Niñera
Me gustaban sus caricias después del sexo, eran calmadas como un dulce arrullo pero sin llegar a hacerme dormir realmente. Dormir era lo menos que quería hacer ahora, mi cuerpo paso sin atención por semanas y había perdido toda cordura cuando él me sentó en sus piernas allá abajo, creo a él también le afecto no tocarme por ese tiempo porque cada sesión fue intensa, no hubo ese ritmo tranquilo y embriagante en ninguna de ellas, lo peor es que quería más, mucho más de Itachi-san.
-Hinata-san- regaño con voz baja, mi rodilla acariciaba su miembro con lentitud –vasta.
-Aún hay tiempo- susurre en su oído.
Giro conmigo en la cama dejándome abajo y negó con la cabeza, me reí.
-Ya llego a casa con fiebre la semana pasada- acaricio mi nariz con la suya –busco quedarme cerca no que Hiashi-san me impida verla- y me beso, un beso corto lleno de dulzura.
Perdí la oportunidad de discutirle eso cuando se levanto de la cama y comenzó a vestirse, no me contuve para pasear mis ojos por su desnudes mientras empezaba a cubrírsela, tenía un cuerpo esculpido perfecto y una habilidad exquisita para tocarme, sumado con lo tierno y dulce que era conmigo Itachi-san se convertía en el ser más cercano a la divinidad que nunca había conocido. Se sentó en la cama a ponerse los zapatos.
-¿Solo vas a mirar?
-Me gusta verte- estire mi mano pero no alcance a tocarlo.
Él estiro su mano también y la junto con la mía, se incoó en el suelo y beso el dorso de mi mano, subió con más besos por mi brazo y se detuvo en mi hombro.
-Arriba, no puedo llevarte a tu casa estando desnuda.
-Entonces nunca me vestiré otra vez- no quería irme, no quería separarme de Itachi-san, quería quedarme con él como hace unos instantes.
Me tomo por debajo de mis brazos y me alzo de la cama, quede parada de espaldas a él, paso sus manos por mi cintura y mis pechos por unos segundos y beso mi mejilla.
-De acuerdo- me sorprendí un poco porque aceptara –pero lo haremos bien, así que por ahora vístete.
"Hacerlo bien" me ruborice, esas palabras me llegaron a la cabeza como la promesa de algo mucho más serio que solo acostarnos y pasar el tiempo juntos. Ya tenia puesto mi sostén y mi vestido pero por más que mi vista diera vueltas por la habitación de Itachi-san no ubicaba donde estaban mis pantis.
-¿Qué pasa?- Itachi-san se amarraba el cabello en su típica coleta baja, verlo sobre mi con el cabello suelto era mi nuevo fetiche, me fascinaba verlo tan sexy.
-Me falta una prenda- él sonrió de lado y guardo silencio por unos segundos como si estuviera pensando si decirme o no.
-Debajo de la almohada- me acerque y ahí estaban las moradas de hoy y la negras de aquel primer encuentro, tome ambas.
-Oh no, unas son mías preciosa- tomo las moradas y las echo a la cama de nuevo –tal vez la próxima puedas traer el juego negro, no tuve oportunidad de verlo completo, reí ante el comentario.
-¿Por qué- se agacho para ayudarme a ponérmelas –debajo de la almohada?
-Me ayudan a dormir, ¿cómo se dice? A tener dulces sueños- mis bragas ya estaban en su lugar gracias a su ayuda.
-Eres un pervertido- Itachi-san me tomo del trasero y me acerco a él.
-¿Algún problema, preciosa?- sonreí ante su mirada traviesa y orgullosa, lo abrace del cuello.
-Ninguno, pervertido-san- y lo bese juguetonamente, él me estrujaba el trasero con sus manos y yo empecé a inclinarme para atrás pues Itachi-san lo hacia asía adelante. Me excitaba tanto que no me importaría hacer esto por siempre.
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-Descanse Hinata-san- beso el dorso de mi mano y dio media vuelta para cruzar la calle.
Entre a casa y en cuanto cerré la puerta me deje derretir sentándome en el piso, "pero lo haremos bien" me sentía alagada y emocionada, también algo dudosa ¿Yo le gustaba lo suficiente a Itachi-san para llegar a eso? Esperaba que si, ese hombre sabia llenarme de él en todas las facetas existentes, era considerado y un pervertido, era dulce y una bestia en celo, el paquete completo y mucho más que eso; había pensado que el sexo solo hacia sentir bien el cuerpo, un placer puramente físico pero con Itachi-san con cada rose fuera como fuera, suave, sensual o duro alimentaba más que mi cuerpo, sin ninguna palabra demostraba que yo le gustaba.
-¿Hinata, te sientes bien?- mi padre se acerco a mi preocupado.
-Estoy bien- conteste levantándome del suelo, sonreí y él pareció relajarse.
-¿Todo bien con los Uchiha?- caminamos hasta la cocina.
-Si.
-¿Y con Itachi?- me sonroje, unos días antes Itachi-san había venido a hablar con mi padre, como si en estos tiempos se necesitara hablar con el padre antes de invitar a la hija a salir; el punto es que no tengo idea de como llevar estas cosas.
-Es amable- ¿por qué teníamos que hablar de eso? Era vergonzoso.
-Le interesas- se sirvió café en su taza.
-¿Eso no te molesta?- me miro.
-Conozco a Itachi desde que era tan pequeño como Sasuke, si alguien te pretende agradezco que sea alguien en quien confió, aunque en realidad solo hay una cosa que importa ¿a ti te interesa Itachi Uchiha?- asentí con timidez, mi padre mostro una pequeña sonrisa en su rostro –saldremos el fin de semana- empezó a caminar a su oficina -hay un problema del que debo encargarme y no puedo solucionarlo desde aquí así que…
-En realidad- mi padre se detuvo, una vez que entre a su oficina ya no podría hacerlo cambiar de opinión –Sakura hará una pijamada el sábado ¿puedo ir?- me miro por unos segundos con seriedad.
-¿Sakura Hurano?- asentí –de acuerdo- siguió caminando.
Los padres de Sakura trabajaban para el mío y eran de confianza por su responsabilidad ante el trabajo así que no tendría por que negarse, aunque en realidad Sakura no era muy sociable y solo se enfocaba en sus estudios; era una mentira, pero Itachi-san no dejaba de molestar sobre lo que pedí de cumpleaños y la verdad también quería una oportunidad para estar solo nosotros dos…
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-Solo pon una fecha- aún no decidía quien era más terco si Sasuke-kun o Itachi-san –hablo en cerio si no lo haces terminare por raptarte.
-Itachi-san yo no me refería de esa forma- estar con él, en ocasiones, me emocionaba tanto que no pensaba lo que salía de mis labios y como el pervertido que es retorcía mis palabras dejándome en una situación bochornosa.
-¿Y?- Itachi-san recostó su cabeza en mis piernas –desde que lo dijiste he tenido unas ganas asfixiantes por pasar al menos una noche contigo- cerro sus ojos –y se que Hinata-san también lo quiere- Itachi-san sonrió, es tan bello.
-Voy a pensarlo…
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En la pantalla de mi móvil estaba su contacto solo debía llamarlo, ya tenía algo que decirle pero mis nervios me impedían tocar el símbolo en verde.
