Suiza mira a Austria desconsolado sin saber qué hizo para merecer esto
—Ser poco complaciente —asegura Austria ante esa mirada.
—¡¿Poco complaciente?! ¡No soy poco complaciente!
—Entonces compláceme.
—¿Cómo?
—Pfff... —bufido y gesto de desaprobación porque no lo sabe.
—¿Pero qué pasaaaa? ¡Estás enfadado! —pregunta preocupado.
—Y solo te dedicas a enfadarme más —responde fingiéndose aún más ofendido. Suiza se mira las manos, preocupado.
—Es que de verdad que no sé cuál es el problema —estira una mano para tomarle la suya y vacila sin saber si se va a enojar más o no.
—Aun peor entonces...
—Además de que no te complazco aparentemente —decide al fin después de mucho vacilar si tomarle la mano—. Pero yo lo intento, incluso con... bueno, yo...
—¿Incluso con qué?
—¿De verdad no te gustaron los votos? —el traaaauma.
—¿Ese montón de sensiblerías cursis?
El helvético entreabre los labios y le mira un instante sintiendo un hueco en el estómago. Hasta le da un escalofrío, mientras desvía la mirada sintiendo esa respuesta como un balde de agua fría.
—Hmm... —se sonroja un poquito de todos modos y le suelta la mano.
—Schweeeeiz —protesta, el nombrado levanta la vista hacia él.
—Was?
—Estoy bromeando —asegura sonriendo. Suiza frunce un poquito el ceño y se revuelve porque ahora no está seguro de que realmente bromee.
—Es que sí... bueno, sí puede ser que fueran sensiblerías cursis. Debí hacerlos más cortos y concisos y... —aprieta lo ojos. Austria pone los ojos en blanco, mientras Suiza le vuelve a mirar de reojo.
—¿Estás siendo un idiota EXPRESAMENTE porque estás enfadado?
—Estoy siendo malo EXPRESAMENTE porque estoy aburrido —aclara. El rubio parpadea.
—¡No juegues con eso! —protesta ahora sí en el chillido que querías. El austriaco sonríe y toma otro sorbo del zumo de frutas que se está tomando—. No, es en serio —hasta hace aspavientos con las manos—. La boda es una cosa perfecta que NO puedes tocar para jugar ni para nada, está completamente fuera de la zona de juegos
Sonríe y se acomoda más en la hamaca.
—¿Perfecta?
—Ja, perfecta —insiste... y ahora sí se sonroja bien. Mira que fácil es todo cuando aclaras que es broma. Toma el vasito en el que él estaba tomando una piña colada sin alcohol y lo rellena de arena para hacer un castillo, sentado en el suelo al lado de Austria porque el señor no puede estarse quieto—. Salió todo bien, no te maté y no salí corriendo... y nadie se burló de mí.
—Que bajos estándares... —le mira hacer, tranquilamente.
—No son bajos estand... Otra vez estás diciendo que la boda salió bien para unos bajos estándares? Österreich!
El nombrado se ríe,
—Deja de decir que la boda salió más o menos bien, es la MEJOR boda que has tenido y por muchísimo.
—¿Solo porque no me mataste? Tampoco me mató nadie en las anteriores
—Pues en esta nadie pensó en matarte... y en las anteriores yo estuve a punto de hacerlo. Además salieron bien otras cosas... la música y todo, la gente y la comida y...
—Incluso encontré una flecha en una —comenta recordándolo.
—Claro mensaje —sentencia Suiza, a lo que Austria responde con un gesto de desinterés—. Aun así está boda es mejor, porque... Es mejor. Todo salió mejor y fue bonita de verdad y... ¿Por qué no lo dices tú también?
—Estoy intentando saber por qué lo dices tú más allá de mi opinión.
—Pues... ¡Porque fue muy bonita! Casi lo dices como si te hubiera parecido una boda más.
—Es que tú no das ningún detalle como si TÚ lo dijeras solo porque es lo que hay que decir.
—Nein! —protesta y se sonroja más—. Fue... Fue... Perfecta. Tú dijiste que sí y DE VERDAD te casaste...
—Y tú también, para eso lo hicimos —le acusa, un poco nervioso.
—Ya... Pero eso no le quita que haya sido bonito.
—Pero es lo que se esperaba, tampoco la hace bonita
—Es decir, ¿fue una boda como cualquier otra... Pasó todo lo esperado y eso no hace que sea especial? —le mira de reojo.
—Eso parece, con tu descripción.
—Con mi... was? Nein! No es verdad que yo estoy diciendo algo así, de hecho estoy diciendo justamente lo opuesto. Aunque fue una boda grande y con mucha gente no fue horrible como temía y aunque parecía que yo... iba a hacer cosas como decir los votos y tú no ibas a decir nada y eso parecía horrible, al final... hiciste una música hermosa y sí estabas ahí y sí me tomaste de la mano y sí estabas contento conmigo y todos lo notaron y no quedé en ridículo como pensé que ocurriría, al contrario, todos parecían contentos también... por nosotros, incluso la gente rara como tus ex —se humedece los labios—, no sé si sea el mejor día de tu vida...
Austria sonríe más complacido con eso, sinceramente.
—Pero tu... no sé si tu... tu... qué piensas?
—Eso... no te lo voy a decir —decide, levantando la barbilla.
—¿Por qué? —frunce el ceño y le mira levantando las cejas. Austria se encoge de hombros y se vuelve a mirar el mar, tomando otro sorbo de zumo—. Nein, eso no vale! —se levanta del suelo y se sacude un poco la arena, vacilando antes de sentarse en la hamaca del austriaco... y desbalancearlo todo. A Austria se le vierte casi todo el zumo en la cara, además de estirar los brazos para intentar mantener el equilibrio
Oh dios mío, así nunca te lo va a decir.
Nop.
—Ohhh! Mein gott! Perdona, perdona! —Suiza se levanta y ahí va a intentar ayudarle corriendo—. Cielos, tus lentes, y... ¿estás bien?
Es que no se cae a la arena de milagro y da gracias a dios. Suiza traga saliva y piensa que qué bien la ha liado...
—Te... te... Seco... te hago... te lavo. Ugh... —le quita el vaso de zumo de la mano al menos, ya para que no se le caiga más. Austria le fulmina un poco intentando recuperar su dignidad—. Accidente. ¿Por qué no sacamos... provecho al accidente y vienes a meterte un poco al agua conmigo? —propone apenado igualmente.
—Ahora quieres además ir a mojarnos y que se me pegue toda la arena posible y en el agua hay... animales —Austria de cinco años.
—El agua está clara y limpia. El oleaje tranquilo. Será... Relajante.
—No parece relajante —mira el agua con cierto recelo, pero igual suspira y extiende los brazos para que le levante y le lleve. Suiza sonríe un poquitín sin poder evitarlo, acercándose a él y levantándole con cuidado.
—Creo que convendría que dejaras los lentes —apunta.
—Están pegajosos —lloriquea apretando los ojos, quitándoselos.
—Ahora que volvamos los lavaré para ti —propone, así que el moreno los deja en la tumbona igualmente.
Suiza le da un besito en la mejilla y camina hasta la playa. Austria se sonroja un poco pero no dice nada sintiéndose extrañamente cómodo con esto.
—Espero que no esté helada el agua... —confiesa sonrojadito también, metiendo los pies al agua... Y sonriendo leeevemente de nuevo. ¡Austria! ¡Dos veces en menos de diez minutos!
—No lo creo, hace muchísimo calor...
—Pero la temperatura se siente por... —escalofrío—, contraste
—Solo tú, que siempre tienes mucho frío —sonríe al notar que tiene un escalofrío.
—Hace frío en mis montañas —sigue caminando igual ahora con más dificultad porque se hunde un poco.
—Y tú lo sientes igual, lo sé.
—Solo a veces —mentira, dobla un poco las rodillas para meter al austriaco y da un saltito suave para evitar que se moje más con la ola—, cuando no estoy bien tapado. A ver qué te parece.
—Schweiz, conozco perfecto el frío que hace en nuestras montañas y tú siempre tienes más que yo.
—E-Eso es que... Tú tienes mal el termostato —otro escalofrío abrazándole más contra sí y metiéndose por completo hasta el cuello, cuidando bien que a Austria no le toque el agua la cara—. Creo que desde que éramos niños no nadamos juntos.
Austria se le abraza con fuerza porque sí estaban muy acalorados a pesar de estar en la sombra y se nota el frío.
—Uff... Se siente HELADA —Suiza empieza a temblar casi al instante. Sí, temblar.
Austria tarda solo un poco en aclimatarse porque no está para nada fría, solo más fría que la temperatura de sus cuerpos. Le mira de reojo sonriendo un poco. Suiza salta un poco en su lugar tratando de calentarse
—Has entrado demasiado de golpe... —le frota un poco los brazos. El rubio le deja hacer, sonrojadito, levanta las manos y se las pone en la cintura—. Was? —trata de enfocarle porque no está muy seguro de su expresión
—Me gusta esto. Es diferente.
—¿La playa?
—Nein. Hacer esto contigo —le acaricia un poco la cintura. Austria sonríe y niega un poco con la cabeza porque aún está Suiza súper maravillado—. Sí que me gusta, creo que... Voy a acostumbrarme a esto pronto. ¿Cómo no lo hicimos antes?
—Creo que tiene que ver con que yo era un indeseable y me odiabas o algo así.
—Tú estabas casándote con veinte personas más —protesta un poco y se le acerca más—. Hace frío.
—¡Veinte! —protesta.
—Dos...
—Eso sí —asiente
—Ugh!
—No puedo permitir pasar la inexactitud —se ríe.
—Para fines prácticos es lo mismo, estabas haciendo... Cosas sin mí.
—Tú te fuiste. ¿De verdad quieres que discutamos esto otra vez? —protesta un poco más serio. Suiza niega con la cabeza y le hace un cariño en la cara.
—Aún así esto me gusta mucho.
—Bien —sonríe de nuevo
—Y me ibas a decir qué pensabas de la boda.
—Nein, eso no es verdad —se echa un poco atrás en el agua, dejando que lo meza la corriente. El rubio le mira y se mueve un poco más tratando de quitarse el frío.
—¿Quién te enseño a nadar?
—¿Quién va a ser? —responde retórico.
—Spanien —arruga la nariz, el moreno pone los ojos en blanco, así que prueba otra vez—. Ungarn?
—Ja, dijo que era peligroso no saber que podía caerme al río y morir que no había nadie cerca.
—Me alegra —mete la cabeza al agua y sale. Austria se ríe porque obviamente estaba bromeando.
—Ja. Por eso ahora cada vez que nado me acuerdo de ella con ternura y agradecimiento.
—Was?!
—Así funciona —se encoge de hombros —. Así que ahora estoy contigo... pensando en ella.
—¿Estas otra vez siendo malo por...? —deja de moverse y de medio nadar y le mira fijamente
Austria se ríe.
—YO te enseñé a nadar —cae en la cuenta/asegura.
—Ja.
—Tan fácil que era DECIRLO.
—Tú no te acordabas.
—No es como que este obsesionado contigo y tenga que acordarme de todo... —protesta un poco, sonrojado.
—Así es exactamente como es.
—Was?!
—Obsesionado acordándote de todo.
—¡No estoy obsesionado! Tú lo estás quizás.
—Quizás —se encoge de hombros, riendo—. ¿Con qué?
—¡Conmigo!
—Bueno... ¿por qué no?
—Was?!
—Me refiero a… cómo podría estar obsesionado con cualquier otra cosa —gesto de desinterés.
—Te estás burlando de mí —le acusa.
—Nein, pero sé que es verdad —sonríe—. Burlándome... —saborea las palabras
—¿Que estás obsesionado? —pregunta y luego se sonroja y frunce el ceño porque es un tonto. Se hunde en el agua. Austria se ríe cuando siente al rubio entre las piernas intentando levantarle con los hombros, así que vuelve a perder el equilibrio.
Antes de que esto pueda ser fatal y de verdad caerse saca la cabeza de sus piernas, pero le abraza con el pretexto de sostenerle. El moreno se deja y le mira frunciendo el ceño porque eso ha parecido una pequeña venganza.
—W-Was? —esa cara...
—¿Qué intentas?
—Ehh... —se sonroja un poco porque si ha sido una pequeña venganza.
Austria mete las manos dentro del bañador del suizo, así, sin más vacilación, previo aviso o preparación. Por... los costados. Aun así a quién engañamos, pega un salto de dos metros y aun así, el moreno no le permite demasiado, moviendo los dedos para sostenerle.
—¡¿Q-Qué... Qué i-i-intentas?!
—Eeeh —le imita sin un tono vacilatorio, con seguridad.
—¡Estamos aquí a la mitad del... Agua! Y...
—¿Y? —se acerca un poco y mueve las manos hacia el culo, porque no es tonto.
—Y... Y tienes las... Las manos DE-DENTRO —además lo aprieta en reflejo.
—¿Y? —insiste, aunque se sonroja un poco pasando los dedos por las nalgas. Suiza tiene un escalofrío y da un pasito torpe en el agua acercándose al austriaco, huyendo un poco de sus manos.
—No puedes... M-Meter las... Nein...
—¿No puedo qué? —pregunta apretándole contra si para esconderle. Suiza se deja hacer escondiéndose efectivamente en su mojado pecho.
—Meter las manos ahí sin avisar... Además van a vernos!
—Liebe...
—W-Was? —se sonrojaaaaa
—Voy a meter las manos ahí —responde y la derecha va más al centro... abajo... y a dentro.
—Ahhhh! —da un gritito y se le relega un montón más ultrasonrojado—. Ö-Österreich!
Austria loo abraza contra sí con el otro brazo y se ríe un poco, sonrojadito igual pero sintiéndose muy valiente por estar haciendo esto.
—¡N-No metas la mano ahí! ¡Y menos... Aquí!
—¿Por qué no? —mueve un poco el dedo ahí, con cuidado pero sin vacilar.
—A-Ahhh... —ese grito podría ser menos gemidil—. Porque e-estamos en... Y es... Mi... Y... —es que no te ayudas, Suiza, no te ayudas para nada.
—Tienes que relajarte o acabaré haciéndote daño...
—Es que estamos a medio... Mar —se le esconde lo mejor que puede y lo intenta—. Alguien podría ver qué haces...
—¿Y? —hay que ver la fuerza y habilidad que tiene Austria en los dedos...
—¿Có-Cómo que "y"? Van a pensar...! —se mueve y da saltitos conforme Austria se lo demuestra sin poderse creer que estén A MEDIA PLAYA haciendo esto
—Está bien, está bien... —cede, cabronamente, retirando la mano suavemente.
—W-Was?! —y la cosa es que a pesar de todo esto estaba empezando a funcionar.
—Si no quieres, me detengo —sonríe. Suiza le odia. De verdad le odia.
—Te odio —protesta, de hecho.
—¿Por qué? —tan inocente.
—Porque ya estabas... Porque... Ugh! Debería...
—Was?
Suiza traga saliva y piensa... Que ahora son ESPOSOS. Debería poder... Hacer... Cosas. Torpemente le mete la mano al bañador
—Eh! —protesta en riña. El helvético la saca de golpe, súper culpable, sonrojándose aún más—. Perdona yo... Yo solo...—sigue oyéndose balbucear y lo oooodia, Austria se ríe—. Si tú puedes. Yo debería poder —aprieta los ojos con la risa.
—Pero yo no puedo, no me has dejado.
—¡Sí que te deje, tú te quitaste!
—Estabas riñéndome por estar en mitad de la playa.
—Pues sí pero aun así... Ugh! Te odio a veces.
—¿Por qué?
—Porque ya estabas haciéndolo —se le repega otra vez apretando los ojos—. Y tenías que detenerte.
—Tú me detuviste —niega con la cabeza.
—No te dije "para" NI UNA VEZ.
—Pues no con esas palabras pero...
—¡Pues no debiste! Ya estabas... ¡Ahí!
—Ah, ¿así que ahora sí que quieres?
—Te... Ugh! —aprieta los ojos.
—¿Me qué? —sonríe.
—¡Tu querías también!
—Nein —miente, obviamente.
—¡Lo estabas haciendo!
—Ja, porque parecía que tú querías.
—¡¿Y-Yo?!
—Desde luego.
—Tú lo... Tú... —le recarga la frente en el pecho con muchas dudas como siempre—. Querías —susurra, Austria lo abraza—. ¿Por qué siempre me haces pensar que no?
—Si fuera por mi te tendría excitado todo el día solo para que estuvieras apunto cada vez que me apetece —responde girando un poco la cara, en un susurro.
Suiza levanta un poco la cara azorado y más sonrojado aún aunque... Siente bonito el concepto. Quiere que le trague la tierra, pero siente bonito y le da un beso en los labios, medio salvaje. En realidad casi siempre esta fácilmente excitado y a punto para ti. Pero el comentario funcionó perfectamente. Se lo come en el beso.
Y creo que cuando se caigan dentro del agua es que se van a separar, cortesía de una Ola más alta de lo normal. Suiza tose medio ahogado porque se había olvidado hasta de que había agua. Austria aprieta los ojos y se moja la cabeza para peinarse, acercándose de nuevo habiendo perdido un poco el equilibrio, siendo arrastrado
El helvético sale tosiendo un poco, el todo despeinado, buscando a ver si Austria está bien, que lo está, dentro de lo que es razonable, según él, definitivamente no lo está.
—¿Estás bien? ¿Has tragado agua?
—Nein. Un poco.
—Salgamos, ven. ¿Te cargo?
Asiente y se le acerca con los brazos extendidos. Suiza sigue todo despeinado mientras le carga hacia afuera hundiéndose en la arena y tratando de equilibrarse en lo posible y él se le repega porque al salir también da un poco de frio.
—Está helando —tiembla un poquito.
—Vamos a tumbarnos.
—Tumbarnos... Hace frío —asiente igualmente acercándose allá para colocarlo en la tumbona.
Se acomoda, en ella haciendo espacio para que se tumbe con él, el helvético se sonroja un poco pero se le acuesta junto estirando el brazo para tomar una toalla para secarse... Y secarle.
—Gracias por nadar conmigo. Puedes decidir tú lo que hacemos ahora luego —le seca un poco aprovechando eso para acariciarle y sonrojarse. Tiembla, eso sí. Austria se ríe haciendo que se acomode.
—¿Cómo qué?
—No sé... No tengo idea de que otras cosas se hacen en estos climas que no sean andar en bicicleta o... Deporte en sí
El moreno arruga la nariz como respuesta.
—¿Ves? Quizás hay algo con música —sigue proponiendo el rubio.
—¿Dónde?
—No sé si en este país... ¿No creo verdad? Quizás un lugar de bailar.
—¿Quieres ir a una... discoteca?
—No sé si te guste del todo la idea, pero una al aire libre quizás no tenga música tan fuerte.
—Podemos ir si quieres, no pensé que te gustara.
—Realmente no es mi estilo pero... Es nuestra luna de miel y es lo único que creo que puede haber de música aquí —explica porque en su a quien quiere darle gusto es a ti .
—Bien, podemos acercarnos a ver... más tarde.
—Vale —asiente y se le acurruca más—. ¿Tienes frío?
—Ya no, ahora estoy mejor
—Yo sí tengo un poco aún, mira —le pone la nariz helada en el cuello. Austria tiene un escalofrío pero no se aparta—. Me gusta esto... —vuelve a repetir—. Es fácil... Y se siente bien.
—A mí no —miente, sonriendo. Suiza se separa un poco cayendo OTRA VEZ y creyéndosela..
—¿A ti... No?
—Nein —se encoge de hombros.
—Pues... Ehm... Vaya... Te suelto si quieres.
—Es húmedo y caluroso... y la arena se pega en todas partes —sigue, sin hacer caso de eso.
—Bueno pero... estamos juntos y...
—Ah, te refieres a estar conmigo.
—Ja —susurra
—Te gusta estar conmigo, eso dices...
—Deja de decirlo como si a ti no —aprieta los ojos—. Eres malévolo.
—Solo a veces —se ríe.
—No sé qué te veo... Debí dejarte en el altar.
—¿Y desperdiciar todo ese dinero?
El suizo aprieta los ojos porque es un horrendo argumento... Perfectamente válido.
—Exacto —sonríe al ver su cara y saber lo que piensa.
—No me casé por no desperdiciar el dinero —protesta.
—Hombre, ¡eso espero con lo caro que fue!
—Deja de intentar que me arrepienta de haberlo hecho.
—No estoy intentando que te arrepientas —vuelve a reírse.
—¡Pues parece! —le acaricia un poco el pecho—. Y no voy a hacerlo.
Austria sonríe con esa determinación.
—¿De verdad no te gusta estar aquí? ¿Preferías la luna de miel en otro sitio? —sigue Suiza, preocupado.
—No intentes convencerme de tener otra semana de vacaciones en otro sitio —le acusa. Los ojos verdes parpadean con esa conclusión.
—¿En qué otro sitio estás imaginando?
—No lo sé... ¿qué tal en un chalet cerca de Salzburg?
—¿Uno de esos modernos y carísimos? —aprieta los ojos
—Desde luego que no de acampada —se ríe.
—Ugh... Esta luna de miel salió gratis.
—Lo sé...
—Pero puedo averiguar del chalet y...
—Aja?
—Si quieres podemos ir una semana a finales de enero. ¿Te gustaría eso más?
—Una semana entera más de vacaciones, Schweiz? No sé tú, pero yo tengo que trabajar... —¿se puede ser más cínico? Suiza abre la boca impresionado con esa respuesta.
—Was?! Tú... Trabajar?! ¡Si yo soy el único que trabaja en este matrimonio!
Austria se ríiiiie otra vez
—Y de hecho es que tengo juntas ya puestas para cuando volvamos, pero podría... Si tú quieres, organizarlo todo.
—Hazlo —le da un beso en la frente
Suiza se sonroja con el beso y piensa por un segundo que va a tener que trabajar casi día y noche cuando vuelva , peeeeero... Valdrá cada hora extra trabajada si todo va tan bien como aquí. Sonríe un poquito de nuevo porque el sol, Austria y el calorcito...
Austria cierra los ojos y suspira en silencio, sonriendo.
—¿No sientes a momentos... que todo esto es demasiado perfecto para que vaya bien?
—Was? —sale de su momento de relajación.
—Ja, todo esto
—Nein, ¿por qué dices eso?
—No lo sé, siento que...es demasiado pacífico.
—¿Necesitas más guerra? ¿Eso me estás pidiendo? —se ríe. Suiza levanta las cejas y se separa un poco mirándole.
—Nein! Digo aquí en la luna de miel, ¡casi me oigo pensar!
—¿Y? ¿Echas de menos los gritos entonces?
—Nein, lo que hace es hacerme pensar que de un momento a otro vamos a estar demasiado relajados y algo terrible va a pasar —el paranoico.
—Eso es lo que siempre te impide relajarte.
—Was? ¿Pensar que va a pasar algo?
—Ja.
—En realidad... creo que no sé qué es eso de estar relajado —por eso tiene un abdomen tan bueno con cuadritos… nada que ver el entrenamiento diario. Ah, eso también, pero la tensión es lo que mantiene.
—Eso es terrible
—¿Cómo se relaja uno?
—Dejando de preocuparse
—Pero… Es que por ejemplo estando aquí, no me dirás que no te preocupa Liechtenstein
—Nein
—N...ein? Pero ¿y si le pasa algo?
—Es adulta, responsable, autosuficiente y Kanada está para ayudarla... además de Ungarn, Deutschland, Italien, Helvetia y hasta vater de ser necesario.
Suiza arruga la nariz.
—Es cierto —le mira.
—Ja, vale, pero... ¿Dices que debería de dejar de preocuparme del todo?
—Ja.
—Y la casa, y... Bueno, incluso aquí, me preocupa que no la estés pasando del todo bien.
—Eso sí tiene que preocuparte, porque es a lo que tienes que ponerle remedio
—¿Qué hago para que te lo pases bien? —suelta el aire agobiado. Austria sonríe porque es tan dulce como siempre—. Tampoco está siendo todo taaaan malo, estamos juntos y aunque te tire el jugo encima, fue un accidente.
Austria se ríe un poco más, porque de verdad está contento
—De hecho no te la puedes estar pasando TAN mal si no has parado de reír —nota inclinando la cabeza.
—Oh, no, estoy sufriendo mucho —nada creíble. El rubio levanta una ceja y niega con la cabeza.
—¿Ves? Eres insufrible —medio protesta a que tampoco muy creíble y el moreno se ríe otra vez.
Suiza le mira medio idiotizado con las risas y sonríe un poquito, sinceramente deseando contagiarse. Hace un sonidito raro... que no, no es del todo una risa. Así que el austriaco sonríe mirándole y él se sonroja un poquito y se medio esconde, pero aún tiene ese gestillo de sonrisa.
—Me gusta mucho hacerte reír —confiesa.
—Ja? ¿Por qué? —pregunta Austria, interesado.
—EEhhh... no sé, es como... algo bueno.
—Ja, sí que lo es...
—Y sospecho que te ríes más conmigo que con el resto.
—Sí que lo hago —asiente—. Por eso me casé contigo.
Suiza sonríe un poquito aun con eso ni siquiera pensando en lo que habitualmente piensa, que es que también se casó con los otros dos antes, blablabla.
—Nadie más se ríe conmigo en general.
—Eso es porque no saben apreciar tu gracia.
—¿Oíste lo que acabas de decir? —hace otra vez el sonidito ese raro y cierra los ojos.
—Desde luego. ¿Qué con ello? —se sonroja un poco porque es algo bonito.
—Has dicho que sí que tengo gracia —se acomoda completamente satisfecho con ello acariciándole otra vez el abdomen.
—La tienes, pero es difícil de apreciar.
Suiza se queda ancho como una calabaza porque tiene gracia y Austria la ve. Está feliz de todas formas.
—Tengo un poco de hambre... —confiesa aun dándose el lujo de acariciarle un poco el abdomen, después de un rato de estar ahí habiendo caído en un cómodo silencio de esos que ellos dos disfrutan con frecuencia.
—¿Quieres volver al cuarto a cenar?
—Quiero que nos bañemos, ¿luego podemos averiguar del lugar ese del baile y cenar por ahí?
—Vale... entonces vámonos... —no se mueve, con una pereeeeza.
—Bien —se estira un poco, Austria le mira sin moverse para nada—. Was? No has dicho vamonos? —le mira el pelo algo despeinado (no te has visto el tuyo, por dios!) y sube una mano para arreglárselo un poco vacilando a medio camino como siempre.
—Ja... —se da un cuarto de vuelta estirándose mejor.
Suiza se sonroja con la mano a la mitad, vacila un poco y la mueve mejor a su propio pelo. Levántalas cejas al sentir el desastre sonrojándose más y tratando de arreglarlo. Al fin medio lo consigue bajando los pies a la arena. Mira de reojo a Austria que se pasa una mano por el pelo despeinándose más y bosteza sin hacerle ni caso
—¿Te ha dado sueño?
—Un poco —sonríe
—Es media tarde —le acaricia un poquito la pierna... y se sonroja.
—Ya lo sé, ya lo sé... no es cansancio, es más bien pereza —confiesa dejándole hacer.
—¡Pereza! —suena escandalizado aunque le acaricia un poco más al ver que no protesta—. ¿Y cómo te quitamos la pereza?
—No lo sé —sonríe.
—Aunque no lo creas... yo he tenido muchas veces que pelear contra ella.
—¿Ah, sí? Contra la tuya o la mía?
—Ambas... en diferentes tiempos —hace otra vez el sonido ese raro de risa.
—¿Y qué hiciste para vencerlas?
—La tuya... creo que no pude jamás, por más que protesté. La mía —suspira—, es especialmente difícil cuando estás solo.
—Así que igual no lo lograste...
—¡Claro que lo logré! —indignado
—Entonces cuéntame como —sonríe y hace un gesto con las manos
—Pues... no te va a gustar porque implica esforzarse.
—Ooooh... —protesta
—Es que tú nunca te quieres esforzar por nada.
—Eso no es exactamente cierto.
—Ah, nein?
—Desde luego que no.
—Te esfuerzas por tocar el piano... y por molestarme.
—Molestarte no es un esfuerzo —tan cínico.
—Tocar el piano tampoco —le fulmina.
—Desde luego que sí.
—No para ti, tú lo haces casi sin pensar.
—Tocar ciertas cosas sí, pero componer no.
—La música de la boda —deja de fruncir el ceño. Austria traga saliva y se tensa un poco—. Ahí te esforzaste. Es lo mejor que has compuesto jamás —le hace un cariño en la mejilla esta vez sin arrepentirse. El moreno carraspea sonrojándose un poco.
—¿Eso crees?
—¿Tú no? Eso es un poco...
—Was? —se humedece los labios porque sí que lo cree pero le da un poco de vergüenza.
—No, en realidad no un poco —se sonroja.
—¿Pero qué?
—Pero nada... es... es... —suelta el aire de golpe—, es muy...
—¡Habla! —protesta empezando a impacientarse especialmente con esto. Suiza levanta las cejas.
—Iba a decir que es lo más... profundo e indescriptible que ha hecho jamás nadie por mí y que a pesar de las dudas... sí ha sido como unos votos.
Austria se sonroja.
—Y... De hecho, lograste que... De alguna manera, entendiera lo que nunca entiendo cuando quieres decir cosas con música. Como si me hablaras a mí nada más suavecito al oído... —se sonroja también mirándose las manos. El austriaco traga saliva, escuchándole de todos modos porque no habían hablado todavía si realmente le había gustado y como se había sentido él al oírla—. De hecho mis votos...
—Aja
—Bueno, entiendo que puedas pensar que son un montón de palabras un poco cursis —se encoge de hombros—. Yo no sé hacer eso que tú haces, así de sutil y así de... así.
El austriaco sonríe y deja caer la cabeza, derrotado
—Was? —susurra acercándose un poquito más—. Pero si sabes realmente lo que siento, ¿verdad?
—Nein, no lo sé —le mira, expresamente para que se lo diga, porque le gusta oírlo.
—De... de verdad? —pregunta preocupado porque el burro se preocupa, se acuesta con él y le abraza. Austria le mira, girándose hacia él otra vez—. ¿No sabes entonces que de verdad te quiero? —le acaricia un poco el pecho—, ¿o lo mucho que cambias mi vida?
El moreno niega, sonriendo porque es que nooo se cansa de oiiiirloooo.
—Y que hoy soy en hombre más feliz del mundo?
Se ríe con eso el austriaco.
—Quizás es una exageración...
—Muy empírico no parece, pero entiendo el sentimiento.
—Ja? —le mira a los ojos sin lentes aún—. Eso es bueno, que... Entiendas.
—Cuántas veces crees que puedo sacarte esa clase de cosas si sigo haciéndome el tonto? —sonríe.
—W-Was? —levanta las cejas un poco inocente... y luego se sonroja entendiendo. Austria le acaricia la cara sonriendo—. Si es así como ahora... —se le esconde un poquito pero sin quitarse del todo de la caricia.
—¿Aja?
—Todas las veces que sean necesarias —le susurra al oído. El moreno se ríe girándose un poco hacia él, Suiza le abraza un poco mejor—. ¿Te parece bien?
Asiente.
—Sería bonito que... Tú hicieras a veces algo así
—¿Hacer qué?
—Decir... Ese tipo de cosas.
—No puedo decir que soy el hombre más feliz del mundo si lo eres tú.
—Puede ser un empate —hace una pausa—. ¿Estás tan feliz como estoy yo? Me preocupa pensar que no.
—Un empate...
—Ja, puedes ser también el hombre más feliz del mundo junto conmigo.
—Ja, sí que puedo.
—¿Y?
Sonríe sin contester nada.
—¿Yyyy? —insiste Suiza.
—Yyyyy? —Austria le imita y se ríe.
—¡Dimeeee!
Vuelve a reírse.
—¡Te detesto!
—No es verdad.
—Sí que lo es, porque soy YO el que dice y tú no.
—Venga, volvamos al cuarto.
—¡¿Sin decirme nada?! —incrédulo
—Eso es.
—¡Eso es injusto!
—¿Qué tal si te lo cambio por un regalo?
—¿Un... regalo?
—Ja. ¿Quieres o no? —le rodea el cuello para que le levante y le lleve.
—Ja, sí que quiero —se sonroja un poco pero hace lo que le pide silenciosamente, el moreno asiente satisfecho—. ¿Qué regalo?
—Ya lo veras.
—No sabía que tenías un regalo para mí —admite deteniéndose para que Austria pueda tomar sus gafas—. ¡Quiero verlo!
Estira la mano pero tiene que intentar un par de veces antes de alcanzarlas.
No le sorprende, de hecho le espera con paciencia. Aunque se nota claramente que sí que quiere su regalo porque en cuanto tiene las gafas Austria va con pasos demasiado rápidos hacia el cuarto, casi corriendo. El austriaco se las pone y lo abraza con fuerza con eso.
—Ya estamos aquí. ¿Dónde está? —pregunta antes de entrar al cuarto.
—Calma, calma —se ríe un poquito nervioso—. No es tan importante.
—Pero es mi regalo —abre la puerta con bastante habilidad dado que suele cargarle, por lo visto.
—Sí que lo es —hace para que le suelte una vez abre y le detiene antes de entrar—. Límpiate la arena de los pies.
Suiza parpadea y le baja, levantando las cejas y agachándose considerando esto algo valido.
—Toda, incluso entre los dedos —insiste yendo a buscar en su maleta.
—Vale, vaaaale... —se agacha haciéndolo con más cuidado.
El austriaco espera pacientemente a que acabe, ya con lo que quiere darle en las manos.
Al fin, Suiza termina sacudiendo se las plantas de los pies protestando un poco porque la maldita arena es más pegajosa que la brea y por eso es que Austria te obliga a cargarle para ir de un lugar a otro. Se sacude las manos también y entra revisando no dejar arena en el suelo, notando que además trae en el bañador.
—Cielos, esto es un desastre.
—Was? ¡No vas a entrar aquí con el bañador así! ¡Ve y déjalo fuera a que se seque y se le caiga la arena!
—¡Tú entraste con el bañador así! —protesta—. Debiste quitártelo... ¡Y no me lo voy a quitar!
—El mío no está lleno de arena. Si no te lo vas a quitar no entras.
—¡Esta tan lleno de arena como el tuyo! Ugh! Pásame una toalla
—Nein —sonríe porque ahora QUIERE que entres desnudo.
—¡No voy a entrar desnudo!
—Desde luego no vas a entrar con eso.
—¡Pues tampoco desnudo!
—Entonces vas a quedarte ahí hasta que se seque y se caiga la arena.
—Nein! ¡Aquí hace frío! Venga, Österreich... ¡Ya sé!
—Was?
—Gírate a la ventana
Austria lo hace y le da la espalda
—No te gires —sale otra vez a la puerta y se baja el bañador notando que tiene un montón de arena en todos lados. Se sacude. Austria escucha atentamente, sin girarse por ahora
—Verdammt... —protesta un poco agachándose y haciendo unos cuantos movimientos antes de entrar. En cuanto oye que entra es que se gira—. ¿Qué haces?
Los ojos violetas le miran de arriba a abajo y se le acerca, Suiza se cubre con las manos
—Y bien... ¿aun quieres tú regalo?
—¡Pero te dije no voltearas!
—Ja, sí que lo dijiste —suavemente le quita el bañador de las manos.
—Y nunca cumples lo que dices —le deja hacer sonrojaaaaaado.
Tiende un poco el bañador... fuera y vuelve a entrar cerrando la puerta.
—Hombre, supongo que estaba claro que no iba a quedarme de espaldas para siempre —le mira la espalda y el culo.
—Voy por una toalla —camina de ladito
—Mmm... nein, danke —se mueve y le corta el paso.
—Pero e-es que estoy desnudo...
—Ja. Sí que lo estás y es bastante satisfactorio que así sea en general.
—¡No lo es! —chilla un poquito—. Es incómodo y... ¡Hace frío! Eso es, voy a enfermarme
—No vas a enfermarte estamos en el trópico. Tiende las manos —hace un gesto para que las levante. Suiza se gira un poquito y tiende una—. Las dos... —insiste con el gesto.
Se gira aún más... Y traga saliva. Era su marido. Debía de poder hacer esto. Se sonroja un montón y... Levanta un poquito lo otra mano. Austria se sonroja un poco y se le van los ojos esperando que la levante del todo. Más sonrojo.
—Schweiz, no me hagas repetirlo todo.
—Ya me solté, ¿qué más quieres?
—Tiende las dos manos —insiste. Suiza aprieta los ojos un instante y se las tiende.
Austria se humedece los labios, volviendo a mirarle y saca del bolsillo su regalo otra vez, poniéndoselo en las manos. Es un juego de llaves.
Suiza está más pendiente de las miradas y de sonrojarse que de lo que le pone en las manos hasta que siente el metal sobre ellas, se gira a mirarlas y levanta las cejas.
—Llaves.
—De Wien. No es que vayamos muy a menudo, pero creo que tú no tienes un juego y creo que deberías —se cruza de brazos, sin dejar de mirarle
—Llaves de Wien —se sorprende, desfrunciendo el ceño—. No iré igualmente sin avisarte pero... Danke —asegura sinceramente
—Es justo y equilibrado. Un empate —sonríe de lado.
—Empate... Casi.
—¿Qué falta?
—Deberías vivir en Wien.
—No puedo darte las de Berlín, la casa no es mía.
—Ja, lo sé.
—Aun así, yo tengo un piano en Bern. Tú no tienes ni un pijama en Wien.
Suiza se sonroja otra vez y le mira a los ojos, él le sostiene la mirada.
—Podría llevar una computadora a Wien y pasar algunos días allá de vez en cuando, trabajando —propone
—Nein, prefiero que vengas y te los pases desnudo, como ahora.
—Des... Desnud... —levanta las cejas y lo nota—. Ah! ¿Que tiene el estar desnudo que te gusta tanto? —protesta yendo hacia la cama a por una almohada mientras el moreno se ríe.
—Te predispone adecuadamente —le sigue mirándole el culo ahora, sutilmente.
—A... La vergüenza —le mira de reojo incomodito y forcejea con la almohada que se resiste al estar la cama bien restirada.
—Nein —mano en la cadera. Suiza se paaaaraliza y se le pone la piel de gallina. Austria le acaricia un poco el muslo y se le acerca por la espalda.
—No hablo de la vergüenza precisamente —tal como se ha acercado, se separa con una fuerte disciplina mental. El helvético le mira sin saber a dónde demonios va.
—¿Qué haces? —pregunta sin pensar.
Austria sonríe y se acomoda las gafas y es que ya tenía la imagen mental de la cama, el beso... Y sexo guarro
Exacto. Ahora ve tú a conseguirlo. Estando desnudo, desde luego.
Tan simple. Suiza traga saliva y le mira de verdad esperando una respuesta al "qué haces"
—¿A ti qué te parece?
—No tengo NI IDEA
—Pues está bastante claro —se encoge de hombros
Suiza le mira y es que todo está muy claro excepto que se quite. ¿Habrá hecho algo mal? Vacila
Traga saliva y da un pasito hacia él, acomodándose bien detrás de su escudo protector
—Me predispone a... eso, y... Tú...
—Aja? —le mira.
—Vas e-en dirección contraria.
—Pues haz que vaya en dirección correcta.
Suiza se humedece los labios porque eso sí lo entiende un poco mejor. Austria se cruza de brazos y le sostiene la mirada.
—Quítate el bañador —propone.
—Mmmm... Creo que nein.
Suiza aprieta los ojos, y... Al menos le ha dicho que haga que vayan bien. Da un paso hacia él y suelta la almohada de una mano. Austria sonríe, nervioso, esperando, porque eso es difícil también.
Y son esposos ahora, esto DEBÍA ir más natural. Debía saber cómo hacerlo... Vacila un poco con la sonrisa pero da otro pasito a él, eso hace que levante la barbilla.
Suiza se sonroja más porque pareciera que cada vez se lo pone MAS difícil en vez de más fácil. Suelta del todo la almohada y da la vuelta alrededor suyo para ponerse a su espalda. Es más fácil esconderse detrás de él, sinceramente.
Le sigue con la mirada violeta, pero no se mueve. El rubio le pone las manos a la cintura y le acaricia un poco el costado... le tiemblan los dedos. El moreno suspira compadeciéndose un poco.
—¿Porque no me lo quitas tú?
—Eso hago... —confiesa poniéndole la palma de la mano a media espalda y acariciándole de arriba a abajo. Está intentando... ser menos práctico y más suave y seductor… y a Austria le pone nerviosísimo.
Le da un besito suave a media espalda, sintiéndose un poquito mejor de estar escondido aquí atrás, aun ni siquiera acercándose al bañador. El austriaco carraspea claramente incomodo porque no está relajado y Suiza se detiene y se sonroja sabiendo que algo va mal.
—W-Was?
Niega con la cabeza como respuesta, así que Suiza asume que es que no haga eso que está haciendo. Aprieta los ojos y le quita la mano de la espalda. Austria aprieta los ojos con los problemas de comunicación entre ellos.
—Lo siento... D-Dime mejor qué... hacer... ah, ya, ya lo dijiste, que te... —pone las dos manos en el bañador para bajárselo sin tocarle.
Se sonroja ahora con lo repentino de eso girándose cara a él. El helvético no le mira a los ojos avergonzadito porque el traumado está seguro de que no le gustaron sus toqueteos. Sí, esos problemas de comunicación en las cosas buenas... chicos, al menos son los que lo hacen mejor cuando pelean.
Austria apoya las muñecas en sus hombros y le acaricia un poco la cara, poniéndole el pelo tras la oreja. Suiza sigue la caricia y se sonroja un poquito más aún si es posible porque a él sí que le gustan sus caricias.
Que idiota, a Austria también.
Suiza el del vasito en la chimenea y tiene que ver mucho el momento en que están, para que El rubio consiga levantar la mano y tocarle suavecito el pecho de nuevo. Austria se acerca y le besa, con los ojos cerrados, porque ya basta y como siempre, cuando al fin logran esto... gracias, Austria esta vez, todo se resuelve del todo. Suiza le hunde la mano en el pelo casi de inmediato y le empuja un poquito para recostarle en la cama con mucha más naturalidad y relajación olvidando del todo cualquier angustia y preocupación.
Obviamente el austriaco se va detrás y todo está arreglado ahora.
Este es un capítulo extra que encontré por ahí, creo que es justo que Suiza tenga las llaves de Viena también, no te parece?
