Disclaimer: Este fic NO ME PERTENECE, ES UNA TRADUCCIÓN. El fic original le pertenece a Zerlinda, quien amablemente me permitió traducirlo y traérselo a ustedes. A los que quieran ver la historia original en inglés: s/10031929/1/The-Snow-Queen


Capítulo 11: Solo un beso

Desperté, tosiendo violentamente, agua saliendo de mi boca y cayendo en la nieve. Jack estaba inclinado sobre mí, con sus ojos azul hielo llenos de preocupación. Mi cabeza se dejó caer en la nieve mientras lo observaba con los ojos entre abiertos, mis pulmones todavía ardiendo y mi garganta con una sensación cruda.

—¿Jack? —dije, mi voz salió en un tono áspero. Un alivio inundó su rostro y sonrió.

—Elsa —dijo. Parpadeé, mirándolo a los ojos antes de buscar alrededor a cierto muñeco de nieve.

—¿Olaf? —me las arreglé a decir entre jadeos.

—Olaf está bien —Jack me aseguró— Él está justo aquí.

Entonces la persona a la que estaba buscando se paro junto a mí.

—¿Elsa?

—¡Olaf! —dije, tomando otra gran bocanada de aire— Estás bien— Él lucía un tanto extraño sin su nariz, sus brazos y cabello, pero estaba bien y era lo que importaba.

—¡Pensé que habías muerto! —chilló, parecía como si quisiera envolverme en un fuerte abrazo, pero eso era algo difícil cuando no tenía sus brazos. Reí ásperamente, tratando de aligerar el ambiente.

—Ya morí —dije, sintiendo cosquilleo en la garganta— No puedo morir de nuevo —y volví a toser. Entonces vi como Jack utilizó su cayo para volver a congelar el lago— Ve a patinar Olaf —le insistí, sonriéndole— Lucías tan emocionado.

Olaf vaciló, turnando su vista entre el hielo y yo, con una expresión llena de duda. Él miró a Jack quien le dio una sonrisa alentadora y le asintió. Una vez recibió la aprobación de ambos, tomó mi consejo y fue hacia el hielo donde vi sus partes restantes que habían caído en una pila. Esta vez estaba patinando con más cuidado que antes.

Me senté, Jack puso uno de sus brazos sobre mis hombros y me acercó a él. No estaba fría, solo empapada hasta los huesos. No obstante, su calidez me reconfortó y me apoyé en él mientas observábamos a Olaf patinar en amplios círculos alrededor del lago. En repetidas ocasiones miraba hacia donde estábamos para asegurarse que yo estaba bien. Eso era dulce, sonreí y reí en el hombro de Jack al recordar tratando –y fallando– en enseñarle a Anna a patinar.

—¿Qué? —preguntó Jack. Podía sentir que me estaba mirando.

—Nada —dije, mi voz sonaba casi normal ahora— Sólo estaba pensando en cómo Anna nunca pudo patinar sobre hielo.

—¿En serio? —dijo— ¿La hermana de la Reina de la Nieve no podía patinar? —Negué con la cabeza y volví a reír.

—No, era muy torpe —Jack rió y lo sentí moverse ligeramente más cerca a mí— Me asustaste hoy.

—Lo siento. Ni si quiera pensaba en lo que estaba haciendo.

—Lo sé —contestó suavemente— Probablemente no debí preocuparme tanto como lo hice —dijo y levanté la vista para mirarlo.

—¿Entonces por qué lo estabas? —él suspiró, pasando una mano por su cabello.

—Cre- creo que es por mi hermana.

—¿Tenías una hermana? —pregunté con curiosidad. No tenía ni idea.

—Cuando era humano —empezó a explicar— Ella era mi hermana pequeña. Un día, la llevé a patinar al lago, pero no revisé el hielo y ella estaba parada sobre un punto débil. Fui capaz de jalarla fuera de ahí con mi cayo, diciéndole que estábamos jugando a la rayuela, pero cuando la halé fuera del punto débil, me deslicé en él y me ahogué. Así fue como me convertí en Jack Frost.

—¿Es por eso que cargas tu cayo contigo todo el tiempo? —Pregunté ¿Tal vez era como lo que mi collar era para mí?— ¿Por tu hermana?

—Ehm, no —dijo lentamente— Siempre llevo mi cayo conmigo porque es mi conductor. Sin él, no puedo usar mis poderes —fruncí el ceño. Interesante.

—¿En serio?

—Sí, ¿por qué? ¿No tienes uno?

—No que yo sepa —dije, negando con la cabeza— Siempre he sido capaz de usar mis poderes con mis emociones.

Jack no respondió y nos sentamos ahí por un tiempo en silencio, sin hablar, solo mirando a Olaf patinar. Él parecía estar divirtiéndose en el lago.

—¿Jack?

Él hizo un ruido de afirmación, sin apartar la vista de Olaf.

—¿Cuánto tiempo tardaste en encontrar tu centro?

—Bueno… me llevó un tiempo, ¿por? —respondió y me encogí de hombros.

—Es algo que ha estado en mi mente —Era verdad. Por lo que todo el mundo había dicho, una vez lo encuentre, todo tendrá sentido. Porqué seguía viva, porqué fui escogida como Guardián, todo.

—No te preocupes —dijo— Llegará a ti, y cuando lo haga, será la cosa más obvia de este mundo —me apoyé más en él, poniéndome más cómoda y él me miró— ¿Estás bien? No tienes frío, ¿o sí? —agarró el borde de su sudadera y empezó a quitársela, dándome un vistazo de sus ligeramente definidos abdominales antes de poner mis manos sobre las suyas para detenerlo.

—Estoy bien, Jack —le aseguré— El frío no me molesta —él me miró y tomó mis manos entre las suyas.

—A mí tampoco me molesta —dijo y le sonreí.

—Lamento lo de tu hermana —¿Cómo era posible que pudiéramos ser tan similares en otras cosas además de nuestros poderes?

—Yo lamento lo de la tuya —dijo, encogiéndose de hombros.

—Fue hace mucho tiempo —dije.

—Sin embargo eso no lo hace más fácil, ¿verdad?

—No, no lo hace —admití— Aunque Anna vivió una larga y feliz vida con alguien que realmente la amaba y eso es todo lo que yo hubiese querido para ella.

—Eso es más o menos lo mejor que puedas desearle a cualquier persona —dijo— Vivir una vida feliz con alguien que los ame.

—Sí, lo es —¿A caso estaba imaginando el doble sentido de sus palabras?

Esa extraña fuerza que me atraía hacia él se hizo presente de nuevo, conectándonos. Acercándome a él. Sus ojos azules se paseaban entre los míos y mis labios. Nuestra cercanía hizo que mi corazón se acelerara. Podía sentir nuestras respiraciones mezclarse mientras la suya golpeaba mi piel. Era distractor. No podía formular un solo pensamiento racional. Todo lo que podía pensar mientras mis ojos se cerraban era cómo sus labios se sentirían contra los míos.

Cuando puse mi mano en la nieve a su otro lado, mis dedos tocaron algo sólido. Era su cayo. Mis ojos se abrieron para ver los de Jack cerrados, su cálida respiración aún golpeándome –Nos acabamos de conocer– dijo mi subconsciente. Me quejé mentalmente ¿Era así como se sintió Anna cuando le dije que no se podía casar con Hans? Bueno, tenía razón sobre Hans siendo nada bueno ¿Quizás también tenía razón sobre Jack siendo demasiado bueno? Después de todo, hemos pasado tres días juntos, así que podía decir que lo conocía mejor de lo que Anna conocía a Hans, ¿cierto?

No sabía. De lo único que estaba segura era que sentarme tan cerca a él perjudicaba mi capacidad de pensar correctamente. Entonces, sonriendo ante mi idea, tomé su cayo y corrí unos metros. Mirando atrás, él tenía los ojos aún cerrados y estaba inclinándose hacia delante. Cuando se dio cuenta que ya no estaba allí, sus ojos se abrieron y vi cómo su cerebro trataba de asimilar lo que acababa de pasar. Parecía que teníamos el mismo efecto el uno sobre el otro.

—Solo para estar segura de entender —dije jugando, con una sonrisa en mi rostro— ¿Mientras yo tenga esto, tú no puedes usar tus poderes?

Él me sonrió, poniéndose de pie y extendiendo una mano mientras caminaba hacia mí.

—Devuélvemelo.

Mi sonrisa se ensanchó mientras movía el cayo detrás de mi espalda, levantando un dedo mientras él trataba de rodearme para alcanzarlo.

—Devuélvemelo, Elsa.

—Atrápame primero —contrarresté y él parpadeó sorprendido, no esperando mi respuesta.

—¿Qué?

—Vamos —lo reté, alejándome unos pasos— Pensé que habías dicho que eras el Guardián de la Diversión —Y corrí hacia el lago. Olaf y yo patinamos alrededor de nosotros en círculos mientras yo pasaba el cayo de una mano a la otra con facilidad. Levanté la vista con una sonrisa para ver a Jack parado en la orilla observándonos con una pequeña sonrisa en su rostro.

—¿Vienes? —lo llamé— Tú eras el que quería patinar.

Él rió y finalmente corrió tras de mí. Patiné lejos, balanceándome con facilidad en el hielo mientras reía. Jack continuó persiguiéndome por cerca de una hora y me di cuenta que por primera vez en mucho tiempo, me estaba divirtiendo. Fue este descubrimiento lo que me hizo ir más despacio, permitiendo a Jack taclearme, tumbándome en la nieve. Él aterrizó sobre mí con sus manos a cada lado de mi cuerpo para apoyar su peso mientras su cayo aterrizó aproximadamente a un metro, fuera de mi alcance.

La sonrisa seguía siendo evidente en mi rostro mientras jadeaba, tratando de que entrara aire a mis pulmones. Jack me estaba mirando, también respiraba pesadamente, pero con una expresión de suficiencia en su rostro y ojos.

—Así que… —dijo, una vez nuestras respiraciones empezaban a normalizarse— desde que te atrapé, ¿qué gano yo?

—¿Qué quieres? —pregunté.

—Oh, puedo pensar en algo —se inclinó hasta que nuestros labios estaban otra vez a sóelo centímetros— ¿Está esto bien? —preguntó en un susurro. Yo asentí, negándome a pensarlo dos veces. Esto no era una propuesta de matrimonio. Era solo un beso y ya estaba cansada de pensar cómo sería. Quería saber y parece que él también porque no perdió tiempo en conectar nuestros labios.

Era maravilloso. Sus labios eran suaves y cualquier otra persona podría haber pensado que eran fríos, pero eran cálidos para mí, porque yo también estaba fría. Nuestros labios se movían en sincronía mientras alzaba una mano para tocar su mejilla. Al principio, el beso fue tímido, pero rápidamente creció en confianza. Envolví mis brazos alrededor de su cuello, acercándolo más a mí.

¿Por qué me había resistido a esto? Se sentía tan bien, tan correcto. Algo que se sentía así no podía estar mal, ¿o sí? –Sólo déjalo ir– dijo una voz en mi cabeza y me relajé completamente. Dejé de pensar y me entregué al beso.

Eventualmente, el aire se volvió lo suficientemente necesario que tuvimos que separarnos y me encontré deseando permanecer en ese beso para siempre. Mis labios hormigueaban por el contacto mientras Jack y yo nos mirábamos a los ojos. Esta sensación era nueva para mí, pero se sentía bien. Se sentía tan bien estar aquí a su lado, el besarlo… todo.

—¡Eh , chicos! —nos llamó Olaf, sacándonos del mundo que habíamos creado— Probablemente deberíamos volver ahora.

Parpadeando, me senté mientras Jack se movía para sentarse a mi lado. El sol se había puesto debajo de la cima de las montañas, dejando que la luna brillara intensamente sobre nosotros. Lucía más brillante de lo normal, como si nos aprobara a Jack y a mi juntos. Por el rabillo del ojo, vi que Jack también estaba observando la Luna.

—¿Te ha hablado alguna vez? —le pregunté.

—La única vez que me dijo algo, fue cuando desperté y me dijo que era Jack Frost, y trescientos años después cuando me dijo que era un Guardián.

Halé mis rodillas hasta mi pecho y descansé mi barbilla en ellas.

—Lo único que alguna vez me dijo fue que yo era Elsa, la Reina de la Nieve, hace cuatrocientos años.

—También te dijo que eres una Guardián —señaló, pero yo negué con la cabeza.

—No, te dijo a ti y a los otros Guardianes que aún no estoy segura sobre eso —dije y Jack me sonrió.

—Sí, yo tampoco estaba seguro sobre eso, al principio.

—¿Por qué? —pregunté.

—Porque, antes de mí, sólo eran Tooth, Norte, Conejo y Sandy quienes –a excepción de Sandy– se quedaban en sus escondites a menos que fuese su festividad para llevar regalos, esconder huevos o lo que sea, y eso no era lo que yo quería. Me gusta lo que hago, jugar con los niños… pero no tienes que unírtenos solo porque la Luna lo dijo. Te unirás cuando estés lista.

—Pareces terriblemente seguro de ti mismo que me uniré —dije, a lo cual él rio.

—Como dije, El Hombre en la Luna no te escogería sin razón alguna.

—Olaf tiene razón. Deberíamos volver —dije, levantándome y sacudiendo un poco de nieve de mi ropa. Él también se levantó, recuperando su cayo antes de seguirme devuelta al castillo de hielo donde Olaf ya se encontraba en su habitación.

Nos paramos bajo el candelabro del techo, mirando alrededor con torpeza. Yo jugueteaba con mis dedos, él rascaba su nuca. Ninguno de los dos decía nada, pero había esa necesidad de decir algo.

—Ehmm… bueno, yo, ehm, me iré a dormir —dije, haciendo un gesto hacia la habitación detrás de mí.

—¿Tú duermes? —preguntó.

—He encontrado que es una manera bastante relajante de pasar el tiempo, —expliqué— deberías intentarlo —le dije y me sonrió.

—Tal vez lo haga.

Sonriendo, me ruboricé y baje la vista.

—Bueno… Buenas noches, Jack —Di la vuelta y empecé alejarme.

—¿Elsa?

Volteé y lo miré.

—¿Sí, Jack?

—No me arrepiento —dijo— Del beso.

—Yo tampoco —respondí, sonriéndole. Él me devolvió el gesto— Buenas noches, Jack.

—Buenas noches, Elsa.


N/A: Como les dije, el POV de Elsa del beso. Espero les haya gustado tanto como a mi me gustó cuando lo leí. Bueno, creo que los dejaré con este capítulo, nos vemos la otra semana. De nuevo gracias a todos los que apoyan esta historia con un favorito, una alerta o un review.

Besos,

Niettono.