–The Dark Hunter
Ya ha pasado un día desde que no veías a ningún vampiro y en eso se incluía Barnabas, y según Carolyn, Josette y Elizabeth llegarían en pocos días aproximadamente otros cuatro días.
–Barnabas… –Dijiste recostada en tu cama.
–Él no está aquí –Escuchaste a alguien decir desde tu ventana.
–¿Qué haces aquí Lestat De Lioncourt? –Dijiste desafiante.
–En realidad… nada… –sonrío– solo quería dejar algo en claro…
–¿Y…?
–Deberías dejar de hacerte la difícil… –Dijo seriamente.
–¿Por qué debería? –Dijiste viéndolo de arriba hacia abajo.
–Simplemente porque si sigues así, harás que poco a poco todos nosotros no nos demos por vencidos… verás te digo esto, porque Aarón se está volviendo loco por ti… pero lastimándolo mucho, no es por tus ovarios… –Dijo aún muy serio.
–Y tu como buen vampiro que eres crees que eso es… ¿injusto? –Dijiste sarcásticamente.
–No, solo digo que si te gusta verdaderamente Barnabas Collins deberías…
–Espera… ¿Que? –Lo interrumpiste.
–Se nota claramente que te atrae ese engendro, aunque lo niegues… –Dijo Lestat seguro de sí.
–Te sonrojaste– y yo les insisto que ese no es su problema –Dijiste molesta.
–Lo comprendo… –Dijo honesto mientras se sentaba junto a ti en tu cama.
–¿Lo comprendes? –Dijiste sorprendida.
–Sí, realmente yo no estoy aquí por tus ovarios… ni mucho menos por coito… simplemente quiero ser un humilde observador –sonrió– Ya que tenía curiosidad de como era la niña preferida de Vlad…
–sonreíste– no hables de Vlad como si lo conocieras de siempre –Dijiste amenazante.
–Tienes razón increíblemente, tú y Smith son los únicos que conocieron a Vlad… –Dijo pensativo.
–¿Smith lo conocía? –preguntaste atónita.
–Así es… en fin, no vine a hablar de eso…
–¿a no? Yo había entendido que sí… –Dijiste sarcástica.
–No, en fin… solo quería darte esto antes de irme a Inglaterra de nuevo –sonrío sacando una pequeña caja– No lo abras hasta que me allá ido…
–¿Por qué? –Preguntaste tomando la caja.
–De hecho, ábrela cuando desees es un presente de mi, Lestat De Lioncourt para ti _ (tu nombre)… –Dijo levantándose y dirigiéndose a la ventana– Ah, y si deseas un hijo mío, lo siento pero no estoy disponible para ataduras –Sonrió seductoramente antes de retirarse.
–sonreíste– Que tonto… –abriste aquella caja tan misteriosa, y sorprendentemente tenía un collar, hermoso, sí, pero que te traía recuerdos muy muy lejanos.
Aquella joya, tenía una imagen tuya antes de conocer a Vlad, eras tan distinta…tan ingenua. Guardaste la joya nuevamente en su caja y la guardaste en un cajón.
–Bien, pues que comience un nuevo día… –sonreíste levantándote de tu cama para alistarte y bajar a la sala de la mansión Collins.
–Lady, ya ha despertado –Dijo Barnabas contento de verte.
–Barnabas, se dice: "¡Oh, ya despertaste!" –Dijiste dramatizando.
–Lo siento, aún no me acostumbro a hablarle…a hablarte de "tu" –Dijo rectificando.
–No te preocupes –sonreíste– ¿Carolyn y David? –preguntaste.
–Salieron al pueblo… dijeron que querían comprar algunas cosas…
–¿Y fueron ellos solos? –preguntaste algo asustada.
–No, Loomis los acompaña… –sonrió– no debes preocuparte…
–sonreíste– tienes razón… de todas formas, no soy su madre –Dijiste nostálgica.
Mientras tanto en Collinsport con Carolyn, David y Loomis/
–¿Por qué no le dijimos a _ (tu apodo) que nos acompañara? –pregunto David a Carolyn.
–A ver… como te explico que ellos deben estar solos por lo menos un rato… –Dijo Carolyn.
–¿Por qué? –pregunto David extrañado.
–Dime… ¿aun te acuerdas de Angelique?
–Sí –Dijo David mientras ascendía con la cabeza.
–Pues aunque no lo creas… su maldición sigue vigente y al parecer a Barnabas no le corresponde estar con Josette… –Concluyo Carolyn.
–Entonces… ¿Barnabas debe estar con _ (tu apodo)? –preguntó David Atonito.
–Niños, disculpen que me meta, pero es más que obvio que desde que _ (tu apodo) está en la mansión el amo Barnabas no muestra el mismo interés por Josette –Finalizó Loomis.
En la mansión Collins/
–Barnabas ¿Qué haces? –reías sin parar.
–Es un truco de magia, que me enseñaron hace mucho…descuida no tengo ningún pacto con Mefistopheles –Dijo riendo.
–Jajajajaja ¿pero que intentas sacar de ese sombrero? –seguías riendo.
–Se supone que una flor, pero este estúpido sombrero no ayuda mucho –Reía mientras forcejeaba con el sombrero.
–Esto se hace así Barnabas presta atención –Dijiste tomando el sombrero y sacando una caja del sombrero– ¡ves y así se hace! –Dijiste riéndote aún más.
–Pero… eso no es una flor… –Dijo pensativo– Por Mefistopheles es un trampa –Dijo riendo y abalanzándose encima de ti– Eres una enviada de Mefistopheles –Dijo riendo.
–Como osas llamar así a una bella dama –Dijiste dramatizando sin contener la risa.
–Pues déjeme mostraros mi gran arrepentimiento siendo un humilde siervo –Dijo haciendo una reverencia.
–Tonto –reíste– no hace falta ya tengo demasiados sirvientes señor Collins –Dijiste indiferente mientras sobreactuabas.
–Pues entonces déjeme decirle que es una gran dama –dijo besando tu mano, sintiendo ambos un cosquilleo.
–Está bien… pero tenga un regalo para que no se arrepienta de lo antes dicho –Dijiste sonrojada entregándole la caja.
–En serio… ¿Es para mi? –Pregunto atónito.
–De hecho –Dijiste imitándolo a lo que los dos rieron.
Barnabas abrió la caja y allí estaba, un collar, el collar que no le lograste entregar aquel día de lasaña.
–¿A que se debe este presente? –Pregunto feliz Barnabas.
–Digamos que es un "Gracias por todo" –sonreíste.
–Nadie me había obsequiado algo así antes, yo debería decirte "Gracias" –Dijo tiernamente, tu en un impulso lo abrazaste fuertemente sin querer separarte de él.
–No te preocupes –Dijiste intentando no tartamudear.
Escuchaste aplausos tras de ti.
–Felicidades, _(tu nombre) –Dijo Stanley– ¿Se están divirtiendo? –pregunto indiferente y molesto.
–Estábamos mejor sin ti –Dijiste amenazante.
–Disculpe, sir. Pero ¿Quién lo autorizo de entrar a mi mansión? –inquirió Barnabas una aptitud desafiante.
–Yo hago lo que me place, Barnabas Collins… –Dijo indiferente ante el desafío.
–¿Por qué tú y los demás no se marchan y me dejan en paz? –Preguntaste molesta, Barnabas te observo extraño.
–Porque TÚ estás aquí… –Dijo directamente.
–Suspiraste– ya les dije que me dejaran en paz ¿no lo entienden? –preguntaste.
–De hecho el que lo comprendió, de cierto modo, fue Lestat… aunque realmente él es un cobarde –río irónicamente antes de desaparecer de la mansión.
Barnabas y tú se miraron fijamente a los ojos.
–Lo siento, Barnabas… –Dijiste con voz quebradiza.
–¿Por qué?
–Yo… en realidad soy una vampiro sangre pura –Dijiste observándolo directamente a los ojos.
