Niñera

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Hinata corría sin aliento, la imagen se me hacia familiar, cerré los puños cuando el nombre de quién huía en aquella ocasión pasó por mi mente; me acerque a ella por la acera, Hinata apoyó sus manos en sus piernas, estaba agitada, mis pies avanzaron con rapidez cuando la vi tambalearse.

-¡Hinata!- no estaba seguro de lo pasaba, mi cuerpo le ordenaba a mi mente.

Apenas alcance a sostenerla antes de que diera de lleno en la acera, su rostro estaba pálido, intentaba en vano recordar si Tsunade dijo algo sobre tener debilidad o desmayos como efecto de la desintoxicación de aquellas pastillas. La cargue en brazos, sería mejor llevarla a su casa estaría más fresca que con el calor previo al verano que hacia afuera.

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-Parece que siempre estás en el momento correcto Itachi- su tono era aliviado -gracias.

Recosté a Hinata en la cama que compartió conmigo durante tres noches hace ya tiempo. Mirarla dormir siempre me había hecho sentir tranquilo, seguro y protector con ella pero ahora mismo al tenerla a unos pocos centímetros de mi sentía un vacío enorme entre nosotros.

-Realmente espero que puedan despejar su discusión- también yo.

Me quede en la puerta por unos segundos más, mi mirada se desvió de su figura en la cama hasta la cómoda de su habitación, me acerque y tome la pequeña argolla, mi orgullo no lo aguanto ¿por qué rayos se lo había quitado? Lo tomé y lo guarde en mi bolsillo de mala gana. Termine suspirando, estaba perdiendo la cabeza, sólo Hinata podía hacerme eso, me acerque y se lo coloque en el meñique, Hinata me pertenecía y ni siquiera una pelea evitaría que dejara de serlo; estaba por irme cuando escuche su voz.

-No te vallas- me gire a verla -no vuelvas a irte- su voz era débil.

-Lo siento- las lágrimas corrían por sus mejillas -no quería lastimarte.

Llegue hasta ella, la rodee con mis brazos, apoyo su frente en mi hombro y continuo llorando, acaricie su cabello buscando consolarla, bese su coronilla y su perfume a lavanda se coló por mi nariz.

-Te extrañe- solté en un murmuro.

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Nos sentamos en la terraza del patio, me esforzaba por no comérmela a besos ahora mismo, haber estado sin ella por unos días me hizo sentir esta necesidad y tenerla así de cerca aferrada a mi brazo, apegando sus pechos me lo hacía difícil.

-Pensé que me odiabas- le bese la mejilla.

-Que locura, yo te amo princesa.

-No juegues con eso.

-No lo hago, yo voy totalmente enserio contigo Hinata.

-¿Por qué desapareciste entonces?-sus ojos volvían a aguarse.

-Te llame varias veces pero no contestaste y venir tan tarde no era apropiado pequeña.

-No lo vuelvas a hacer. Me asusta.

-Nunca amor.

La tomé de la barbilla y junte mis labios con los de ella, ese suave y cálido roce me hizo querer sentir más, su tacto, su cuerpo, oír la gemir pero Hiashi-san estaba en la estancia, podía vernos a través del ventanal así que tenía que resignarme a un beso muy simple y tranquilo pero no por eso menos satisfactorio; no me gustaba verme expuesto pero este momento era una pequeña calma con mi preciosa niña después de aquel drama y no lo desperdiciaría sólo por quererla a solas para una verdadera reconciliación. Aún faltaban cosas por aclarar como decirle que no era tan sencillo para mi digerir su pasado, no ahora; o preguntarle si estuvo en casa sola estos días, también quería saber porque corrió al punto de perder el aire y desmayarse, porque, si de nuevo lo había hecho Neji Hyuga sería la última cosa que le haría. Sólo había una cosa que no podía esperar para otra ocasión.

-No vuelvas a quitártelo- ella me miro confundida -nos pertenecemos Hinata- entrelace nuestras manos - y no hay nada que cambie eso.

-Lo siento, no lo haré de nuevo.

Eso quería escuchar.

-Hay un lugar que quiero mostrarte, ¿Me acompañarías mañana?

-Iré a donde Itachi quiera llevarme.

Condescendiente, melosa y amodorrada, esa era la Hinata que tenía en este instante y me encantaba esa fase de ella.