Capítulo 11: Del Clan Sato.

—Ah~ Bu-chan —Dijo con un puchero aquella mujer que abrazaba a Danielle, Aiko Himitsu, su madre. Una mujer de un cabello amarillo como el sol y unos ojos hermosamente verdes, tal cual las hojas de un árbol joven, por ello las personas del Japón la consideraban como la empresaria más hermosa de la industria. Sin separarse de su hija observo con detenimiento al chico frente a ella –Morinozuka— ¿Qué planeabas hacerle a mi pequeña? —Le grito molesta. Aunque sin darse cuenta Danielle estaba más molesta con su madre que con el mismísimo Takashi.

— ¿Qué haces aquí, Aiko? —Le pregunto Danielle molesta entre los brazos de su madre, quizás por una molestia comprensible pues solo la había visto dos veces en su vida –esta era la tercera vez- la última vez fue cuando se mudaba –Danielle- a China. Su madre la vio con cierto aire de sentimentalismo, siempre anhelaba el día en que su hija menor la llamara "mamá".

—Vine a protegerte —Le dijo con voz temblorosa— supe que tu padre te apoyaba en esto del kendo pero eres una señorita y no me gustaría que te arriesgaras más de lo normal

— ¿señorita? —Murmuro Danielle— ¿arriesgarme?... ¡No me conoces lo suficiente! —Le grito separándose de Aiko de un golpe— ¡Yo reté a Mori-kun! —Culminó al borde de las lágrimas pero se resignaba a llorar así que se fue del sitio corriendo, quería llegar a su casa y estar sola, en esos momentos creía que era lo mejor. En cuanto llego a su casa se encerró en su habitación cerrando la puerta con un gran golpe, demasiadas cosas por un día y lo peor –según ella- era que por culpa de su madre no había podido concluir su lucha con Morinozuka. Luego de un minuto de su llegada escucho el timbre de su puerta tilín, tilín resonaba por todos los rincones, con pesadez se levantó de donde estaba y se dirigió a la puerta, si era su madre pues tomaría al toro por los cuernos de una vez por todas y ese sería el fin de la marejada mental que tenía desde que tiene memoria. Asomo su ojo zafiro por el hoyo de la puerta y observo con claridad a una persona totalmente inesperada, Morinozuka estaba exhausto y gimiendo frente la puerta de la casa de Danielle toco de nuevo el timbre, tilín, volvió a resonar. Lo más lógico que cruzo la mente de la pequeña Sato en esos momentos era que él la había seguido, pero ¿para qué?

Aun con cierto aire de molestia abrió la puerta he invito a pasar a Mori, pues conociendo bien a Takashi sabía que él no hablaría a menos que ella le preguntara luego el porqué de su aparición en su casa, saco del refrigerador un vaso de agua y se lo extendió al chico.

— ¿Me seguiste? —Preguntó al instante y el chico asintió— "es que acaso ¿me tiene lastima?" —Pensaba ella con reproche— ¿¡Porqué!? —Le grito con molestia y confusión en su voz, el sorbió un poco del agua e hizo un silencio luego de ello, en realidad ¿por qué estaba él allí? solo falto que la viera correr para sentir la necesidad de ir tras ella. La chica no comprendió aquél silencio pero sin meditarlo suficiente decidió sentarse junto a él y quedarse en silencio pues al parecer ambos necesitaban meditar.

Los miembros del club habían quedado totalmente sorprendidos por lo que había sucedido, mucho más lo estaba Honey que de un momento a otro dejo de ver a Mori correr hacia Danielle ¿Qué era aquello que sentía? Era la primera vez que se sentía tan impaciente con algo, él también quería haber corrido tras Danny y aun así no lo había hecho en cambio Mori había tomado su lugar ¿por qué? Los hosts llevaron a Aiko junto con ellos pues sentían una necesidad de conversar y preguntarle muchísimas cosas. En cuanto llegaron la madre de Danielle comenzó a llorar inconsolablemente los chicos no sabían realmente que hacer el único que intentaba que dejara de llorar era Tamaki, ya que los gemelos estaban confusos y pensaron que Danielle realmente debía tener rencores hacia su madre o simplemente debía tener razón en algo pues nunca la habían visto huir de algo o molestarse tanto por cualquier cosa, Haruhi y Kyoya observaban la escena y Honey sentía un nudo en la garganta pero quería saber en verdad el porqué de la huida desesperada de la menor de los Sato.

— ¡Bu-chan me odia! —Comenzó a hablar la mujer entre sollozos.

— ¿Bu-chan? —Preguntaron los gemelos en un murmullo— ¿Quién es Bu-chan?

—Es el pequeño apodo de Danielle —Dijo intentando calmarse con un pañuelo que le había ofrecido Tamaki— Saben la primera vez que la vi fue cuando tenía dos años —Hablo con tristeza, los chicos estaban sorprendidos pues no habían conocido ninguna madre que no haya visto a su hijo al momento de nacer— y en ese momento estaba jugando con Gabrielle a las escondidas y fui yo quien la descubrió debajo de la cama, me gritó ¡Bu! Y aunque en realidad no me asustó fingí que estaba asustada y se le veía muy alegre…

Estaba a punto de llorar nuevamente en cuanto Honey se molestó y dijo:

—Entonces porqué Sato-chan se fue corriendo molesta —Gritó sorprendiendo a los miembros del club y a la misma Aiko, pues pensaba que aquél chico era muy dulce –por su apariencia- y pues lo era pero no le conocía. Pasaron unos segundos de silencio antes de que Himitsu respondiera.

—En su vida solo he estado 3 veces —Dijo con seriedad— contando esta… la primera fue a sus dos años, la segunda cuando se mudó sola a China y esta vez vine porque escuche que luchaba con el mejor chico en kendo y nunca me ha gustado que practique ese deporte… —Finalizo con nostalgia en su voz, cada vez la vida de Danielle sorprendía más a los chicos, enviada a China SOLA, un empresario loco la quería secuestrar y ahora su madre –que apenas conocía- reaparecía después de muchísimo tiempo.

El tiempo corría pero Danielle y Takashi no parecían desesperarse, más bien disfrutaban un poco el silencio que estaba a su alrededor, sin duda la chica había aprendido algo de él, aprender a esperar. Mori la vio de reojo y colocó su mano sobre la cabeza de la chica, un escalofrío la recorrió en esos momentos y ambos se perdieron en los ojos del otro.

— Esta bien —Dijo Mori al descifrar en los ojos de aquella chica que ocultaba un gran dolor en ella, ella se sorprendió por tan simples palabras y aunque sonrió por momentos el deseo la traiciono y comenzó a llorar desconsoladamente en el hombro del chico recordando así los únicos días que había vivido con su madre.

"Era un día nevado, ni Gabrielle ni Danielle saldrían ese día de casa. Su hermana es 4 años mayor que ella pero no le importaba, ella solo quería jugar al escondite con tan solo 2 años, muchos de sus cuidadores decía que era extraño que ella fuera tan independiente a tan corta edad, pero su abuelo –Shinji- dijo que era una señal de los dioses, para dar mejor entendimiento se citara su frase: "Los dioses dragones sin duda han escogido a la pequeña Danielle como la descendiente del clan y sé que esta será la mejor generación en muchos años".

Se suponía que Gabrielle debía buscar a su pequeña hermana por toda la mansión y al encontrarla la pequeña debía darle todas las galletas que le ofrecieran, claro eso solo sucedería si la encontraba. Se escondió debajo de la cama de su madre y su padre, estaba prohibido entrar allí pero ella no lo sabía aún era muy pequeña para saberlo, pasó una hora y su hermana mayor seguía sin saber dónde se escondía. Estaba a punto de salir de aquella habitación cuando escucho el chirrido de la puerta y salió de la cama de un salto gritando ¡Bu! Y asustando a una señora desconocida, estaba feliz pues había asustado a alguien y no había perdido sus galletas.

La segunda vez, su madre estaba en la oficina principal de su empresa atendiendo llamadas y programando un sinfín de cosas para los ídolos de su compañía cuando recibió un mensaje particular a su teléfono familiar.

"Danielle, se irá de Japón…la enviaran a China"

Era un mensaje de Gabrielle, pues ella siempre la tenía al tanto de las cosas ya fueran de Danielle o de ella misma, sin meditarlo lo suficiente, pidió a su conductor ir con rapidez al aeropuerto internacional. En unos minutos estuvieron allí pero fue muy tarde solo había alcanzado a ver a su hija en la distancia cambiando tan solo en unos segundos de miradas con ella.

Del clan Sato

Desde sus inicios el clan Sato ha tenido ciertas reglas y asignaciones como también consecuencias si no eran cumplidas:

El líder del clan, sin importar el género, deberá ser el menor de todo el clan.

Debe criarse ante principios humildes.

Deberá ser independiente, justo y líder ante todos.

Debe ser educado en todos los ámbitos sociales, científicos y culturales del clan.

La cortesía lo regirá en toda conversación.

Deberá llevar grabado "honor" en una de sus muñecas para recordar siempre que lleva el futuro del clan en sus decisiones.

Los castigos que llevará, son:

Destitución total o parcial de su cargo como líder.

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N/A: ¡Con esto os dejo! ¡Quería establecer algunas cosas en referencia al clan para que conocieran algo más de ellos! La verdad a mi parecer la historia de Danielle es algo trágica… me gustaría saber - Qué opinan de este capítulo y de cómo está avanzando la historia- por otra parte quería decir que falta poco para algo más de romance entre Mori y Danielle. ¡Sigan leyendo, hasta la próxima semana! ¡SUERTE! =D