Disclaimer: Este fic NO ME PERTENECE, ES UNA TRADUCCIÓN. El fic original le pertenece a Zerlinda, quien amablemente me permitió traducirlo y traérselo a ustedes. A los que quieran ver la historia original en inglés: s/10031929/1/The-Snow-Queen


Epílogo 1: El mejor momento de mi vida

Un mes más tarde

—¡Jackson Overland Frost! —grité. Estábamos en Burgess, Pensilvania, en una guerra de nieve con un grupo de niños. Una de las bolas de nieve había sido dirigida a mi trasero y golpeó su objetivo. Los niños a nuestro alrededor se paralizaron y se quedaron mirando con los ojos como platos, diciendo a coro – Uuuuuuh – mientras formaba un ejército de bolas de nieve en mis manos. Vítores y risas venían de los niños mientras mis bolas de nieve eran lanzadas hacia Jack, tumbándolo al suelo mientras la guerra de nieve reanudaba.

No podía estar más feliz con mi decisión de irme con Jack. No hay arrepentimiento alguno. Él mantuvo su promesa de darme el mejor momento de mi vida e incluso me ayudó a tener nuevos creyentes. Este pasado mes ha sido el más feliz de mi vida, sin duda alguna.

Alzando la mirada de un derrotado Jack, vi una niña pequeña. Su corto cabello rubio oscuro era una masa de rizos bajo su gorro rojo. Ella estaba sentada en los escalones de la entrada de su casa, solo mirándonos. Podría decir que ella era capaz de verme por la manera en que sus ojos grises se abrían en sorpresa mientras me acercaba.

—Hola —dije, arrodillándome frente a ella. Podía escuchar a Jack continuando con la guerra de nieve detrás de mí— ¿Cómo te llamas?

—Alyss —respondió en voz baja, obviamente apenada. Le sonreí.

—Bueno, Alyss, yo soy Elsa ¿Quieres hacer un muñeco de nieve conmigo?

Ella sonrió y asintió, tomando mi mano mientras me arrastraba a su jardín delantero. Jack me miró brevemente y le hice señas con la mano para hacerle que estaba bien. Alyss soltó una risilla, feliz, mientras rodamos nieve en tres bolas y las apilamos una encima de la otra. Cogimos ramas y carbón para darle al muñeco de nieve brazos, cabello, y botones y luego nos paramos a unos metros, tocando nuestras barbillas mientras estudiamos nuestro trabajo. Algo faltaba…

—¡Ya sé! —exclamé, chasqueando los dedos. Miré a Alyss —Corre adentro y trae una zanahoria —ella sonrió e hizo como le dije, regresando en menos de un minuto. La dejé hacer los honores de completar nuestro muñeco al agregarle la nariz de zanahoria.

—¡Ya está! —dijo, retrocediendo unos pasos.

—¡Ahora él es perfecto! —proclamé.

—¡Eh, Alyss! —uno de los niños, George, la llamó— ¡Ven a jugar con nosotros!

Alyss me miró como buscando permiso.

—Ve —la alenté con una risa y ella corrió para unirse a los otros en la guerra de nieve mientras Jack caminaba hasta mi lado.

—Nada mal —dijo. Tomé su mano.

—Nada mal tú tampoco.

—¿Estás lisa? —preguntó. En París, acordamos volver al Castillo de Hielo una vez al mes para relajarnos y ver cómo están Malvavisco y Olaf si se encontraba ahí, aunque estoy segura que él está más feliz interactuando con los elfos y los yetis y jugando con los juguetes en el Polo Norte.

—Sí —dije— Vamos.

Nos despedimos de los niños, prometiéndoles volver a visitarlos lo más pronto posible y nos dirigimos a Noruega. Volé en mi copo de nieve ahora y desde que fui capaz de convencer a Jack de que el cargarme a todas partes era ridículo. No me malentiendan –me encanta estar en sus brazos, pero es muy poco lo que podía soportar.

Pronto, estábamos aterrizando en el balcón. Todo estaba justo como como lo dejamos. Caminé a mi habitación y me tiré en mi cama, dejando la puerta abierta para permitirle a Jack entrar. Él se apoyó en su cayo, observando mi más mínimo movimiento.

—¿Feliz de estar en casa? —preguntó. Me ubiqué de lado y me apoyé en mi codo para mirarlo.

—Es bueno estar de vuelta.

—¿Te divertiste?

—Ha sido lo más divertido que he pasado desde… bueno… desde que Anna y yo éramos niñas. Me encantó ver a los niños y jugar con ellos, hacerlos felices. Definitivamente el mejor momento de mi vida.

Jack se acercó a mí, sentándose en la cama.

—Entonces, ¿Es algo que harías conmigo de nuevo? —mis ojos se abrieron como platos.

—¡Por supuesto! Es algo que haría contigo por el resto de mi vida. Eres tan bueno con los niños, haciéndolos reír y divertirse. No puedo imaginar–

—Te amo, Elsa.

Todo se detuvo, mi boca aún estaba abierta mientras estaba a punto de terminar mi oración, pero olvidé lo que iba a decir. Mis ojos miraron los azules de Jack mientras mi mente procesaba lentamente lo que él acababa de decir. No habíamos dicho esas palabras aún, no sin la palabra "creo" en la oración. Pero esto no era un simple "creo". Era una afirmación, una declaración. Él me amaba.

Nuestro contacto visual acabó cuando Jack bajó la vista, mi extenso silencio susurrando dudas en sus oídos. Rápidamente, acuné su mejilla con mi mano y redirigí su rostro para que nuestros ojos se encontraran una vez más.

—Yo también te amo, Jack —dije. Un mes de viajar con él no ha dejado lugar a dudas de mis sentimientos por el Espíritu del Invierno. Estaba enamorada de él.

Una sonrisa radiante cruzó su rostro un segundo antes de estrellar sus labios contra los míos. Sonreí en el beso y rodeé su cuello con mis brazos, La Luna brillando en aprobación a través del techo de hielo del castillo.

Soy Elsa, la Reina de las Nieves y Guardián del amor. Después de cuatrocientos años, he encontrado mi propósito, mi centro, y mi amor. No había más ningún miedo o soledad en mi vida. Jack ha dispersado eso y estoy agradecida que lo hiciera.