¡Dos semanas después y aquí traigo el segundo capítulo! Puede que os parezca un poco aburrido, o quizás no, pero era necesario poner toda la información sobre Levi, y ver cómo salía adelante con su situación económica. Lo escribí un poco apresurado así que pido disculpas por los errores que haya. Seguramente tenga un capítulo más de lo esperado, pero no es mi intención alargarlo mucho. ¡Gracias por vuestros follows y favorites!

Shingeki no kyojin no me pertenece.

Advertencias: EreRi.

¡Especial agradecimiento a los reviews de dteufel, Toya137, mina-chan, Narzisseblume y Sammy 1109!


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Fue violento desenterrar ese recuerdo que yacía dormido por tantos años. Eren sostuvo la carta sin osar mirar a Levi. Ahora es cuando entendía ese sensación de querer que la tierra le tragase. No recordaba haber guardado la carta en esa caja, aunque lo que se preguntaba era por qué diablos había conservado ese pedazo de papel.

Su declaración de amor consistía en una página entera escrita a bolígrafo, algo torpe pues en algunos párrafos su letra se hacía más pequeña y desigual. Entre líneas, Eren leyó el reflejo de sus sentimientos a sus dieciseis años —los cuales no distaban mucho de la actualidad—.

Tu presencia basta para llenarme de energía y erradicar todos mis males. Eres la cura que anhelo cada noche, el suspiro que emana de mis labios, el calor que busca desesperadamente mi cuerpo…

Eren no siguió leyendo. Esa última frase era demasiado embarazosa. ¡¿Cómo se le ocurrió escribir eso?! ¿En qué estaría pensando? Pensar que Levi leyó esas mismas palabras lo abochornó todavía más.

—¡Vaya! Había olvidado que la tenía —dijo Eren soltando una risa nerviosa—. No sé por que la guardé. Hubiera sido mejor tirarla a la basura…

Levi alzó la mirada al oír ese comentario. No pareció ser de su agrado.

—Decía cosas muy bonitas.

Eren se mordió el labio. No había pasado un solo día en que no se arrepintiera de haber escrito esa maldita carta.

—No fue mi idea más brillante —se excusó sin entrar en más detalles. Doblándola por ambos lados, la enterró al fondo de la caja cubriéndola con los álbumes y las fotos independientes—. ¿Te apetece otra cerveza?

Quería fingir que nada había ocurrido, que en realidad esa carta no existía y que ni él ni Levi habían visto nada.

El moreno rechazó la segunda cerveza, mas Eren sí cogió otra: el alcohol siempre era la solución. Saliendo de la cocina con la cerveza en la mano, regresó al lado de Levi un tanto incómodo. Pero no iba a permitir que un viejo recuerdo le estropeara la noche; ni hablar.

—¿Tienes pareja? —preguntó Levi súbitamente.

—N-No… No tengo pareja —respondió sintiendo el calor subir por sus mejillas.

Resultaba de lo más extraño que Levi se interesase por su situación sentimental. En el instituto no le daban importancia a ese tema, y cuando Eren se le declaró pasó a ser algo tabú, evitando así momentos embarazosos o incómodos.

—¿Qué ha sido de Mikasa? Empezastéis a salir después del instituto —comentó el moreno.

—Lo intentamos pero… no salió bien.

Era una verdad a medias. Si bien accedió a salir con Mikasa fue solo para olvidar a Levi. Le tenía mucho aprecio a su amiga pero nunca sintió nada por ella más alla de su amistad. Incluso se culpaba por haberla utilizado como cura para sanar sus heridas.

—Y… a ti, ¿cómo te ha ido? —preguntó Eren en voz baja—. Esa chica… Petra… Todos sabían que estaba colada por ti.

—No me dijo nada —replicó Levi encogiéndose de hombros—. Tampoco estaba interesado en tener ninguna relación.

Por respeto y educación Eren se mantuvo callado, pero en el fondo se quitó un gran peso de encima. Petra era la chica guapa e inteligente que todo hombre soñaría tener. Solamente la conoció de vista, pues fueron a clases distintas, pero era muy popular y muchos chicos querían ser su novio. Durante sus años de adolescencia, tuvo miedo de que Levi se enamorara de ella.

—Yo tuve algunas relaciones pero no duraron demasiado —confesó Eren bebiendo un buen trago de cerveza—. Ahora muchos se me acercan por el interés.

Levi sonrió con tristeza.

—Siento haberte pedido dinero.

—¡No! ¡No! —exclamó el castaño alarmado—. No me refería a ti. Perdona si te he ofendido.

—Te devolveré el dinero en cuanto lo tenga —aseguró sin hacer mucho caso a sus disculpas.

Eren negó con la cabeza.

—No hay ninguna prisa. Soy tu amigo, no un banco.

Levi agradeció su generosidad, pero no por ello se sintió mejor.

El buen ambiente se disipó con asombrosa facilidad, dejando paso a un tenso silencio que no auguraba nada bueo. Eren se dio prisa en sacar otro tema de conversación y evitar enfriar su relación con Levi justo ahora que había conseguido retomarla.

Traicionado por los nervios, recurrió de nuevo a la charla anterior. Sin embargo, hablar sobre el instituto ya no era tan agradable; lo habían desgastado en esas pocas horas y sin pretenderlo, evocaba el recuerdo más doloroso: el rechazo de Levi.

Eren rápidamente volvió a quedarse sin tema de conversación. Levi veía acongojado los nulos intentos de su amigo por recuperar esa cálida atmosfera que les había acompañaba hasta hacía pocos minutos. Pero como en todo, algunas cosas era mejor no sacarlas a la luz.

—Debería irme ya —anunció para decepción del castaño.

Eren no se opuso, mas su expresión hablaba por si sola. Acompañándole hasta la puerta, no supo cómo despedirse. La noche había tomado un rumbo inesperado y ninguno de los dos parecía preparado para afrontarlo. El castaño sobretodo no estaba conforme con la situación, pero conocía demasiado a Levi y su rostro le delataba. Era evidente que quería regresar a su casa.

—Bueno… —dijo Eren apenado—. Ya… nos veremos.

Levi asintió.

—Gracias por el dinero.

Y sin más, salió al rellano del bloque y se perdió escaleras abajo. Eren permaneció de pie con la puerta de su casa abierta, observando como la persona que amaba se alejaba de él. Le dolió, pero se repitió mentalmente que volvería a verle. No permitiría que sus sentimientos le separaran de nuevo de Levi.

Recuperaría esa amistad, sin duda.

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Al día siguiente Levi fue al banco a primera hora para abonar los 2,500 dólares de los pagos atrasados de la hipoteca. El señor que lo atendió personalmente contó los billetes con la frente fruncida y tras comprobar que estaba todo en orden, anuló la ejecución que habían ordenado semanas antes.

Bien. Conservaría su techo. No iba a quedarse bajo un puente.

Levi quería largarse de la sucursal, pero el hombre le soltó un rollo sobre algo que sinceramente, le importaba una mierda. Era curioso como el trato que uno recibía dependía de si llevaba dinero encima o no. El otro día cuando solicitó una semana más para el plazo otra señora muy desagradable le había hablado con el mentón alzado y muy borde que no se concendían ese tipo de peticiones para los deudores como él.

La palabrería del señor le estaba aburriendo y enfureciendo a partes iguales. Levantándose de la silla repentinamente, se excusó alegando que debía cambiarle la arena al gato.

Mentira. Él jamás tendría un animal viviendo en su casa.

La cara del hombre fue digna de retratar. Se marchó antes de reirse descaradamente frente suyo. Pasando entre la gente que esperaba en la cola, empujó la gruesa puerta del banco y respiró el aire de la calle.

Se sentía casi liberado. Solo quedaba el pequeño problema del trabajo. Por mucho que Eren dijera lo contrario, él no quería estar en deuda con nadie, y menos con él. Aparte necesitaba un trabajo para seguir pagando la hipoteca. Una hipoteca absurda en la que su tío le había metido e imbécil, lo había consentido.

No teniendo nada que hacer, volvió a casa para hacer una buena limpieza. Sin la amenaza de verse desamparado y sin un duro, se sentía con mejores ánimos para hacer lo que más le gustaba.

En pocos minutos llegó hasta su barrio. A diferencia de Eren que vivía en el centro y en un apartamento luminoso y de buen ver, su casa parecía una cueva fea y oscura. Pensar que le quedaban veinticinco años de hipoteca de ese cuchitril le desanimó exageradamente.

Como odiaba su vida…

El móvil vibró en el bolsillo de su pantalón, y con una mueca lo cogió por si eran esos pesados del banco. Frunció el ceño al no reconocer el número que le llamaba, no obstante, aceptó la llamada.

—¿Diga?

—¿Levi Ackerman? —dijo una voz de hombre al otro lado de la línia—. Llamamos por el currículum que envió.

Algo en su interior se removió expectante. Había esperado ansioso oir esas palabras y por fin las escuchaba altas y claras. Pero en esas últimas semanas había envíado miles de currículums, era imposible saber de dónde le llamaban.

—Nos gustaría hacerle una entrevista.

—¿Puedo preguntar qué trabajo es?

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Levi no rechazó hacer la entrevista. Aplazando sus planes para la limpieza exhaustiva de su casa, cambió de dirección y se dirigió al centro comercial ubicado a media hora de donde vivía. No era el trabajo soñado, pero hubiera sido un insensato negarse sin darle una oportunidad.

Quedaba un poco lejos, pero se abstuvo de coger el metro. Los 500 estaban reservados exclusivamente a pagar la comida, la luz y el gas. Estaba acostumbrado a caminar y dar grandes recorridos por la ciudad, además el hombre no le había metido prisa.

Sin trabajo, el transporte público seguía siendo un lujo. Dependiendo de si le aceptaban y el sueldo que cobraría a fin de mes, barajaría la posibilidad de tomar el metro. Algunos se reirían de su decisión, puesto que el metro era el medio de transporte más barato, pero cuando escaseaba el dinero, cuanto más ahorrabas mejor.

Con paso ligero atravesó un tercio de la ciudad y llegó hasta el centro comercial de tres plantas el cual acogía múltiples marcas de ropas, una planta dedicada a cadenas de restaurantes, un cine y una bolera en la sala recreativa.

Era relativamente nuevo ese espacio, construido diez años atrás. Levi nunca había pisado ese suelo.

Entrando en el lugar, pasó por la sección de ropa sin mirarla. Tomando las escaleras mecánicas, subió hasta la segunda planta, donde se encontraba la hostelería. A esas horas de la mañana muchos restaurantes estaban cerrados, algunos bares abiertos, pero en general poca gente se veía por ahí.

Con la firme convicción de que su vida no iba a mejorar, se plantó frente al establecimiento indicado.

McDonald's.

El gerente le esperaba en una de las mesas bebiendo un café. Levi carraspeó para hacer notar su presencia. Este alzó la mirada y se incorporó de inmediato. Con un gesto, le animó a acercarse. El moreno entró en el local y estrechó su mano con el hombre.

—Buenos días. Levi Ackerman, ¿verdad? —dijo en tono jovial pese a su mediana edad.

—El mismo.

—Bien, bien. Sentémonos —le indicó señalándo el sofá de enfrente.

Levi pasó sin mucha dificultad entre el estrecho espacio de la mesa y el sofá de color roja. El gerente, en cambio, estaba sentado en una silla.

—¿Quiere algo de beber? —ofreció ambablemente.

Asombrado por ese gesto y el tono de voz amistoso, negó con la cabeza, agradeciéndolo de todos modos.

El hombre se presentó brevemente, y sin muchos preámbulos, dio comienzo la entrevista. Su primera pregunta fue sencilla y acorde al carácter que se requería en un McDonald's.

—Muéstreme cinco formas de dirigirse a un cliente.

Levi con las manos entrelazadas sobre la mesa, asintió.

—Buenos días, ¿qué desean pedir? … ¿Algo para llevar, señores? …Hola, ¿les puedo atender? … ¿Han realizado ya su pedido?... Díganme, ¿qué puedo ofrecerles?

El hombre pareció satisfecho con esa demostración, y a continuación, le preguntó qué creía que era McDonald's en su opinión.

Por fortuna, Levi había ido a comer allí en su juventud infinidad de veces con Eren. No por propia voluntad, sino para cumplir el capricho de su amigo de comer hamburguesas con doble de queso. Expresó su opinión libremente sin sentirse coaccionado. En resumidas cuentas, comer ahí estaba bien, sobretodo si tenías poco tiempo, pero sin llegar a abusar.

Complacido por su respuesta, le anunció que el trabajo era suyo. Levi quedó asombrado por tal rapidez, pero le dio las gracias y volvieron a estrecharse la mano.

Al parecer trabajaría en el turno de tarde/noche. Entraría a trabajar a las seis y saldría a las doce o la una, dependiendo de la clientela. Eso durante los jueves, viernes, sábados y domingos. Los demás los tenía libres. Y cobraría ocho dólares la hora.

Preguntó si estaría dentro preparando hamburguesas como un loco o atendiendo a la gente. Para su alivio, el hombre le dijo que su función sería atender a los clientes. Nunca le gustó cocinar y menos a contrareloj.

Salió del centro comercial dos horas después. Quizás con los ánimos un poco subidos. No tenía ninguna deuda con el banco y había conseguido trabajo. No uno que le entusiasmara especialmente, pero había logrado lo más dificil. Su siguiente objetivo sería trabajar duro. La perspectiva de cobrar cada fin de mes era confortadora.

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Las primeras tres semanas las pasó en el McDonald's y reorganizando su vivienda. No se había visto con Eren debido a que sus horarios no coincidían, pero conversaban por Whatsapp casi cada día. En un comienzo fueron preguntas tímidas por parte del castaño, Levi las respondía y poco a poco sus charlas fueron más fluídas. Aunque intentara disimularlo, Eren se preocupaba mucho por él, pero este le tranquilizaba diciendo que no era un niño y que le devolvería el dinero a plazos si no era molestia.

Eren, por su parte, insistía en que si necesitaba cualquier cosa, podía contar con él. Ayudarlo nunca iba a ser un problema.

Pero en general, las cosas le estaban yendo bastante bien. Si bien el McDonald's a hora punta era un completo infierno, había hecho amistad con dos de sus compañeros. Cuando les conoció el primer día pensó que se habían escapado de alguna serie de comedia romántica. Se llamaban Isabel y Farlan y por lo que vio, eran muy cercanos.

Isabel solía trabajar a tope y llena de entusiasmo. A veces cuando llevaban horas sin un descanso de cinco minutos, Farlan se ponía de malhumor debido al cansancio acumulado, y siempre era Isabel quien le calmaba y le regalaba una sonrisa para animarle.

No entendía cómo esos dos se habían encariñado con él, quien no destacaba por ser alguien social y amigable. Isabel lo veía como un hermano mayor (cosa que él no sabía por qué), y Farlan le trataba con mucho respeto.

La gerente, sin embargo, era una arpía. Una tipa con ínfulas de reina que trataba a los empleados rozando el desprecio. Ninguno la aguantaba y todos querían meterle ese pelo rubio en la freidora llena de aceite caliente.

Levi pocas veces veía al hombre que le entrevistó, lo cual era una lástima pues la rubia que les dirigía era insoportable. Ignorando sus órdenes que sacaban de quicio a todo el personal, cada uno hacía su trabajo. Cuando Isabel llegaba a su límite y se hacía un lio con el cambio, Levi acudía a su lado y contaba él el dinero. Farlan de cerca, los observaba con atención.

Al salir de madrugada, se despedía de ellos e iba andando hasta su casa. Decidió no usar el metro hasta el mes siguiente y expuesto al frío de la noche, se calentaba las manos dentro de los bolsillos de su chaqueta.

Eren le preguntaba por el trabajo, y Levi desviaba el tema afirmando que seguía buscando. No le había dicho, o más bien, no se había atrevido a decirle que trabajaba en el McDonald's. ¿Por vergüenza? Probablemente. Su amigo estaba cosechando grandes cantidades de dinero publicando su historia y él, por contra, vendía McMenús y Happy Meals.

Era bastante bochornoso.

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Un jueves por la noche todavía atendían algunos clientes a las once y media, Levi con los ojos cansados, seleccionaba el menú que le pedía una joven pareja mientras Farlan cobraba el menú de un grupo que iban todos juntos. Isabel esa noche no trabajaba.

Eran tres de cara al público, y dos en la cocina. Por suerte la gerente no estaba ese día.

Después de que la pareja se sentara en una mesa con el pedido, Levi suspiró. No veía la hora de acabar y volver a casa. Farlan soltó un largo suspiro y con algo de timidez se acercó a Levi.

—Cuando acabemos, ¿puedo hablar un momento contigo?

Levi asintió. Era extraño que su compañero le pidiera hablar a solas con él, normalmente si quería decirle algo se lo decía sin más. En la media hora siguiente aparecieron varios jóvenes pero la tranquilidad ya se podía respirar. A la una menos diez, terminaron su turno.

Farlan se ofreció a llevarle en coche hasta su casa y Levi, cansado como estaba, no le dijo que no. Llegaron al parking del centro comercial y tras cerrar las puertas del coche, se pusieron en marcha. Mientras conducía su audi azul eléctrico, Farlan le confesó sus sentimientos.

—Desde hace meses que me gusta Isabel. Pero creo que ella es demasiado… inocente como para verme más que un amigo. Salimos al cine y a comer, pero nunca como novios. No sé qué hacer.

A Levi eso le pilló desprevenido. No por el hecho de que a Farlan le gustara Isabel —ciego no era y algo había notado—, pero sí el que recurriese a él en busca de ayuda. En temas amorosos no era buen consejero. Siempre se había mantenido apartado de esos asuntos. Le ponían algo nervioso dado que casi no tenía experiencia.

—¿Se lo has dicho? —preguntó.

—Ni se lo imagina —respondió Farlan divertido.

—Empieza por decírselo y luego ella te dirá lo que siente.

No podía ser más simple. Incómodo, recordó la carta de amor de Eren. Realmente le había gustado leerla… A día de hoy seguía sin comprender el arrebato de su amigo por quitarle la carta y guardársela para él mismo. Todo ello acompañado de una disculpa por haberle hecho sentir incómodo.

Levi nunca se había sentido incómodo con los sentimientos de su amigo.

—Creo que hacer eso sería hacer el ridículo —comentó Farlan.

—Eso no puedes saberlo.

Su compañero frunció los labios. No creía estar preparado para dar ese paso.

Estacionando en casa de Levi, Farlan se despidió con un: "hasta mañana". El moreno entró en su casa preguntándose cómo la gente podía complicarse tanto la vida por algo tan simplón como el amor.

Se estaba mejor solo. O quizás pensaba eso porque nunca lo había conocido.

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En sus diez minutos de descanso, Levi y Farlan se sentaron en una mesa del McDonald's y cenaron apresuradamente un hamburguesa sin pepinillo y un refresco. Contra todo pronóstico, Levi había tenido una idea para ayudar a su compañero.

—Aprovechando que Isabel no trabaja esta semana, ensayarás tu declaración —dijo limpiándose los dedos con una servilleta.

—¿Ah sí? —inquirió Farlan tragando con dificultad el cacho de hamburguesa.

—Yo haré de Isabel —explicó Levi—, y tú tendrás que declararte. Así cogerás más confianza cuando llegue el momento.

Bebiendo un trago de su coca-cola, Farlan valoró su propuesta. No era mala idea…

—De acuerdo. Me parece bien.

En voz baja, empezó a murmurar cosas que Levi no alcanzaba a oír, pero le dejó hacer. Poco después, se pusieron de nuevo a trabajar, pero Farlan ya tenía la cabeza en otro sitio.

A partir de las siete y media de la tarde, el McDonald's empezó a llenarse de gente. Desde las siete hasta pasadas las diez no paraban ni un segundo, sobretodo los viernes y sábados.

Para horror de Levi, Eren se presentó en el local.

Si ya se humilló suficiente pidiéndole dinero, ahora todavía más vestido con el uniforme y la gorra del McDonald's. Quería morir.

Estuvo a un segundo de pedir a Farlan que se ocupara de él, pero no le dio tiempo. Eren ya le había visto.

—¿Levi?

Sí, definitivamente quería morir.

—Hola —saludó secamente.

Fingía buscar algo en la caja registradora para no tener que mirarle a la cara.

—¿No me dijiste hace dos días que seguías sin trabajo? —cuestionó Eren molesto.

Levi no respondió. Farlan los escuchó y se aproximó a ellos.

—¿Le conoces? ¿Es un amigo?

—¡Sí! Somos muy amigos —exclamó Eren sonriente.

—¡Oh! Los amigos de Levi son mis amigos —dijo tendiéndole una mano. El castaño la aceptó enseguida—. ¿Vas a pedir algo?

—¡Ah! Sí… No me apetecía comer en casa así que opté por algo sencillo pero sabroso —explicó mirando de reojo a Levi que seguía con la mirada agachada.

—Bien hecho. Mejor vuelvo a mi puesto que la zorra esa me está mirando —murmuró en voz baja su compañero. Por supuesto, se refería a la gerente.

Eren sonrió ante el comentario.

—¿Qué desea tomar? —preguntó Levi inexpresivamente.

—¡Oh, vamos! No me trates de usted, tenemos la misma edad —replicó Eren asomando una sonrisa entre sus labios. Al ver que su amigo no se la devolvía, le miró preocupado—. ¿Estás bien?

—Perfectamente. Dime el pedido sino se formará cola.

Frunciendo el ceño, el castaño no se contentó con su respuesta.

—Luego me explicarás qué te ocurre.

—No puedo. Salgo de trabajar a las doce y media.

—Pues esperaré sentado hasta que acabes—repuso con gran determinación.

Levi se abstuvo de seguir discutiendo. La terquedad de su amigo no conocía límites. Le asignó el McMenú con patatas y coca-cola grande seguido de un: "En breve estará su comanda".

Fiel a su palabra, Eren cenó en una mesa apartada y aguardó pacientemente. Le gustaba ver a Levi trabajar, todo lo que hacía le parecía perfecto. Algunas veces interactuaba con Farlan y otras hacía oídos sordos de lo que le decía una rubia alta con cara de bulldog. A las nueve el local se llenó a más no poder, y vio preocupado como Levi no podía ni respirar del ajetreo de la gente.

Era un agobio estar allí, pero no se iría hasta hablar con él.

Pasaron las horas y Eren se entretenía dibujando nuevos bocetos y redactando diálogos para el nuevo arco de su historia. Siempre llevaba encima una libreta y un bolígrafo. Fuera donde fuera.

Después de un turno insufrible, Levi se quitó la gorra. Como solía ocurrir, estaba agotado y solo quería llegar a casa y echarse sobre la cama para dormir. Pero no. Eren estaba ahí, esperándole. Bueno, en ese momento no. Había ido al baño, pero regresaría enseguida.

Farlan también se quitó la gorra y se quitó algunas gotas de sudor que bajaban por su frente.

—¡Ei! —le llamó tras abanicarse con la propia gorra—. Ensayé en mi cabeza una declaración, ¿Quieres oírla?

Levi salió de detrás de la barra y se sentó en el sofá más cercano. Estar de pie tantas horas no podía ser bueno para sus piernas.

—Venga. Te escucho.

Entretanto, Eren se limpiaba las manos en el aseo. Estaba contento. Levi por fin había terminado el turno y podría hablar con él. Mirándose en el espejo, reconoció que le había echado mucho de menos esas semanas.

Hablar por Whatsapp era una cosa, pero verle con sus propios ojos era otra de muy distinta. Agradecía cada segundo que había pasado contemplándolo en silencio, por más que se fijara, no le encontraba defectos.

Saliendo del baño del centro comercial, se encaminó hasta el McDonald's. Atisbó la silueta de Levi de espaldas, sentado en el sofá, seguramente agotado de tanto trabajo, y Farlan enfrente suyo.

Estaban hablando.

Cuando estuvo lo suficientemente cerca, escuchó la voz de Farlan tímida pero segura.

—… Quería decirte. Hemos sido compañeros de trabajo y ahora también somos amigos. Pero… me he dado cuenta de una cosa. Estos días, estas semanas a tu lado… Me han hecho ver lo increíble que eres como persona. Como trabajas sin descanso y me ayudas cuando lo necesito, cuando me apoyas en todo momento. No… No fue de un día para otro, tardé en darme cuenta… pero yo… ¡Me gustas! Te he admirado cada segundo, cada minuto que estoy junto a ti. Me gustas mucho… y… ojalá me dieras una oportunidad…

Eren quedó paralizado de pies a cabeza. El corazón empezó a dolerle.

—¿Quién podría negarse a esa declaración? —preguntó Levi con una sonrisa.

—¡Sí! ¡Dios! ¡Sí, lo conseguí! —exclamó Farlan victorioso—. ¡Gracias! —Y se abalanzó sobre él para abrazarlo.

—Oi, ya suelta.

Eren palpó su mejilla y se percató de que una lágrima se deslizaba solitariamente por su rostro.

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