Disclaimer: Este fic NO ME PERTENECE, ES UNA TRADUCCIÓN. El fic original le pertenece a Zerlinda, quien amablemente me permitió traducirlo y traérselo a ustedes. A los que quieran ver la historia original en inglés: s/10031929/1/The-Snow-Queen


Capítulo 09: Sólo por esta noche

Volamos por aproximadamente media hora antes de que Jack aterrizara en una colina alta. No una montaña ni nada por el estilo, pero una colina alta con vista a un pequeño pueblo. No parecía nada especial. Arqueé una ceja hacia Jack. "¿Tanto misterio para esto?". Pero él solo rió y negó con la cabeza, señalando el cielo sobre las casas.

—Sólo espera —dijo— El espectáculo está a punto de comenzar.

Alcé la vista, observando lo que señalaba su dedo, y suspiré. Brillante arena dorada caía en espirales hacia las casas. Era hermoso. La arena lucía vagamente familiar.

—¿Son esos…?

—¿Sueños? —terminó Jack— Sí, esto es lo que hace Sandy cada noche.

—Wow —suspiré con asombro. No podía apartar la vista de ello, y tampoco quería hacerlo, después de todo, ¿cuántas personas son capaces de ver cómo se hacen los sueños? Extendí una mano y alcancé a tocar una hebra de arena que estaba por sobre nosotros, y se transformó en palomas. Las aves volaron a nuestro alrededor antes de bajar a las casas— Es hermoso —me senté en el césped, aún con la vista fija en el cielo y los sueños.

Jack asintió y se sentó a mi lado. En un impulso, apoyé mi cabeza en su hombro. Él se tensó y empecé a preguntarme si quizá no debí haber hecho eso, pero entonces se relajó y apoyó su mejilla contra mi cabeza.

Mientras observábamos el espectáculo, mi mente empezó a recordar todo lo que había ocurrido. Muchas cosas han cambiado. Tooth tenía razón. Hace solo cuarenta y ocho horas no quería estar cerca de nadie ni hacer un solo copo de nieve. Ahora, dejé ir mis errores del pasado y estoy aquí sentada, completamente cómoda, con mi cabeza sobre el hombro de Jack. Antes, estaba tan preocupada de herir a las personas, que nunca me tomé el tiempo para disfrutar el tener compañía. Ahora, lo estaba pasando realmente bien y la idea de volver a la soledad hizo que mi corazón sintiera una gran desilusión, siendo que estar así solía reconfortarme.

—Tenías razón, Jack —dije— No quiero estar sola.

—Lo sé —respondió suavemente— Pero no tienes que estar sola nunca más.

Mis labios se curvaron ligeramente, formando una pequeña sonrisa.

—Lo sé, ahora tengo a Olaf para que me haga compañía —eso ciertamente sería un gran cambio en mi día a día desde que el hombre de nieve es tan extrovertido.

—También me tienes a mí —agregó Jack.

Consideré lo que dijo por un momento, entonces sonreí.

—Gracias, Jack. Por todo.

—No hay de qué —dijo, trayendo recuerdos de cuando nos conocimos. Me eché a reír.

—Y pensar que se suponía que me ibas a dejar sola desde que fui al Polo Norte contigo.

Sentí que sonrió, él también estaba recordando la conversación.

—Técnicamente, nunca acordé en dejarte sola sí venías conmigo, así que estoy en todo mi derecho de seguir molestándote.

Le di un pequeño empujón antes de enganchar mi brazo al suyo y volviendo a poner mi cabeza sobre su hombro. Él estaba en lo cierto.

—Tendré eso en mente para futuras referencias.

—Seguro lo harás —rió.

Hubo otro lapso de silencio mientras continuábamos observando los sueños. Debía ser tarde, lo que significaba que el sol estaba por salir, y que Jack debería irse y yo volvería a mi castillo de hielo. Por alguna razón, la idea de que él se fuera hizo que mi corazón se encogiera.

—¿Jack? —dije.

—¿Sí?

—Si esto es sólo por esta noche, entonces no quiero que salga el sol —él levantó su cabeza de la mía para mirarme.

—No tiene que ser sólo por esta noche, puedes venir conmigo si quieres.

—Pero ¿Y Olaf? No puedo dejarlo solo por otros cuatrocientos años. Y Malvavisco no sabría qué hacer sin mí.

Jack suspiró y desvió su mirada hacia la luna.

—Pero si el hombre de nieve no estuviera en el panorama, ¿estarías interesada? —Pensé en ello. Si no tuviese que preocuparme por Olaf o Malvavisco, la idea de ir por ahí con Jack era bastante atractiva.

—Sí, creo que lo haría.

—Bueno, en ese caso, creo que me puedo quedar un poco más mientras pensamos en algo.

—¿En serio? —dije, quizá sonando un poco esperanzada. Él se echó a reír.

—Sí, por supuesto —no pude evitar la sonrisa que se formó en mi rostro— Pero solo si dejas que me quede en el castillo de hielo.

—Jack, siempre eres bienvenido en mi castillo —dije. Su tono había sido de burla, pero yo estaba completamente seria. Todos deberían tener siempre un lugar al cuál poder ir, y era lo menos que podía hacer después de todo lo que él ha hecho por mí. Él me miró a los ojos y yo miré a los suyos. Esa extraña fuerza que me atraía hacia él había vuelto.

De repente, él se levantó tendiéndome una mano y supe que nuestro momento había terminado. El sol empezaba a salir mientras tomaba su mano y él me ayudaba a ponerme en pie.

—Deberíamos irnos. Olaf debe estar preguntándose en dónde estamos —mis mejillas estaban rojas para cuando salí volando en mi copo de nieve antes que él. Necesitaba espacio para poner todo en orden. Mi cerebro no funcionaba muy bien cuando estábamos tan cerca.

Aterrizando en el balcón de mi castillo de hielo, Olaf corrió a saludarme.

—¡Elsa! —chilló— Me preguntaba dónde estabas.

—Estoy bien, Olaf —dije— Estaba con Jack. Él me llevó a ver cómo se hacen los sueños.

—¿Sueños? —repitió con fascinación— ¿Cómo fue?

—Fue asombroso y hermoso y mágico y… —me detuve cuando me di cuenta que me estaba emocionando demasiado— Fue magnífico.

Olaf no pareció notar mi anormal comportamiento porque estaba mirando alrededor, aparentemente buscando algo.

—¿Dónde está Jack? —preguntó y fruncí el ceño.

—El debería haber llegado justo después que yo —Justo cuando estaba dando la vuelta para escanear el cielo en busca de él, Jack se estrelló de cabeza contra el suelo a mis pies— ¡Jack! —dije, apresurándome a ayudarlo a levantarse— ¿Estás bien?

—Sí, estoy bien —gruñó, tratando de hacer como si nada hubiese pasado— Suelo hacer eso. Fue a propósito.

Le lancé una mirada para hacerle saber que no me había engañado, pero deje el tema de lado y entré al castillo. Jack me siguió, detrás de él iba Olaf tarareando felizmente. Cuando me di la vuelta, él estaba mirando fijamente el candelabro de hielo del techo.

—Tuve que deshacerme del original que se cayó mientras limpiaba —le conté, alzando la vista para verlo. Los rayos del sol se reflejaban hermosamente en el candelabro— Pero este es exactamente igual. Tuve que reemplazar muchas cosas; fue un desastre.

—Es asombroso —dijo, y no pude evitarlo. Me acerqué a él y rodeé su cuello con mis brazos. Al principio, él no se movió, y estaba a punto de soltarme antes de avergonzarme a mi misma aún más, cuando sus brazos envolvieron mi cintura.

—Anoche fue la mejor noche de mi vida, Jack —susurré en su oído suavemente— Gracias —Él sonrió en mi cabello.

—Fue todo un placer.

Sonriéndole, lo solté y caminé hacia una habitación de huéspedes vacía. Seguramente le gustará tener una habitación para él solo, así que empecé haciendo una cama. No estaba segura si Jack dormía o no. Yo lo hacía, no porque estuviera cansada, sino porque era relajante, una buena forma pasar largos lapsos de tiempo, y una manera de escapar de la realidad. Incluso si él no lo hacía, era bueno tener una cama para descansar o para ocupar espacio. Llenar la habitación me tomó un tiempo, pero eventualmente la terminé.

Una vez la habitación fue de mi agrado, volví a con Jack, quién estaba frunciéndole el ceño a una pared vacía, como si esta fuese su peor enemigo. Quizá le dolía la cabeza. Había aterrizado bastante fuerte.

—¿Seguro que estás bien, Jack? —pregunté con preocupación. Cuando no me respondió, caminé detrás de él para ver lo que estaba mirando tan fijamente. No vi nada— ¿Qué? ¿La pared golpeó tu cabeza? —dije, pero él negó con la cabeza.

—Mis poderes no funcionan aquí —dijo, bastante irritado. Para demostrarme, paseó un dedo por la pared, dejando una estela de escarcha que desapareció al instante— Creo que no le agrado a tu hielo —rodé los ojos.

—Bueno, ¿qué quieres que haga? ¿Que te dé permiso? —Se suponía que eso había sido sarcasmo, pero Jack levantó las cejas ante la sugerencia ¿Hablaba en serio?

—Bien. Te doy mi permiso —dije en un tono dramático. No había manera en que esto realmente funcionara.

Desafortunadamente sí funcionó, y cuando tocó la pared otra vez, esta se cubrió totalmente con su escarcha. Yo fruncí el ceño ante eso.

— ¿Era eso completamente necesario? —pregunté, frotando mi mano por la pared para remover la escarcha—Vamos, tu habitación está lista.

—¿Mi habitación? —repitió— ¿Tengo mi propia habitación?

Asintiendo, deje que entrara primero en la habitación. Caminó hasta el centro, girando en círculos para verlo todo. Observando sus reacciones cuidadosamente, consideré el hecho de que no debería estar tan nerviosa por su aprobación. Sin embargo, lo estaba.

—La dejé medio vacía en caso de que quieras personalizarla por tu cuenta—dije, aún parada justo en la entrada— Puedes cambiar los muebles si no te gusta como lucen. Y si no los quieres, eso está bien también. Solo pensé que si te ibas a quedar aquí, quizá querrías un lugar para ti solo. Y si alguna vez vuelves, debes saber que siempre tendrás donde quedarte desde que dije que siempre eres bienvenido en mi castillo —Me callé cuando me di cuenta de que estaba divagando. Jack fijo su mirada en mi, luego en la habitación.

—¿Todo esto es mío?

—Sí —dije, preocupada por su falta de respuesta— ¿No te gusta? —Él me miró con los ojos como platos.

—No, no, no —se apresuró a decirme— No es eso. Me encanta. Es solo que… nunca tuve mi propia habitación.

—¿Nunca? —pregunté con curiosidad. No sabía casi nada del pasado de Jack, y no estaba en posición como para entrometerme.

—Bueno, no que yo recuerde —admitió, encogiéndose de hombros— Debí tener una cuando era humano, pero no estoy seguro. Los únicos recuerdos que tengo como humano son los que vi en mis dientes cuando Pitch me los devolvió. Después de convertirme en Jack Frost, nunca me quedé en un sitio el tiempo suficiente como para considerarlo propio.

—Oh —dije, un poco desconcertada. No puedo imaginar no tener un lugar al cual poder ir, o un lugar que sea tuyo. Al menos yo siempre tuve eso. Incluso cuando estaba encerrada en mi habitación. Seguía siendo mi habitación, pero Jack nunca tuvo eso. O no uno que él pudiera recordar— Bueno, ahora tienes uno.

—Ahora lo tengo —dijo, sonriéndome— Gracias, Elsa.

—No hay de qué —respondí— Tengo montones de habitaciones de huéspedes. No estoy muy segura de porqué las hice, desde que este lugar fue hecho para el aislamiento. Pero ahí están. De hecho, tengo que arreglar una para Olaf —traté de irme, pero él habló de nuevo.

—Así que, ¿puedo hacer lo que me plazca aquí? —preguntó. Había un brillo travieso en sus ojos que no me pasó desapercibido.

—A excepción de demoler la habitación, sí —respondí, sintiendo que me arrepentiría pronto de mis palabras. Su sonrisa confirmó lo que mi intuición me había dicho.

—¿Así que puedo haces esto? —preguntó, tocando una pared cercana, para cubrir las cuatro paredes y el techo con escarcha.

—Si así lo quieres —dije, saliendo de la habitación. Era su habitación después de todo. Debería poder personalizarla a su gusto. Siempre y cuando no intentara eso en alguna otra parte del castillo.

Olaf estaba en el cuarto de esculturas, mirando la réplica de hielo de Anna. Caminé hasta llegar a su lado.

—La extraño, Elsa —dijo, yo lo miré y le sonreí.

—Yo también.

—¿Crees que puedes hacer una escultura de ella, Kristoff y Sven en mi habitación? —preguntó, mirándome.

—Claro que puedo —le dije— Hablando de tu habitación, estaba a punto de empezar a arreglarla ¿Hay alguna en particular que tú quieras?

Él se emocionó al instante, agarrando mi mano y halándome fuera del cuarto. Reí mientras estaba siendo arrastrada en una alcoba vacía, que daba frente al balcón, y entre la habitación de Jack y la mía. Esta tenía una ventana con vista a lo que antes era Arendelle.

Las siguientes horas las pasamos llenando el dormitorio de Olaf con muebles. Me tomó más tiempo que con la de Jack, desde que el dueño de esta estaba justo ahí, diciéndome exactamente lo que quería. No que me importara realmente. Quería que a Olaf le gustara su habitación. Sin embargo, la escultura que me había pedido tendría que esperar, porque tomaría mucho más tiempo terminarla.

—¡Me encanta! —Olaf chilló felizmente cuando había terminado. Corrió hacia mí y me abrazó —Eres la mejor, Elsa —riendo, le devolví el abrazo.

—Gracias, Olaf.

Caminó hacia la cama y saltó en ella. Yo me senté a su lado.

—¿Cuánto tiempo se va a quedar Jack?

—No estoy segura; él dijo que se quedaría un poco más —lo miré— ¿Estás bien con eso?

—Oh, sí, solo sentía curiosidad. Me gusta Jack, es divertido ¿No te gusta Jack?

—Sí, me gusta Jack.

—¿Cómo a Anna le gustaba Kristoff?

La pregunta me tomó por sorpresa y vacilé. Olaf me estaba mirando con los ojos bien abiertos, esperando pacientemente por mi respuesta. Le sonreí gentilmente.

—Ya veremos —dije, levantándome y saliendo del lugar. Cerrando la puerta de mi habitación detrás de mí, cerré los ojos y presioné mis sienes con los dedos. Mi cabeza empezaba a doler por todos los cambios que debía asimilar. Encontrar a Olaf con vida. Sin embargo, las cosas con Jack eran otra historia.

Kristoff y Anna se amaban pero, ¿yo amaba a Jack? Nos conocimos hace solo dos días, y eso demasiado pronto como para estar enamorada de alguien. Aunque, ¿cómo más podría llamar a este sentimiento que tengo cada vez que estoy cerca de él? ¿Encaprichamiento? No, no es eso, esto es mucho más profundo. Siento como si algo me atrajera constantemente hacia él, y se vuelve más fuerte cuanto más tiempo pasamos juntos. Es más evidente cuando estamos solos, como anoche, o como ayer en el castillo de Arendelle.

También era evidente cuando alguno mencionaba el dejar al otro. Cuando Jack estaba hablando de tener que irse, que sentí una punzada en el corazón, como si lo que sea que nos conecta, estuviera enojado de que cualquiera de los dos considerara tal cosa como separarnos. La idea de no tener a Jack en mi vida dolía y, mientras mi parte racional me decía que era una ridiculez y que estaba exagerando, podía, en el fondo, escuchar la voz de Anna gritando que eso era amor verdadero.

No, eso no podía ser amor verdadero. Era demasiado pronto para algo como eso. Quizá era por lo realmente fácil que me puedo relacionar con él. Sí, eso es. Ambos tenemos poderes de hielo y hemos estado solos por cientos de años. Quizás he estado sola por mucho tiempo y mi mente solo está emocionada porque finalmente soy capaz de relacionarme con alguien. Hablar con alguien que de verdad te entiende porque ha experimentado lo mismo que tú.

Después de todo, él ha estado soltero su vida entera. Que yo sepa, al menos. Probablemente prefiere eso a una relación. Quizá no esté interesado en salir con alguien ahora, o nunca.

Oh, ¿cómo me metí en esto? Lo que sé es que todo está en mi cabeza, y que he estado pensando demasiado en esos momentos que pasamos juntos y en el beso que casi nos damos. Eso es, estoy formando una tormenta en un vaso con agua. Y todo por una simple pregunta que Olaf me hizo. Tal vez Anna estaba en lo cierto; soy excelente alejando a las personas pero, ¿qué sabía yo de amor? ¿Sé realmente algo acerca de Jack?

—¿Elsa? —dijo Jack, llamando a la puerta —¿Quieres hacer algo? ¿Ir a patinar sobre hielo?

Sacudiendo mi cabeza para liberarla de mis confusos pensamientos, abrí la puerta y le sonreí.

—Sí, ¿por qué no? —él me dedicó una sonrisa ladina.

—¡Eh, Olaf! —lo llamó— Vamos a patinar sobre hielo ¿Quieres venir?

—¡Yay! —oí que el hombre de nieve respondía mientras salía de su habitación— ¡Vamos a patinar sobre hielo!

Jack y yo reíamos mientras seguíamos fuera del castillo al hombre de nieve que iba corriendo, hacia un lago congelado cerca del castillo. Olaf no tardó en salir a correr sobre el hielo.

—¡Olaf, espera! —lo llamé— ¡Tenemos que revisar el hielo!

Pero era muy tarde, él ya estaba patinando.

—¡Deslizarse… y girar! ¡Deslizarse y gir- AH! —y Olaf cayó por un punto particularmente débil en el hielo.

Mi corazón se detuvo y el aire se atascó en mi garganta por un segundo, antes de que saliera corriendo hacia el hielo, para bucear en el lago tras él, esquivando el brazo de Jack que trataba detenerme.

—¡Olaf!

—¡Elsa! —escuché a Jack gritar antes de sumergirme en el agua helada.

Bajo la superficie del lago, las partes de Olaf estaban flotando en diferentes direcciones. Tomando las bolas de nieve que tenía por cuerpo, y su cabeza, los dirigí de manera que pudieran flotar hacia la abertura en el hielo, y pudieran salir. Sin embargo, sus brazos, cabello y nariz, llegaron hasta el fondo. Nadé y los alcancé, y me impulsé con el piso del lago, cuando sentí que mis pulmones quemaban por la falta de aire. Mi vista empezaba a oscurecerse. Mis piernas patearon furiosamente. Mis brazos se apretaron alrededor de las ramas y la zanahoria. Como un reflejo, mi boca se abrió en busca de aire, pero era demasiado pronto y todo lo que obtuve fue agua helada. Caí inconsciente mientras sentía una mano agarrar mi muñeca y sacarme de allí.


N/A: Gracias a todos los que apoyan esta historia con un favorito, una alerta o un review.

Besos,

Niettono.