Niñera
.
.
No importaba si me ahogaba en un vaso de agua o en todo el océano Itachi siempre me rescataba y aunque eso me hacia sentir mejor de seguro no tuvo que tomarse tantas molestias con Konan-san, yo no quería causarle problemas ya era suficiente con el esfuerzo que él hacia diario. Cerré la llave de la regadera, la ducha era el único momento donde me quitaba mi símbolo de pertenencia no quería que con el jabón se resbalara de mi dedo y terminara en el desagüe "perder un símbolo de pertenencia sería más triste y doloroso que un divorcio". Abrí, la cortina para tomar mi toalla.
-Feliz cumpleaños Hi-na-ta- me cubrí rápidamente la desnudez con la cortina.
-¿Qué rayos haces?- Neji sonreía mientras caminaba de la puerta asía mí.
-Vengo a darte tu regalo- mis manos se aferraron más a la ligera cortina de baño.
-No es necesario que me des algo- me asustaba esta situación, no sabía si mi padre seguía aquí o ya se había ido al trabajo.
-No seas tímida y tómalo- estaba indefensa, mucho más que antes, no tenía otra opción y tome la caja con una mano mientras que con la otra sujetaba la cortina para cubrirme –ábrelo.
-Lo haré después- de otra forma tendría que usar ambas manos.
-No será la primera vez que te vea desnuda primita, ábrelo- dijo lo ultimo con voz de mando, intente alcanzar mi toalla pero Neji la tomo primero –su obsequio señorita cumpleañera- reafirmo.
Trague saliva y solté la cortina para abrir el envoltorio con rapidez y desesperación, cada segundo que tardaba era un segundo que su mirada recorría mi cuerpo, era asqueroso, más aún cuando se lamio los labios. Abrí la caja y un juego de lencería muy provocativo era el contenido.
-Cuando me pidas consuelo puedes usarlo aunque por lo que veo tal vez te quede pequeño- arroje la caja a su cara, tome mi toalla y salí de ahí.
Mis pies se resbalaban un poco en el piso al estar algo húmedos pero no me importaba caer siempre y cuando me alejara de él. Entre en mi habitación y puse el seguro, estaba agitada y temblaba, no se si por frio o por miedo, caí sentada en el piso sosteniendo con fuerza la toalla sobre mi pecho y llore, no lo entendía, ¿por qué era así conmigo? ¿Por qué…? Nii-san.
.
Me asome al pasillo antes de decidir salir de mi cuarto, baje las escaleras cuidando no hacer mucho ruido, no sabia si Neji seguía en casa o ya se había ido pero no quería topármelo, yo… evitaría que siguiera atormentándome. Volví a respirar una vez fuera de casa, sin embargo aún no podía relajarme, hoy terminaba el año escolar y con él la ultima actividad del año, la entrega de calificaciones. Camine distraída por las calles, me asustaba no poder pasar de año, no tanto por tener que repetirlo, aunque eso no le agradaría a mi padre para nada y no quería que pensara que Itachi era una distracción para mis estudios, si no, porque no quería que Kakashi-sensei ni nadie más me tocara o se me insinuara siquiera.
-¡Feliz cumpleaños Hinata!- dijeron Ino y Matsuri al unísono cerca de la entrada de la escuela.
-Gracias- conteste sin muchos ánimos.
-Se que normalmente te llevamos a esa pastelería que tanto te gusta pero como tú... ya sabes- Ino apunto su dedo índice a su boca y saco la lengua.
-Mantienes tu línea- Matsuri le dio un codazo -mejor te compramos algo.
Me dieron una pequeña bolsita lila y la abrí, era una peineta muy elegante de color negro con brillos plateados. Era bien sabido que solo dabas algo si querías que te dieran algo y ahora yo debía comprarles un obsequio en sus cumpleaños, así funcionan las cosas aquí.
-Gracias- dije por pura educación.
Entramos al salón y mi hoja de resultados estaba sobre mi pupitre, suspire y le di vuelta a la hoja, abrí los ojos de puro asombro, no solo había aprobado, tenia las mejores calificaciones de la clase. ¡Itachi! Tome mi móvil, quería decirle, agradecerle, justo estaba por llamarle cuando la voz de Kakashi-sensei se escucho:
-Si no tienen duda sobre sus resultados, firmen su hoja de resultados y entréguenla en dirección para notificar a sus padres.
Salí del salón sin dar oportunidad de que Kakashi-sensei me dijera algo, entregue mi hoja firmada en dirección, volví a tomar mi móvil y marque, el tono de llamada no duro mucho.
-Felicidades preciosa- tan solo oír su voz hizo que mis mejillas se pintaran.
-Gracias.
-Estaba esperando a que salieras de la escuela para…
-Aprobé- no quería interrumpirlo pero estaba muy entusiasmada.
-Te preocupabas por nada- su tono era calmado, me preguntaba si alguna vez se alteraba.
-Gracias ti fue que pase.
-Tú fuiste la que contesto los exámenes, yo no puedo llevarme el crédito por nada- debía ser un crimen el que siempre fuera tan lindo conmigo -¿qué harás para celebrar tú cumpleaños Hinata?
-Nunca lo celebro solo recibo algunos obsequios- conteste algo distraida, me sentia en las nubes, al fin sentia que me liberaba del pasado.
-¿Y qué quieres de regalo?- sonreí como boba, no entendía porque siempre quería darme más, aunque admitía que Itachi tenía muy buenas ideas para darme obsequios y eso me encantaba.
-Ya me diste mi obsequio ¿lo olvidaste?- y fue el mejor, una promesa para un futuro contigo, mire la argolla de mi dedo.
-Por favor Hinata, soy malo para escoger regalos, necesito que me digas que quieres- recordé la primeras vez que me pregunto lo que quería.
-A ti- cubrí mi boca, cuando note lo que había dicho en voz alta, le oí reír por el auricular –yo no…- mi cara ardía en rubor.
-Demasiado tarde para retractarse dulzura, haz puesto a mi imaginación a trabajar- su tono de voz sonaba más ronco, apreté mis piernas un poco –ahora te tendré conmigo un para de horas esta noche- mordí mi labio inferior, el calor de mi cuerpo aumento y encendió mi libido.
-Si- mi voz salió excitada.
-No empieces sin mi preciosa- bromeo, aunque no podía prometer no tocarme antes de verle –debo colgar, pasare por ti a las siete y Hinata, te quiero- el tono de llamada sonó de nuevo.
Durante el camino a casa el calor de sus palabras no se disipaba de mi cuerpo, así que en cuanto entre a mi casa, me recargue en la puerta de la entrada y mis dedos de la mano derecha se metieron debajo de mi falda escolar y se colaron mas a fondo, mis pies se deslizaban por el piso hasta dejarme sentada, separe mis piernas y removí mi ropa interior, me metí un dedo y con mi pulgar me frotaba el clítoris por encima de la tela de mis bragas, me desabotone la camisa escolar y metí mi mano izquierda a mi bra para pellizcarme el pezón y acelere el ritmo de mi pulgar en mi clítoris, repasaba en mi mente aquella imagen de Itachi vistiéndose en su habitación pero en reversa, como tranquilamente se quitaba la camisa mostrándome su espalda ancha, mordí mi labio inferior, sus pectorales y su exquisito abdomen marcado, la forma en que sus dedos desabotonan su pantalón y las ganas que tenía de que fuera mi boca la que le bajara la cremallera, retorcí mi pezón con fuerza, incluso solo en bóxer se notaba que Dios lo había dotado muy bien, un hilillo de baba se escapo de mi boca, con ese duro trasero que me gustaba tocar y la mejor escena de ese recuerdo, ese manjar que me gustaba que me invadiera estando bien duro, chupárselo, lamérselo, tenerlo en mi ano o en mi vagina o simplemente masturbarlo, metí otros dos dedos pero era imposible dar el ancho que su pene tenía, aún así no me detuve y continúe masturbándome, suspirando si nombre "Itachi", hasta que sentí un jalón placentero.
Me quede sentada en el piso con la respiración agitada, no me sentía satisfecha pero después de eso podía aguantarme las ganas, aunque no sabia si no me volvería a meter los dedos durante la tarde. Me levante del suelo, la doctora Tsunade dijo que la necesidad de mi cuerpo por ser tocado en exceso se debía a los componentes de las pastillas, así que no sabia si era por eso o por el simple hecho de que no nos hemos tocado de esa forma por días pero ese bello hombre me pertenecía y quería que solo él me calentara las ganas de ser cogida y que solo él me saciara esas ganas cogiéndome tan delicioso como solo él sabe cogerme. ¿Pensar así de lujurioso estaba mal? No lo sabía pero le quiería conmigo de todas las formas en que se puede tener a una persona.
