Disclaimer: Este fic NO ME PERTENECE, ES UNA TRADUCCIÓN. El fic original le pertenece a Zerlinda, quien amablemente me permitió traducirlo y traérselo a ustedes. A los que quieran ver la historia original en inglés: s/10031929/1/The-Snow-Queen


Capítulo 17: Creyente

Dentro de la casa de Norte, los elfos estaban apresurándose, haciendo los preparativos de último minuto. Hice mi mejor esfuerzo para no pisarlos, pero era como tratar de atravesar un río con pequeñas rocas que fueron colocadas bastante separadas unas de otras. También pasamos varios yetis, uno de ellos mirando amenazadoramente y con cara de pocos amigos.

—Eh, Phil —lo saludó Jack energéticamente. Observé al yeti cuidadosamente mientras él seguía mirando amenazadoramente en nuestra dirección.

—¿No le agrado? —pregunté, tratado de adivinar cómo podría haber ofendido al yeti. Jack bufó.

—No le agrado yo.

—¿Por qué no?

—Bueno, antes que me convirtiera en un Guardián y tuviera el permiso de entrar al taller, intenté entrar durante años sin descanso. Phil era quien usualmente me atrapaba —había una sonrisa en su rostro mientras recordaba.

Sacudí mi cabeza sonriendo, imaginando fácilmente a Jack intentando –y fallando– entrar repetidamente en un lugar al que no se suponía debía ir.

—¿Por qué no estoy sorprendida?

—¡Ey! ¡Tomaré eso como una ofensa!

Sonriendo, tomé un vaso de ponche de huevo de una bandeja cercana y me senté en un pequeño conjunto de escaleras. Norte abrió la puerta tan fuerte que rebotó en la pared mientras él demandaba por música mientras los demás lo seguían adentro. Tooth arrastró a Conejo a bailar con ella mientras los elfos comenzaban a tocar música. Olaf se apresuró a bailar solo, apilando las partes de su cuerpo en un orden extraño y luego mandándolas a volar por todas partes. Una de las pequeñas hadas de Tooth trató de bailar con él. Era extraño, pero entrañable. Sonreí mientras le daba un sorbo a mi ponche de huevo.

Por el rabillo del ojo, noté que Jack nunca apartó los ojos de mí. Norte fue hacia él, mirándome antes de decir algo. No pude escuchar lo que dijo debido a que la música estaba muy alta y ellos estaban del otro lado de la habitación, pero supuse era algo sobre mí. Traté de ocultar mi interés al mantener mi rostro hacia los bailarines y rogándole a la Luna que no me estuviera sonrojando mientras Jack asentía a lo que sea que Norte dijo.

Norte dijo algo más, haciendo un gesto con la cabeza hacia mí antes de empujar a Jack en mi dirección. El Espíritu del Invierno le lanzó una mirada feroz al Guardián sobre su hombro mientras atravesaba la habitación. Alcé la vista hacia él mientras me tendía una mano.

—¿Me concedes esta pieza? —sonriendo, negué con la cabeza.

—Yo no bailo.

—¿Qué quieres decir con que no bailas? —preguntó, claramente confundido.

—Quiero decir que nunca aprendí —me encogí de hombros.

—Nunca aprendiste a bailar… —él reiteró— ¿Pero no es un requisito para la realeza el bailar?

—Madre y padre nunca dejaron que tomara lecciones —explico en un murmuro, mirando a mi vaso casi vacío. Me sentía mal por rechazarlo ya que él se veía nervioso, pero realmente no sabía cómo bailar. Fue bastante difícil aprender a bailar desde que crecí sola en mi habitación evitando todo tipo de contacto físico con todo el mundo— Demasiado contacto físico.

—Bueno, todo está en dejarse guiar—me aseguró. Alcé la vista para mirar su mano aún tendida y la sonrisa en su rostro— ¿No confías en mí?

Con mi vida, pensé, sonriendo mientras puse mi mano sobre la suya y él me levantó del piso.

—Por supuesto que confío en ti, Jack.

Su sonrisa se ensanchó mientras me condujo hacia donde los demás estaban bailando y comenzó a guiarme alrededor de la pista de baile. Al principio, estaba tensa, bajando la vista para mirar nuestros pies y asegurándome de no pisarlo por accidente.

—¿Ves? —me dijo— No es difícil.

Por los siguientes instantes, bailamos en silencio. Nuestros pechos se rozaban entre sí y me deleité con la cercanía. Estaba un poco sorprendida de que estaba disfrutando el baile. Una semana atrás, lo hubiera odiado –demasiado preocupada de hacerle daño a mi compañero para pensar en nada más. Pero muchas cosas habían cambiado, incluyéndome. Las cosas siempre eran diferentes con Jack, al parecer, y yo estaba bastante segura de que era debido al cálido sentimiento en mi corazón cada que él estaba cerca. Estoy casi segura de que era amor, la única duda estaba en mi mente, susurrándome que apenas nos acabábamos de conocer, pero que eso se podía cambiar.

—Bueno, ehm… Ahora que eres oficialmente un Guardián, —tartamudeó, claramente nervioso— te das cuenta que vas a tener que empezar a hacer cosas con los niños y, uh, dejar tu castillo…

—Sí —respondí, observándolo. Él seguía moviendo sus ojos rápidamente en diferentes direcciones, rehusándose a hacer contacto visual conmigo.

—Bueno, sólo estaba diciendo porque me preguntaba si habías pensado acerca de lo que discutimos sobre… ya sabes… ¿Que vengas conmigo alrededor del mundo?

—Me encantaría, Jack…

—¿Pero?

—¿Pero qué pasará con Olaf? ¿Y Malvavisco? No puedo simplemente dejarlos atrás.

—No tenemos que abandonar el castillo de hielo, Elsa —razonó— Podríamos ir a visitar una vez al mes si así quieres. Olaf puede quedarse aquí si quiere y Norte podría prestarle bolas de nieve para que él pueda ir y venir como le plazca. Malvavisco puede vigilar el castillo mientras no estamos y podemos ver cómo está cuando volvamos a visitar. Él sobrevivió diez años sin ti, estoy seguro que puede sobrevivir un mes mientras no estás. Además, me parece que es del tipo que prefiere la soledad.

Nuestras miradas finalmente se encontraron y le sonreí.

—Tienes razón, Jack. Malvavisco estará bien por su cuenta —él bufó.

—Por supuesto que tengo razón.

—No seas arrogante —lo reprendí, arqueando mis cejas. Él sonrió ampliamente.

—Creo que tengo derecho de ser arrogante —replicó— Contemos el número de veces que he tenido razón desde que nos conocimos. Tuve razón acerca de que te liberaras, sobre tú siendo un Guardián, el que tuvieras un centro, sobre bailar, que tú no querías estar sola…

—Está bien, entiendo ¡Tú ganas! Nunca volveré a dudar de ti, ¡Oh! sabio todopoderoso —dije sarcásticamente. Él siguió sonriendo antes de que su rostro se derritiera en una expresión de seriedad.

—Así que… ¿te quedarás conmigo? Porque Elsa, —respiró hondamente antes de continuar— Creo que te amo. Y no sé qué es esta cosa entre nosotros o lo que va a ser si nos quedamos juntos pero… Yo- Yo creo que me gustaría averiguarlo.

Él se veía tan nervioso que no pude evitarlo y besé su mejilla suavemente.

—Me gustaría averiguarlo también —dije— Sí, me quedaré contigo.

Dejamos de bailar después de unos instantes cuando estábamos bastante mareados y fuimos a sentarnos juntos en las escaleras mientras observábamos a los demás. Conejo estaba tratando de huir de Tooth, pero el hada estaba determinada a bailar una canción más antes de regresar a su palacio. Conejo frunció el ceño y gruñó, pero cooperó de todas formas.

La canción terminó y Tooth se despidió de todos con un abrazo mientras Sandy chocó los cinco con todo el mundo. Aliviado de haber terminado de bailar, asintió a modo de despido antes de golpear el piso con su pie y salir por uno de sus túneles. Jack y yo tomamos esto como señal para irnos y estrechamos manos con Norte. Olaf optó por quedarse así él podía ver el taller.

—¿Quieres salir de aquí? —preguntó Jack. Le sonreí.

—Me encantaría —y volamos devuelta al castillo de hielo, pero a medida que nos acercábamos un pensamiento cruzó mi mente y pasé de largo del castillo.

—¡Ey! —Jack gritó detrás de mí. Me detuve para mirarlo— ¿A dónde vas? El castillo de hielo está justo aquí.

—Lo sé, es solo que hay… algo que quiero hacer primero.

La habitación estaba oscura mientras silenciosamente abría la ventana y entraba. Detrás de mí, podía escuchar a Jack hacer lo mismo. En la cama, dormida, estaba Annalise con una pequeña sonrisa en su rostro. Las puntas de mis dedos rozaron gentilmente el moretón en su mejilla mientras me sentaba a su lado. En la mesa de noche junto a su cama estaba el libro que le había dado.

—¿Qué sucedió? —preguntó Jack, refiriéndose al moretón. Una sonrisa triste surcó mis labios.

—Ella se mudó aquí recientemente desde las afueras. Los niños gustan de molestarla por su cabello rojizo y sus pecas. Yo trato de hacer que se sienta amada, pero es poco lo que puedes hacer cuando eres invisible para todo el mundo. El moretón en su mejilla es probablemente de cuando uno de esos niños la empujó, haciendo que su cara golpeara la esquina de su libro cuando cayó.

Jack tomó el libro de la mesita de noche.

—"La Reina de las Nieves" —leyó, mirándome.

Sonreí, ahuecando mis manos juntas y haciéndolas girar un poco antes de abrirlas para revelar una estatua de hielo miniatura de mí en mi típico vestido de hielo.

—Es su libro favorito —le dije, poniendo la estatua encima del libro— Ella lo lee todo el tiempo.

—Parece que vas a tener tu primer creyente en poco tiempo —dijo, en tono alentador. Yo sonreí hacia la niña durmiendo y luego me puse en pie.

—Deberíamos irnos —dije. Jack asintió estando de acuerdo y estábamos a punto de irnos cuando una suave voz nos detuvo.

—¡Esperen! —me giré en shock y sorpresa solo para estarlo aún más mientras dos brazos se abrazaban a mi cintura. Supongo que ella no estaba dormida después de todo —Yo siempre te vi —dijo ella, su cabeza presionada contra mi estómago —Gracias por todo.

Mis ojos como platos observaron a Jack por un largo rato. Ella me estaba abrazando. Ella estaba tocándome ¿Cómo? ¡Ella dijo que podía verme! Pensé que había pasado desapercibida todo este tiempo, ¿pero esta niña me estaba diciendo que ella siempre había sido capaz de verme?

Eventualmente volví a mis cinco sentidos y me incliné para abrazarla de vuelta.

—Es un completo gusto —dije. Annalise se separó, sonriéndome con sus brillantes ojos marrón —¿Cómo?

—Yo siempre tuve la esperanza de que fueras real —dijo— Cuando mi mamá me leía tu historia, yo siempre pensé que eras justo como yo. Asustada y sola. Tú simplemente tenías que ser real.

—No tienes nada que temer, Annalise —le dije, mi corazón dirigido hacia la niña— Yo siempre estaré ahí para ti —ella me abrazó de nuevo, y esta vez no dudé en rodearla con mis brazos. Mirando hacia Jack por sobre mi hombro, vi que me estaba sonriendo y le sonreí de vuelta —Bueno, es tarde —la reprendí gentilmente, cargándola hasta la cama y dejándola sobre ésta —Vuelve a dormir.

Aparentemente ella estaba realmente cansada porque cerró sus ojos e inmediatamente volvió a dormirse. Arena dorada entró por la ventana abierta, mostrando su sueño de jugar en la nieve sobre su cabeza. Jack tomó mi mano mientras la observábamos.

—Vamos —dijo. Asentí y nos fuimos, volviendo al Castillo de Hielo y aterrizando en el balcón —¿Cuán seguido usas la puerta principal? —preguntó mientras yo me fijaba en usar el viento para tirar todo el exceso de nieve y el candelabro roto fuera del castillo a través de la barandilla rota del balcón y rápidamente arreglando las barandas y reemplazando el candelabro. Si se vuelve a caer y me noquea otra vez, tendré que pensarlo dos veces antes de hacer otro.

—Con más frecuencia últimamente —dije, caminando hacia la habitación de Olaf. Retomé la estatua donde la había dejado la otra vez, en las trenzas de Anna. Jack me siguió y se sentó de piernas cruzadas en el aire, con sus manos descansando en su cayo.

El tiempo pasó y yo estaba dándole los toques finales al rostro de Kristoff cuando hablé de nuevo.

—Así que… ¿Cuándo quieres irte?

—¿Qué? —él debía estar perdido en sus pensamientos.

—¿Cuándo quieres irte? —repetí— Estoy segura que tienes trabajo que hacer desde que ha sido una semana y que dije que iría contigo.

—Oh, no sé. Cuando sea. Estaba pensando que París no ha tenido una buena tormenta de nieve en un tiempo.

—¿París? —reiteré, reprimiendo una sonrisa —Jack Frost, ¿estás pidiéndome una cita?

—¡No! —dijo un poco apresurado. Solté una risita, echándole un vistazo por sobre mi hombro.

—Eso seguro suena como una cita —lo provoqué.

—Bueno… —dudó, su boca abriéndose y cerrándose como un pez fuera del agua. Mordí mi labio para evitar reír —Tenemos que ir a algún lugar, ¿no?

—Sí —admití, agregando pliegues en el chaleco de Kristoff —Sólo encuentro un poco irónico que tú escogieras uno de las más –si no la más– romántica ciudad del mundo para ir primero.

—Está bien, entonces, tú dime dónde no ha habido nieve en un tiempo —fruncí los labios.

—¿Australia? —Jack se mofó.

—No lo creo, Conejo nos mataría si congelamos su amada Australia.

—Somos inmortales, Jack —puntualicé— Y no podemos morir dos veces —realmente no quería congelar Australia, su reacción era lo que quería ver.

—Conejo encontraría una manera, recuerda mis palabras —dijo Jack— Él odia el frío.

—Me he dado cuenta —me alejé de la estatua y la estudié intensamente antes de sonreír— Terminé —dije, satisfecha con mi trabajo.

—Muy lindo —comentó Jack— ¿Alguna otra brillante idea?

Sonriendo, lo miré.

—¿Qué tal si nos quedamos aquí por el resto de la noche? Sólo relajarnos antes de irnos.

—Está bien —pausó— ¿Qué quieres hacer?

—Quiero saber cómo te convertiste en un Guardián —dije honestamente. Él me miró realmente sorprendido.

—¿En serio? —asentí— ¿Por qué?

—Curiosidad. Y tú sabes mi historia, pero yo solo conozco pedacitos y piezas de la tuya —unos cuantos segundos habían pasado y él seguía sin decir nada —Oh, no tienes que decirme si no quieres. Yo solo quería saber. Lo siento si parecí una entrometida.

—No, está bien. Sólo me tomaste con la guardia baja, es todo —él descansó su barbilla en su mano con un aspecto pensativo en su rostro —Tú sabes sobre los yetis tirándome dentro de un saco y luego lanzándome a través de un portal mágico.

Asentí, recordando la respuesta que me dio Jack, cuando le conté a Norte que Jack me había acosado hasta que acepté ir con él al Polo Norte.

—Bueno, cuando Norte me dijo que era un Guardián, yo le dije que no quería ser un Guardián y que ellos no me querían como uno —me sonrió— Creo que mis palabras exactas fueron "Ustedes no me quieren. Ustedes son todo trabajo duro. Yo soy… bolas de nieve y diversión". Ellos me dijeron que La Luna me escogió y me enojé porque no me había dicho nada a mí en trescientos años y todo el asunto del escondite…

—Después que Conejo y yo discutiéramos, Norte me llevó a su oficina y básicamente me dijo que encontrara mi centro. Entonces fuimos al palacio de Tooth-

—¿Por qué fuiste con ellos si no querías ser un Guardián? —pregunté.

—Porque quería montar el trineo de Norte —sonrió— De todas maneras, el Palacio de Tooth estaba siendo atacado...

*Inserte aquí la película "El origen de los guardianes"*

—Las pesadillas olieron el miedo de Pitch y se encargaron de él, así que yo estaba algo sorprendido de que él todavía las estaba utilizando. Ahí fue cuando hice mi juramento y oficialmente me convertí en in Guardián.

Él me miró mientras yo estaba sentada ahí, absorbiendo todo lo que me dijo.

—Eso fue muy amable de tu parte —dije— Lo que hiciste para que Jamie siguiera creyendo en Conejo.

—Sí, bueno, no podía dejar que Pitch ganara. Soy un Guardián, va en contra de mi juramento.

Arqueando una ceja, le dije:

—No habías hecho tu juramento aún.

—Detalles, detalles —dijo, restándole importancia— Vamos, está amaneciendo. Es hora de ir a París.

—¿Por qué estás tan ansioso de ir a París? —reí, permitiéndole que me arrastrara a través de la ventana.

—Porque tenemos trabajo que hacer —dijo— Como dijiste ¡He tenido una semana entera de descanso!

Algo me decía que él no me estaba contando la verdadera razón, pero lo dejé pasar mientras lo seguí fuera de Noruega hacia Francia.


N/A: Nota de autor al día. Al fin un capítulo nuevo después de tanto tiempo ¡Wohooo! ¿Qué les pareció? ¿Qué creen que tiene Jack entre manos con esa insistencia de ir a París? Falta muy poco para el final, vayan preparándose.

Besos,

Niettono (del presente. Ok no, sigue siendo mal chiste).