Niñera

-¿Vendrás Itachi?- pregunto Hidan.

-Yo paso- no me interesaba salir a ese tipo de lugares.

-Oh vamos, ya estas libre de esa mandona- Kisame le dio un codazo para que se callara.

-Itachi- gire un poco para mirar a Konan -¿podemos hablar?

Caminábamos sin rumbo por el campus.

-Nagato dijo que aceptaron la solicitud de tu proyecto, felicidades.

-Gracias- lucia apagada, nunca fue la chica más alegre del mundo pero supongo que haber convivido tanto tiempo con ella me hacia percibir ciertas cosas –yo… supongo que quiero un consuelo- Konan usaba su "supongo" cuando no quería admitir algo –la chica, ¿vas enserio con ella?

-Eso intento- suspiró.

-Bien, porque es muy pequeña como para solamente estés jugando con ella- ¿cómo podía saber que era pequeña? Leyó mi expresión de duda –los vi, en el centro comercial, solo por coincidencia. ¿Qué?- pregunto recelosa.

-Es solo que no pensé que eso te importara- la había molestado, su mirada me lo decía.

-Probablemente no debería pero ella lucia demasiado culpable, además ¿por qué debería guardar rencor a otros por tus idioteces?- no pude evitar reírme, era lago irónico que me hubiera fijado en ella por comentarios como ese y que ahora lo lanzaba como una pedrada para mi -jajaja- Konan rio con sarcasmo.

-Realmente quería que esto funcionara- lo dije solo porque en algún momento fue así.

-También yo- dijo mirándome.

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Sasuke encontró la forma de recuperar su tiempo con Hinata-san, para cuando llegue con mi padre a la casa ella ya estaba ensimismada junto con mi hermano en el videojuego, el pequeño había hecho berrinche y como era costumbre mi madre termino cediendo y pidiendo a Hinata-san que llegase más temprano, quizá mi padre debería dejarlo ir a trabajar a la empresa y quien sabe tal, vez cierre mejores tratos de los que yo podría cerrar con su poder berrinchudo.

Recordaba con algo de gracia el rostro de Hinata-san cuando se dio cuenta que me pidió como regalo de cumpleaños e intentando disculparse porque no se había referido a "eso" cuando lo dijo y me apostaba cualquier cosa a que ella lo recordaba también ahora mismo, por eso ese sonrojo en sus adorables mejillas. Trabajaba en la mesa del comedor con mi laptop, ciertamente no era el asiento más cómodo pero si el de mejor vista; perdí un poco la noción del tiempo y termine la tarea antes del tiempo tratado con Sasuke que seguía intentando vencer a su niñera sin éxito alguno.

Hinata-san me había dado una tarea un tanto complicada, entendía bien sus verdaderas intenciones cuando dijo "ya se que quiero de obsequio, quiero a Itachi-san" era simple, ella no quería que me apartara y yo no tenía la más mínima intensión de hacerlo, pero simplemente no la dejaría escapar de la otra versión de sus palabras y eso era lo complicado; no quería llevarla aun motel de nuevo, merecía más, pero tampoco podía pedirle a Hiashi-san que la dejara pasar un fin de semana conmigo pues la respuesta sería un "no" seguro. Pero ya se me ocurriría algo.

-¿Cómo lo hiciste?- me ensimisme tanto en mis pensamientos que no note cuando Sasuke se había ido a su cuarto.

-¿Qué cosa?- realmente no sabía a que se refería.

-¿A que se subiera a dormir tan temprano?- Hinata estaba a centímetros de donde me encontraba.

-Bueno, quien sabe si realmente se fue a dormir- la jale de la cintura sentándola en mis piernas y empecé a besar su cuello.

-¿Pero como lo hiciste?- preguntaba con curiosidad.

-Un mago no revela sus secretos- Hinata-san rió ante mi comentario y luego levanto su vestido dejando descubiertas sus perfectas piernas.

No tarde en empezar a tocarlas y ella no tardo en soltar suspiros, había extrañado tanto tenerla de esta manera, su dulce cuerpo me pedía tocarlo más, tomarlo una y otra vez y mis ganas demandaban quitarle la ropa ahora mismo, asestar dentro de ella, pero por más que gritara mi cuerpo por hacerlo, debía hacer tiempo para que el pequeño Sasuke se durmiera. Por ahora solo Hiashi-san sabe de mi interés por Hinata-san lo menos que necesito es que Sasuke diga la clase de ruidos que escucho desde su cuarto a mis padres.

-Itachi-san- suplico, esta preciosura de niña no me la ponía fácil.

Subí mi mano a ese bello lugar entre sus piernas y lo frote con parsimonia, Hinata me tomo del rostro y lamio mis labios, deteniéndose en el inferior para morderlo con suavidad, adentre mi mano bajo sus húmedas bragas y continúe acariciándola, Hinata-san bajo sus manos a mis hombros y apego sus grandes pechos al mío, me beso con tranquilidad hasta que adentro su lengua y todo subió de nivel, sus mejillas se encendieron cuando adentre mi dedo índice en ella, su lengua provocaba a la mía y yo no perdía ante nadie mucho menos ante tan exquisito rival, con mi dedo pulgar le frotaba su bello botón y la sentía mover su cadera con lentitud descontrolada era su forma de pedir más sin usar palabras, saque el índice e introduje el dedo medio, Hinata-san se separo de mis labios por algo de aire y regreso a ellos casi de inmediato; la sentía tan excitada que quería ver más de ella, así que metí tres de mis dedos de un jaló, un gemido se ahogo en nuestras bocas, un poco más de movimiento y la hice llegar a su primer orgasmo de la noche. Apoyo su frente en mi hombro intentando calmarse un poco.

-Su turno pervertido-san- se levanto de mis piernas mostrándome una encantadora sonrisa entre tierna y lujuriosa, no importaba que tan lasciva quería parecer solo podría lograrlo teniendo acción sexual porque su rostro seguía siendo el de un ángel.

Después de babear un poco por mi encantadora niña la vi arrodillada bajo la mesa bajando la bragueta de mi pantalón e introduciendo su pequeña mano por debajo de mi bóxer, tuve que sostenerme del asiento de la silla con mis manos para no emitir ningún ruido por el placer que solo eso me ocasionaba, lo menos que necesitaba ahora era a un curioso Sasuke bajando las escaleras; Hinata-san ocupo su otra mano para desabotonar la parte superior de su vestido y abrirlo dejándome ver su linda lencería morada.

-Pensé que le gustaría más el negro pero el juego esta incompleto por alguna razón- sonreí ante su comentario.

El gusto de ver su sostén no duro mucho pues lo desabrocho y lo bajo para darme un gusto aún más grande al ver sus bellas montañas sin nada que las cubra, saco mi excitado miembro y con sus cenos empezó a encerrarlo, Hinata-san apretaba sus pechos contra mi pene mientras los subía y bajaba, su lengua lamia mi punta cada que salía de entre sus cenos; no sabría decidir por cual me encendía más, si verla hacerlo o sentir lo que hacia, acelero el ritmo y ya no solo usaba la lengua, si no que, chupaba mi punta, eso si me descontrolo le sujete del cabello y una vez salió la punta de mi pene la baje metiendo todo mi miembro hasta sentir mi punta en su garganta, con mi mano libre le tome un pezón y se lo jale sin parar de cogerle la boca, no duro mucho y me derrame en su boca. Hinata se trago mi semen y con su pulgar se limpio la comisura de sus labios y lo chupo lentamente con la vista fija en la mía. Si, yo era "pervertido-san" pero ella no se quedaba atrás.

Se levanto subiendo de nuevo a mis piernas, movió su cadera rosando su húmeda entrada contra mi babeada hombría, esparció besos húmedos en mi cuello y jugueteo con el lóbulo de mi oreja, me costaba pensar en otra cosa que no fuera estar sabroseando con ella de esta forma. Mi pene ya estaba erecto nuevamente, Hinata-san lo tomo con una de sus manos, me masturbo por unos instantes, se levanto un poco y empezó a metérselo por si misma pero antes de que estuviera en su interior la tome de la cintura evitando que bajara más; me miro interrogante.

-Sasuke esta arrib…- no me dejo terminar, quito mis manos de su cintura y se clavó mi pene de un delicioso sentón.

Mecía sus caderas de un lado a otro incitándome a empezar a penetrarla con ojos suplicantes. Maldita mocosa que me provocaba. Me encantaba. Apoye las manos en el borde de la mesa, aprisione su boca con la mía e inicie las embestidas; suspiros, gemidos y gruñidos ahogados entre besos y lengüeteos, nuestra respiraciones agitadas y las ganas que nos hicieron llevar este suculento momento de la silla a recostar a Hinata en la mesa rodeándome con sus largas piernas mi cintura y con sus delicados brazos mi espalda, sudando más al no estar completamente desnudos y saboreando con exquisitez el momento en que sus paredes apretaban mi más que entusiasta erección, la sentía llegar y yo no estaba lejos de hacerlo también. ¡!