Niñera
Era la segunda vez en el día que Hinata-san se había quedado dormida, no podía evitar preocuparme un poco por eso, pero la respuesta venía a mí con esa misma facilidad que llegaba la preocupación, habíamos jugado, hablado, reído pero sobre todo nos tocábamos, en cualquier parte, cada que queríamos, justo como ella me pedía dárselo yo se lo hacia. No estaba seguro si el regalo era para ella o era para mi pero sabia que ambos lo disfrutábamos.
Apague el televisor, Hinata-san permanecía recostada en el sillón con ese bello aspecto infantil que solo ella poseía, tranquilidad, estar con ella me traía tranquilidad pero ahora mismo sentía algo molestarme; hablar, esa parte era algo difícil, al ser tan pequeña algunos temas la avergonzaban, la incomodaban o simplemente no quería decirme, se que no puedo forzarla pero Konan no tenia ninguna de estas reacciones, para ella todos los temas eran cualquier cosa, no había censura sobre nada, supongo que hay costumbres que tardan en irse. Me gustaba mi privacidad y no quería invadir la de Hinata-san o la de Hiashi-san pero simplemente no me quedaría aquí con este mal presentimiento en la boca del estomago. Bese la frente de mi niña a forma de disculpa por lo que estaba por hacer.
Subí las escaleras y entre a su habitación, aquel cuarto de papel tapiz lila y muebles blancos, empecé a abrir los cajones rebuscando algo, lo que fuera, y acomodando todo de nueva cuenta, en el cajón de su buro había varías cajas de medicina, Hinata no estaba enferma, al menos no que yo supiera, tome una de las cajas seguí revisando las otras cajas, todas eran píldoras anticonceptivas "yo se tomar mis precauciones" lo había dicho en alguna ocasión, debía ser sencillo para Hinata obtenerlas, Hiashi-san trabaja en la elaboración de fármacos pero no entendía para que tantas cajas y algunas estaban vacías, si buscaba no tirarlas en casa para que Hiashi-san no lo notara ¿por qué no se deshacía de ellas en cualquier bote publico? Me quede con una caja solo para asegurarme que no le traería ningún problema a futuro ya que no creía que fueran prescritas por un medico.
Fuera de eso, nada, no había nada que me dijera porque me sentía inquieto, sonaba estúpido pero algo no me gustaba del ambiente de la casa, lo había notado en Hinata-san, por momentos lucia pérdida, apagada y también estaba aquella ocasión cuando su primo vino de visita; abrí la puerta que seguía de la habitación de Hinata, encendí la luz, lucia como una habitación de huéspedes sin arreglar, abrí la puerta del buro, había un porta retratos con una foto del Hyuga y Hinata-san, ella le miraba con la ilusión que una chiquilla pudiera tener pero el día que la traje a casa Hinata se escondió detrás de mi cuando él atendió la puerta, hurgue un poco más, una libreta en blanco y algunos condones, me sentía algo paranoico pero no me detuve y miré bajo la cama y saque una cajita de madera, se abría con clave.
-¿Itachi-san?- mire a la puerta, Hinata lucia algo perdida y temerosa.
-Hinata…
Ella entro de prisa me quito la caja de las manos, se arrodillo y la metió bajo la cama, no hablaba, solo se movía con rapidez, tomo el porta retratos y lo volvió a dejar en su lugar, abrió cada cajón, miro cada rincón de la habitación asegurándose de que estuviera todo en orden, su rostro no tenía expresión mientras lo hacia.
-Hinata- me tomo de la mano pero no me miraba.
-A Neji no le gusta que muevan sus cosas- me jalo hasta salir de la habitación, apago la luz y cerro la puerta, incluso la miro buscando haberla cerrado bien.
-Hina…
-No entres ahí- era la segunda vez que me interrumpía.
-Hin…
-No tengo porque entrar ahí de nuevo- susurro, suficiente.
-Hinata- mi voz salió más fuerte de lo que quería, la tome de los hombros, tenía que dejar de estar lejos de mí de esa manera, no la quería así -¿Qué te hizo?- lo mataría por hacerle esto a mi dulce niña.
Sus ojos se aguaron y no tardaron nada en derramar lágrimas, negaba con la cabeza y no se detenía.
-¡Hinata basta!- ella se detuvo.
-No quiero- lucia muy asustada, yo no quería asustarla.
-Oye- pase una mano a su mejilla.
-No quiero decirte- eso se sintió como un golpe. Ella se sorprendió y me rodeo el cuello con sus brazos –no me hagas decirlo, no quiero- la sentí tan lejana por un instante, sentí miedo.
-Hinata- la rodee por la cintura levantándola unos centímetros del suelo.
-No me hagas decirlo, no quiero mancharte, eres lo más bello que me ha pasado, Itachi-san- su llanto dolía.
La tenía pegada a mi cuerpo y seguía sintiéndola lejos, anduve hasta llegar a su cama, la recosté y empecé a quitarme la ropa, quizá sin la tela la volvería a sentir como hace unos minutos como cuando todo iba bien, la despoje de sus prendas también, la quería junto a mi, quería sentirla no alejarla. La necesitaba.
-Lo siento- no buscaba lastimarla y lo había hecho –lo siento- me recosté sobre ella –lo siento- sus manos me abrazaron –lo siento- la bese en la frente –lo siento- mordisque su mejilla –lo siento- lamí su cuello- sus manos vagaban por mi espalda –lo siento Hinata- pose mis labios en los de ella.
Soltó mi cabello, su lengua acariciaba mis labios el deseo de aminorar nuestras distancias se sentía por parte de ambos. Aún no sabía como tratar con ella, aún no sabia como llegar a ella, aún no era mía de forma completa y hasta entonces le haría notarme de la única manera en que se comunicarme con Hinata-san, entre caricias y sabanas.
