–The Dark Hunter…
–Espera Lestat –Dijiste exaltada– él no puede ser mi hermano… nunca he sabido que haya tenido un hermano y él… –te detuviste al instante de recordar aquél fugaz beso– el me beso –Dijiste aún más desconcertada mientras Lestat te observaba sorprendido, pero al mismo tiempo comprendía, no solo a ti sino también a Axel ¿o debería llamarlo Thomas? Como sea, Lestat se sentó al borde del acantilado, sin temor alguno, como les digo es un vampiro bastante egocéntrico, centrado en el mismo, como siempre aun cuando era humano era así, ¿pero quién soy yo para hablar así de él? Te dejo parada tras él, pensativa. Estabas en un sitio muy bueno para morir, si, en un acantilado, lanzarte no estaría mal ¿no es así?
–Ni lo pienses –Dijo aquél Santo– suicidarte no es la solución, de hecho, no morirías, créelo.
–No pensé tal cosa –Mentiste– es solo que, si Thom… Axel –rectificaste– es mi hermano y el me dio un beso, e incluso me dijo que me amaba es algo realmente muy confuso y aun así, no puedo siquiera pensar que debe estar haciendo ahora… se estará recriminando, estará feliz, llorando… quisiera saber…
–Y puedes saberlo –Dijo Lestat. Lo miraste sorprendida, esperando respuestas en silencio– solo debes concentrarme, no sé cuándo me convertí en psicólogo o consejero pero, si no me equivoco Axel me dijo que él compartió su sangre contigo y con eso ya sus dos vidas están ligadas inconscientemente, por ello te dije que la relación de ustedes es mejor que la de Louis y yo… dos hermanos, uno, el menor… enamorado de su hermana mayor, la hermana enamorada de un engendro –sonrió– algo mutuamente imposible, ni lo uno ni lo otro sería posible… pero, somos vampiros algo que cuando éramos humanos nunca hubiéramos creído posible…
–Tienes razón pero hay una diferencia –Dijiste decidida.
–¿así?
–Sí… –lo miraste a sus ojos, sin embargo, sin querer también te fijaste en su lacio cabello, debía cuidarlo mucho, egocéntrico pensaste– Barnabas me ama –sonreíste– aunque esté Josette, sé que él me ama…
–Sabía que dirías eso –Dijo volviendo su vista al mar– Debemos irnos –Dijo levantándose del peñasco– El sol está saliendo –sonreíste, él te miró y tú lo observaste con aire de superioridad– Disculpe señorita pura sangre… usted no debe temerle al sol ¿cierto? –Dijo con deje de molestia a lo que tu sonreíste más, casi con deje de superioridad y burla a la vez lo siento, pero… en estos casos soy más egocéntrica que tú Lestat pensaste.
–Yo me retiro… no quiero convertirme en cenizas –Dijo dudando ¿en serio sería capaz de querer morir? Aun cuando le teme a creer que estaba equivocado ante su ateísmo… ¡Qué más da!
–Y yo no quiero convertirme en una cobarde…supongo que tendré que volver a la mansión –Dijiste decidida.
–Pues, te deseo lo mejor –Dijo– Aunque si decides irte, huir… junto a Axel, también se entenderá –sonrío.
–No te burles de mí, Lestat –Dijiste desafiándolo con la mirada. Sonrió antes de desaparecer, en serio temía al sol. Caminaste como una mortal, con pasos elegantes y relajados por el bosque camino a la mansión, estabas tan sumida en tus pensamientos que no te diste cuenta en cuanto alguien apareció tras de ti y repentinamente todo se volvió oscuridad.
-o-o-
–Iré a descansar –Dijo Josette, retirándose del living, subiendo escalón por escalón hasta llegar a su habitación.
Al cerrar la puerta no supo que se dirigía al propio infierno, según ella, a la oscuridad, dejando tras de sí una nota de su atacante o su secuestrador.
"Barnabas… ¿a quien prefieres?...Josette o _ (tu nombre)"
-o-o-
Pasadas unas horas, Barnabas estaba muy preocupado, envió a sus ayudantes (Carolyn y Loomis) a buscar por todo Collinsport a las dos desaparecidas, ya que era de mañana, ¿un engendro como él que podría hacer en esa situación? Las personas que más quería, secuestradas, y el sol estaba más brillante que nunca, o al menos eso creía él.
–Barnabas deja de caminar en círculos –le recriminó Elizabeth.
–No puedo… –Dijo muy exaltado– Debo ir a buscarlas… ¡pero Mefistopheles está en mi contra! –Gritó molesto.
–Baja el tono de tu voz –Dijo Aarón, apareciéndose como el propio demonio, Mefistopheles, ante Elizabeth y Barnabas.
– ¡Tú! –Gritó Barnabas frunciendo el ceño y acercándose peligrosamente a él.
–Ni se te ocurra tocarme –Dijo Aarón– Engendro…
– ¿Cómo? –Dijo más molesto Barnabas– Estoy cansándome de ustedes… ¿¡Donde están Josette y _ (tu nombre)!? –Inquirió desafiante.
–No te exasperes… –Dijo relajado, sentándose en uno de los muebles presentes– Ellas están bien, o por lo menos sé que _ (tu apodo) está muy…bien –Dijo en un claro de doble sentido–Ahora Josette, no está como me gustaría –Dijo con asco.
–¿Por qué hicieron esto?
–Estamos cansados Barnabas –Dijo de forma natural– somos seres que no mueren, pero sentimos… y aunque queremos tener un hijo con _ (tu apodo), ella no nos lo permite –Dijo sincero– aun así queremos jugar… –sonrió nuevamente.
–¿quieren? –Pregunto astuto– ¿Quiénes?
–Stanley y yo por supuesto –sonrió– sin duda no sabes sacar conclusiones –se burlaba a carcajadas, sonoras en toda la mansión– Pero tuvimos que hacer esto nosotros mismos porque aquél lobito enfermizo no supo hacer bien su trabajo… con lo que costo matar a Joakim y hacer que Alexander se alejara con quemaduras graves… además, de aquel asiático estúpido que tuvo que irse porque hicimos un desastre con su empresa, casas, ufff… fue mucho trabajo –Dijo casi recordando todo el cansancio que aquello involucro para él.
–¿Tú enviaste a ese hombre lobo? –pregunto Barnabas con asco.
–No, no fui yo –Habló Aarón– fue Stanley, aunque realmente no sé cómo lo hizo… –Dijo colocando su dedo índice en la barbilla para luego sonreír– tú debes saber mejor que nadie lo que es tener un lobito feroz cerca…es peligroso, no lo recomiendo –Dijo en tono de burla, refiriéndose claramente acerca de Carolyn– En fin… mañana, por la noche, enviaremos a esta mansión una carta con el lugar de encuentro escrito en ella… espero tengas lista tu respuesta –Dijo levantándose del cómodo mueble de la mansión y sacudiendo sus pantalones como si estuviera sucio solo por el hecho de que alguna vez Barnabas o la loba Carolyn se hayan sentado en ella.
–¿respuesta? –pregunto Barnabas confuso y molesto por aquella acción.
–Josette o _ (tu nombre) –Dijo sonriente– me pregunto… ¿Cuál escogerás? –Preguntó antes de desaparecer. Dejando a Barnabas Collins allí plantado con muchas cosas que pensar.
