Niñera

Esta mañana Hinata-san estaba en mi casa muy guapa con ese vestido blanco de flores y el rostro lleno de ternura, una lagrima se deslizaba por su mejilla, puede que de añoranza o no se, solo se que se veía hermosa, siempre me había gustado ver esa parte de ella desde que era pequeña, la dulce y bella Hinata-san, con ese brillo sincero en los ojos y que ahora la tenía más cerca de lo que nunca la tuve, había caído rendida entre mis brazos, también me sentía cansado y no solo por lo físico, también por lo de Konan, por querer saber la razón de que Hinata-san huyera de un hombre, por su expresión de miedo y tristeza que daban sus ojos; pero sin duda lo que me impedía dormir ahora mismo abrazándola era saber que Hinata-san estaba rota, un par de ideas me cruzaron la cabeza para que ella terminara así y me negaba a creer que alguien quisiera dañar a tan hermosa criatura.

Me estaba dejando envolver por ella a tal punto de querer tenerlo todo con Hinata-san, de estar para ella y mantenerla siempre cerca, pero aún era demasiado pronto para saber si eso era posible; lo único que sabia con certeza es que nunca me había sentido tan en paz como en este momento, acariciando su larga cabellera, dejando que mis dedos vagaran con pereza en su espalda, tenerla sobre mi; era verdad que tenia un cuerpo de diosa pero su mayor atractivo era su rostro, era irónico como su cuerpo decía lujuria por donde lo vieras pero su rostro solo mostraba inocencia, Hinata-san me gustaba, quizá demasiado.

Mi momento de tranquilidad se vio interrumpido por ese tono bajo y coqueto que sonó por la habitación, deje con cuidado a Hinata-san en la cama, ella se acomodo en una nueva posición de forma adorable, moví la cobija con la que estábamos tapados y baje de la cama, tome su vestido que colgaba de una esquina de la cama, metí la mano en uno de los bolsillos de la falda y saque su móvil, "Nii-san" decía en la pantalla, deslice con el dedo el símbolo verde y para cuando me lleve el teléfono al oído solo sonaba el tono de llamada, con la llamada se había desbloqueado el móvil mire a Hinata-san, seguía dormida, busque con la mirada mi chaqueta hasta que caí en cuenta que la deje en el auto y con ella mi móvil, así que busque su numero de móvil y lo memorice; estaba a punto de dejar su móvil en su vestido cuando volvió a sonar.

-Hinata ¿dónde estas?- la voz del otro lado sonaba preocupada.

-Hiashi-san, habla Itachi Uchiha, encontré a Hinata-san muy agitada en la calle- me senté en la cama –y termino por desmayarse- pase mis dedos por su flequillo -estaba por llevarla a casa.

-¿Esta bien?- "hermosa".

-Si, de hecho ya despertó pero se siente mareada, así que me pidió contestar- un suspiro de alivio se escucho por el auricular.

-Menos mal que esta contigo Itachi, lamento que esta situación te quiete tu tiempo.

-Descuide Hiashi-san de todas formas ya iba en camino a casa también, llegaremos en unos minutos.

-De acuerdo, muchas gracias Itachi- y el tono de llamada no se hizo esperar.

Cuando Hinata-san más era pequeña, era tan tímida que se hiperventilaba y se desmayaba con frecuencia, que le pasara de nuevo era una historia creíble, era eso o decirle a Hiashi-san la verdad y no creo que eso le haga gracia.

-Hinata-san- susurre en su oído, ella apenas y se movió –Hinata-san- mi mano se metió en la cobija y bajo por su cuerpo curvilíneo –preciosa- dije con cariño y bese su mejilla, se quejo entre sueños -necesito que te levantes princesa-mi mano llego a ese bello lugar entre sus piernas, ocasionando que empezara a abrir los ojos con pesadez –buenos días Hinata-san- sus brazos me rodearon el cuello con pereza, le bese la nariz –hay que llevarte a casa.

-No quiero- su voz era soñolienta y pesada, yo no dejaba de mover mi mano frotando su entrada.

-Tampoco quiero llevarte pero Hiashi-san esta preocupado por ti- rose sus labios con los míos.

-Eso no lo sabe Itachi-san- mi nombre salió en un lindo bostezo suyo.

-Claro que lo se, acaba de llamarte- le tomo unos segundos, pero al fin abrió los ojos de golpe al entender lo que dije.

-¡¿Qué?!- quiso levantarse tan rápido de la cama que termino yéndose de lado, la jale del brazo para que cayera sentada en la cama y no en el piso. Este era un punto a mi favor, si ella realmente llegaba a su casa algo mareada lo que dije sería aún más creíble. – ¿Realmente tenemos que irnos?- su tono era bajo, una combinación entre dolor y pereza.

-Si- dije y bese su hombro, Hinata-san suspiro rendida.

Ayude a que se vistiera, más por querer seguir tocándola que por irnos, ella se reacomodo su coleta alta mientras yo me vestía, cuando me senté en la cama para abrochar mis zapatos ella se subió a la cama a mis espaldas, y rehízo mi coleta baja también. Se abrazo a mí, yo tampoco quería que hoy se acabara.

-¿La lastime Hinata-san?- lo que menos buscaba era dejarle otro mal recuerdo.

-No- y planto un simple beso en mi cuello.

Salimos del lugar y subimos al auto, el camino fue silencioso, no quería interrumpir sus pensamientos y al mismo tiempo quería respuestas, respuestas sobre cosas que no eran asunto mío pero que de todas formas quería saber. Pare a una calle de llegar, ella reacciono y dejo de ver por la ventana para mirarme a mi, la tome de la barbilla y pegue mis labios a los suyos, Hinata-san cerro los ojos y no dejo de mover sus labios con los míos, quería dar media vuelta, al cuerno Hiashi-san, quería más tiempo junto a ella y con pesar me separe; Hinata-san tenía un sonrojo en las mejillas, era diferente a sus sonrojos causadod por la excitación, me gustaba ese sonrojo, me gustaba Hinata-san.

Toque a la puerta que se abrió de inmediato, un chico castaño de ojos Hyuga había atendido, se me hacía familiar pero no liaba quien era, ella solo se afianzo de mi brazo.

-Hinata- Hiashi-san se acerco hasta llegar a ella -¿Estas bien? Neji dijo que salieron a caminar y terminaste corriendo de él sin razón- decía con las manos sobre sus hombros inspeccionando que estuviera en una pieza -¿Qué le paso a tu muñeca?

-Me lastime cuando me desmaye- mi atención estaba en Hinata-san pero fácilmente sentía la otra mirada blanca sobre mí, ahora lo recordaba, él estuvo viviendo aquí por unos meses y al poco tiempo de que se fue Hinata-san empezó a hacer de niñera de Sasuke "es más divertido jugar con Sasuke-kun que estar sola en casa sin Nejinii-san".

-Itachi muchas gracias- la voz de Hiashi-san me devolvió a la realidad –por traer a mi hija a salvo.

-No tiene que agradecer, con que Hinata-san este bien es suficiente agradecimiento- añoraría tenerla de vuelta tan suave y dulce como hace unas horas, porque esa parte de ella también me gustaba y mucho.

-Gracias Itachi-san- Hinata-san hizo una pequeña reverencia a la que yo respondí con una sonrisa.

Padre e hija entraron a la casa, asentí con la cabeza en dirección al chico castaño y me di media vuelta, escuche la puerta cerrarse.

-Hinata no se desmaya desde los 11 años- pare en seco, esa era la misma voz que gritaba por Hinata cuando la encontré, ella huía de él ¿por qué?

-Pues hoy le volvió a pasar- dije encarándolo. Su rostro estaba serio, su mirada era pesada y fría, ¿qué le molestaba a este tipo?

-Solo un padre preocupado puede creerse ese cuento- si así quería hablar estaba bien por mi.

-En eso estoy de acuerdo Hyuga-san, porque nadie huye de una persona son razón- su rostro mostro molestia por todas partes.

-¿Qué insinúas Uchiha?- Neji estaba perdiendo los cabales, bien podría sacarle la verdad ahora mismo pero solo lo creería escuchandolo de ella.

-Solo digo que de haberse lastimado la muñeca al desmayarse se la abría roto- él sonrio de medio lado.

-Debería tener cuidado con sus palabras Uchiha, Hinata desapareció con usted por un par de horas, ¿qué lo demoro tanto a traerla a casa?- lo había subestimado.

-Quien sabe… tal vez la misma razón que lo demoró a dar aviso a Hiashi-san sobre que Hinata huyo de usted, cambiando la historia claro- su expresión cambio a sorpresa.

-¿Qué fue lo que Hinata le dijo?- él se había acercado lo suficiente para que esa pregunta solo la escuchara yo; eso era una confesión, él la había agredido, él la había lastimado haciendo que Hinata-san luciera tan miserable.

-De haberme dicho algo,- mi voz sonó gélida -ahora mismo le estaría partiendo la cara Hyuga-san- di media vuelta, necesitaba ir a casa o realmente lo haría.