Niñera
.
.
La llevaría a cenar, una cena tranquila entre los dos, más un rato en privado con mi adorada niña. Llame a la puerta.
-Itachi, buenas noches- Hiashi-san atendió, era algo extraño verlo por aquí tan temprano.
-Buenas noches Hiashi-san- salude.
-Una cena tranquila ¿eh?- me miro cauteloso.
-Y la traeré de vuelta temprano.
-No estarás intentando llevártela tan pronto de mi lado ¿o si?- tal parece no podía esconder mis intenciones de él, sonreí ligeramente nervioso.
-Ya veremos- no sabia si tomarlo como algo positivo el que Hiashi-san lo viera de ese modo.
-Hinata vinieron por ti- dijo y no tardo mucho en aparecer.
Mi princesa usaba un vestido discreto y fino en tono lila, unas zapatillas blancas y su cabello suelto, suspire para mis adentros ¿en que momento había logrado que tal ángel estuviera conmigo?
-Diviértanse- deseo Hiashi-san que dejo la entrada.
-Estas muy guapa- dije e intente acercarme a besarla, pero Hinata se alejo con discreción.
-En la ventana- susurro.
Extendí mi brazo y ella lo tomo, de camino al auto note a que se refería, en el ventanal de mi casa una figura femenina se asomaba, por un lado sonreí, Hinata le avergonzaba que hubiera publico y por el otro lado ¿qué clase de madre espía a su hijo durante su cita?
Llegamos a un hotel bastante elegante y algo casual a la vez, pero en vez de ir al restaurante subimos por el elevador hasta llegar a la habitación que reserve para esta noche. Hinata me miro interrogativa y con un brillo de complicidad en la mirada.
-Me gusta mi privacidad preciosa- dije besándola una vez la puerta se cerro.
Cuando rompí el beso la abrace por detrás dejándola ver el ambiente de la habitación, nada extravagante, luz tenue y una mesita para dos en la terraza esperándonos.
-Feliz cumpleaños princesa.
-Gracias, Itachi- sonaba conmovida.
La cena no tuvo ningún contratiempo, un par de risas y más de una caricia incitante que poco a poco me llevo a querer sentirla más; entre pasos y besos que subían de nivel a cada instante sus ropa fue desapareciendo, la recosté desnuda sobre la cama, me encantaba tenerla así, Hinata me atrajo a su boca y disfrute de sus deliciosos labios, me quite la camisa y ella no tardo en pasear sus manos por mi pecho y abdomen, baje en un camino de besos húmedos por su mentón y su cuello, se mordía el labio inferior, era bueno saber que mi cuerpo le gustaba tanto como a mi el suyo, llegue a sus bellos montes y no había forma de no darles atención, succionaba uno con mi boca y al otro lo amasaba con la mano, mordí y pellizque sus pezones.
-Ahhh- ese gemido inundo mis oídos, la haría sacar más de esos.
Sus manos fueros a acariciar mi espalda incitándome a seguir, me deshice de mis pantalones mientras subía a sus labios de nueva cuenta, Hinata me empujo por los hombros, no lo esperaba, mordisqueo mi labio mientras se inclinaba hacia adelante dejándome recostado de espaldas, sonreí de medio lado cuando besaba y lamia mis abdominales.
-¿Iras a hacer eso más abajo?- una de sus manos se coló en mi bóxer.
-Eres mi regalo- me acariciaba la punta con su pulgar –hare lo que quiera contigo ¿algún problema?- el brillo es sus ojos me encendía de sobre manera.
-Ninguno preciosa- mi voz nunca había sonado tan ronca como en ese momento.
Con su mano libre se deshizo de mi bóxer, mi pene ya se encontraba erguido.
-Mmmmm- si seguía haciendo esos ruidos lanzaría todo por la borda y me la daría bien duro.
Su mano subía y bajaba con calma rodeando toda mi hombría, su dulce boquita me chupaba los testículos, no había mejor gloria que esta, hasta que sentí su lengua rosarme desde abajo y recorrer hasta mi punta, mis manos se enterraron en las cobijas de aquella cama, Hinata me seguía lamiendo la erección yo necesitaba entrar en ella por el lugar que fuera, necesitaba cogérmela ya.
-Hinata- mi voz suplicante sonó y ella río de forma dulce pero me concedió la petición y se metió mi pene en la boca.
Mi instinto pudo más y la tome del cabello bajándola con fuerza y jalándole su cabellera para sacarla y volver a empujarla para adentrarme en ella. El movimiento hacia que sus pechos rosaran con mis testículos cada que me sacaba una parte de mi pene de ella, era demasiado placer para resistirlo. Hinata saco mi pene de su boca y yo proteste, su dulce risa volvió a sonar, sus pechos acorralaban mi erección.
-¿Te gusta así pervertido-san?- cada tanto su lengua lamia mi punta.
Esto era demasiado, ni siquiera podía hablar y me corrí en sus pechos. Hinata gateo hasta llegar a mi oreja.
-Cógeme- dijo lamiendo mi lóbulo y no tenía que repetirlo, ya tenia mi pene erecto nuevamente.
Me gire dejándola abajo.
-Basta de juegos princesa- no tenia paciencia para eso, quería metérselo ahora.
-Suena bien para mi- su lengua bajo por mi cuello -dame duro- no la decepcionaría en su cumpleaños.
Me levante un segundo y me coloque el condón, volvía a la cama para levantarle la pierna derecha y la lleve a mi hombro, me hundí en ella sin previo aviso. Hinata curveo la espalda y empecé a moverme con rudeza dentro de ella.
-AHHHH- sus bellos gemidos no se hicieron esperar.
El ritmo era bastante tosco pero no podía detenerme y no quería hacerlo, había pasado un tiempo desde que disfrute de mi novia así y ella misma la había pedido rudo. Un hilillo de baba se escurría de su boca, yo la hacia sentir así, yo la volvía tan loca por lujuria, mi orgullo se inflo más que nunca y me adentre más en ella recargando mis manos a cada lado de su cabeza.
-AHHHHH AHHHH AHHHHH- sus gemidos descontrolados inundaban mis oídos.
Sus paredes se estrechaban tan deliciosamente como siempre.
-¿Ya tan pronto preciosa?
-¡AHHH!- la hice llegar, tres estocadas y llegue al igual que ella.
Me rendí sobre ella sus bellos cenos eran la almohada perfecta, quería poder llevármela a casa y dormir sobre ellos todas las noches.
-¿Te gusto tú regalo princesa?- Hinata no contesto.
Me levante de su cuerpo y mi hermosa novia se había quedado dormida, yo la deje cansada. Le bese en los labios y me recosté junto a ella, debía despertarla pero la dejaría descansar unos minutos que disfrutaría viéndola dormir. Faltaba muy poco para poder disfrutarla de esta forma más seguido; querer llevar esto demasiado rápido tal vez no era la mejor forma de llevarlo, Hinata apenas tenía 16 pero era fácil encariñarme con tan bella chica, era inevitable.
-Te amo Hinata Hyuga.
