Niñera

Pasaba de media noche y no podía dormir, al fin la había tenido en mi cama, tan dispuesta e insaciable como siempre, admito que me costaba contenerme estando con Hinata-san pero ella tampoco me lo ponía sencillo, ya tenía un tiempo conociéndola sexualmente y aún así siempre había algo nuevo; no era suficiente, conocía a la Hinata educada y tierna de una forma muy superficial, y aún más, quería sus temores desde los más absurdos hasta los más profundos, quería todas sus versiones. Esto no era solo un jugueteo de pasión, no dejaría que fuese solo eso.

"Bip" sonó mi móvil, ¿acaso Hidan no se cansaba de insistir? Lo tome con pereza y me sorprendió ver quien mandaba el mensaje: "Este fin de semana", sonreí, Hinata-san también era impaciente. Marque a su número, tardo en contestar pero lo hizo.

-¿Bu…bueno?

-Creí que a esta hora ya estarías durmiendo preciosa.

-Y…o no quería des…pertar a Itachi-s…an- esta niña podía ser desinhibida y tan vergonzosa a la vez.

-No lo hiciste, pero tu mensaje no fue claro- si lo fue pero era divertido escucharla tartamudear sin tener que tocarla -¿qué hay este fin de semana?

-Itachi-s…an me pidió poner u…una fecha.

-¿Tan pronto quieres abrir tú regalo?- podía escuchar su respiración pesada, me gustaba molestarla. Tal vez me estaba pasando con esto pues ella no contestaba, no buscaba desmayarla –me dejas poco tiempo para idear algo…

-Mi padre s…aldrá des…de mañana por la tarde- chica lista -dije que pas…aría el fin de s…emana con una amiga- demasiado lista, Hinata-san me facilitaba las cosas.

-Parece que ya tiene todo planificado así que ¿a dónde debo hacer la entrega de su regalo señorita Hinata Hyuga?

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Haber hablado con ella anoche fue como tenerla junto a mí por unos minutos más y ni así fue suficiente, no recordaba haber sentido esa necesidad con Konan o con alguna otra chica, eso solo me daba la convicción de hacer que las cosas funcionaran con Hinata-san, y no había una segunda opción, la necesitaba. Mi excusa para no estar en casa este fin de semana era un viaje con amigos, a ellos les gustaba improvisar, los planes siempre eran de un día para otro, pocas salidas se planeaban en realidad así que fue fácil de convencer a mis padres. Kisame cambiaria su motocicleta por mi auto durante estos días, esa idea no me entusiasmaba pero no podía estacionar mi auto frente a mi casa sin que nadie se diera cuenta, una moto era más discreta esta vez, no me gustaba dejar cabos sueltos en ninguno de mis asuntos, mucho menos cuando se trataba de mi privacidad. Puede que fueran muchas cosas de las que encargarse, serían menos cosas si fuera en otro lugar pero por alguna razón Hinata-san insistía que fuera en su casa, suspire, supongo que ya habrá tiempo para llevarla a otros lugares.

-Justo a tiempo Itachi- Kisame sonreía afuera de un club nocturno.

-No lo rayes- le dije dándole las llaves de mi auto.

-Jamás le haría eso a tu amado auto- era un buen amigo pero todo un desquiciado al conducir -¿a qué se debe el trueque? Tú odias las motocicletas.

-Solo la necesito por unos días- nunca daba explicasiones.

-¿No iras a buscar problemas o si?- extendí mi mano, mientras más pronto me diera lo que acordamos más fácil era librarme de su curiosidad por mis acciones –pero que impaciente- me dio la llave de su motocicleta –no iras a volver con ella ¿no?- no era secreto, Konan y los chicos nunca se llevaron bien. Lo mire con impaciencia –solo bromeaba- y me dio la cajita negra, subí a la motocicleta -no la rayes- era bastante odioso cuando quería.

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Estacione la motocicleta a un costado de la cochera de los Hyuga, pasaban de las once, me sentía un poco como adolescente otra vez escondiéndome para tener unos minutos con mi chica. Toque el timbre y la hermosa princesa Hyuga abrió la puerta.

-Buenas noches preciosa- Hinata-san sonrió, me jalo de la corbata y cerro la puerta una vez estuve adentro.

-Bienvenido- me abrazo pasando sus brazos por mi espalda y sus manos se sujetaron a mis hombros por detrás, se había levantado un poco para alcanzar mis labios y sus pechos se aplastaban contra mí.

Solo estábamos ella y yo ¿no? No me contendría tras esa bienvenida. La tome de la cintura y la apegue a mi cuerpo, ella suspiro, bajo sus manos a mi trasero y empezó a apegar sus caderas a las mías, sonreí entre el beso; la apegue a la pared más cercana y la aprisione con mi cuerpo, una de sus manos se coló al frente entre nuestros sexos y comenzó a frotar mi hombría, estaba tan apegada a ella que también se frotaba a ella misma.

-Ah- le sote los labios para bajar a lamer su cuello –Itachi-san- se escuchaba agitada -¿puedo abrir mi regalo?- reí contra su cuello, era un poco tarde para esa pregunta, lo empezó a abrir desde que abrió la puerta.

-Haz lo que quieras preciosa, es tu obsequio- coló una mano bajo mi pantalón.

Al fin sentía su piel en la mía con toda libertad, bajo su otra mano y desabrocho mi bragueta, me bajo los pantalones, aproveche ese momento para separarme ligeramente de ella, y desanudar la cinta de su pequeña bata lila que abrí y deslice por sus hombros, la tela hizo el resto hasta quedar en el piso, un lindo conjunto de encaje negro le hacían justicia a su escultural cuerpo, no aguantaba más, quería metérsela ahora. Me agache un poco y la tome por detrás de las rodillas para luego levantarla, sus pequeñas manos se abrazaron de mi cuello para equilibrarse y volví a atraparla entre la pared y mi cuerpo, mi pene libre le besaba su intimidad por enzima de la tela de aquellas bragas con las que me hacia el favor por las noches.

-¿Dulzura podrías…?- no tuve que decir más Hinata-san removió con una de sus manos sus bragas haciéndola a un lado, dejando el paso libre a mi erección de entrar en ella.

Entre en una sola estocada.

-¡Ah!- la haría gemir como loca.

Con sus piernas más arriba de mi cintura podía adentrarme más en ella con facilidad, la subía y bajaba con rapidez para sentir esa fricción entre nuestros cuerpos que nos embriagaba de placer.

-¡Ah! ¡Ah!- no había razón para contenernos -¡Ah! ¡Ah!- cada gemido más agudo que el anterior -¡más Itachi más!

-Lo que pidas preciosa- mi voz ronca la hizo revolverse con placer entre mis brazos.

Me sentía inundado por ella, era exquisito tenernos de esta forma, rápido, bestial y siempre mágico. Mis labios fueron a saborear la piel de su hombro.

-¡Ahhhhhh!- sus paredes me apretaban con ganas –Itachi-s…an- decía agitada por su orgasmo -lléname- lujuria maldita lujuria que no me dejo negarme a correrme dentro de ella –más- le faltaba el aire –quiero más.

La bese sumergiendo mi boca en esa cavidad que nunca se negaba a recibirme y la saboree como nunca lo había hecho con su lengua de complice.

-¿Tu habitación princesa?- se me dificultaba jalar aire.

-Arriba- sentí su lengua en mi cuello.

Fue una travesía subir las escaleras pues Hinata-san no dejaba de mover sus caderas haciendo despertar a mi miembro; una vez escaleras arriba ella se bajo de mi, eso no me gusto para nada, la tome de los brazos y apegue su espalda a mi pecho, friccionando mi pene levantado en su bello trasero, mi pequeña niña solo rio y abrió la tercer puerta.

-Es muy diferente a lo que imagine- dije en cuanto entramos.

-¿Cómo creías que era?

-Rosa y con algún oso de peluche en la cama- su risa era lo más delicioso en este mundo.

Se escurrió de mi agarre, me tomo los hombros y guió hasta la cama, dejándome sentado sobre ella. Dio unos pasos hacia atrás, pude apreciar mejor ese endemoniado juego de lencería negra que quería arrancarle de su bellísimo cuerpo para sentirlo completamente mío.

-¿Vendrás aquí o tendré que ir por ti?- mi tono tenía un tinte demandante.

-Pero cuanta impaciencia- ella me había recibido parcialmente desnuda ¿y yo era el impaciente? ¿qué clase de lógica era esa?

Subió las manos por su espalda y sus pechos fueron liberados de ese sostén de encaje, si lo que busca era encenderme aún más lo había logrado ahora tendría que venir a mi ahora mismo o perdería la paciencia y no se lo perdonaría tan fácil, bajo sus pantis con lentitud, su cabello se deslizaba libremente por su piel, ninguna mujer me había hecho maldecir tanto como esta pequeña hija de Satán. Se acerco con parsimonia, una vez estuvo lo suficientemente cerca la jale a la cama no tenía ya paciencia para sus jueguitos, levante su trasero y me adentre en su vagina.

-¡Ita…chi!- la tome las caderas y la penetre con salvajismo.

No buscaba lastimarla y estaba seguro que no lo hacia, mi forma de penetrarla ahora no era tan diferente a cualquier otra cuando lo pedía con fuerza.

-¡Ah!- un gemido por cada que se la metía -¡Ah!- uno más por llegar profundo -¡Ah! ¡Ah!- dos más porque se que le gusta lo que le hago –N…o pa…re…s, si…gue- decía con la cara contra la cama y yo cumpliría su petición.

Una cuantas de envestidas más y no pude contener más el éxtasis.

-¡AHHHHH!- pero mi preciosa Hinata tampoco.

Deje caer mi cuerpo sobre el suyo, estaba exhausto, todo fue rápido y lleno de descargas de placer y adrenalina.

-Itachi-san es intenso- aún sonaba agitada.

-Solo porque me lo pediste preciosa- me recosté a su lado y retire cada mechón de cabello que se pegaba a su rostro por culpa del sudor.

-No te iras ¿verdad?- su tono se teñía con suplica infantil.

-Si es lo quieres princesa- sus ojos no aguantaron más y se fueron cerrando.

Seguía sin entender como es que después de ser tan lasciva y provocadora, siempre regresaba a esa actitud dulce y tierna. Hinata era todo un misterio y buscaba descifrarla, mejor si se me iba la vida en ello.