Disclaimer: Este fic NO ME PERTENECE, ES UNA TRADUCCIÓN. El fic original le pertenece a Zerlinda, quien amablemente me permitió traducirlo y traérselo a ustedes. A los que quieran ver la historia original en inglés: s/10031929/1/The-Snow-Queen


Capítulo 08: Malvavisco (Jack's POV)

Después que Elsa se fuera, me quedé un rato más en su habitación antes de salir a explorar el castillo por mi cuenta. Lucía viejo ahora, pero podía imaginar cuán majestuoso debía haber sido en la época cuando Elsa era humana. También pude imaginar lo solitaria que debió sentirse Anna cuando Elsa se rehusaba a dejar su habitación. Completamente sola en un enorme castillo, y la única persona cercana a tu edad te rechaza sin razón aparente.

Escuché voces hablando mientras caminaba por los interminables pasillos. Acercándome un poco más, pude adivinar que eran Elsa y Olaf.

—Eres un hombre de nieve, Olaf —Dijo Elsa riendo.

—¿Y? —dijo Olaf— Aun así me hiciste feliz. Ha pasado mucho tiempo desde que he estado así de feliz o desde que he podido hablar con alguien. La mayoría de la gente se asusta cuando ve a un hombre de nieve parlante. —me imagino, pensé— Así que aun cuando soy capaz de salir del refrigerador, sigo estando solo ¿Entiendes a lo que me refiero?

—Sé exactamente a lo que te refieres —dijo Elsa, y en silencio, secundé su comentario— Pero no tienes que estar solo nunca más.

—Tú tampoco.

Hubo una pausa mientras Elsa consideraba eso.

—Yo tampoco —acordó— Vamos a buscar a los demás.

Ellos empezaron a caminar por el pasillo, lejos de mí, cuando Elsa se detuvo frente al retrato que yo había visto cuando llegamos al castillo. Olaf siguió caminando por el pasillo, alejándose, y se me ocurrió que las personas en el retrato eran los padres de Elsa.

Ella me estaba dando la espalda, y la oportunidad era demasiado buena como para dejarla pasar. Haciendo una bola de nieve en mis manos, se la lancé y le di a mi objetivo. Cuando ella se volteó, no esperaba que su armamento fuera más grande que yo, y me vi enterrado en una pila de nieve.

—A ver, Jack —dijo en un fingido tono de regaño— ¿Por qué empezarías una guerra de nieve dentro del castillo, entre todos los lugares? ¿Y con la Reina de la Nieve, de entre todas las personas?

Sonreí. Era bueno saber que ella sabía cómo divertirse a pesar de haber estado sola prácticamente toda su vida. Estaba un poco preocupado que ella me convirtiera en una escultura de hielo cuando le lancé esa bola de nieve.

—Quizá porque sabía que la Reina de la Nieve no podía vencer al Espíritu del Invierno.

Sus cejas se enarcaron ante el reto, pero una sonrisa estaba haciendo que las esquinas de sus labios se levantaran.

—¿En serio? Que yo sepa, fue el Espíritu del Invierno quién fue enterrado bajo dos metros de nieve, no la Reina de la Nieve.

Mientras ella estaba hablando, yo lentamente moví mi cayo para que el gancho quedara detrás de ella y lo tiré hacia adelante para que se enganchara a su cintura, haciéndola caer en la nieve, a mi lado. Aproveche la oportunidad para inmovilizarla antes de desatar una flota de bolas de nieve para que ella fuera la que estuviera cubierta de ésta esta vez.

—Quizá la Reina de la Nieve debería volver a comprobar —reí, victorioso. Mis manos estaban a cada lado de ella, soportando mi peso, mientras la miraba. Sus ojos brillaron con diversión y sonrió ampliamente. Era la primera vez que la veía verdaderamente feliz y wow, ¿podía ser más hermosa? Mis ojos se posaron en sus labios. Una extraña corriente de electricidad parecía halarnos el uno al otro ¿Cuán suaves serían sus labios si la besara? ¿Ella me dejaría besarla? La tentación era mucha, y empecé a bajar la cabeza, cuando Conejo aclaró su garganta, devolviéndome a la realidad.

Viendo que nuestra posición era un tanto inapropiada, nos pusimos de pie con una cierta cantidad de distancia entre nosotros. Norte me miraba con una sonrisa pícara.

—Pensamos que les gustaría saber que vamos a ir al castillo de hielo —dijo Conejo.

—Oh, ehm, claro —tartamudeó Elsa, probablemente aún nerviosa por lo de antes. Ella se sonrojó— Está bien, estaremos allí pronto —Pero ellos ya se habían ido, Norte nos dedicó una pícara sonrisa antes de desaparecer.

—Eso no fue raro —murmuró Elsa sarcásticamente. Rasqué mi nuca y reí, tratando de deshacerme de la tensión entre nosotros.

—Sí… creo que a Norte le gusta la idea de los dos estando juntos —A decir verdad, la idea realmente empezaba a gustarme también. Pero recién nos conocemos y Elsa pasó por grandes cambios el día de hoy. Comenzar una relación podría ser demasiado para ella ahora.

—¿Norte? —ella preguntó, y me di cuenta que él jamás se presentó en el taller. Genio.

—Así es como llamamos a Santa. Es más… Bueno, es menos… —¿Cuál era la palabra?

—¿Infantil? —ella ofreció.

A falta de una mejor…

—Sí.

Y entonces la tensión regresó con el silencio.

—Deberíamos irnos —dijo Elsa, volteándose. Ella se detuvo cuando hablé.

—¿Elsa?, sobre lo que acaba de suceder, yo… —realmente quería besarte- terminé mentalmente. Pero ella me miró por encima del hombro y me detuve -No está lista- me dijo mi conciencia.

—¿Sí? —dijo ella. Yo negué con la cabeza.

—Nada. No importa, era una estupidez. Tienes razón, deberíamos irnos —y salí volando del lugar más rápido que una bala ¿Qué estaba pensando? ¡Ni siquiera debo gustarle de esa manera! ¡Apenas nos conocemos! Ella apenas empezó a salir de su caparazón hoy, no hay necesidad de tirarle todo esto a ella y abrumarla. Quizás, dado un tiempo…

Mis pensamientos fueron interrumpidos, sin embargo, cuando vi a los otros Guardianes preparándose para pelear contra un enorme monstruo de nieve fuera del castillo de Elsa. Ella se apresuró a correr entre ellos, gritándole a la criatura.

—¡Malvavisco! ¡Detente!

El monstruo de nieve -cuyo nombre aparentemente era Malvavisco- la miró.

—¿Elsa los quiere fuera? —preguntó con una lenta y profunda voz.

—No, Malvavisco. Son invitados —Malvavisco la miró a ella, y luego a nosotros.

—Está bien —dijo, caminando para sentarse en el cráter al pie de las escaleras. Elsa suspiro de alivio.

—¿Qué fue eso? —demandó Conejo.

—¿Mi guardaespaldas? —dijo ella débilmente. Conejo siguió quejándose mientras caminaba hacia el castillo, con el resto de los Guardianes y Olaf siguiéndolo.

—¿Malvavisco? —repetí, sonriendo. Ella tenía poderes asombrosos, pero de verdad necesitaba ayuda cuando de poner nombres se trataba— Elsa, debo admitir que tienes talento colocando nombres ¿Por qué le darías a tu guardaespaldas un nombre como Malvavisco?

—¡Yo no lo nombré! —dijo, defendiéndose— Fue Olaf.

Parpadeé. De alguna manera, eso le daba más sentido al nombre.

—Eso explica mucho —admití y Elsa asintió.

—Kristoff le preguntó a Anna en cómo pensó en el nombre de Olaf, un día cuando la estaba observando.

—¿Y? —No podía esperar para escuchar eso, pero me decepcioné cuando Elsa se encogió de hombros.

—Solo acostúmbrate, no preguntes. Él responde, así que el nombre funciona.

La seguí escaleras arriba, echándole un vistazo a Malvavisco, mientras nos alejábamos de él. Era impresionante cómo lucía como una gigantesca piedra cubierta de nieve al pie de las escaleras. Dentro, todos estaban asombrados por el castillo de hielo, excepto Conejo, que estaba tiritando. Sonreí. A él nunca le gustó el frío. Probablemente ese era el por qué estaba tan enojado por esa ventisca que hice en Pascuas aquel año.

—¡Hace mucho frío! —exclamó— ¿Cómo puedes vivir aquí? —rodé los ojos. Es un castillo de hielo, ¿qué esperaba? ¿Una cómoda chimenea?

—El frío nunca me ha molestado —Elsa respondió.

—Muy lindo —dijo Norte, estudiando una montaña congelada— ¿Lo hiciste todo tú sola? Debió tomarte años.

—Tenía mucho tiempo en mis manos. Cuando originalmente lo construí, la mayoría de los muebles no estaban aquí. He agregado algunas cosas a través de los años.

—¿Hiciste todas estas esculturas? —preguntó Tooth desde la habitación llena de esculturas donde había encontrado a Elsa antes. Volaba a cada una de ellas, estudiándolas.

—Es un pasatiempo.

—Tienen tantos detalles —murmuró Tooth, y los tenían. En serio, estas cosas eran las versiones de hielo de todos esos museos de cera. Es asombroso y aterrador. Una de las haditas de Tooth voló hacia ella y chilló algo. Ella ahogó un grito, y ya estaba de vuelta al trabajo.

—Por mucho que me gustaría quedarme, Elsa —dijo Norte— Creo que deberíamos irnos. Pitch se ha ido, por ahora, y no sabemos cuál es su plan, pero Sandy y Tooth tienen que trabajar todas las noches para que los niños sigan creyendo y mientras los niños puedan creer, Pitch no ganará poder. Mientras tanto, no tiene sentido que todos nos quedemos aquí sentados cuando hay trabajo que hacer. Te haremos saber si Pitch decide mostrarse otra vez.

Todos dejaron el lugar, saliendo por el balcón y yo miré cómo Elsa se despedía de ellos con la mano. Ella se volteó hacia mí, expectante.

—¿No deberías irte también? —preguntó, apoyándose contra el barandal del balcón — ¿Provocando guerras de nieve y dándoles días nevados a los niños?

—Quiero saber qué es lo que pasará contigo —dije, apoyándome en el barandal, a su lado. Ella necesitaba vivir, realmente vivir, y yo me aseguraría que eso pasara antes de ir a cualquier lado sin ella. Me sentí un poco triste cuando pensé en dejarla, pero no tiene nada que ver. Simplemente estaba velando por su bienestar.

—¿Qué quieres decir?

—Bueno, no puedes pasar el resto de la eternidad encerrada en tu castillo. Esa no es forma de vivir. Yo sé lo que es estar solo. Pasé los primeros trescientos años de mi vida, haciendo todo lo que pude pensar para que alguien me viera, pero nadie me veía. No tenía recuerdos de mi vida antes de ser Jack Frost, así que tienes suerte. Cuando me enteré que Tooth guardaba mis recuerdos en mis dientes, en su palacio, Pitch ya se los había robado —la miré— No quieres estar sola, créeme.

—¿Qué estás sugiriendo, Jack Frost?

—Ven conmigo —dije, sonriendo.

—¿A dónde? —preguntó, pero yo sacudí la cabeza, no había manera que le contara lo que había planeado.

—Es una sorpresa —dije, y ella rio. Amaba cuando reía. Eso significaba que estaba feliz, y ella se merecía eso.

—Pero, ¿qué con el pobre de Olaf? —¿Estaba bromeando? ¡Ese hombre de nieve ha sido capaz de cuidarse solo por cientos de años!

—Él puede cuidarse solo por una noche —insistí, tomando su mano entre la mía y dándole un tirón. Era cálida y suave— Vamos, sólo por esta noche —le aseguré, y ella sonrió y asintió.

— Está bien.

Sonreí ampliamente y apreté su mano fuerte mientras salíamos volando del lugar. El sol se estaba poniendo, así que supuse que ya sería de noche para cuando llegáramos a nuestro destino, lo cual era bueno.

Treinta minutos después, aterricé en la cima de una alta colina, con una buena vista a un pequeño pueblo. Elsa aterrizó a mi lado y miró los alrededores antes de fijar su mirada en mí, con una ceja arqueada, como diciendo "¿Tanto misterio para esto?". Reí y negué con la cabeza, señalando el cielo sobre las casas.

—Solo espera —le dije— El espectáculo está a punto de comenzar —y justo en ese momento, arena dorada caía en ríos hacia cada una de las casas. Siempre amé ver a Sandy trabajando, y un suspiro de asombro a mi lado me decía que Elsa compartía mi opinión.

—¿Son esos…?

—¿Sueños? —terminé, mirándola. Sus ojos azules estaban llenos de asombro— Sí, esto es lo que hace Sandy cada noche.

—Wow —suspiró de nuevo con fascinación, extendió una mano, alcanzando a tocar la hebra dorada que estaba sobre nosotros. Con su toque, la arena se transformó en palomas que volaron a nuestro alrededor antes de ir a buscar a un niño durmiente— Es hermoso.

Y asentí, prestándole más atención a ella que a los sueños. Elsa era hermosa. Se sentó en el césped y yo la seguí. Sentí mi corazón acelerar su ritmo cuando ella apoyó su cabeza en mi hombro, y le rogué a la Luna que ella no lo pudiera escuchar. Pero si en verdad lo hacía, no lo demostraba, así que me relajé y dudando un poco, recosté mi mejilla contra su cabeza mientras observábamos.

Pasó el tiempo, y no sé cuánto, hasta que ella habló. Fácilmente pudieron ser horas, así como también pudieron ser minutos.

—Tenías razón, Jack —dijo— No quiero estar sola.

—Lo sé —dije— Pero no tienes que estar sola nunca más.

—Lo sé, ahora tengo a Olaf para que me haga compañía.

—También me tienes a mí —agregué. Pasó un tiempo antes de sentir su sonrisa contra mi hombro.

—Gracias, Jack. Por todo.

—No hay de qué —respondí, sonriendo. Ella rio.

—Y pensar que se suponía que me ibas a dejar sola desde que fui al Polo Norte contigo.

Mi sonrisa se amplió, recordando la conversación que había ocurrido ayer. O más bien, hace dos días.

—Técnicamente, nunca acordé en dejarte sola sí venías conmigo, así que estoy en todo mi derecho de seguir molestándote.

Ella me dio un pequeño y juguetón empujón, y enganchó su brazo en el mío antes de volver a poner su cabeza sobre mi hombro.

—Tendré eso en mente para futuras referencias.

—Seguro lo harás —reí.

Y caímos en otro lapso de cómodo silencio.

—¿Jack?

—¿Sí?

—Si esto es solo por esta noche, entonces no quiero que salga el sol —dijo y la miré.

—No tiene que ser solo por esta noche, Elsa. Puedes venir conmigo si quieres.

—Pero ¿Y Olaf? No puedo dejarlo solo por otros cuatrocientos años. Y Malvavisco no sabría qué hacer sin mí.

Suspirando, miré a la Luna. Sabía que Elsa amaba a Olaf, y el hombre de nieve empezaba a agradarme también, pero en este preciso momento, me estaba fastidiando sin siquiera estar aquí. Y en cuanto a Malvavisco, bueno…

—Pero si el hombre de nieve no estuviera en el panorama, ¿estarías interesada?

Hubo otro momento de silencio mientras ella pensaba.

—Sí, creo que lo haría.

Sentimientos de alivio y alegría me recorrieron, pero traté de no demostrarlo.

—Bueno, en ese caso, creo que me puedo quedar un poco más mientras pensamos en algo.

—¿En serio? —preguntó, sonando tan esperanzada que reí.

—Sí, por supuesto —Y la sonrisa que obtuve como respuesta fue más que suficiente para saber que había hecho lo correcto— Pero sólo si dejas que me quede en el castillo de hielo —No pude evitar usar un tono burlón. Su cara se tornó seria.

—Jack, siempre eres bienvenido en mi castillo —dijo. Fijé la vista en sus ojos. Tan azules y tan llenos de emociones, brillando con los primeros rayos del sol. Espera, ¿qué?

Echando un vistazo al cielo, noté que el sol empezaba a salir. Me puse de pie y le ofrecí mi mano a Elsa, quién la tomó y se puso de pie.

—Deberíamos irnos. Olaf debe estar preguntándose en dónde estamos —dijo antes de que yo pudiera emitir palabra. Sus mejillas iban encendidas con su sonrojo mientras se iba volando.

Miré a Sandy, que había bajado para pararse junto a mí. Tenía una sonrisa en su rostro y corazones sobre su cabeza. Fruncí el ceño.

—Cállate, Sandy —murmuré, siguiendo a Elsa. Como era de esperarse, había vuelto al castillo de hielo. No me cansaba de ese palacio. Se veía aún más hermoso con los primeros rayos de sol.

Elsa estaba esperándome en el balcón junto a Olaf, hablando con él. Desafortunadamente para mí, estaba tan distraído por ella y el castillo de hielo que olvidé bajar la velocidad para aterrizar agraciadamente y terminé estrellándome de cabeza, justo a sus pies.

—¡Jack! —dijo, apresurándose a ayudarme a pararme— ¿Estás bien?

Avergonzado, traté de hacer como si nada hubiese pasado.

—Sí, estoy bien. Suelo hacer eso. Fue a propósito.

Pero su cara me decía que no la había engañado, pero no insistió en el asunto. La seguí dentro del castillo con Olaf caminando a mi lado, tarareando felizmente. La luz se reflejaba en el candelabro del techo, y lo mire fijamente. Elsa notó lo que hacía y alzó la vista.

—Tuve que deshacerme del original que se cayó mientras limpiaba —dijo— Pero este es exactamente igual. Tuve que reemplazar muchas cosas; fue un desastre.

—Es asombroso —dije. Lo siguiente que supe, fue que un par de brazos estaban rodeando mi cuello. Por un momento, solo me quede ahí parado, conmocionado, antes de volver a mis cinco sentidos y rodear la cintura de Elsa con mis brazos.

—Anoche fue la mejor noche de mi vida, Jack —susurró suavemente— Gracias —Y sonreí en su cabello.

—Fue todo un placer.

Ella se soltó y me sonrió. Observé cómo ella entraba a otra habitación y me senté en el piso. Todo mi cuerpo se estremecía por su abrazo. Todas estas sensaciones estaban haciendo que mi cabeza diera vueltas ¿Qué significaban? Entonces estaba el lado lógico de todo esto porque por un lado, realmente quería besarla, pero por el otro lado, nos conocimos hace no mucho y la probabilidad de que ella no estuviera lista para una relación era demasiado alta… Pero aún quería besarla.

Mi cabeza cayó entre mis manos y mis dedos se deslizaron por mi cabello. Todo este problema estaba haciendo que me doliera la cabeza. Y Elsa parecía ajena a todo esto. Por supuesto, no sabía si eso era algo bueno o malo ¿Por qué tenía que ser tan complicado? ¿Yo quería si quiera estar en una relación? Nunca pensé en ello realmente. Durante mucho tiempo yo estaba tan concentrado en tratar que la gente me viera, que en realidad nunca lo consideré. Y aquí estaba, pensando en ello, ¡y todo por una chica que conocí hace dos días! Todo esto es un desastre.

Pero estamos yendo a un ritmo, ¿no? Digo, aún no nos hemos besado, así que seguimos siendo solo amigos, que es como debe ser. Empezar como amigos y seguir a partir de ahí. No es como si necesitara proponerle matrimonio ahora. Ella definitivamente diría que no y yo no la culparía ¿Quién se compromete con alguien que acabas de conocer? Oh, bueno… su hermana, Anna, pero ella volvió a sus sentidos y se casó con un hombre con quién se tomó su tiempo para conocer, y que la amaba y, ¿qué es lo que estoy pensando? ¿Matrimonio? Vamos Jack, empezaste preguntándote si querías salir con alguien en absoluto, ¿cómo llegaste a eso?

Suspiré. Genial, ahora me estaba regañando a mí mismo. Espero no estarme volviendo loco. Quizá me golpeé la cabeza más fuerte de lo que pensé. Poniéndome de pie, vi, a través de una ventana, que el sol terminaba de salir por la cima de una montaña y fruncí el ceño. Con una vista como esa, con una ventana más grande luciría mucho mejor. Traté de usar mi cayo para hacerla más grande, pero no sucedía nada. Mis cejas se juntaron en confusión. Yo siempre fui capaz de controlar el hielo y la nieve a mi placer, pero no aquí. Paseé uno de mis dedos por una pared cercana y vi cómo el rastro de escarcha que dejaba desaparecía al instante.

Mi confusión creció más y miré la pared fijamente, como si hacer eso me fuera a dar las respuestas que necesitaba. Eso no sucedió, y yo seguía mirando fijamente la pared cuando Elsa volvió.

—¿Seguro que estás bien, Jack? —preguntó. Su voz tenía un atisbo de preocupación. No le respondí. Ella camino y se paró detrás de mi— ¿Qué? ¿La pared golpeó tu cabeza? —Negué con la cabeza.

—Mis poderes no funcionan aquí—dije, pasando mi dedo por la pared para demostrarle— Creo no le agrado a tu hielo —ella rodó los ojos.

—Bueno, ¿qué quieres que haga? ¿Que te dé permiso?

Enarqué las cejas ante la sugerencia. Valía la pena intentarlo…

—Bien —cedió— Te doy mi permiso —dijo en un tono dramático, obviamente pensando que no iba a funcionar, pero cuando posé mi mano en la pared otra vez, ésta se cubrió totalmente con mi escarcha— ¿Era eso completamente necesario? —preguntó, frotando su mano por la pared para suavizar la escarcha del hielo—Vamos, tu habitación está lista.

—¿Mi habitación? —repetí, siguiéndola— ¿Tengo mi propia habitación?


N/A: ¡Hola! Ya sé que ha pasado un mes desde la última vez que actualicé. Digamos que ya tenía estos capítulos listos hace un tanto, pero no había podido subirlos, lo siento. En fin, como fueron cuatro semanas de ausencia, hoy subiré los cuatro capítulos de esas semanas.

¡Ah!, casi olvido algo muy importante. En este capítulo es necesario hacer otro disclaimer. Les traduciré una parte de la nota de autora de Zerlinda para que entiendan mejor a lo que me refiero.

"Está bien, necesito hacer otro disclaimer porque básicamente tomé la parte donde los poderes de Jack no funcionaban en el castillo de Elsa de otro fanfiction. El fanfiction se llama 'MY Ice Castle' y no me pertenece. Lo edité un poco, pero es prácticamente lo mismo ¡Lo siento! ¡Me encantó tanto esa parte que no me pude resistir!" —Zerlinda.

De nuevo me disculpo por la demora, gracias a todos los que apoyan esta historia con un favorito, una alerta o un review, la autora y yo lo apreciamos mucho. Nos vemos en el otro capítulo.

Niettono.