Niñera
Ella marcaba el ritmo, siempre rápido y profundo, mis manos acariciaban sus piernas, sus pechos subían y bajaban ese movimiento me hipnotizaba, me fascinaba verla desde abajo, el brillo de sus ojos, su cabello pegándose a su cuello por el sudor, su boca entre abierta alzando gemidos y pidiendo por más de forma lasciva, su delgada cintura y sentirla tan estrecha estrujando mi miembro; lleve una mano a uno de sus hermosos pechos, lo amase y pellizque su sensible pezón...
-Ahh- su voz me hizo enfocar de nuevo.
Este era un goce distinto solo debía acostumbrarme a la velocidad que Konan prefería, suave, profundo y convencional pero la forma lujuriosa de Hinata-san no se iba de mi mente, simplemente ya no podía seguir haciendo esto, Konan no lo merecía. La sujete de la cintura con algo de fuerza y detuve su movimiento.
-¿Quieres cambiar de posición?- dijo en tono juguetón, se acerco a mi boca y mordió mi labio inferior.
-Lo lamento- dije por lo bajo, ella se separo lo suficiente para verme a la cara –tuve sexo con alguien más- y no me orgullecía.
-Lo se- ¿lo sabia? Me beso en los labios, un beso fugas y tierno –pero no tirare a la basura todos estos años solo por un acostón ocasional- me enderece lo suficiente para quedar sentado la levante para salir de su interior y la deje sentada en la cama, sus ojos tenían miedo.
-No fue ocasional- decirlo dolía, su semblante cambio a tristeza, iba a lastimarla, la estaba lastimando ahora mismo, pero tampoco era fácil para mi.
-Esta bien- su voz se quebró y las lagrimas empezaron a aparecer –ya no importa- me tomo el rostro con sus manos –no tenemos que hablar de esto por… porque ahora solo lo haremos tu y yo- me beso de nuevo en los labios –y todo esto hay que dejarlo atrás.
-Yo no puedo…- la voz dejo de salir sin mi permiso.
-Bien, cuantas, solo di cuantas veces y dejémoslo ahí- no quería ponerle sal a la herida pero yo necesitaba decirlo y ella escucharlo, se lo debía, que ella supiera la verdad.
-Mes y medio- ella río y siguió llorando, pasó sus manos por su cabeza.
-Y tuviste que esperar tanto para decirme- el brillo de sus ojos cambio, sabia lo que venía y merecía cada palabra -¿te gusto?- cada desprecio -deberías recomendarla- cada sarcasmo -¿fue la misma o había más?- cada tono de asco -¿por qué?- se derrumbo -solo dime, ¿fue por qué yo quería esperar?
-Calentura- me sentía tan patético, la había lastimado, le había hecho tanto daño sin quererlo realmente.
-Y ¿quién le sacio esa "calentura" al gran Itachi Uchiha?- odio, esa pregunta tenía todo su odio por mi, y no pondría a Hinata-san como blanco de ese odio –la conozco, por eso no contestaras, pero que caballero eres- era frustrante no poder ser quien la consolara, no poder decir una palabra para hacerla sentir mejor porque era yo quien la hacia sufrir ahora mismo y eso dolía –pero me lo debes Uchiha, ¡me debes el nombre de esa maldita puta a la que te cogiste durante un mes!- cubrió su rostro con sus manos y siguió llorando, me dolía verla así –largo- fue apenas un susurro –lárgate.
Tome mis cosas y salí de su habitación, me recargue en la pared, escucharla llorar dolía como el diablo, merecía cada palabra, cada lagrima y todo el dolor que eso me causaba, merecía eso y diez veces más, yo he querido a Konan por años, incluso llegue a amarla, a pensar en un futuro con ella; y fui yo mismo quien decidió divertirse con Hinata-san, quien decidió quedarse callado teniendo sexo y cariño en mujeres diferentes, fui yo quien aposto por Hinata-san por sobre Konan, y era doloroso, muy doloroso que una relación de cuatro años no desaparezca de la noche a la mañana.
Me vestí y salí de su casa, subí al auto limpiando las lagrimas de mi rostro, realmente no quería terminar así pero lo hecho, hecho estaba y quería continuar.
Estaba a pocas cuadras de llegar a mi casa, pare en la esquina de un paso peatonal, me recargue completamente en el respaldo, esperando a que terminara de cruzar la gente, de reojo vi por el retrovisor, Hinata-san se acercaba corriendo, prendí las luces intermitentes y baje del auto.
-¿Hinata-san?- dije al llegar a la acera, ella siguió corriendo en mi dirección; con el cabello recogido sus ojos lucían más grandes y no supe deducir su expresión pero seguro no pasaba por un buen momento.
-¡Hinata!- una voz masculina se escuchaba algo lejos.
-Itachi-san- dijo agitada por correr, su tono me lo dijo, ella no tuvo que decir nada, la tome de la muñeca y subimos al auto justo cuando el paso ya era libre.
Estuvimos en silencio por un tiempo, la miraba de soslayo cada tanto, estaba cohibida, lucia confundida y sus manos temblaban, vi algo que me enfureció, su muñeca tenía una marca roja, esto no estaba bien, aunque no me gustara Hinata-san no lo hacia solo conmigo y se que no permite marcas porque nunca tuvo ninguna en su cuerpo, no mientras nosotros cogíamos y también estaba esa voz que la llamaba a gritos. Quería preguntar, cuestionarla, quería acercarla a mí.
-Gracias- ella hablo primero, su voz sonaba más suave a la usual –lamento si interrumpí su salida con Konan-san.
-Bueno, cualquier salida con Konan ya no será posible- mi voz tenía ese tono triste, ese que guardaba esperanza de haber acabado en mejores términos pero no fue así; ella pareció entender el hilo.
-Creí que la amaba- su voz se quebró al final. No quería hablar de esto con ella prefería dejar en privado mi historia con Konan, al menos por el momento.
-Algunas cosas cambian con el tiempo- pero tal vez si me abría un poco con Hinata-san ella haría lo mismo.
-Lo siento, fue mi culpa- sus ojos lucían llorosos, mi mano fue a tomar la suya, aquella que tenía esa marca roja en su muñeca.
-Claro que no es su culpa Hinata-san- bese el dorso de su mano en un intento de aliviarla o aliviarme de verle esa marca.
-Pero yo…
-Yo lo decidí así, usted no tiene la culpa de nada.
-De no ser por mi ustedes… Itachi-san no me abría pedido más.
-De no ser por ti aún así se abría acabado.
-¿El amor dura tan poco?- nostalgia eso tenia en la voz, nostalgia.
-No soy el indicado para contestar eso pero supongo que dura tanto como uno quiera- no quería hacer esa pregunta pero sentía la necesidad de saber -¿Ama a alguien Hinata-san?- imploraba por un "no".
-Pensé que él lo hacia- agacho la mirada y una gota salió al fin de sus ojos –pero ya no se nada- podría ser que "él" fuera el responsable de que Hinata-san… pero en que tonterías pienso.
Debía haber algo que pudiera hacer por ella, de hacer que me viera de un poco más allá de como me ha estado viendo.
-supongo que no querrá que la lleve a su casa- ella negó, era lógico pues parecía huir de ahí -entonces ¿a dónde quiere ir?- ella lo pensó por un largo rato.
-Al mirador- ahí habíamos tenido nuestros últimos y deliciosos encuentros y aunque no me molestaba en lo más mínimo empezar de nuevo de esa forma no me parecía buena idea en estado en el que estaba, sería como hacerlo con alguien inconsciente.
-Hinata-san, no creo que ahora sea…
-Por favor- me pidió –aunque sea una vez más, por favor- puso su mano en mi pierna y comenzó a subir en una caricia, suspire. No podía negar que esta era una de las razones por las que quería intentarlo con Hinata-san, pero hasta ahora solo seguía apareciendo la misma cara de la moneda.
Me oponía a llevarla al mirador, sin embargo, mí apuesta por Hinata-san era de todo o nada y si ella me pedía cogérmela por compasión yo terminaría dándole mucho más.
