutos Schweiz —recupera sus gafas mirándole de arriba abajo.
—Jum! —sonrojo, manos a las regiones vitales—. Voy a buscar una escoba... ¡Y a ti también se te transparentan los calzoncillos!
—¿Y eso te pone nervioso? —igual se sonroja un poco.
Suiza le mira, se pone más nervioso aun, se da la media vuelta y sale corriendo. Y ahí se va Austria detrás porque además quiere verle hacer esto desnudo, morbosamente.
Remueve unas cosas por ahí sin encontrar nada, tiene que abrir un armario que no parece ser para uso de los inquilinos... Y si, ahí está la escoba. La toma y da un saltito al darse cuenta que el austríaco lo ha seguido.
—¡Ah! ¡¿Qué haces aquí?! —ese tono crispado.
Se encoge de hombros, sonríe y va a sentarse a algún lado con buena perspectiva. Y le incomoda que los calzoncillos mojados se le peguen y estén mojando la butaca, pero no se los quita solo porque sabe que llevarlos evidencia más la desnudez del helvético.
Suiza le mira de reojo, se sonroja, carraspea, se sonroja más. Se pone de espaldas para al menos enseñarle el culo y no el... Otro asunto que le da más vergüenza. Maldito Austria, la puta mejor perspectiva.
Suiza barre moviendo la cadera con sorprendente ritmo, quien lo diría, sabiendo hacerlo bastante mejor de lo que parecía. Austria no se queja e inclina la cabeza pensando que esta era una de sus fantasías de adolescente, estaría muy orgulloso de sí mismo su yo pequeño.
Es además súper minucioso y bien hecho, saca TODOS los granos de arena del cuarto sin dejar UNO. (Por eso te entiendes bien con él, querido) Mientras Austria le mira toooodo el tiempo con su sonrisita y casi sin parpadear.
Al final, cuando termina de sacudir la escoba y le mira... Vuelve al mundo más allá de "barrer hasta que quede todo LIMPIO" y se cubre.
—¿Algo más? —pregunta con sarcasmo.
—Por supuesto —se humedece los labios haciendo una pausa dramática.
—Verdammt... Debí tardarme más en barrer —protesta—. ¿Qué quieres?
—¿Qué te parece que pudiera querer?
—No tengo ni idea, cualquier idiotez.
—Idioteces... ya veo, ¿y qué crees que debería pedirte?
—Lo que sea "por favor". Podrías pedirme además... Yo que sé, ¿qué me pusiera ropa? ¿Que hiciera algo... Divertido? ¡No sé! —no sabría que pedirte el chico poco imaginativo y demasiado práctico—. Vale, lo de barrer no fue tan mala idea si lo hubieras pedido por favor.
—El asunto de esto... cabrero, está precisamente en no decir "Bitte" —Austria como siempre tiene toooodo el tiempo del mundo. El rubio aprieta los puños mirándole fijamente.
—No. Me llames. Cabrero.
—Y tampoco planeo ORDENARTE que te pongas ropa. Esta está resultando una actividad especialmente estimulante sexualmente y creo que eso sería contraproducente —confiesa y se sonroja un poco, todo sea por llevar a Suiza al caminito correcto.
El helvético parpadea, parpadea... Se sonroja.
—¿S-Sexualmente?
—Tal vez eso sí sería algo digno de ordenarte.
—Was?! —mucho más chillido agudo que cualquier otra cosa.
—Me refiero a ordenarte satisfacer mi deseo sexual, por supuesto —no le mira.
—S-Satisfacer... T-Tu..., w-was?!
—Como comprenderás, no voy a repetírtelo —ahora sí le mira.
Se sonrooooja y tiene que desviar la mirada y taparse las regiones vitales porque la idea de "satisfacer su deseo sexual"... Austria sonríe un poco porque ahora ya parece estar correctamente encarrilado.
—¿C-Cómo?
—¿Cómo... qué?
—Quisieras que sa... Eso.
—No lo sé, solo es una opción que estoy barajando. Aunque tú no pareces tan reacio a ella como a barrer —le acusa inclinando un poco la cabeza.
—¡Sí que estoy reacio! —protesta girándose y dándole la espalda haciéndose un poco bolita —. ¡Ugh! ¡Te detesto!
—¿Y por qué lo estás? —pregunta sin moverse.
—¡Porque no quiero satisfacerte nada! —ahora si ya está chillando bastante fuerte y por una vez le da igual.
—Eras tú el que hablaba de noche de bodas.
Suiza cambia el peso de pie y se acuerda de que tiene frío, además pensando que es ridículo estar de pie en medio de una salita desconocida, de espaldas a Austria. Además eso suena como siempre a que ÉL quiere eso, no Austria. (¿En serio, Suiza? ¿Aun cuando ÉL lo ha propuesto? Tschk tschk tschk. Pues de repente le da preocupación) El moreno le mira, esperando a ver qué dice.
—T-Tu... Yo... No es que... Decide ya que otra cosa vas a pedir o se te acabará la hora —deja la practicidad de lado por el amor de dios, ¡eso ya es tontería!
—¿Otra cosa? Nein, nein... estamos valorando esta ahora mismo.
Se tapa la cara con las dos manos.
—No voy a hacer eso que pides.
—¿Disculpa?
—¡Si me acusas de yo querer hacerlo NO lo voy a hacer!
—Es una orden, no es como que haya espacio para que te niegues. Podría incluso obligarte a sostener... este jarrón por encima de tu cabeza todo el tiempo mientras yo te lamo entero.
Se gira a mirarle con TREMENDA velocidad con los ojos muy muy abiertos solo con la idea.
—W-Waaaas?!
Austria se encoge de hombros y desvía la mirada sonriendo de lado.
—No vas a... No... ¡¿Eso es lo que quieres?! —es que se muere con la idea.
—Podría querer, mira como a ti sí parece convencerte.
—¡No es cierto!
—No niegues las evidencias, es de mala educación. Claro que siendo tú —de nuevo el aire de señoritingo.
—No me llames maleducado —le señala con un dedo y da un paso agresivo hacia él.
—Estás bajo mis órdenes, si eres inferior así es como hay que tratarte.
—¡No soy inferior a ti! —es que le ENCIENDES con esas ideas. Debe de tensar TODOS los músculos. Helena pregunta si puede esculpirlo .
—Tan inferior que ni para seguir órdenes.
—¡No es por inferior que no quiera seguir tus órdenes, idiota! —levanta las dos manos acercándose más aún y queriendo ahorcarle, pero deteniéndose antes siquiera de estar a un palmo de hacerlo.
—Entonces hazlo.
—¿Qué verdammt orden quieres que siga?
—Ah, ¿además tengo que repetírtelo? Tan sucias tienes las orejas de no lavarte? —se levanta y se le acerca él. Es que aprieta los puños, lívido del crispamiento y el enfado.
—¡Has dicho que podrías pedirme la cosa esa con el jarrón, pero no has pedido nada!
Y ahí, en mitad del berrinche, le besa.
Suiza levanta las cejas y se queda completamente paralizado un segundo antes de comérselo con fuerza inusual. No suelen hacer esto a menudo, Austria y creo que te gustaría. Lo que pasa es que no es tan fácil lograrlo. Pero aun así la INTENSIDAD del beso. Es un buen resultado y merece el esfuerzo. Y es que Suiza lo ODIA cuando se pone en ese plan, así que responde con esa fuerza e intensidad que SOLO Austria consigue (y que tanto le gusta). Deben terminar medio empotrados contra la pared. Seh, bastante adolescente todo. ¡Pues es culpa de Austria! Que además SE LO BUSCA exactamente así, de adolescente. Porque a mí que no me venga con que no le encanta la fuerza de Suiza y la intensidad y sus musculitos. Que además es como un camión que se te estrelle en la cara en cuanto a fuerza pero del que estás seguro que no va a hacerte daño... ¿quién coño no querría a alguien así?
Pues están CASADOS. Algo debe gustarle. Es que luego sale Austria y... Suiza le besuquea y le calla y como se siga portando mal va a morderle un poco. Seguro que sí, pero más le vale no hacerlo. Va a llevarse una broncaaa. Además me lo descerebra. ¡Ha BARRIDO! ¡DESNUDO!
Creo que cuando terminen de... ejem... esto, va a meterse bajo la cama una semana. Ya quiero ver que Austria sobreviva por si solo una semana.
Además con lo... pff... como llamarlo... con lo amable y decente que es Suiza con Austria, seguro sale de debajo de la cama en 3 segundos.
Es que además Austria se quedará sobre la cama sin irse. Y tarde o temprano Suiza tendrá que ir a mear, que si no ha ido a mear aún eso va a pasar en 3 minutos. Y Austria seguro le miiiiiira. Bien, ha cambiado el escondite de debajo de la cama al baño.
Austria toma una funda de un cojín, mete dentro un jarrón y lo lanza contra en suelo para hacer el sonido de romperse. Los métodos de Austria, jodidamente infalibles.
Suiza sale HISTERICO del baño a modo "¿estás bien? ¿Estás bien?" Austria sonríe, por supuesto ileso.
—¿Qué ha pasado?
—Que quería que salieras.
Suiza hasta pálido está, le mira incrédulo.
—¿Y no podías haberlo PEDIDO? ¿Van a cobrarnos el... qué has roto?
—Si te lo hubiera pedido no hubieras salido.
—¡Sí que hubiera salido y no me hubiera dado un infarto! —protesta.
—¿Así tal como vas? —le mira de arriba abajo sonriendo de lado y... ahí van de nuevo.
A quién se le ocurre meter a dos alpinistas en los trópicos? ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!
