Tercer capítulo de la historia listo. Como dije en el último capítulo, creo que iré publicando los miércoles y los domingos, pero eso será mientras que pueda escribir. No sé cuántos capítulos tendrá esta historia, pero no muchos, porque la historia tampoco da para tanto.

#PALABRAS: 2,554.


OTROS MUNDOS


CAPÍTULO III

Cuando Bonnie salió de la ducha, su habitación estaba vacía. La chica agradeció su soledad en silencio y se vistió. Quería cambiarse de ropa pero, con el ansia de encontrar un modo de volver al presente, ella y Kai no habían llevado ningún equipaje. Así que, hasta que pudiera meterse en alguna tienda y coger alguna prenda, Bonnie tendría que llevar la misma ropa. Al menos no sentía ganas de ponerse guapa para nadie. Kol y Kai, como mucho, la inspiraban a arreglarse menos que de normal. Aquel era el odio que sentía hacia ellos.

La bruja bajó al vestíbulo y se dirigió al comedor. Por un lado, sabía que Kai estaría ahí, así que así solucionaría el problema de tener que encontrar a sus indeseados compañeros de viaje. Y, por el otro lado, así desayunaría algo. La noche anterior no había comido nada, y después de haber vomitado el desayuno que Kai le había preparado aquella mañana, estaba realmente hambrienta.

Como la chica había esperado, Kai estaba ahí. Se había llevado todo lo que había encontrado a una mesa, y estaba leyendo el periódico. Bonnie sentía que aquello era una estupidez, una manera de recordarse a sí mismo que estaba viviendo el mismo día siempre. Aquella era sólo una manera de torturarse a sí misma.

La chica fue a coger su propio desayuno, y vio que Kol también estaba allí, sentado frente a Kai, tomando un café.

−¿Qué hacéis? –Bonnie cogió una tostada del plato de Kai y se sentó en la silla que quedaba vacía−. Quiero decir… ¿qué hacéis juntos?

−Somos del mismo equipo, Bonster –contestó Kol. Le sirvió una taza de café y le echó dos cucharadas de azúcar−. Es normal que trabajemos juntos.

−¿Cómo me has llamado? –Bonnie se giró hacia Kai con una mirada asesina, y este le guiñó un ojo−. Me da igual. A ver, ¿qué se os ha ocurrido?

−Se nos ha ocurrido que, si Kol nos ayuda a volver, nosotros lo ayudaremos a recuperarse de su "enfermedad". Traducción, lo ayudaremos a matar a su hermano.

−A Finn, Bonnie. Tu nuevo amiguito tiene problemas para recordar nombres, por lo visto.

−Finn está muerto.

−Y yo también.

−Exacto –concluyó Kai, levantándose de la silla−. Así que vámonos, pequeña bruja. Tenemos mucho trabajo que hacer.

Habían intercambiado los apodos. Aquellos dos, juntos, iban a traerla por la calle de la amargura.


−No pienso volver a subir ahí.

Bonnie se cruzó de brazos, varios metros por detrás de ambos brujos, que acababan de girarse al ver que ella se había detenido. Tras ellos, el helicóptero en el que Kai había intentado matarla se cernía, enorme. En cuanto lo había visto, la chica se había detenido, y se negaba a moverse. No le importaba si tenían que viajar a Madagascar. Ella no iría en helicóptero; si era necesario, iría a nado.

−Vamos, Bon –Kol se acercó a ella−. No tengas miedo. Yo te agarraré de la mano durante todo el viaje.

−No creo que eso la reconforte mucho –comentó Kai desde atrás−. ¿Y qué quieres que hagamos?

−Estamos en el futuro. Seguro que hay algún modo de transporte rápido.

−Un año en el futuro, brujita –Kol soltó una carcajada−. Eso no cambia las cosas.

−Existen coches. Podemos coger uno.

−Tenemos que ir hasta Las Vegas. No tenemos tiempo que perder.

−Bueno –Bonnie sonrió. Su decisión iba a surtir efecto, por suerte−. Yo tengo el Ascendente. Así que si queréis salir de aquí, tendréis que viajar en el medio de transporte que yo quiera.

Ambos se quedaron quietos durante varios minutos, en absoluto silencio. Y luego, casi al mismo tiempo, rompieron en carcajadas.

−Esta es mi Bonster.


Viajar en un coche, un lugar estrecho y asfixiante, acompañada de dos psicópatas, era desde luego una de las experiencias más extrañas que Bonnie había vivido jamás. Ella, que inicialmente había luchado por sentarse en el lugar del copiloto, ahora estaba arrepintiéndose. Hubiera sido mil veces más simple sentarse atrás e ignorarlos durante todo el viaje. Habría sido un viaje mucho más placentero.

Kol conducía. Aquella había sido la primera discusión. Kai, más que conducir, quería discutir, y Kol parecía del todo dispuesto a darle lo que pedía. Bonnie había puesto los ojos en blanco, había encendido la radio y había puesto el volumen tan alto como le fue posible. Al final, Kol se había apeado al lado del conductor, había apagado la radio y había arrancado, amenazando con dejar a Kai atrás si no subía de inmediato.

La segunda discusión había tenido que ver con la música. Kai quería música antigua. Ella quería música moderna. Kol no quería música. Al final, ella abofeteó a ambos y puso una emisora de radio de música electrónica. No era su favorita, pero sólo lo había hecho para molestar a sus dos acompañantes.

Y luego había venido la tercera discusión. La comida. Obviamente, Kai quería hacer paradas cada media hora para coger comida de cualquier gasolinera. No podía soportar el hambre, decía. Kol apoyaba las paradas a cada hora. Bonnie no quería parar ni una sola vez. Quería llegar a Las Vegas cuanto antes, viajar de vuelta al presente y olvidarse de aquellos dos tan pronto como le fuera posible. Aquel era el peor infierno que hubiera sufrido jamás la chica.

Por suerte, al final, llegaron. Bonnie fue la primera en bajar del coche, y se marchó sin esperar a ver si la seguían. Había visto una tienda de ropa a pocos metros de donde habían aparcado, y la chica necesitaba desesperadamente un cambio de ropa. Cogió unos vaqueros y una simple camiseta y se los puso. Luego salió de la tienda, y se preocupó. Estaba sola.

Pero no la habían abandonado. Uno de ellos, o ambos, ahora que habían decidido trabajar en equipo, había dejado pistas. Ahora jugaban a ser Hansel y Gretel, por lo visto. Le dejaron trozos de papel de periódico, prendas de ropa (la mayoría ropa interior), CDs y souvenirs que habrían robado de las tiendas. Bonnie siguió las pistas, y los encontró a ambos en un casino. Puso los ojos en blanco, y entró.

Ambos estaban ahí, jugando a las tragaperras, que habían hecho funcionar con magia. Bonnie los ignoró, fue a la barra y se sirvió un chupito de vodka. Odiaba el vodka, pero en aquel momento lo único que le importaba era poder olvidar por un momento que estaba en compañía de dos psicópatas que, además, eran jugadores compulsivos y gilipollas. Sí, la chica necesitaba aquel trago.

−Bonnie, voy a darte un consejo –Kai se acercó a ella, con una botella de tequila en la mano. Estaba casi vacía−. Tienes que aprender a disfrutar de la vida un poco más.

El chico se tambaleó y cayó al suelo junto a ella. La bruja lo fulminó con la mirada. No podía creer que Kai se hubiera emborrachado lo suficiente como para desmayarse. Alzó la mirada, y se encontró con que Kol no parecía estar en mejor estado. Estaba abrazado a una columna, bailando al son de una música inexistente. Bonnie estaba sola. Así que tomó una decisión. Usando una pequeña parte de su magia, utilizó un hechizo que despabiló por completo a Kol.

El chico se soltó de la columna y la miró, con el ceño fruncido. Le había quitado la sobriedad, pero no la resaca. Kol fue a sentarse en una de las butacas, pero se detuvo en el sitio al ver la mirada asesina que le mandaba Bonnie. Se acercó a Kai y le hizo el mismo hechizo.

−¿Dónde está? –preguntó Bonnie cuando ambos estuvieron sentados frente a ella, después de haber tomado varios vasos de agua y algún que otro medicamento−. No tenemos tiempo que perder, Kol.

−Está en un hotel. En el spa de un hotel.

−¿Y se puede saber por qué guardaste magia en el spa de un hotel? –Bonnie estaba alzando la voz. Sabía que a ellos les dolía la cabeza, pero no le importaba.

−Todos necesitamos un viajecito a un spa de vez en cuando, Bonster.

−No me llames así. Y vámonos. Qué ganas tengo de alejarme de vosotros.

Fueron al spa. Kol le había dicho que la magia estaba escondida en una toalla. ¡En una toalla! Como si fuera a haber pocas en el spa de un hotel. Por suerte, Kol le aseguró que le había hecho una marca a la toalla para poder reconocerla en cualquier lugar. Se separaron y comenzaron a buscarla. No fue hasta varias horas después que Bonnie finalmente encontró una toalla con una marca especial. Una elegante M bordada.

Por supuesto, Kol no le habría hecho un simple dibujo, no. Tenía que bordar la inicial de su apellido. Aquella era sólo una muestra más de la ridícula ostentación a la que siempre habían estado acostumbrados los Mikaelson.

La bruja se reunió con sus dos acompañantes en la recepción del spa. Ya tenían todo lo que necesitaban. Tenían el Ascendente, tenían magia Bennett, y tenían el evento celestial o, al menos, el poder del evento.

−¿Cómo vamos a hacer esto? –preguntó Kai desde su lugar en un cómodo sofá de cuero negro.

−Fácil. La persona que haga el hechizo necesita también absorber la magia de la Conjunción. Nos tomamos de las manos y volvemos todos juntos. Es muy simple.

−Bueno, pues vámonos. Ya.

Bonnie se levantó y salió del hotel. En cuanto estuvo en la calle, absorbió la magia de la Conjunción. No toda. No quería arriesgarse a perder toda la magia y que Kol hubiera estado riéndose de ellos. Se cortó la palma con el Ascendente, y empezó a cantar. Kol la agarró de un hombro, y Kai de la cintura. Bonnie suspiró, y siguió cantando.

Y no pasó nada. Bonnie abrió los ojos, y se giró a ambos lados. Vio que Kai estaba tan confundido como ella, y Kol…

Kol estaba riendo a carcajadas. Se separó de ellos y comenzó a caminar alrededor de ellos, incapaz de contener la risa. Tanto Bonnie como Kai lo fulminaron con la mirada, y luego se miraron el uno al otro. Al ver las intenciones de Kai, Bonnie intentó detenerlo, pero el chico se le escapó antes de que pudiera agarrarlo del brazo. Se acercó a Kol, lo agarró del cuello de la camisa y le dio un puñetazo en la nariz. De un empujón, lo tiró al suelo y le dio una patada en el estómago.

La bruja actuó sin pensar. Se subió encima de Kai, intentando detenerlo. No había contado con que el chico perdiera el equilibrio, así que ambos acabaron en el suelo, él con una herida bastante fea en la cara y ella con ambas palmas abiertas. Y entonces a Kol se le ocurrió contraatacar.

Fue a darle una patada a Kai, pero Bonnie lo detuvo con una patada en la entrepierna, que lo tiró al suelo al lado de ellos. La chica los inmovilizó a ambos con un hechizo, y luego se levantó. Se curó sus heridas, y luego se paró ante ellos, enfadada.

−Tú –dijo, señalando a Kol−, vas a pagar por engañarnos. Y tú –Kai cerró los ojos cuando la chica lo miró−, Kai, tú me lo dijiste. Deberías haber manejado mejor tu enfado. Hazlo.

−¿Puedo decir algo? –Kol alzó una de sus manos; con la otra seguía agarrándose la entrepierna.

−No. Perdiste ese derecho al engañarnos. Y deja de tocarte en público, ¿quieres?

−Como me hayas dejado estéril te mato.

−¿Podemos levantarnos ya? –Kai la miró con cara de bueno; tan bueno como podía.

−No. Os vais a quedar ahí para siempre. Y yo me voy a sentar en una cómoda butaca de cuero y os veré morir de hambre.

−Este te ha enseñado a torturar, ¿no? –preguntó Kol, con una sonrisa y alzando una ceja.

Bonnie soltó un bufido y se marchó al hotel. No pensaba volver a hablar con ninguno de ellos, ni aunque fuera la única manera de volver al presente.


Y los ignoró. Dos días después, e incluso si los tres estaban en el mismo hotel, Bonnie se había alejado de ellos en todo momento, y sólo había hablado con Kai en un momento dado para decirle que le devolviera su ropa. Pasaba los días en la piscina del spa. Iba a todas las tiendas y cogía todo lo que quería. Aquella era la única ventaja de estar en un mundo prisión; todo era gratis.

Tanto Kol como Kai intentaban hablar con ella, molestarla, pero ella los ignoraba. O, al menos, lo intentaba. Cuando ambos comenzaban a tener conversaciones (la mayoría poco apropiadas) al lado de ella, le resultaba especialmente difícil ignorarlos.

Un día, Kol dijo las palabras mágica, las palabras que hicieron que la atención de Bonnie se dirigiera rápidamente al chico.

−Podemos volver.

−Sí, el pequeño vampirito sólo nos estaba gastando una broma –Kai apareció tras el otro brujo, le dio una palmada en el hombro y se sentó en la tumbona de al lado de la de Bonnie−. Qué bromista, ¿no?

−No entiendo. Y como no entiendo, necesito que me expliques.

−Verás, el problema estaba en tu sangre –Bonnie alzó una ceja, como si se sintiera ofendida porque Kol criticara su sangre−. No te lo tomes a mal, el problema está en que lo que necesitábamos no era sangre Bennett, sino sangre Claire.

−¿Y cómo facilita eso la situación? –Bonnie se levantó y se puso un albornoz de hotel−. ¿Tengo que recordarte cuáles son nuestros apellidos?

−La sangre Claire la tengo yo, Bonster. No te preocupes por eso.

−No la llames así. Ese es mi apodo –Kai soltó una patada desde la tumbona. No logró golpear al otro brujo, pero sí consiguió una mirada asesina por parte de la chica−. No estoy mintiendo.

Bonnie rodó los ojos y suspiró. Kol sacó un frasquito de uno de sus bolsillos, lleno de sangre. Los otros dos brujos sonrieron, viendo la libertad más cercana que nunca.

−Vámonos.

Bonnie se levantó y se puso la ropa por encima del biquini. Kol se marchó del spa caminando rápidamente, casi corriendo. Bonnie se dispuso a seguirlo, pero Kai la agarró del brazo, la obligó a girarse y la besó.

El chico no había estado mintiendo, había querido besarla desde el primer instante en que la vio, hacía ya un tiempo en el mundo prisión de 1994. Kai la sujetó por la cintura, la acercó a él y profundizó el beso sin darle tiempo a reaccionar. Bonnie no sabía por qué, pero se encontró correspondiendo al beso, agarrándolo por los hombros y mordisqueándole el labio inferior.

Y repentinamente se separaron. Fue casi como si hubieran tirado de ellos, porque ambos se separaron el uno del otro al mismo tiempo. Kai le guiñó un ojo, se giró y siguió a Kol. Bonnie se quedó quieta por un momento, intentando que su respiración se normalizara, y luego los siguió.

Se juntaron en el mismo lugar en el que habían intentado viajar la última vez. Repitieron el mismo proceso. Kai la abrazó desde atrás, pegando su cuerpo totalmente al de ella. La chica quería apartarse, pero no lo hizo. Pronto podría deshacerse de él y no tendría que volver a verlo. Kol le agarró ambos hombros, y pegó su frente a la de la chica.

Bonnie empezó a cantar. Kol le masajeó los hombros. Kai le dio un beso en la nuca. Y entonces los tres desaparecieron.