–The Dark Hunter
(A modo de entendimiento: La familia Collins es como antes -aun no ha vuelto Roger Collins- aunque eres un vampiro, los cazas y los matas, además eres familia de Vlad el Empalador, por lo tanto tienes tanto poder que el sol no tiene poder sobre ti como para desintegrarte, aun así te debilita, no eres tan pálida como Barnabas o Josette. La mansión Collins fue reconstruida y Collinsport acepta a la familia tal cual son. Engendros son aquellos vampiros que no son sangre pura y matan a diestra y siniestra)
Era una mañana hermosa como ninguna otra, abriste tus ojos y observaste a tu lado la rosa blanca que te había obsequiado Barnabas Collins, sonreíste sin pensarlo, era muy de mañana así que imaginaste que toda la familia estaría dormida. Corriste rápidamente hacia tu auto, buscaste una de tus maletas y sacaste uno de tus vestidos favoritos junto con unas botas y accesorios, estabas feliz, pero desconocías el porqué.
Subiste de nuevo a tu habitación, entraste al baño, te duchaste, al salir te secaste y te cambiaste de ropa. Era un vestido muy a la moda de los 70 ( uploads/articulo/big-826-w-n_ ), te colocaste tus botas y accesorios, para luego salir del baño, aunque te sentías feliz no podías dejar de lado tu arma, la tomaste y la guardaste entre tus ropas. Bajaste a ver si algún alma en pena se dignaba a aparecer, pero nada, así que decidiste salir un rato a pasear.
Recorriste todo los alrededores de la mansión Collins e increíblemente viste una pequeña ventana, tenias curiosidad de lo que había tras ella, así que te asomaste por la ventana y te sorprendiste de lo que viste.
ERA INCREÍBLE.
Barnabas Collins se estaba desprendiendo de su ropaje para ducharse, ese espectáculo era increíble, su piel increíblemente blanca, esa delicadeza suya al caminar y al desprenderse de cada pieza. MAGNIFICO. Te deleitabas con cada prenda que se quitaba, empezabas a sentir calor, pero no era por el sol, ¿Cómo podía ser eso?
Giraste tu mirada, te habías extasiado demasiado, no podías sentir eso, NO, no por alguien que probablemente tendrías que matar. Pero tu curiosidad te gano nuevamente y volviste a mirar por la ventanilla.
Aún seguía ahí. O no sentía tu presencia o le gustaba que lo miraras. ¡Pero a quien le importa eso, cuando tienes a semejante hombre frente a tus ojos!
Esta vez, observabas como caía el agua sobre su cabello y su cabello se hacia para atrás, pasaba sus manos por el cabello haciendo que la escena te gustara aun más. Escuchaste un ruido por los arbustos giraste y muy cerca de allí alguien caminaba. Una chica de quizás 17 años.
Te retiraste de la ventanilla con mucho pesar y te dirigiste de nuevo a la mansión, al entrar no tuviste otra opción que sentarte a esperar, miraste todo lo grande que era esa mansión y lo poco que poseía. De todas formas, por más grande que fuera le harían falta muchísimas personas para llenarla entera.
–Veo que se ha despertado–Te levantaste y te giraste a mirar rápidamente y pensaste "Barnabas" –sonreíste. Pero te diste cuenta que era Loomis.
–Emmm, sí desperté temprano hoy–Sonreíste algo decepcionada.
– ¡Oh!, Hoy iremos al pueblo por la gasolina–Dijo antes de retirarse.
¿Qué haré una vez tenga la gasolina? Ya hablé con Christine, así que no tendría nada que hacer en el pueblo, a menos que aparezcan engendros…–pensaste antes de sentarte nuevamente. Suspiraste.
–Buenos Días…–Te giraste a observar.
–Sir…Digo…Barnabas–Dijiste con voz temblorosa.
–_ (tu nombre), me preguntaba ¿Qué haría luego de obtener la gasolina? –Preguntó Barnabas.
–Lo mismo me pregunto yo–Dijiste sin pensar.
– ¿A que se refiere? –Preguntó.
–Pues… vine a buscar empleo–mentiste.
–¡Oh! –Dijo sorprendido–¿Por qué no trabajas para nosotros? –preguntó.
–Porque así estamos bien, Barnabas–Interrumpió Elizabeth. La miraste extrañada–Además, no sabemos que sabe hacer–dijo dirigiéndote una sonrisa.
–Ah, ya veo–sonreíste algo nerviosa– pues yo soy…–"una cazadora de vampiros" pensaste– Soy Doctora, especializada en psicología.
–De hecho–Dijo Barnabas algo sorprendido.
–Justo lo que necesitaba desde hace mucho, de todas formas la Dra. Hoffman desapareció hace mucho–Dijo sonriente.
–¿Dra. Hoffman? –preguntaste con curiosidad.
–Sí, era nuestra doctora personal…pero desapareció hace mucho–Dijo extrañada.
–Ya veo…–Dijiste observando con curiosidad a Barnabas el cual parecía nervioso.
–Entonces dime…emm…–te miraba de pies a cabeza Elizabeth.
–Soy _ (tu nombre), pero puedes llamarme _(tu apodo) –Dijiste sonriendo.
–Claro _(tu apodo), dime ¿Qué opinas de esta mansión? –pregunto iniciando un cuestionario improvisado.
–Es muy grande para mi gusto, prefiero los sitios pequeños–Dijiste con toda sinceridad. Elizabeth sonrió.
–¿Qué opinas de Collinsport?
–Es un sitio muy lindo y tranquilo, muy diferente de la ciudad…–Dijiste indiferente.
–¿Qué opinas de la moda? –pregunto aun más curiosa mientras observaba tu atuendo.
–reíste–Es muy cambiante pero genial–Finalizaste.
–Perfecto–Dijo antes de extenderte la mano–¿Quieres ser nuestra Dra? –pregunto. A lo que tu correspondiste dándole un apretón de manos.
–Encantada–sonreíste.
–¡Bien!, pues vayamos a desayunar que empieza a cambiar de estación y seguimos sin comer–Dijo un muy complacido Barnabas.
Se dirigieron al comedor, en cuanto llegaron las mesas ya estaban servidas y aunque era un poco extraño en el vaso de Barnabas no había sangre ¿en realidad era un vampiro o quizás su familia no lo sabía?. No, seguro era por tu presencia allí.
–Siéntese aquí–Aparto Barnabas un asiento muy cercano a él.
–De acuerdo, gracias–sonreíste.
En cuanto te sentaste te sentías muy contenta pero todo eso acabo, porque en ese instante, la chica que habías perseguido en la noche, sí, la vampiro, le dio un gran beso en la boca a Barnabas. Comenzaste a sentir tanta ira que empezabas a tener ganas de saltar sobre el cuello de esa chica y dejarla sin una gota de sangre para luego clavarle una estaca en su ya muerto corazón.
Aun así te lograste calmar.
–_(tu nombre), ella es mi amor, Josette –Dijo algo sonriente.
–Un gusto, soy _(tu nombre) –Dijiste con un tono falso de interés.
En el resto de la cena se presentaron las demás personas de la familia. Carolyn y David.
Te llevabas muy bien con ellos, y aunque no sabias el porque te gustaba hablar más con Carolyn. Habías olvidado por un momento todo lo que habías vivido eliminando y cazando engendros, hasta tal punto que te veías tiernamente jugando con David, mientras Barnabas te observaba y sonreía aunque Josette al parecer quería pasar de ti, no podía, simplemente tu forma de ser no la dejaba descansar.
En cuanto llego la noche, llevaste a David a su habitación adorabas a ese pequeño y tan solo lo conocías de algunas horas.
De camino a tu habitación te perdiste y entraste en la habitación equivocada. Libros, habían libros tirados por todos lados.
–¡Por Mephistopheles! –Dijiste sin pensar. Viendo que cada uno de los libros hablaban sobre brujas, magia negra y demás.
–Disculpe, ¿es usted _(tu nombre)? –Escuchaste una voz tras de ti al girar viste a Barnabas.
–Oh sí, soy yo…Barnabas disculpe no era mi intención entrar en…en…está habitación–Dijiste sin saber como describir la habitación.
–De hecho, descuide no hay problema….–Dijo tranquilizándote con una sonrisa–Debí quemar estos libros hace mucho y sin embargo, sobrevivieron al incendio que sufrió la mansión–Continuó nostálgico. Tu solo observabas como acariciaba aquellos libros y los veía tiernamente, como un niño inocente con un juguete el cual no quiere dañar.
–No debería quemarlos, Barnabas…–Dijiste tranquila. Te miro sorprendido.
– ¿porque? ¿Acaso usted cree que la magia negra, brujas, vampiros, solucionan la vida? –Dijo mientras se acercaba poco a poco hacia ti.
–No la solucionan, pero facilita el saber sobre los demonios a los que nos enfrentamos día a día –Dijiste mientras observabas a Barnabas tiernamente a los ojos, le tomaste el rostro entre tus manos–Solo debes ser quien eres…Barnabas…un vampiro, con un corazón puro, inocente y fuerte como el de un humano–Dijiste colocando tus manos en donde se supone estaría su corazón.
Los dos suspiraron como si nunca hubieran sentido el aire correr por sus pulmones y se vieron fijamente a los ojos, aunque Barnabas estaba sorprendido por tales palabras tu solo detallabas cada parte de su rostro, ampliando cada vez más tu sonrisa.
–Debo descansar, Barnabas– Finalizaste antes de irte a tu habitación a dormir.
-"Cuando alguien te observa con odio, sientes la ira correr por tus venas…Tu odio hace crecer mi ira"-
