Disclaimer: Este fic NO ME PERTENECE, ES UNA TRADUCCIÓN. El fic original le pertenece a Zerlinda, quien amablemente me permitió traducirlo y traérselo a ustedes. A los que quieran ver la historia original en inglés: s/10031929/1/The-Snow-Queen

N/A: Este capítulo no ha sido revisado por mi editora. Puede que encuentren errores en la ortografía y redacción.


*N/A 25.01.2016: Mi editora ya lo revisó, así que no tienen derecho de quejarse. Ok no, es broma. Disfruten la lectura.


Capítulo 12: Dormir (Jack's POV)

No podía recordar las razones por las que no la había besado antes. Sus labios se sentían suaves mientras se movían con los míos, tan cálidos. Como si estuviéramos destinados a estar juntos. La conexión entre nosotros que antes me volvía loco, ahora había desaparecido, aparentemente satisfecha con el beso.

Debajo de mí, sentí que ella se relajaba y eso me animó, ya que me devolvía el beso con creciente confianza. Sus brazos rodearon mi cuello, acercándome más a ella y pasé de apoyar el peso de mis manos a mis codos.

Sin embargo, a pesar de ser inmortales, aún necesitábamos respirar y eso nos hizo separarnos. La miré a los ojos, respirando pesadamente, mientras mis labios hormigueaban por el contacto. Una pequeña sonrisa curvó sus labios y yo le devolví el gesto.

—¡Eh , chicos! —la voz de Olaf llamó, devolviéndome a la realidad— Probablemente deberíamos volver ahora.

Por mucho que odiara admitirlo, él tenía razón, y me di la vuelta para sentarme junto a Elsa mientras ella se sentaba también. No me había dado cuenta que había pasado tanto tiempo, pero el sol se había ido, reemplazado por la luna que brillaba intensamente en el cielo, como en signo de aprobación. Me quedé mirando la luna fijamente, pero no dije nada.

—¿Te ha hablado alguna vez? —preguntó Elsa.

—La única vez que me dijo algo, fue cuando desperté y me dijo que era Jack Frost, y trescientos años después cuando me dijo que era un Guardián.

Ella haló sus rodillas hasta su pecho y descansó su barbilla en ellas.

—Lo único que alguna vez me dijo fue que yo era Elsa, La Reina de la Nieves, hace cuatrocientos años.

—También te dijo que eres una Guardián —señalé, pero ella negó con la cabeza.

—No, te lo dijo a ti y a los otros Guardianes y aún no estoy segura sobre eso.

—Sí, yo tampoco estaba seguro sobre eso, —dije, sonriéndole— al principio.

—¿Por qué? —preguntó.

—Porque, antes que llegara, solo eran Tooth, Norte, Conejo y Sandy quienes –a excepción de Sandy– se quedaban en sus escondites a menos que fuese su festividad para entregar regalos, esconder huevos o lo que sea, y eso no era lo que yo quería. Me gusta lo que hago, jugar con los niños… pero no tienes que unírtenos solo porque la Luna lo dijo. Te unirás cuando estés lista.

—Pareces terriblemente seguro que me uniré —dijo y reí.

—Como dije; El Hombre en La Luna no te escogería sin razón alguna —Ella permaneció callada por un tiempo.

—Sin embargo, Olaf tiene razón. Deberíamos volver —dijo. Nos levantamos y recogí mi cayo mientras ella sacudía algo de nieve de su cuerpo antes de volver al castillo. Olaf ya estaba tarareando felizmente en su habitación para cuando llegamos.

Al principio, solo permanecimos ahí, moviéndonos nerviosamente y con torpeza mientras tratábamos de pensar en algo que decir. Ella jugueteaba con sus dedos y yo rascaba mi nuca.

—Ehmm… bueno, yo, ehm, iré a dormir —dijo, señalando vagamente hacia la puerta de su habitación que estaba detrás de ella.

—¿Tú duermes? —le pregunté.

—He encontrado que es una manera bastante relajante de pasar el tiempo, —explicó— deberías intentarlo.

—Quizás lo haga —le respondí y me sonrió, sus mejillas tornándose rojas mientras bajaba la vista.

—Bueno… buenas noches, Jack.

—¿Elsa? —dije, haciendo que volteara a verme mientras ella caminaba hacia su habitación.

—¿Sí, Jack?

Por un momento estuve a punto de retractarme y no decir nada, pero tomé una gran bocanada de aire y continué de todas maneras.

—No me arrepiento. Del beso.

—Yo tampoco —dijo, sonriéndome. Un sentimiento de alivio se apoderó de mí y le sonreí devuelta— Buenas noches, Jack.

—Buenas noches, Elsa —dije, observando cómo ella desaparecía tras su puerta de hielo y me quedé allí por un momento, hasta que sacudí la cabeza, liberándome de mi estupor y entré a mi habitación, dejándome caer sobre mi nueva cama.

Cerré mis ojos y traté de dormir, pero era inútil. Mi mente estaba ocupada pensando en que acababa de tener mi primer beso. Y no uno de esos besos incómodos en la mejilla como el que me dio Norte después que hice mi juramento. Este era un verdadero beso. Con Elsa. Alguien que no se habría acercado a mí a más de un metro cuando nos conocimos hace tres días. O cerca de cuatro, pensándolo bien. Mis labios aún hormigueaban por el recuerdo de nuestro beso.

Agh, ¿qué me estaba pasando? ¡Nunca había sido así! Ni una sola vez en los cuatrocientos años que he sido Jack Frost y no recuerdo haber sentido algo como esto cuando era humano. Pasé mis dedos por mi ya enmarañado cabello ¿Qué me estaba haciendo esta chica? Hablaba en serio cuando dije que no me arrepentía del beso pero, ¿qué significaba eso? Ella dijo que no se arrepentía tampoco ¿Eso significaba que ella quería una relación? ¿Y si ella realmente quería? ¿Quería yo una relación? Nunca pensé en ello realmente. Era inmortal, no gay, y no estaba interesado en Tooth de esa manera así que nunca fue una opción para mí. Ahora que lo era, no estaba seguro de qué pensar.

Dios, ¿por qué tenía que complicar tanto las cosas? Todo lo que hice fue responder una pregunta (y ganar una experiencia increíble) pero causé cien preguntas más y en últimas sin resolver nada. Soy un idiota. Un completo idiota. Me dejé llevar por el momento y por ella, ¡y no pensé y la besé!

Una sonrisa se formó en mi rostro ante el recuerdo. Hombre, se sintió tan bien besarla. En ese momento cuando nuestros labios se conectaron, todo parecía tan sencillo, todo parecía estar bien. Pero entonces ese momento terminó y la realidad volvió. En verdad, nada era sencillo. Jamás. Pero el Hombre en La Luna parecía aprobarnos, por lo que eso podía, al menos, estar bien, ¿cierto? No que alguna vez me lo dijera el mismo. Él no le dice casi nada a nadie. Supongo que no es muy conversador.

Por otra más alegre y menos confusa parte, Elsa parece estar más abierta a ser un Guardián, lo cual es bueno porque si hay algo que aprendes con el Hombre en La Luna es que puede que no te diga mucho, pero siempre está en lo correcto cuando lo hace. Él estaba en lo cierto conmigo. Pero ser un Guardián es realmente algo que debes aceptar antes de tomar el juramento y no algo que haces sólo porque fuiste escogido. Necesitas estar seguro y listo sin duda acerca de convertirte en uno porque eso altera tu vida. De buena manera, claro.

Mi mente irrevocablemente volvía a pensar en Elsa. Ella realmente está saliendo de su caparazón. Cuando la conocí, ella era como un animal enjaulado. Tan asustada y nerviosa, constantemente alerta. Ahora ella ríe y se divierte y bromea. He visto más despreocupadas y genuinas sonrisas en la última hora que en el primer día que la conocí y estaba feliz por ello. Su sonrisa era tan hermosa y sus ojos parecían brillar como hielo a la luz del sol.

¿Qué estaba pensando? Me bajé de la cama y caminé hacia la ventana. La nieve reflejaba la luz de la luna del lado de la montaña. La luna estaba suspendida sobre la montaña, tan grande y brillante como siempre. La miré fijamente, apoyando los codos en el borde de la ventana.

—¿Es esto parte de algún plan maestro? —pregunté— ¿O solo estoy imaginando tu aprobación?

La luna no respondió, pero eso era típico y no esperaba ninguna respuesta cada que hablaba con ella. Entonces, ¿por qué me molestaba en preguntar? No estoy del todo seguro, supongo que es difícil deshacerse de los viejos hábitos. Haciendo una bola de nieve en mi mano, la lancé de la izquierda a la derecha mientras me movía para apoyarme contra la pared al lado de la ventana ¿Qué podía hacer? Elsa dijo que iba a dormir ¿Cómo podía dormir sin estar cansada? Miré la cama algo dudoso. No recuerdo haber dormido nunca ¿Quizás debería intentarlo?

Atravesando la habitación de vuelta hacia la cama de hielo y nieve, puse mi cayo en el suelo junto a la cama y debatí en si meterme o no bajo las sábanas que Elsa de alguna manera había conseguido hacer. Ella era realmente brillante haciendo cosas con sus poderes. Tal vez debería preguntarle cómo lo hace. Al final decidí no hacerlo y me acosté en la cama con la cabeza en la almohada. Mis ojos se cerraron y me relajé.

Supongo que funcionó porque cuando volví a abrir los ojos, el sol estaba saliendo. Dormir era raro, como un salto en el tiempo. Se sintió como que cerré mis ojos hace solo un minuto y han pasado horas. No sé si sea relajante, pero Elsa definitivamente tenía razón a cerca de que dormir es una buena manera de pasar el tiempo ¿Tal vez sería más relajante con sueños? Tendré que preguntarle a Sandy sobre eso.

Estirándome para aliviar y despertar algunos de mis músculos rígidos, salí de la cama y escuché a Elsa cantando suavemente para sí misma. La puerta de la habitación de Olaf estaba abierta y podía verla en el centro de ésta construyendo una escultura de hielo. Ella estaba bastante concentrada en su trabajo, tanto que ni siquiera se dio cuenta cuando me apoyé en el marco de la puerta a mirar. Parecía ser un reno con una chica –a quién reconocí como Anna– sentada de lado encima de éste, y un alto y musculoso hombre apoyado del otro lado del reno. El hielo se manipulaba sólo al ligero toque de los dedos de Elsa mientras ella agregaba algunos detalles que le daban un aspecto realista que era al mismo tiempo hermoso y aterrador.

Realmente, no estoy exagerando. El pelaje del reno lucía como si se pudiera mover si el viento estuviera soplando en este momento. Ahora estaba agregando arrugas y dobleces en el vestido de Anna. Era asombroso ver cómo pasó de ser una pieza a una escultura de hielo realista. Absolutamente impresionante. Sí, voy a tener que pedirle que me enseñe a construir cosas. Pero cuanto más pienso en ello, más honesto tengo que ser conmigo mismo; no tendría la paciencia para hacer algo con tantos detalles.

—Muy bonito —la halagué, haciendo que ella diera un respingo.

—Jack —dijo, cuando se dio cuenta que era yo— ¿Cómo estuvo tu noche?

—Extraña —respondí, caminando para acercarme, mientras ella volvía a lo que estaba haciendo— Dormí por primera vez en unos cuantos siglos.

—Oh, ¿qué te pareció? —preguntó, sin quitar los ojos de hielo, pero sonando genuinamente curiosa.

—Es extraño.

—¿Cómo así?

—Porque cierras tus ojos y cuando los vuelves a abrir, han pasado horas pero se siente como si solo pasara un segundo —volé alrededor de la estatua, examinándola desde todos los ángulos— ¿Qué estás haciendo?

—Olaf me pidió que le hiciera una escultura de Anna, Kristoff y Sven.

Me di cuenta que el hombre debía ser Kristoff, entonces Sven debía ser el reno.

—¿Dónde está Olaf? —pregunté, mirando alrededor. Elsa señaló la ventana frente a ella.

—Salió a hacer ángeles de nieve.

Efectivamente, cuando miré por la ventana, vi a Olaf saltando fuera de su última creación, tomando su nariz de zanahoria y poniéndola donde estaría la nariz del ángel.

—¿Qué quieres hacer hoy? —pregunté, girándome hacia ella.

—No estoy segura. Debo terminar esto y puede que me tome hasta el mediodía.

—Eres bastante buena en eso —dije, ella levanto la vista para mirarme y sonreírme.

—Gracias —ella continuó trabajando por unos minutos antes de volver a hablar— ¿Cuánto tiempo crees que pase antes que Pitch vuelva? —dijo y mis ojos se posaron sobre ella.

—¿Crees que volverá? —pregunté, y ella asintió con la cabeza.

—Sólo es cuestión de tiempo. Si vuelve, una pequeña avalancha no lo va a detener. Lo único que hice fue retrasarlo.

Pensé sobre ello, recordando la primera vez que me enfrenté a Pitch y me di cuenta que tenía razón. Él no estaba derrotado, sólo herido pero, ¿cómo podía ella saber eso?

—¿Cómo conoces a Pitch tan bien?

—Te lo dije, tuve unos cuantos altercados con él —respondió.

—Pareces conocerlo bastante para solo unos cuantos altercados.

—Eso es todo lo que fueron —dijo— Tuve a Malvavisco para sacarlo del castillo en cada uno de ellos.

—¿Cuántos de esos "altercados" tuviste con él? —pregunté. Le creía; ella estaba tan asustada de herir a alguien cuando nos conocimos como para considerar siquiera trabajar con Pitch. Estaba más preocupado sobre cuánto sabía él sobre ella.

—Cerca de dos o tres. Ninguno duró más de unos cuantos minutos.

Lo dijo como si no fuera gran cosa, pero eso significaba que habría tenido al menos diez minutos de conversación con Pitch. Eso podría no parecer mucho, pero es inquietante la cantidad de información que Pitch puede reunir después de sólo un minuto de conversación.

—Los otros Guardianes lo están vigilando —dije— Si él sigue ahí afuera, lo encontrarán y nos lo harán saber —hice una pausa— ¿Qué piensas sobre volverte un Guardián?

—Todos parecen bastante seguros que seré un buen Guardián —dijo, encogiéndose de hombros— Bueno… todos excepto Conejo. Él parece bastante desconfiado.

—Conejo siempre es desconfiado —dije, moviendo una mano, restándole importancia— Deberías haberlo visto cuando fui escogido. Por supuesto, él seguía enojado por aquella ventisca…

—¿Ventisca? —había una sonrisa divertida en su rostro.

—Sí, pude haber hecho una ventisca hace más o menos un siglo, en un domingo de Pascua, que arruinó su búsqueda de huevos. Creo que aún no me perdona por eso.

—Él, parece que le agradas… más o menos —agregó después de pensar un poco. Yo reí ligeramente.

—Él me tolera. Pero nunca respondiste mi pregunta.

—¿Qué pregunta?

—¿Qué piensas sobre convertirte en un Guardián?

—Ya respondí eso.

—No, me dijiste lo que todos los demás piensan sobre ti volviéndote Guardián. Quiero saber lo que tú piensas.

—Yo… Yo aún no estoy segura. No sé lo que se supone que debo hacer como Guardián. Sandy hace los sueños, Tooth recolecta dientes, Norte reparte regalos, Conejo esconde huevos ¿Qué se supone debo hacer? ¿Qué nieve? Eso tú lo haces muy bien.

—Tal vez estás destinada a hacer esculturas de hielo para todos —bromeé, haciéndola reír.

—Es cierto —dijo sarcásticamente— Soy Elsa, La Reina de las Nieves y Guardián de las Esculturas de Hielo.

Ambos reímos ante esa idea.

—Lo descubrirás —dije.

—Lo sé.

Sentándome en el alféizar de la ventana, miré por esta, sólo para volverme a parar al ver las luces en el cielo. Agarré mi cayo.

—Elsa, debemos irnos.

—¿Qué? —dijo, mirando desde una de las trenzas de Anna— ¿Por qué?

—Norte nos está llamando. Probablemente hallaron a Pitch —respondí, tomando su mano y tirando de ella a través de la ventana, deteniéndome el tiempo suficiente para cargarla en mis brazos antes de despegar al cielo.

—¡Eh! —gritó, pegándose a mí— Sabes que puedo volar.

Por supuesto que sabía eso, pero no le respondí y continué volando hacia el Polo Norte.


N/A: Por diversas circunstancias no seguí actualizando hasta ahora. En los siguientes días estaré publicando el resto para ya dar fin a esta historia.

Gracias a todos aquellos que apoyan la historia con un favorito, alerta o review, y sobretodo, gracias por esperar tan pacientemente la actualización.

Este capítulo va dedicado a Her Royal Crayness. Gracias por todo.

Niettono.