Disclaimer: Este fic NO ME PERTENECE, ES UNA TRADUCCIÓN. El fic original le pertenece a Zerlinda, quien amablemente me permitió traducirlo y traérselo a ustedes. A los que quieran ver la historia original en inglés: s/10031929/1/The-Snow-Queen


Capítulo 03: Respuestas

Sucede que estaba en el parque, viendo cómo este grupo de niños molestaban a una pobre pelirroja llamada Annalise. Las bolas de nieve que le tiraron empaparon las hojas del libro. Suspiré, viendo cómo lágrimas salían de sus ojos, y caminé dentro de una librería cercana, agarré una copia. Fuera, vi cómo los matones eran golpeados por un puñado de bolas de nieve que venían en la dirección de un chico descalzo, con una sudadera azul llena de escarcha, apoyándose en una vara curvada. Eso es extraño. Ese chico no pudo lanzar todas esas bolas de nieve de esa manera. Deben haber venido de otro grupo de chicos que seguro salió corriendo.

La niña, Annalise, estaba acurrucada sobre su libro, llorando. Sentí mi corazón doler por ella mientras colocaba el libro a su lado ¿Fue así como Anna se sintió cuando me rehusé a dejar mi habitación? Hice un collar de hielo y escribí un mensaje en la nieve antes de alejarme, deteniéndome lo suficiente para hacer volar un copo de nieve hacia ella. Ella alzó la vista y el copo se derritió al instante en la punta de su nariz. No pude evitar sonreír cuando su rostro se iluminó al ver los regalos que le dejé.

—Impresionante —escuché detrás de mí. Era el chico sin zapatos y sudadera azul. Su cabello era blanco y sus ojos azules. Su piel era tan pálida como la mía.

Él no podía estar hablándome a mí, lo sabía. Nadie podía verme. Aun así, me gusta responder los comentarios que escucho en el parque, porque de otra manera olvidaría cómo hablar.

—No fue nada —respondí, y volé de vuelta a mi castillo de hielo en mi copo de nieve gigante cuando él se alejó. Aterricé en el balcón y entré. Di un respingo cuando escuché un silbido, y miré alrededor buscando de dónde venía.

—Maravilloso lugar el que tienes aquí ¿Lo hiciste tú misma?

Grité sobresaltada, cuando vi al chico de cabello blanco, volando alrededor del candelabro en el techo.

— ¿Qué estás haciendo aquí? —exigí. Él parecía no inmutarse por mi tono.

—Te fuiste antes que pudiera iniciar una conversación —dijo indiferente, aterrizando frente a mí, extendiéndome su mano para que la estrechara a modo de saludo— Hola, soy Jack Frost.

Miré su mano con cansancio. Yo no había tenido contacto físico con nadie por cientos de años ¿Y si pierdo el control y lo congelo?

—Lo siento —dije— pero te tienes que ir —caminé en línea recta hacia la puerta, pero el chico -Jack- me siguió.

— ¡Eh! ¡Espera! —me llamó.

Quería gemir con exasperación. Primero Anna, ¿ahora él? ¿Por qué no puedo conocer a alguien que pueda dejarme sola por su propio bien?

— ¿Qué quieres? —pregunté, girándome cuando estuve segura que había una segura cantidad de distancia entre los dos.

—Quiero que te calmes; primero que todo, no voy a herirte. Solo necesito que vengas conmigo.

— ¿A dónde? —entrecerré los ojos. La última vez que alguien además de mí y Malvavisco vino a mi castillo, desperté en el calabozo del castillo de Arendelle. Pero antes que eso sucediera, congelé el corazón de Anna. Malas cosas pasaron cuando otras personas vinieron aquí. Jack sostuvo sus manos en alto y no se movió.

—Al Polo Norte. Vamos, no voy a herirte

—No me preocupa que tú me hieras —dije. Me preocupa que yo te hiera a ti— Tienes que irte.

—Bueno, no iré a ningún lado a menos que sea al Polo Norte contigo —dijo con una sonrisa, como si todo esto lo divirtiera.

Lo fulminé con la mirada. Él era tan obstinado como Anna. Si es que no lo era más.

—Si voy contigo, ¿me dejarás sola?

— ¿Entonces irás? —sus ojos se iluminaron. Suspirando, lo miré.

— ¿Tengo elección?

—No realmente —admitió, sonriendo por su victoria. Avanzó unos pasos hacia mí, pero retrocedió cuando vio que me alejé. Metió una mano en su bolsillo y sacó algo que parecía ser un globo de nieve antes de lanzarlo contra el suelo— ¡Al Polo Norte! —dijo y de alguna manera, un torbellino apareció en el suelo—Damas primero.

Caminé con cautela hacia el torbellino, observando a Jack para asegurarme que no intentara nada. No lo hizo y entré en el torbellino, solo para ir a través de este y encontrarme a mí misma en un lugar nevado fuera de una puerta. Debe haber sido alguna especie de portal.

Jack abrió la puerta y caminé dentro, para ver varias figuras extrañas. La más grande, con una larga barba blanca y usando un enterizo rojo, aplaudió cuando me vio. Él me recordaba un poco a Santa Claus.

—Ah ¡Aquí está! —gritó con un acento Ruso— ¡Elsa! ¿Cómo estás?

—Estoy bien —respondí— ¿Por qué estoy aquí?

Aparentemente, no me escuchó o estaba ignorándome a propósito porque continuó hablando como si yo no hubiese dicho nada.

—Espero que Jack te haya tratado bien.

—Me acosó hasta que accedí a venir con él—le informé, levantando las cejas.

—Agradece que los convencí de dejarme ir a buscarte en lugar de los yetis— dijo Jack, sentándose en un escritorio cercano, señalando a las criaturas peludas que estaban en la habitación— Ellos enviaron a los yetis a buscarme y fui metido en un saco y luego arrojado por un portal.

Lo miré. Si esa era la alternativa, entonces supongo que estaba agradecida que él me buscara en vez de los yetis. Pero él no necesitaba saber eso. Volví a mirar al hombre que parecía Santa Claus.

— ¿Por qué estoy aquí?

El hombre hizo mi pregunta a un lado y fue cuando noté que tenía las palabras "Travieso" y "Bueno" tatuados en sus antebrazos. Supongo que si el chico que me trajo aquí es Jack Frost, no sería tan descabellado asumir que los otros también eran personajes de cuentos de hadas.

—Llegaremos a eso, pero primero: ¡Presentaciones! Ya conoces a Jack, por supuesto.

— Por supuesto—asentí, mirando a Jack.

—Conejo.

Lo que parecía más como un canguro asintió y yo le devolví el gesto ¿El Conejo de Pascua? Adiviné.

— Sandy.

Un hombre pequeño y redondo hecho de arena dorada me saludó con la mano. Él se veía algo dulce, así que le sonreí.

— y Tooth.

Una mujer que se veía como si fuera parte colibrí, voló directamente a mi espacio personal.

— ¡Hola, Elsa! —dijo emocionada— Mis hadas no me han dicho más que maravillas de ti ¡Y de tus dientes!

— ¿Disculpa? —pero ella ya estaba abriendo mi boca para inspeccionarla. Traté de alejarla de mí, pero ella estaba decidida a ver mis dientes.

—Déjame ver—dijo ella— ¡Oh! Son justo como los de Jack, brillantes como nieve recién caída.

Afortunadamente, Jack la alejó de mí diciendo su nombre para obtener su atención. Ella debió notar lo incómoda que estaba porque me dedico una débil sonrisa.

—Lo siento —dijo— son hermosos—definitivamente el Hada de los Dientes.

— ¿Va alguien a decirme por qué estoy aquí? —repetí.

— ¿Quieres saber por qué? —dijo Claus— Te diré el por qué ¡Porque ahora eres un Guardián!

Aparentemente, el volverse un Guardián era similar a volverse reina, el motivo de una gigantesca celebración. Los enormes yetis empezaron a girar y lanzar palos que tenían fuego en las puntas. Pequeños elfos, vestidos con trajes rojos en forma de cono con cascabeles en la punta, tocaban música. Banderas con una "G" en ellas, cayeron desde el techo.

Yo no sabía lo que era un Guardián, pero sabía que no podía hacerlo. Estoy destinada a permanecer aislada, la luna lo ha dejado en claro. Traté de decirles que se detuvieran, pero no lo hacían. El pánico empezó a fluir a través de mí y pude sentir que el control de mis poderes se me iba de las manos, formando una ventisca a mi alrededor. Sin embargo, nadie parecía haberlo notado, la música solo se tornó más fuerte y todo fue demasiado.

— ¡Deténganse!

Y justo así, el poco control que tenía sobre mis poderes, desapareció. La ventisca a mi alrededor explotó y cuando alcé la vista, vi que todo estaba cubierto por una gruesa capa de nieve. Ahogué un grito, horrorizada de que había perdido el control después de tantos años manteniéndolo intacto y traté de irme del lugar.

— Lo siento—dije— me tengo que ir—pero Tooth me detuvo antes que pudiera llegar a la puerta.

—Elsa, por favor—dijo— No creo que tú entiendas lo que hacemos —entonces voló hacia un enorme globo terráqueo cubierto por miles de pequeñas luces— Cada una de esas luces es un niño.

—Un niño que cree —agregó Claus— Y bueno o malo, obediente o travieso, nosotros les protegemos.

No me estaban entendiendo.

—Miren —dije, tratando de imponer cierta distancia— Lo que ustedes hacen es maravilloso y admirable, pero ustedes no me quieren. Yo-Yo solo heriré a alguien.

—Por supuesto que no- ¡oh! —Tooth trató de protestar, pero voló muy cerca de mí y levanté mi mano para bloquearla por miedo de que invadiera mi boca de nuevo. Pero mis inestables emociones causaron que un carámbano de hielo saliera disparado justo a centímetros de su rostro. Inmediatamente volví mi mano hacia mi pecho.

—Lo siento —dije de nuevo, caminando hacia la puerta— Pero no puedo.

—El Hombre de la Luna dice que puedes —dijo Claus.

Me detuve y volteé a mirarlos a todos.

— ¿Qué?

—El Hombre de la Luna te escogió para ser la nueva Guardián, Elsa —explicó Jack, pero yo ya estaba negando con la cabeza.

—No, eso no puede estar bien. Tienen a la chica equivocada. Yo no debo estar con-con personas. Estoy destinada a permanecer en mi castillo por mí misma.

—No, no lo estás —dijo Tooth gentilmente. Afortunadamente, estaba conservando su distancia— En ese enorme castillo por ti misma, debes sentirte sola.

— ¿Sola? —repetí— He estado sola por cuatrocientos años.

— ¿No lo ves? —Tooth me presionó— ¡No tienes que estar sola nunca más! Tú perteneces aquí, con nosotros. Un Guardián.

Los recuerdos de Anna convirtiéndose en hielo pasaron ante a mis ojos.

—No, yo pertenezco a mi castillo donde no puedo herir a nadie.

— ¡Espera un momento! —dijo Conejo. Él tenía un acento Australiano— ¿Tú estás tratando de decirme que no quieres herir a nadie, a pesar que cada historia que he escuchado habla de ti secuestrando niños y causando dolor?

—No puedo hacer nada respecto a lo que los humanos escriben sobre mí.

—Pero, ¿cómo sé que no es cierto?

— ¡Wow! —dijo Jack, parándose en medio de ambos—Espera un momento Conejo. Ella reconfortó a una pequeña niña que estaba siendo atacada, antes de que huyera de mí. Esas historias no son ciertas.

— ¡Suficiente! —gritó Claus— ¡Todos estamos aquí discutiendo mientras Pitch está ahí fuera, en algún lugar!

— ¿Pitch Black? —pregunté, recordando al horrible hombre de piel grisácea. Claus me miró.

— ¿Lo conoces? —yo asentí.

—Tuve unos cuantos altercados con él. No terminaron nada bien —Él me había querido como una aliada, obviamente escuchando las mismas historias que Conejo, pero tenía a Malvavisco para sacarlo fuera del castillo. Aun así, esto me lo guardé para mí misma— El Hombre de la Luna cometió un error. Me siento halagada y honrada por la oportunidad, pero solo terminaré haciendo más mal que bien.

Entonces me fui volando en mi copo de nieve hacia mi castillo antes que pudieran protestar.

Era el aniversario de la muerte de Anna, así que me arrodillé frente a su escultura de hielo. Había algo que necesitaba decir, que probablemente debí haber dicho hace mucho tiempo, pero no podía a través de la puerta de mi habitación.

Sí, quiero hacer un muñeco,
Lo he dicho, ya lo confesé.
Pero encerrada yo debía estar.
Odié esconderme,
Pero era lo mejor.
Tú eras mi mejor amiga
Y desearía poder,
Estar junto a ti otra vez.
Sí, quiero hacer un muñeco,
Me encantaría hacer un muñeco.

Suspiré temblorosa antes de seguir.

Sí, quiero hacer un muñeco,
Reír, correr y hasta jugar.
Me sentía sola en mi habitación,
Vivía en penumbra,
Pero ahí debía estar.
(No te rindas, Elsa.)
Sé que te sentías sola,
Como lo estuve yo,
¡Mis poderes no controlé!
(Lo que hay en ti no dejes ver, no has de abrir tu corazón).

Lágrimas empezaron a caer por mis mejillas y me moví para recostar mi espalda contra la estatua, llevando mis rodillas hacia mi pecho.

¿Anna?
Sé que afuera estabas,
Sé que fue duro para ti.
Pero mi magia había crecido más,
Sola debía estar.
¡Tenía temor!
Merecías algo distinto,
De lo que fui.
¡Nada podía hacer!
Quisiera hacerte un muñeco.

Con un movimiento de mi mano, hice que un hombre de nieve apareciera a los pies de su estatua antes de dejarme llevar por el llanto. Más allá del sonido de mis sollozos, escuché a alguien suspirar y sentarse a mi lado. Rápidamente sequé las lágrimas de mi rostro y alcé la vista para ver a Jack, antes de voltear hacia otro lado.

— ¿Quién era ella? —preguntó. No necesitaba ser telépata para saber de quién estaba hablando.

—Era mi hermana menor.

— ¿Y qué con el muñeco de nieve? —Una pequeña sonrisa se abrió paso en mis labios.

—Ella solía despertarme a cualquier hora de la noche, suplicándome que hiciera un muñeco con ella. Una noche, convertí todo el salón de baile en un tipo de paraíso de nieve-

—Un momento, ¿quieres decir que tenías estos poderes cuando eras humana? — asentí.

—Nací con ellos, y entonces…

*Inserte aquí lo ocurrido en la película "Frozen"*

—Y entonces Hans me dijo que yo la había asesinado. Casi lo creí, si no hubiese visto a Anna corriendo hacia él. Su cabello se había vuelto blanco y su piel estaba cubierta de escarcha. Vi a alguien apuntándole con una ballesta y la halé para que quedara detrás de mí, así que la flecha me golpeó en su lugar. Cuando desperté, estaba flotando en el fiordo y había estado muerta por diez años. Vigilé a Anna desde entonces, pero después que muriera, prácticamente me quedé aquí. Solo empecé a confiar en mí misma como para explorar el mundo hace cien años.

Jack me miró, no con lástima ni miedo sino con empatía.

—Debes encontrar tu centro —dijo.

— ¿Disculpa?

—Tu centro —repitió— Cuando lo encuentres, sabrás porqué fuiste escogida. Como… ¡Yo! Mi centro es la diversión.

— ¿Diversión?

—Sí. Eso es lo que le doy a los niños, lo que protejo en ellos.

—Yo no tengo un centro.

—Por supuesto que lo tienes. Todos los Guardianes tienen uno.

—No soy un Guardián, Jack.

—Seguro que lo eres —insistió, poniéndose en cuclillas frente a mí— Mira, sé que es difícil en un principio, para mí lo fue también. El Hombre en la Luna no te escoge solo porque sí. Siempre hay una razón. No te habría escogido si no.

— ¡Congelé el corazón de mi propia hermana, Jack! —dije, tratando de hacerlo entender— ¡Se convirtió en hielo sólido! El Hombre en la Luna me trajo de vuelta para castigarme.

—Pero ella vivió —argumentó— ¡La salvaste!

—No —lo contradije, negando con la cabeza— Kristoff la salvó. Él la besó, derritió su corazón.

Jack frunció el ceño

— ¿Qué quieres decir? ¿Qué tiene que ver un beso en todo esto?

— Un acto de amor puro podrá derretir un corazón congelado. Cuando Kristoff la besó, fue un beso de amor verdadero —pasé mis manos tras mi cuello y me quité el relicario de plata que tenía alrededor del cuello, para mostrárselo. Mirándome, lo abrió y sonrió— Esas éramos nosotras cuando niñas. Ella me lo dio como regalo de cumpleaños —cerrándolo, lo volteó hacia donde "Te amo, Elsa" estaba grabado. Me lo devolvió y volví a ponerlo en su lugar, alrededor de mi cuello— Traté de protegerla de todo, pero no pude protegerla de mí misma.

Alzó una mano y dudó antes de ponerla en mi hombro.

—Eso fue hace mucho tiempo, Elsa —dijo— Debes dejarlo ir. Es tu miedo el que hace que pierdas el control. Lo que sucedió entre Anna y tú cuando eran niñas, fue solo un accidente. Está en el pasado. Solo déjalo ir.


N/A: La canción que Elsa cantó se llama "Por supuesto que quiero hacer un muñeco". La original es, obviamente en inglés (Of course I want to build a snowman) pero Zerlinda, la autora, hizo unos ligeros cambios a la letra. La canción si la quieren escuchar está en youtube con esos nombres.

Sé que no publiqué nada el fin de semana (lo digo porque acá en Colombia ya es lunes) pero los compensaré, ya verán.

Niettono


*N/A 25.01.2016: Capítulo con ligeras correcciones. Cambié la traducción que hice hace dos años de la canción por una que amablemente hizo Piero217 hace dos años igualmente y que no incluí en el capítulo publicado en ese entonces por cabeza dura.

xoxo,

Niettono