Disclaimer: Este fic NO ME PERTENECE, ES UNA TRADUCCIÓN. El fic original le pertenece a Zerlinda, quien amablemente me permitió traducirlo y traérselo a ustedes. A los que quieran ver la historia original en inglés: s/10031929/1/The-Snow-Queen


Capítulo 10: Patinaje sobre hielo (Jack's POV)

Seguí a Elsa a la habitación. Mis ojos se abrieron con sorpresa mientras entraba ¡El lugar era enorme! Y estaba un poco sorprendido de que ella se tomara el trabajo de amoblar la habitación, pero incluso con los muebles, aún quedaba mucho espacio por usar.

—La dejé medio vacía en caso de que quieras personalizarla por tu cuenta—dijo desde la entrada, mientras yo caminaba en círculos— Puedes cambiar los muebles si no te gusta como lucen. Y si no los quieres, eso está bien también. Solo pensé que si te ibas a quedar aquí, quizá querrías un lugar para ti solo. Y si alguna vez vuelves, debes saber que siempre tendrás donde quedarte desde que dije que siempre eres bienvenido en mi castillo —

—¿Todo esto es mío?

—Sí —dijo, sonando preocupada— ¿No te gusta? —mi cabeza se giró bruscamente en su dirección.

—No, no, no —le aseguré— No es eso. Me encanta. Es solo que… Nunca tuve mi propia habitación.

—¿Nunca? —dijo, sorprendida.

—Bueno, no que yo recuerde —corregí, encogiéndome de hombros— Debí tener una cuando era humano, pero no estoy seguro. Los únicos recuerdos que tengo como humano son los que vi en mis dientes cuando Pitch me los devolvió. Después de convertirme en Jack Frost, nunca me quedé en un sitio el tiempo suficiente como para considerarlo propio.

—Oh —dijo, aún asombrada — Bueno, ahora tienes uno.

—Ahora lo tengo —dije, con una sonrisa— Gracias, Elsa.

—No hay de qué —respondió, despreocupada— Tengo montones de habitaciones de huéspedes. No estoy muy segura de por qué las hice, desde que este lugar fue hecho para el aislamiento. Pero ahí están. De hecho, tengo que arreglar una para Olaf —ella trató de irse, pero una idea llegó a mi mente y no me pude resistir.

—Así que, ¿puedo hacer lo que me plazca aquí? —le pregunté, deteniéndola. Ella me miró cautelosamente, como si sospechara que fuese a hacer algo. Y si lo hacía, tenía razón.

—A excepción de demoler la habitación, sí —dijo y una gran sonrisa se formó en mi rostro.

—¿Así que puedo hacer esto? —toqué una pared cercana, para cubrir el techo y las cuatro paredes con escarcha, recordando cómo eso la había irritado antes.

—Si así lo quieres —suspiró, dejando la habitación. Esperé hasta que la perdí de vista antes de tirarme sobre la cama ¿Cuánto tiempo había pasado desde que me acosté en una cama? ¡No sabía si quiera qué hacer con todo este espacio! No es como si llevara una mochila donde quiera que vaya. Solo mi cayo y mi ropa, y eso no es suficiente para llenar la habitación.

Cuando le dije que me tenía que quedar en su castillo de hielo, no lo decía en serio. Se suponía que era una broma. Entonces ella dijo que era siempre bienvenido en su castillo y eso me conmovió, ¿pero esto? Nunca me esperé algo como esto. Toda una habitación para mí. Un lugar al cual siempre podía ir si me quería relajar. Podría empezar a coleccionar cosas cuando viaje y así decorar el lugar de esa manera.

¡Una habitación para mí! Todavía estaba tratando de hacerme a la idea. Nunca pensé en construir un lugar para mí. Nunca se pasó por mi mente esa idea. No estaba interesado en ser como Norte, Conejo y Tooth, quedándose en un mismo lugar todo el tiempo. Me gustaba pasear por ahí e interactuar con los niños. Aunque claro, Tooth ha mejorado en dejar su palacio e ir a recoger los dientes por sí misma. Aunque quizá el tener un lugar propio no sea tan malo después de todo. De todas formas, ¿quién dijo que tenía que quedarme aquí todo el tiempo? Podría ir y venir como gustara, aun paseando por ahí y jugando con los niños, vendría aquí cuando llegase a necesitar un descanso. Es agradable pertenecer a un lugar después de todos estos años.

Y ya no estaré solo nunca más, desde que Elsa me hará compañía ¡Incluso dijo que le gustaría viajar conmigo! El único problema con eso eran sus dos hombres de nieve mágicos, Olaf y Malvavisco. Con los cuales realmente no tenía ningún problema. Me agradó bastante Olaf una vez que me acostumbré al hecho de que estaba vivo; era como un niño pequeño.

Por otro lado estaba Malvavisco, y de él no estaba tan seguro. No tenía nada en contra suya, pero era bastante difícil saber a qué atenerse con él, desde que no habla con nadie además de Elsa. Pero debo admitir que hace un buen trabajo protegiéndola, y no puedo odiarlo por eso. Sin embargo, Elsa tenía razón; él era una criatura de mente simple, probablemente no sabría qué hacer si ella lo deja por largos períodos de tiempo.

Me paré de la cama y la observé ¿Los espíritus si quiera podían dormir? Estando en constante movimiento, nunca lo intenté ¿Quizá era otro mueble que estaba aquí más para decoración que para uso?

Eventualmente, me aburrí, sentado en la cama con mis pensamientos. Podía escuchar a Elsa y Olaf en la habitación de al lado, hablando mientras Elsa hacía los muebles, pero a través de la pared no podía entender lo que decían.

Aburrido, hice dibujos en la escarcha de las paredes por unas horas. Al principio eran cosas simples; copos y hombres de nieve. Entonces intenté dibujar cosas más detalladas como niños jugando en la nieve, pero me frustré y recubrí el horrible dibujo con más escarcha. Obviamente no era un artista. Cuando mis dibujos se volvieron garabatos, noté que ya no había conversación proveniente de la habitación de Olaf, y que la puerta de la de Elsa estaba cerrada.

Armándome de valor, llamé a su puerta.

—¿Elsa? —pregunté—¿Quieres hacer algo? ¿Ir a patinar sobre hielo?

Para mi sorpresa, la puerta se abrió mostrando a una sonriente Elsa.

—Seguro, ¿por qué no? —sonreí de medio lado y una idea me vino a la mente.

—¡Eh, Olaf! Vamos a patinar sobre hielo ¿Quieres venir?

—¡Yay! —El hombre de nieve respondió, saliendo de su nueva habitación— ¡Vamos a patinar sobre hielo!

Elsa y yo reímos. Él era realmente como un niño. Olaf nos guio fuera del castillo y a un lago cercano que se había congelado e inmediatamente salió a correr sobre el hielo.

—¡Olaf, espera! —Elsa lo llamó— ¡Tenemos que revisar el hielo!

Sin embargo, Olaf no la escuchó y ya estaba patinando.

—¡Deslizarse… y girar! ¡Deslizarse y gir- AH! —patinó sobre un punto débil en el hielo, que se rompió bajo sus peso y cayó a través.

—¡Olaf! —gritó Elsa, corriendo tras él. Traté de lanzar un brazo para detenerla, pero ella lo esquivó y corrió hacia el hielo.

—¡Elsa! —grité. Mi corazón se detuvo mientras ella saltaba para ir tras el hombre de nieve. Recuerdos de mi hermana de pie sobre hielo roto pasaron por mi mente mientras corría tras ella.

Pieza a pieza, Olaf salió flotando por la abertura en el hielo. Saqué cada una, rearmando al hombre de nieve mientras lo hacía. Pronto, estaba completamente construido, a excepción de su nariz, cabello y brazos, pero Elsa aún no salía. Conociéndola, probablemente fue a por las piezas restantes.

Con mi corazón palpitando en mi pecho, y el aire atascado en mis pulmones, esperé mientras mis ojos buscaban en el agua oscura frenéticamente. Se sentía como si ella estuviera allí abajo por horas, y estaba a punto de saltar tras ella cuando la vi. Estaba nadando furiosamente, pero la necesidad de aire se volvía más y más letal. Entonces dejó de moverse, zambullí un brazo en el agua y agarré su muñeca, sacándola de ahí.

Al principio, sólo se quedó allí, débil en mis brazos, mientras la llevaba hacia la orilla cubierta de nieve. Su agarre en las ramas y la zanahoria se debilitó y éstas cayeron en el hielo, pero a Olaf no pareció importarle porque corrió detrás nosotros de con nada más que preocupación en su rostro. La puse suavemente en la nieve, y para mi gran alivio, ella empezó a toser violentamente, agua saliendo de su boca, mientras sus pulmones se deshacían de la sustancia indeseada.

—¿Jack? —ella dijo en tono áspero y una sonrisa de alivio se formó en mi rostro.

—Elsa —dije, ella parpadeó abriendo los ojos, y sostuvo mi mirada antes de mirar a su alrededor rápidamente.

—¿Olaf? —dijo, respirando con dificultad.

—Olaf está bien —dije— Él está justo aquí.

El hombre de nieve en cuestión se acercó cuidadosamente.

—¿Elsa?

—¡Olaf! —dijo, y tomó otra gran bocanada de aire— Estás bien.

—¡Pensé que habías muerto! —chilló, inclinándose para abrazar a Elsa, pero se detuvo cuando se dio cuenta que aún le faltaban los brazos. Elsa soltó una carcajada áspera.

—Ya morí —dijo— No puedo morir de nuevo —volvió a toser, pero esta vez fue menos violento y ya no salía agua de su boca. De hecho, ya sonaba un poco mejor. Tomé mi cayo y golpeé ligeramente el borde del lago, haciendo que se congelara de nuevo, sin puntos débiles. Elsa le sonrió a Olaf.

—Ve a patinar Olaf. Lucías tan emocionado.

Olaf vaciló, miró el hielo fijamente y volvió a su vista hacia Elsa, dudando. Él me miró, le di una sonrisa alentadora y asentí. No estaba enojado con él. No cayó intencionalmente a través del hielo ni obligó a Elsa para que corriera tras él. Y se veía tan preocupado y culpable por lo que pasó, que no podía enojarme con él. Teniendo nuestra aprobación, caminó de nuevo en el hielo, terminando de construirse antes de patinar con un poco más de cautela esta vez.

Elsa se sentó y yo pasé un brazo por sobre sus hombros, acercándola a mí para darle calor aunque sabía que el frío no la molestaba debido a sus poderes de hielo. A pesar de eso, ella no me alejó, al contrario, apoyó su cabeza en mí mientras miraba a Olaf patinando en el lago. Él volteaba a mirarnos constantemente para ver si Elsa estaba bien. Sentí que sonrió y rio en mi hombro.

—¿Qué? —pregunté, mirándola.

—Nada —dijo, su voz sonaba ya mucho más fuerte— Solo estaba pensando en cómo Anna nunca pudo patinar sobre hielo.

—¿En serio? —dije— ¿La hermana de la Reina de la Nieve no podía patinar? —Ella sacudió la cabeza y volvió a reír.

—No, era muy torpe —reí ligeramente y traté de acercarme más a ella discretamente.

—Me asustaste hoy.

—Lo siento —dijo— Ni si quiera pensaba en lo que estaba haciendo.

—Lo sé —respondí suavemente— Probablemente no debí preocuparme tanto como lo hice —ella levantó la mirada para verme.

—¿Entonces por qué lo estabas? —suspiré y pasé una mano por mi cabello.

—Cre- creo que es por mi hermana.

—¿Tenías una hermana? —Elsa preguntó, con obvia curiosidad en su voz.

Eso era otra cosa que teníamos en común.

—Cuando era humano —dije— Ella era mi hermana pequeña. Un día, la llevé a patinar al lago, pero no revisé el hielo y ella estaba parada sobre un punto débil. Fui capaz de jalarla fuera de ahí con mi cayo, diciéndole que estábamos jugando a la rayuela, pero cuando la halé fuera del punto débil, me deslicé en él y me ahogué. Así fue como me convertí en Jack Frost.

—¿Es por eso que cargas tu cayo contigo todo el tiempo? ¿Por tu hermana?

—Ehm, no. Siempre llevo mi cayo conmigo porque es mi conductor. Sin él, no puedo usar mis poderes —entonces ella frunció el ceño.

—¿En serio?

—Sí, ¿por qué? ¿No tienes uno?

—No que yo sepa —dijo, negando con la cabeza— Siempre he sido capaz de usar mis poderes con mis emociones.

No le respondí, pero encontré eso interesante. Nos sentamos ahí en silencio por unos minutos, observando a Olaf patinar.

—¿Jack?

Hice un ruido de afirmación, mis ojos aún seguían los movimientos de Olaf.

—¿Cuánto tiempo tardaste en encontrar tu centro?

—Bueno… me llevó un tiempo, ¿por? —respondí y ella se encogió de hombros.

—Es algo que ha estado en mi mente.

—No te preocupes. Llegará a ti, y cuando lo haga, será la cosa más obvia de este mundo —Ella se apoyó más en mí y la miré— ¿Estás bien? No tienes frío, ¿o sí? —empecé a quitarme mi sudadera para dársela, pero puso sus manos sobre las mías y me detuvo.

—Estoy bien, Jack. El frío no me molesta —La miré y tomé sus manos entre las mías.

—A mí tampoco me molesta —ella me sonrió.

—Lamento lo de tu hermana —dijo y me encogí de hombros.

—Yo lamento lo de la tuya.

—Fue hace mucho tiempo.

—Sin embargo eso no lo hace más fácil, ¿verdad?

—No, no lo hace. Aunque Anna vivió una larga y feliz vida con alguien que realmente la amaba y eso es todo lo que yo hubiese querido para ella.

—Eso es más o menos lo mejor que puedas desearle a cualquier persona —dije— Vivir una vida feliz con alguien que los ame.

—Sí, lo es.

Una vez más, sentí el intenso deseo de besarla. Mis ojos se paseabanentre los suyos y sus labios, mientras trataba de calmar mi acelerado corazón. Ella se inclinó hacia mí hasta que nuestros labios estaban a solo centímetros. Podía sentir su respiración golpeando mi rostro, nublando mi mente –Ella podría no estar lista–me susurró mi cerebro, ella dejó salir un suspiro y no pude formar un pensamiento coherente aparte de cuán suaves se sentirían sus labios contra los míos. Estábamos tan cerca el uno del otro, que no tomaría mucho unirlos. Vi sus ojos cerrarse y los míos hicieron lo mismo. Solo un poco más cerca…

De repente, se había ido. Su calor, su respiración, todo. Y me quedé con los ojos cerrados, los labios ligeramente fruncidos, a punto de besar a alguien que ya no estaba allí. Cuando finalmente entendí lo que pasaba, abrí los ojos para ver a Elsa de pie a unos metros de distancia, con una sonrisa en su rostro y… Mi cayo en sus manos. Parpadeé, mi cerebro aún atontado por su anterior cercanía.

—Solo para estar segura de entender —dijo, jugando— Mientras yo tenga esto, tú no puedes usar tus poderes.

Sonreí mientras me levantaba y caminaba hacia ella, extendiendo una mano.

—Devuélvemelo.

Pero ella lo sostuvo detrás de su espalda, sonriendo. Había un brillo travieso en sus ojos. . Traté de alcanzarla y agarrarlo, pero ella levantó un dedo frente a mí para detenerme.

—Devuélvemelo, Elsa.

—Atrápame primero —dijo. Parpadeé sorprendido.

—¿Qué?

—Vamos —dijo, alejándose— Pensé que habías dicho que eras el Guardián de la Diversión —Y con eso, corrió hacia el hielo y empezó a patinar con Olaf, sosteniendo mi cayo con casi la misma naturaleza que yo.

Sonriendo, negué con la cabeza. Definitivamente este era un lado diferente de ella. Probablemente uno que no había visto la luz del día desde que era una niña pequeña. Me alegré de ser capaz de verlo. Ella me miró, sus ojos azules reflejaban la feliz sonrisa de su rostro.

—¿Vienes? —me llamó— Tú eras el que quería patinar.

Sonriendo, corrí tras ella. Ella patinó lejos de mí, su musical risa resonando en el aire. Era una patinadora hermosa. Muy agraciada. Patinamos por cerca de una hora, conmigo persiguiéndola, ambos riendo. Eventualmente, me las arreglé para taclearla y tumbarla en la nieve. Mi cayo aterrizó a unos metros, fuera de su alcance, mientras yo sostenía mi peso sobre ella.

Mis manos estaban a cada lado de ella, atrapándola, y la miré con suficiencia mientras ella jadeaba con una sonrisa aún en su rostro.

—Así que… —dije— desde que te atrapé, ¿qué gano yo?

—¿Qué quieres? —preguntó, aun tratando de recuperar el aliento.

—Oh, puedo pensar en algo… —dije, inclinando la cabeza hasta que nuestros labios estaban a solo centímetros otra vez— ¿Está esto bien? —pregunté antes de ir más lejos. Sólo si ella estaba bien con esto. Mi ya acelerado corazón dio un vuelco cuando ella asintió con la cabeza.

Eso fue todo para mí. Ya estaba cansado de que mis confusos pensamientos me detenían y me hacían resistir a lo que sea que había entre nosotros. Cansado de estos casi besos, que solo parecían enredar las cosas. Quería saber cómo se sentiría tener sus labios presionados contra los míos e iba a averiguarlo.

La besé.


N/A: Espero que les esté gustando la historia hasta ahora.

Gracias a todos aquellos que apoyan la historia con un favorito, alerta o review.

Besos,

Niettono.