Disclaimer: Este fic NO ME PERTENECE, ES UNA TRADUCCIÓN. El fic original le pertenece a Zerlinda, quien amablemente me permitió traducirlo y traérselo a ustedes. A los que quieran ver la historia original en inglés: s/10031929/1/The-Snow-Queen
N/A: flakyrukia, tu pregunta se responde en este capítulo chica, no te preocupes ;)
Capítulo 06: Olaf (Jack's POV)
Cuando recobré la conciencia, los Guardianes me estaban rodeando, y un grupo de Pesadillas hechas de cenizas los rodeaban a ellos. Sentí un dolor punzante en la parte de atrás de mi cabeza y levanté una mano para tocarlo, solo para descubrir que era sensible al tacto.
Libre soy, libre soy,
Surgiré como el despertar.
Libre soy, libre soy,
Se fue la chica ideal.
Reconocí esa voz. Esa era Elsa. Pero esta vez su canto no se escuchaba triste; sonaba fuerte, determinado, libre. Había hielo arremolinándose sobre Pitch, hasta que formo un enorme cubo de hielo que cayó directamente sobre él, extinguiendo el fuego antes que tuviera oportunidad de derretirlo. Entonces Elsa salió de las sombras y quedé boquiabierto.
Firme así,
A la luz del sol.
Gran tormenta habrá,
El frío es parte también de mí.
Con un movimiento rápido de sus manos, había nieve atacando a Pitch desde todas direcciones. Ella alzó ambos brazos, y una avalancha de nieve se levantó del suelo y lo enterró. Girando sobre su tacón, caminó hacia nosotros con una sonrisa de satisfacción en su rostro.
Nadie dijo nada. No creo que nadie pudiera. Estábamos tratando de procesar lo que había sucedido. Pero ese silencio incomodó a Elsa le hizo que se removiera, inquieta.
—¿Qué? ¿Hice algo mal?
—¿Mal? —repetí incrédulo, poniéndome de pie— Elsa, ¡acabas de enterrar a Pitch en una montaña de nieve! ¿Cómo estaría eso mal? —Elsa se encogió de hombros.
—Nadie decía nada, así que pensé que…
—No es nada de lo que hiciste —aseguró Tooth— Es solo… este enorme cambio desde la última vez que te vimos. Hace solo unas horas, estabas tan asustada de hacer si quiera un diminuto copo de nieve, y ahora vienes y haces… esto.
—Solo tenía que aprender a dejarlo ir —dijo, sonriéndome. Yo le devolví el gesto y asentí con la cabeza. De repente, me sentí mareado y perdí el equilibrio. Elsa me agarró del brazo para ayudarme a recuperarlo.
—¿Estás bien, Jack? —preguntó, su voz tenía un atisbo de preocupación.
—Estoy bien —respondí, tratando de restarle importancia a pesar que el dolor seguía ahí, pinchando la parte de atrás de mi cabeza como miles de agujas— Solo… recibí un golpe en la cabeza, eso es todo.
Sin embargo, Elsa no estaba satisfecha con eso, así que nos hizo pasar a todos dentro del edificio más cercano para tener una mejor vista de mi herida. Sus dedos eran suaves y livianos al tacto con mi cabello, y esa sensación me relajó. Cuando ella se apartó, miré a mi alrededor. La arquitectura del lugar era antigua, y las únicas mejoras parecían ser la luz eléctrica. Volé hacia el retrato de un hombre y una mujer. El parecido entre la mujer y Elsa era impresionante.
—¿Qué es este lugar? —pregunté.
—Es el castillo de Arendelle —respondió Elsa— No había vuelto desde que Anna murió, pero parece que no ha cambiado mucho.
Algo blanco corrió a través de la habitación y unas ramas se abrazaron a las piernas de Elsa.
—¡Elsa! —chilló. Los Guardianes tomamos posiciones de defensa, pero la cosa soltó a Elsa y corrió hacia Sandy
—¡Hola! ¡Soy Olaf y me gustan los abrazos cálidos!
—¿Olaf? —repitió Elsa, mientras lo que parecía ser un hombre de nieve, abrazaba a Sandy— ¿Sigues vivo?
Pero Olaf no dio ningún indicio de haberla escuchado ya que corrió a abrazar las piernas de Norte.
—¡Hola! ¡Soy Olaf y me gustan los abrazos cálidos! —Y así, Olaf el hombre de nieve abrazó a los cinco Guardianes repitiendo su presentación. Era… extraño por no decir más.
—¿Olaf? —dijo Elsa, arrodillándose para estar al nivel del hombre de nieve. Él se giró hacia ella, expectante, mientras el resto de nosotros los rodeamos, examinando con curiosidad al hombre de nieve viviente— ¿Eres tú?
—Sí, ¿por qué? —dijo Olaf, moviendo sus brazos de ramas alrededor. Conejo agarró uno de su cuerpo, acercándolo a su rostro para verlo mejor.
—Interesante —murmuró. Todos miramos fascinados mientras el brazo se movía en una dirección y en otra.
—¿Sigues vivo? —preguntó Elsa.
—Sí, ¿por qué? —De nuevo, el brazo se movió como si aún estuviese pegado al cuerpo. Conejo bajó la mano, haciendo que el brazo se doblara por el codo.
—¿Has estado aquí todo este tiempo?
—Sí, ¿por qué?
—¿Cómo funciona esto? —preguntó Conejo, y el brazo que estaba sosteniendo lo abofeteó— ¡Hey!
Olaf saltó y le arrebató el brazo a Conejo, enganchándolo de nuevo a su cuerpo.
—¡Ya basta, canguro! Estoy tratando de concentrarme por aquí —Él se volteó a mira a Elsa— Sí, ¿por qué?
Me tomó mucho trabajo no estallar en risas. Era demasiado gracioso. Conejo fulminó con la mirada al muñeco de nieve parlante.
—¿Canguro? —repitió— No soy un canguro, soy un conejo; el Conejo de Pascua —los ojos de Olaf se abrieron con sorpresa.
—¿El Conejo de Pascua? —repitió, antes de voltearse hacia Norte— Entonces tú debes ser Santa… y el Hada de los Dientes… y Sandman… y —me miró e hizo una pausa, inclinándose hacia Elsa— ¿Quién es el chico con el cabello blanco y el cayo? —lo escuché susurrar y mi alegría se acabó.
—Ese es Jack —dijo Elsa.
—Ajá… ¿Jack quién?
—Jack Frost —Olaf ahogó un grito.
—¿Jack Frost? ¿Cómo el que congela tu nariz? —sonreí y toqué la punta de la zanahoria, haciendo que soltara una risita.
—¡Eres justo como Elsa! —dijo felizmente— Ella me hizo, ya sabes.
—¿Ella te hizo? —repitió Norte, mirando con asombro a Elsa. Ella se encogió de hombros.
—No era mi intención que viviera cuando lo hice —Elsa se volvió hacia el hombre de nieve— Olaf, ¿cómo es que sigues vivo?
—Oh bueno, Anna tenía una enorme caja de hielo construida para que viviera en ella durante el verano. Ahora es un refrigerador y tengo que esconderme cada vez que alguien entra en el, pero lo dejo cuando es invierno y no me puedo derretir.
—Oh, lo siento Olaf —dijo Elsa con tristeza— Debiste sentirte solo. Si hubiese sabido que estabas vivo, te habría llevado conmigo a la Montaña del Norte.
—Está bien —dijo Olaf, abrazándola— ¡Tengo que ver el verano!
—Tú… no pareces muy molesto por eso —dije. Al contrario, él parecía bastante feliz.
—Amo el verano —exclamó el hombre de nieve— Y el sol, y las cosas calientes.
Miré extrañado a Elsa, quién sólo se encogió de hombros.
—¿En serio? —dije— Supongo que eso no funciona muy bien para ti.
—No —dijo Olaf tristemente— Es por eso que vivo en el refrigerador —y, como si alguien hubiese encendido un interruptor, él sonrió— ¡Pero ustedes deben tener frío! Vamos, encenderé la chimenea.
Elsa y yo nos quedamos atrás, mientras el grupo seguía a Olaf por el pasillo. Miré a Elsa, que sonreía suavemente mientras miraba a los demás.
—¿Olaf? —pregunté— ¿Llamaste a tu hombre de nieve Olaf? —Ella bufó indignada y cruzó los brazos sobre su pecho.
—Anna y yo éramos unas niñas —Ambos reímos y ella me miró.
—¿Cómo está tu cabeza?
—Oh, está bien. Sanas rápido cuando eres un espíritu, ya sabes —dije. Honestamente, me había olvidado de eso gracias a la impresión de ver a un hombre de nieve parlante— Así que lo dejaste ir, ¿eh?
—Sí —ella tomó aire— ¡Se siente maravilloso! Como si me quitara un peso de encima.
—Bueno, te ves bien.
—Oh —dijo, mirando su nuevo atuendo— Gracias.
Ella levantó la vista, me sonrió y yo le devolví el gesto, mirando fijamente sus ojos. Nos quedamos así por lo que fácilmente pudieron ser años, hasta que parpadeé cuando un pensamiento cruzó mi mente.
—Ehm… ¿Elsa?
—¿Si?
—¿Acaso Olaf dijo que iba a encender la chimenea? —Sus ojos se abrieron con sorpresa cuando entendió.
—Oh, no —ella tomó aire y salió corriendo. Volé tras ella y llegamos a la habitación donde Olaf se estaba derritiendo mientras veía fijamente las llamas del fuego con asombro.
—¡Olaf! —dijo Elsa, riendo ligeramente— Tranquilo, amiguito —Y ella volvió a congelar a Olaf, y agregó una pequeña nube de nieve encima de su cabeza. Olaf suspiró con asombro y miró la nube.
—¡Es mi nevada personal! —chilló con emoción. Solo pude reír y sacudir la cabeza. Parecía que nada podía desanimar al hombre de nieve.
Estábamos en una especie de estudio. Las paredes estaban cubiertas por docenas y docenas de libros que se veían como si no los hubiesen tocado en siglos. Miré a Elsa, quien tenía la mirada perdida.
—¿Estás bien? —le pregunté y ella parpadeó, volteando a verme como si apenas se diera cuenta de en dónde estaba.
—¿Disculpa?
—¿Estás bien?
—Oh, sí, estoy bien. Lo siento, son solo… recuerdos. No he estado aquí en mucho tiempo.
—¿Quisieras darme un recorrido por el lugar? —sugerí. Ella me sonrió.
—Sí, ¿por qué no?
Y así, pasamos las siguientes horas recorriendo el castillo. Elsa era capaz de señalar los cambios que se habían hecho y hablar de la historia un poco más en profundidad que un guía turístico habitual, ya que ella vivió allí la mayor parte de su vida humana. Llegamos a una puerta y Elsa se detuvo, posando su mano en el pomo de la puerta y tomando un respiro profundo antes de abrirla. Dentro había mucho azul. Paredes azules, alfombras azules, cojines y sábanas azules. Había una ventana enorme que daba una hermosa vista del jardín y las montañas. La habitación era enorme, y como no había muchas cosas en ella, se veía vacía.
—Esta era mi habitación —dijo suavemente.
Mirando alrededor, era desconcertante cuán vivido podía imaginar a una joven Elsa encerrada aquí, mientras una pequeña Anna tocaba la puerta, rogándole que saliera a jugar. Era desgarrador.
—Es… ehm… ¿linda? —dije, sin querer ofenderla. Ella rió ante mi pobre intento.
—No tienes que mentir —dijo— Sé que está… vacía. Nunca guardé muchas cosas aquí además de libros. Leer era lo único que realmente podía hacer. Si no congelaba los libros.
Caminé hacia el escritorio. Un guante verde y viejo estaba en la superficie. Había solo un guante. Elsa se paró junto a mí.
—Ese es el guante que Anna me quitó en mi fiesta de coronación —dijo.
—¿Dónde está el otro? —Ella se encogió de hombros.
—Lo lancé al viento cuando huí.
—¿Dejándolo ir?
—Algo así —ella suspiró, mirando la habitación.
—No tenemos que estar aquí si te incomoda —dije— Podemos ir a otro lugar.
—No, no me siento incómoda. Desearía poder hablar con Anna una última vez. Para decirle que la amo y que lo siento por todo lo que le hice pasar.
—No te preocupes —dije— Ella sabía.
—Pero, ¿Y si no? ¿Y si ella murió pensando que la odiaba?
—Confía en mí— dije— Ella lo sabía.
—¿Cómo puedes saber eso?
—Porque te sacrificaste para salvarla. Saltaste frente a esa flecha por ella. La gente no hace eso por algo que no sea amor —Ella me dedicó una pequeña, pero genuina sonrisa.
—Tienes razón, Jack —dijo, entrelazando nuestras manos— Ella sabía. Gracias —ella le dio a mi mano un apretón y dejó la habitación. Mi mano se estremeció por la calidez del tacto, mientras la miraba a ella fijamente.
N/A: Como lo prometido es deuda, y acá en Colombia ya es de madrugada, les traje este capítulo. Me encanta que les encantara la aparición de Olaf. Si bien no es un personaje que ame del todo, me agrada.
Como siempre agradeceré a los que tienen la historia en favoritos y los que la siguen, y a los que dejan un review, me entretengo mucho leyendo lo que piensan acerca de la historia. Sin más, ¡nos vemos el fin de semana!
Besos,
Niettono.
