–The Dark hunters…

"Apenas es Domingo y aunque para muchas personas es un día libre yo debo ir a trabajar, a cazar engendros de vampiros, persiguiendo ese rojo sangre que no debería existir"

Había comenzado un nuevo día en Vermont, justo ayer por la tarde pensabas en pasar un lindo día agradable sin preocupaciones y dedicarte a leer, quizás, o simplemente a pasear con algunos amigos pero el destino así no lo quiso.

Flashback-
Estabas descansando de tu trabajo en casa, mientras limpiabas tu lanzallamas que siempre empleas para matar a vampiros, cuando de repente suena tu teléfono "Christie - Yellow River".

Buenas tardes, ¿Qué desea? –Contestaste con cortesía pero se notaba un deje de molestia.

Soy yo, Christine! –Te respondieron con desesperación.

Ah, ¿Qué sucede? –Respondiste despreocupada, aunque cada vez que la bruja Christine te llamaba era para algo realmente urgente.

Sucede que he conseguido nueva información sobre tus engendros favoritos–Dijo con tono burlón.

¿En donde? –Preguntaste un poco exaltada.

Ven a verme en el puerto de Collinsport… –En ese momento cortó la llamada.

Fin flashback-
Collinsport…Collinsport…Collinsport… hace tiempo se había escuchado hablar sobre desastres por culpa de la familia Collins, pero ya todo había acabado… sin embargo, Christine dejó dudas con respecto a ello.

Tomaste tu ropa y la empacaste lo más rápido posible junto con tus armas especiales, las llevaste a tu automóvil y dejaste las maletas con las ropas en la parte trasera del auto mientras que las armas te las arreglaste para guardarlas en un sitio escondido cerca del asiento del conductor.

Comenzaste a conducir rumbo a Collinsport, llevaría su tiempo pero con una buena música seguro no tardarías así que comenzaste a escuchar "The Beatles - Get Back" entre otras músicas.

En el camino viste muchos hippies, sitios de turistas, coches dañados, pero sobre todo el paisaje… Como habían cambiado los tiempos, la gente comenzaba a olvidarse de todas aquellas criaturas que los rodeaban ahora simplemente son "criaturas místicas".

A la distancia viste un letrero, algo oxidado el cual decía "Collinsport". –Al menos estoy cerca–Pensaste. Cuando repentinamente tu coche comenzó a fallar, justo cuando se empezaba a hacer de noche y las criaturas de la noche comenzaban a acechar y emerger de sus podridas cuevas, sin temor a las llamas del sol.

Saliste de tu auto, pero no sin antes tomar un arma pequeña que podrías usar contra cualquier criatura que se te abalanzara encima, abriste la parte delantera del auto y comprendiste de inmediato el problema, la gasolina, faltaría mucho para llegar al puerto de Collinsport y no disponías de mucho gracias a la creciente noche que te acechaba.

Observaste el letrero y continuaste tu mirada hacia la carretera, hasta que viste algo parecido a un castillo cerca de allí –Será mejor ir y pedir algo de gasolina o transporte en vez de quedarme aquí esperando que llegue mi muerte– Pensaste en tono burlón, haciéndote reír con la ironía…

Comenzaste a caminar por ese largo camino lleno de arboles, te encantaba ese hermoso castillo, o lo que fuera, era hermoso, te acercaste a la puerta y la tocaste avisando tu llegada, mientras veias aún la hermosa naturaleza que había a tu alrededor olvidando totalmente de que la noche se acercaba.

¿sí? –pregunto un hombre con barba sin afeitar y contestando de mala gana.

–Disculpe, ¿está el señor o la señora de la casa? –preguntaste.

–ah, pase… –Dijo totalmente despreocupado.

–Con su permiso –Al entrar te diste cuenta del hermoso "castillo" al que habías entrado, en mucho tiempo no habías entrado en un sitio parecido, miraste el gran candelabro, las figuras en las paredes, todo perfectamente ambientado.

Viste un montón de cosas hermosas, pero se hacia de noche y no podías esperar mucho tiempo más, o tu sangre herviría, por obtener sangre.

–Señora… –Dijo el hombre.

–Señorita, por favor… –Dijiste interrumpiendo al hombre.

–Bien, como sea…espere aquí… –Bufó.

Viste todo a tu alrededor hasta que decidiste sentarte en el sillón de la sala y fijaste tus ojos a una gran pintura ubicada arriba de la chimenea.

–Que hermosa…pintura… –Hablaste sin pensar.

–Gracias–Escuchaste una voz masculina hablar, te levantaste abruptamente y miraste de donde provenía la voz, un hombre, quizás de tu misma edad, de piel pálida, uñas largas y con clase. Un vampiro, fue lo primero que cruzó por tu mente. Bajaba las escaleras tranquilamente como si tuviera todo el tiempo del mundo para llegar hasta ti.

– ¿Qué la trae por la humilde morada de los Collins? –Dijo parado frente a ti.

–Pues…vine, debido-a…a… –Comenzaste a tartamudear sin comprender–a buscar gasolina –rectificaste…si no es mucha molestia–sonreíste para disimular.

–Ohh… pero que modales los míos, Barnabas Collins–Dijo extendiendo su mano hacia ti. Pensaste por un momento, miraste su pálida mano y luego sus honestos ojos hasta que la estrechaste.

–Soy _ (tu nombre), pero puedes llamarme _ (tu apodo) –sonreíste mientras aun mantenías tu mano sujeta a la de él.

–Perdone usted pero no podría quitar silabas a su nombre, pues perdería su belleza–te sonrojaste sin pensarlo y soltaste su mano lentamente sin querer hacerlo.

¡Loomis! –Gritó Barnabas. Haciendo que el hombre molesto de antes apareciera.

–¿Si? –Dijo indiferente.

–¿tenemos gasolina? –preguntó.

–No señor… por cierto, el chevy necesita gasolina–Dijo como si el tema no fuera de importancia.

–Oh, ya veo–Dijo Barnabas analizando la situación–Al parecer no tenemos pero si gusta puede quedarse aquí–Dijo orgulloso.

–No, descuide…no creo que falte mucho para llegar a Collinsport, pero gracias.

En cuanto te pensabas retirar, alguien tomo tu mano.

–Insisto, señorita…los tiempos de ahora no son como los de antes en donde se podía caminar libremente y despreocupados–Habló Barnabas.

–El jefe tiene razón–Afirmo el otro hombre.

–Pues…–Estabas indecisa, era un SI o un NO, el SI involucraba el gran peligro de no saber que clase de personas habitaban allí, pero el NO también implicaba problemas y peligro ya que haya afuera podría ser mucho peor. En cuanto ibas a responder en ese momento crucial, escuchaste la voz de Christine hablándote.

– ¿Dónde estás? –pregunto la voz de Christine.

–En la mansión de los Collins, al parecer…–respondiste.

–Así que ya sabes…

– ¿De que hablas? –preguntaste

–sobre la maldición de esa familia! –replicó.

–No sé de que hablas…–dijiste sin comprender.

–Esta bien, señorita _(Tu nombre) –Pregunto Collins, interrumpiendo la conversación.

–Por supuesto…Barnabas–Dijiste no muy segura si estaba bien llamarlo por su nombre. Pero él te sonrió.

–Sígame la guiaré yo mismo a su habitación–Dijo mientras caminaba con esa seguridad que lo caracterizaba. En el camino siempre entre Barnabas y tú habían miradas furtivas.

Pero… ¿Qué maldición tiene la familia Collins?...