Segundo capítulo listo. Esperaba hacer de esto un two-shot, pero creo que al final será un shortfic. Todavía no estoy del todo segura, pero me estoy entreteniendo mucho escribiendo a Kol y a Kai, así que escribiré mientras pueda.
Con suerte, tendré otro capítulo para el miércoles.
#PALABRAS: 2,453.
OTROS MUNDOS
CAPÍTULO II
—Me alegra que me recuerdes, querida.
Kol, incluso en otro cuerpo, seguía siendo él. Claro que Bonnie lo reconocía. Era imposible no reconocer esa condescendencia y ese tono de superioridad. La bruja frunció el ceño. Kol había muerto, y se había desvanecido con el Otro Lado. Ella había vivido aquello. Sin embargo, ahí estaba, en su propio mundo prisión. Kai, detrás de Bonnie, le colocó una mano en el hombro, pidiendo explicaciones sin decir nada.
Bonnie suspiró, y pasó a explicar lo que estaba sucediendo. O, al menos, lo que ella creía que estaba sucediendo.
—Este es Kol Mikaelson, un vampiro original. Pero este no es su cuerpo.
—No. Mi otro cuerpo era mucho mejor, ¿no te parece, Bonnie? —Kol le guiñó un ojo, pero la chica no respondió—. Ya no soy un vampiro original. Me mataron. Pero volví a la vida gracias a mi mami. Sólo para que mi hermano me matara. Pero no morí del todo, porque acabé aquí.
—¿Qué? —Kai no parecía comprender nada; Bonnie disfrutó por primera vez de verlo así, confuso y extrañado—. ¿Qué es un vampiro original?
—Me gustaría mostrártelo pero, desgraciadamente, no elegí el cuerpo que quería. Este no está mal, pero soy sólo un brujo. Y me gusta, creedme, pero a veces se hace aburrido.
—¿Y qué haces aquí?
—Estoy por gusto—contestó el chico, sin ningún atisbo de ironía. Bonnie frunció el ceño.
—¿No hiciste nada malo? En el periódico aparecen unos asesinatos.
—Sí. Pero no los cometí yo. Hay mucha maldad por Nueva Orleans. Pero me halaga que pienses que hayan sido cosa mía.
Kol se giró y comenzó a andar, y Bonnie la siguió sin dudar. Kai rodó los ojos y fulminó al anteriormente vampiro con la mirada, antes de seguir a ambos brujos por el escalofriante cementerio. Llegaron hasta un panteón, en el que Kol entró sin dudar. Al cruzar la puerta, todos notaron la magia que rodeaba la sala y que llenaba la estancia.
Era una sala de lo más extraña. Estaba llena de mesas y estanterías llenas de objetos mágicos, la mayoría de gran poder.
—Bienvenidos a mi pequeña casa de juegos —Kol se giró y abrió los brazos con su mejor sonrisa—. Aquí he pasado yo varios de los mejores momentos de mi vida, acompañado de poderosas y sensuales brujas.
—Es listo, eso hay que concedérselo —susurró Kai en el oído de Bonnie. Luego levantó la voz—. ¿Y qué hacemos aquí?
—Aquí hay un Ascendente. ¿No es eso lo que necesitamos?
—¿Y cómo sabes tú de eso? —preguntó Kai mientras que cogía una daga de una de las estanterías y la examinaba con ojo crítico—. Los Ascendentes y los mundos prisión son cosa de los Gemini.
—Bueno, yo tengo muchos años. He visto muchas cosas.
Bonnie se acercó a otra de las estanterías y la revisó por encima. Había cosas muy raras en aquel lugar, objetos de gran poder, llenos de magia oscura.
Kai se acercó a ella y le pasó la mano por la cintura de modo posesivo. Bonnie frunció el ceño, pero al sentir sus dedos en la piel de su cintura que no cubría su camiseta se calló. Si decía algo que lo cabreara, nada le aseguraba que no fuera a drenarla de su magia hasta la muerte. Ya había estado cerca de hacerlo en varias ocasiones. Así que se dejó llevar por Kai hasta estar casi en la puerta.
—Lo siento, pero no estamos interesados. Antes tenemos cosas que hacer. Si quieres puedes marcharte sin nosotros. O, al menos, puedes intentarlo.
—Vamos, ambos sabéis que no puedo marcharme sin sangre Bennett. Así que, querida, si eres tan amable…
—No, de eso nada. La sangre de Bonnie es mía. Ya lo siento.
Kai tiró de ella hasta que salieron del lugar, y luego empezaron a correr. La chica no quería correr, porque seguía sintiéndose cansada, pero no podía soltarse del agarre del brujo, así que tuvo que seguirlo. Salieron del cementerio y se internaron en las calles de la ciudad. Estaban tan vacías que le daban a Nueva Orleans un aire de ciudad fantasma que daba escalofríos a Bonnie. Quería volver a casa. Quería volver al presente.
Cuando finalmente se detuvieron en la parte trasera de un edificio, Bonnie apoyó las manos en las rodillas, intentando recuperar el aliento. Kai, a su lado, se sentó en el suelo y la miró mientras que ella luchaba porque el aire llegara a sus pulmones.
—¿A qué ha venido eso? Lo necesitamos para conseguir el Ascendente —Bonnie no comprendía lo que Kai había hecho. Pero, pensando claramente, ¿cuándo había encontrado sentido alguno a sus acciones?
—No, no lo necesitamos. Cierta brujita me enseñó no hace mucho que, cuando no necesitamos a alguien, hay que acabar con él —Kai, con todo el descaro del mundo, le guiñó un ojo. Luego la agarró del brazo y tiró de ella hasta que cayó de rodillas frente a él—. Tengo el Ascendente, querida.
Bonnie frunció el ceño al escuchar la mofa en la última palabra de Kai. Se estaba mofando del modo en que la trataba Kol. Estaba… ¿celoso?
—¿A qué ha venido eso?
—A nada. Bueno, ¿nos vamos o qué? —el chico se giró y observó el Ascendente.
—Kai —Bonnie se acercó a él y lo detuvo colocándole la mano en el brazo. El chico se giró, molesto—. ¿Estás celoso?
—¿Por qué iba a estarlo? Bonnie, ¿no serás tú la interesada en que yo esté celoso?
Bonnie rodó los ojos. Vale, no tendría que haber dicho nada, había básicamente dado pie a que Kai la molestara durante el resto de su estancia en aquel mundo prisión y en cualquier otro. Había sido estúpida, ¿y todo por qué, por una suposición? Bonnie no se había sentido tan tonta en mucho tiempo.
La chica volvió a apoyarse contra la pared. No había nada que pudiera hacer, al menos sola. Así que lo único que podía hacer era esperar a que Kai terminara con todas sus estupideces y luego marcharse. Quería irse, le daba igual si con Kai o con Kol. Sólo quería marcharse.
Kai siguió burlándose de su comentario por unos cuantos minutos, en los que lo único que Bonnie hizo fue mirar los edificios que veía desde su posición, pensando en lo que le gustaría poder visitar Nueva Orleans algún día. Cuando estuviera en el presente, y las calles estuvieran llenas de gente, de arte y de música. Mientras que estuviera encerrada en el mundo prisión, todo sería igual de deprimente.
—Bueno, dejémonos de tonterías —dijo Kai al final, poniéndose serio—. Tenemos que descubrir cuál es el evento celestial que ha permitido crear este mundo prisión. Y luego nos iremos.
—No tan rápido, Harry Potter —comentó una voz a unos metros de ellos. Ambos se giraron y encontraron a Kol mirándolos con los brazos cruzados—. No podéis haberos olvidado de mí, ¿no?
—No te necesitamos, Mikaelson —respondió Kai. Luego se arrimó a Bonnie y le habló al oído—. ¿Quién es Harry Potter?
—¿Cuál es el evento celestial? —preguntó Bonnie ignorando la pregunta de Kai—. Si nos dices eso podrás volver con nosotros.
Kol soltó una carcajada. Comenzó a caminar hacia ellos, pero se detuvo antes de que Kai considerara que estaba demasiado cerca y se lanzara sobre él para matarlo. Tanto Kol como Bonnie sabían que eso sería lo que el brujo haría, habían conocido a los suficientes psicópatas a lo largo de su vida como para saberlo.
—No os necesito. Y si sigo aquí es por voluntad propia, así que no sé qué estáis intentando, brujitos.
—Vamos, Kol. Ayúdanos. ¿Por qué no quieres volver?
—Porque en el presente estoy muriendo. Y después de tanto tiempo muerto, no quiero volver a morir antes de haber vivido lo suficiente.
—Si no quieres volver, dinos lo que necesitamos y así nos iremos y te dejaremos aquí como quieres.
—No —Kol se apoyó en una pared y colocó ambos brazos en la nuca—. Veréis, al principio no pensé en todo. Estaba desesperado, y actué sin pensar. Pero ahora… me aburro.
Kai puso los ojos en blanco y se sentó en el suelo. Ya veía que no irían a ningún lugar en un futuro cercano. El ex-vampiro no los dejaría marchar, y Kai dudaba que Bonnie dejara que él matara al otro brujo. Incluso con los más malos, la chica era incapaz de aceptar los asesinatos.
Bonnie intentó convencer a Kol durante varios minutos; minutos que Kai utilizó para releer el periódico, que había decidido traer por si acaso lo necesitaban. Buscó en todo el periódico por si se hablaba de algún evento celestial, y lo encontró. Pero no era del 6 de febrero, sino del 21 de enero. Una conjunción entre la Luna y Júpiter. Kai no sabía por qué se estaba hablando de aquel evento dos semanas después de que sucediera, pero no le prestó demasiada atención. Si no había evento celestial, no había portal al mundo real.
—Explícanos esto —dijo el brujo, señalando el artículo.
—Puede, y sólo digo puede, que cierto brujo en Nueva Orleans atrajera el poder de aquel evento durante varios días.
—Así que no podemos volver —dijo Bonnie. No era una pregunta. La chica se dejó caer al suelo y enterró la cabeza entre las rodillas.
—No; sí que podemos. Sólo hay que encontrar dónde está ese poder.
—Y tú lo sabes… —Kai sonrió.
Kol guiñó un ojo, dio media vuelta y se marchó, dejando a Kai y a Bonnie a solas. El chico se arrimó a la bruja y suspiró. Tendrían mucho trabajo que hacer si querían volver al presente. Pero no sabían qué hacer. Estaban en un punto muerto, y eran incapaces de pensar dónde podrían encontrar ese poder que los podría llevar de nuevo al presente.
—¿Bon? —Kai colocó una de sus manos sobre el hombro de la chica. Ella no se movió, y aquello asustó a Kai. Bonnie siempre luchaba—. Bonnie, no pierdas la esperanza. Encontraremos la magia. Y nos iremos.
—¿Y si no lo hacemos? —Bonnie lo miró; estaba llorando—. ¿Y si no logramos volver nunca?
Kai la rodeó con un brazo y la apretó contra él. La chica apoyó la cabeza en su hombro y se desahogó durante varios minutos. Nunca se había sentido tan perdida. Cuando había acabado en 1994 con Damon, lo había tenido a él como equilibrio; luego, cuando se había quedado sola, había sabido cómo volver al presente, y aquello le había dado esperanzas. Pero ahora… Ahora estaba encerrada en el futuro, con dos psicópatas y sin saber cómo volver.
Finalmente, cuando la chica quiso apartarse, Kai no le dejó. La apretó con un brazo mientras que la despeinaba con la otra mano; y Bonnie, contrariamente a como siempre actuaba, no le pegó, ni lo mató. Rió y se dejó abrazar.
—Gracias, Kai. Has demostrado no ser tan cerdo como yo pensaba.
—No te hagas ideas equivocadas —Kai le dirigió su sonrisa más asesina—. Soy un cerdo. Pero de vez en cuando me canso de ser malo.
—No te cansas. Buscas emociones.
—Será eso.
Kai le dio un beso en la frente, se levantó y le ayudó a hacer lo mismo. Cuando ambos estuvieron de pie, la agarró por los hombros y le susurró al oído:
—Ojalá me hubieras hecho caso y te hubieras lavado los dientes. Un beso en los labios habría hecho el momento mucho más romántico.
—Deja de repetir la misma tontería —Bonnie se apartó de él y lo fulminó con la mirada—. Y te voy a decir dos cosas: primero, no quiero que me beses, así que me alegro de haber vomitado; y segundo, me los habría lavado si tuviera dónde y con qué.
—Sigue mintiéndote a ti misma, Bonster. Estás muriendo porque te bese. Si en estos momentos me acercara a ti, estoy seguro de que te temblarían las piernas y se te aceleraría el pulso.
—Cállate y búscame un lugar en el que descansar. Estoy agotada.
—Habitación doble, ¿no? Con camas juntas.
Bonnie rodó los ojos, pero lo siguió. Si él quería seguir jodiéndola, ella se encargaría de alejarse de él tanto como le fuera posible. Tal vez incluso viajaba al otro lado del mundo. Pero no en helicóptero. La chica no pensaba volver a subir a un helicóptero en su vida. Si necesitaban viajar a otro lugar, iría a pie. Le daba igual que Kai se burlara de ella.
Al final Kai y ella acabaron en un hotel de cinco estrellas. Kai intentó que durmieran en una habitación doble tal y como había prometido, pero Bonnie fue a la habitación más lejana a la suya, se lavó los dientes y se durmió al instante. Estaba agotada. Ya se preocuparía de todos los problemas a su alrededor al día siguiente.
Cuando despertó, la chica no abrió los ojos. Sentía que todavía podría pasarse una o dos horas más metida en la cama, así que se dispuso a hacer justo aquello. Se giró en la cama, y chocó contra algo duro. No algo, sino alguien.
Bonnie abrió los ojos. Y se levantó de la cama al instante.
—Buenos días, querida —saludó el chico desde su cama con una amplia sonrisa.
—¿Cómo has entrado aquí, Kol?
—No cerraste la puerta. Lo tomé como una invitación —el chico le guiñó un ojo, y Bonnie se enfureció. Le lanzó un cojín, que el chico esquivó sin un gran esfuerzo.
—¿Qué haces aquí? Pensaba que ya habías dejado claro que no querías ayudarnos.
—También os dije que estaba aburrido —Kol se levantó y comenzó a inspeccionar la habitación—. Sois mi entretenimiento. Más os vale hacerlo bien.
—¿¡Bonnie!? —gritó Kai desde el pasillo. Sin esperar respuesta, entró en la habitación, pero se detuvo en el sitio al instante. Un segundo después, se lanzó sobre Kol, lo agarró del cuello de la camisa y lo empujó contra la pared—. ¿Nadie te ha enseñado a ti que no se espía a jóvenes damas en su sueño?
—Muchos han intentado hacerlo. Pero yo me caracterizo por el poco caso que hago en general.
Kol le dio un empujón y se alisó las arrugas de la camisa. El chico sonreía y aceptaba las miradas asesinas que le dirigía el otro brujo.
Bonnie los ignoró y se marchó al baño. Los odiaba. A ambos. Ojalá estuviera con cualquier otra persona en el mundo prisión. No con ellos. Con ninguno. Así que, decidida a ignorarlos, los dejó discutiendo como niños pequeños y se metió en la ducha. Mientras que el agua caliente la ayudaba a relajarse, comenzó a idear un plan que, con total seguridad, le ayudaría a volver, tanto con los dos brujos como sin ellos.
