Una niñera para Gray
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Hiro Mashima, yo sólo los tomo prestados para puro entretenimiento.
Capítulo 4:
Juvia bajó del taxi luego de haber acompañado a Ur al aeropuerto, en el camino le había comentado muchas cosas e incluso le había dado consejos para tratar con Gray, lo cual le venía de maravilla. Después de pagar con el dinero que Ur insistentemente le había casi forzado a tomar, se preparó mentalmente para entrar a la casa y hablar con Gray. Inhaló y exhaló ni bien estuvo frente a la puerta, pero antes de poder tomar la copia de llaves, que Ur le había entregado, un detalle llamó su atención. El auto de Gray, que vio antes de irse, no estaba. Muy mala señal.
-Oh no…- susurró rodando los ojos y llevándose la mano a la sien, primer día de trabajo y él ya le traía problemas. Serían unos meses muy largos.
-*/*/*/*-
Gray se encontraba manejando hacia la casa de Natsu Dragneel, eran pasadas las diez y media, seguramente estaría durmiendo, seguramente le chillaría toda la mañana, y seguramente lo retaría a pelear, pero no tenía otro lugar a donde ir, y la verdad no le hacía gracia tener "niñera". Juvia ya debía acostumbrarse a que él saldría cuando quiera, como quiera y a donde quiera. Nada cambiaría.
El timbre sonó y varios minutos después se escuchó un ronco y débil "ya voy". Definitivamente lo había despertado. No le sorprendió en lo absoluto que cuando Natsu abrió la puerta su cara prácticamente se desencajara.
-¿¡Hielito!? ¡Pero estás loco! ¿¡Acaso no viste la hora!?- Exagerado, exagerado como sólo él podía ser.
-Son casi las once- contestó con parsimonia y un poco de cinismo, lo que provocó que Natsu enrojeciera de la furia.
-¡En sábado!- le gritó, aunque claramente a Gray no le importaba, ya se lo esperaba.
-No molestes Natsu, no tenía ganas de estar en mi casa- Natsu cerró los ojos y se cruzó de brazos, desconocía la razón por la que Gray se encontraba delante de su puerta, pero por muy inmaduro que a veces fuera, siempre sabía tomarse las cosas serias como debían ser, y eso era, por más raro que sonara, responsablemente.
-¿Y bien? ¿Acaso te quedaste congelado o qué?- intercambiaron unas sonrisas y luego Gray ingresó tirando su chaqueta sobre el sofá. – ¿Problemas con Ur?- el pelinegro negó y se sentó en el sofá.
-Te lo diré, pero ni se te ocurra reírte aliento de fuego- Natsu rió, sus apodos se debían a una vergonzosa situación que habían pasado, en la que Natsu había probado comida mexicana picante, a tal punto que corrió por todo el restaurante gritando que tenia fuego en la boca, y en la que Gray había bebido un batido sin ser consciente de lo frío que estaba, produciendo el muy conocido congelamiento cerebral, que causo que gritara y se cayera de la silla. Además, nunca olvidarían el regaño que se habían llevado por parte de su amiga Erza, la conocida como Titania y ex presidenta del consejo estudiantil en secundaria.
-No prometo nada- Gray contuvo una sonrisa, Natsu solía ser su rival en todo, además de ser totalmente opuestos, pero sin duda era su mejor amigo, y sabía que por más que se burlara de él en varias ocasiones, Gray sabía que siempre contaría con su apoyo.
-Tengo una niñera- susurró corriendo la mirada, intentando ocultar su leve sonrojo. Natsu abrió enormemente los ojos y se acercó a su amigo.
-¡No escuché!- le gritó causando que Gray casi cayera del sillón.
-¡Idiota! ¡Siempre tengo que repetir las cosas!- Gray se paró en el sillón y cerró su mano en un puño mientras que con la otra apuntaba acusadoramente a su amigo.
-¿¡Acaso quieres pelear hielito!?- Natsu imitó su acción, pero antes de que alguno pudiera hacer algo, el sillón calló hacia atrás llevándose a ambos con él y causando un enorme estruendo que retumbo en toda la casa. – ¡Mira lo que hiciste!- Gray se levantó y frunció e ceño.
-¿¡Yo!? ¡Pero si tu eres el idiota que hace todo mal!- Natsu se levantó para luego abalanzarse sobre su amigo y tirarlo al piso, donde los comenzaron a rodar mientras daban golpes superficiales.
-¡Ahora ve…!- Natsu se interrumpió a sí mismo cuando escuchó unos pasos provenientes del pasillo. Palideció al recordar que ella se había quedado a dormir, y no quería que Gray lo supiera.
-¿Natsu? ¿Qué fue ese...?- demasiado tarde, Lucy Heartfilia, su compañera de universidad y gran amiga había ingresado en el comedor y había visto a Gray. – ¿Gray?- él susodicho se levantó, algo sorprendido por la presencia de la chica, aunque no demasiado, después de todo ella y Natsu eran muy unidos.
-¿Lucy?- Gray buscó la mirada de Natsu, esperando poder descifrar algo, más él seguía tirado en el piso mirando el techo. – ¿Qué haces aquí?- la rubia agachó la mirada y el labio le tembló al recordar la situación del día anterior.
-Fue su padre- contestó Natsu con la ira notándose en su voz –la echó de su casa- Lucy se abrazó a sí misma y Natsu se levantó del suelo. –No llores Lucy, tu padre no merece tus lágrimas- ella sollozó y cubrió su boca con una mano, sin dejar de mirar hacia abajo.
-Y-yo lo último que quisiera es molestarte Natsu- él le dirigió una sonrisa sincera, de aquellas que sólo Natsu tenía.
-Tonta, nunca podrías molestarme, eres mi amiga Lucy, siempre te protegeré- Gray sonrió, quería mucho a sus amigos, y estaba feliz de que Lucy al fin saliera de esa casa llena de presiones y soledad, pero por otro lado sentía ira hacia el señor Heartfilia ¿Cómo podía echar a su propia hija?
-Y-ya estoy bien, lo siento- cuando levantó la mirada aun quedaban pequeños restos de lágrimas en sus mejillas, más la sonrisa que portaba Lucy era sincera, Natsu tenía ese poder sobre ella, animarla en cualquier momento y sin necesidad de usar muchas palabras. –Por cierto Gray ¿Qué te trae por aquí un sábado a la mañana?- Gray se pasó la mano por el cabello, por un momento había olvidado el tema, pero no tenía ganas de hablarlo ni de andar molestando a sus amigos después de lo que se acababa de enterar.
-No, no es nada, ya me iba- Lucy ladeó la cabeza confundida al verlo salir hacia la puerta seguido por Natsu.
-Luego tendrás que contármelo Hielito- Natsu le sonrió y Gray asintió, en otro momento se lo diría, aunque ya veía venir las burlas.
-*/*/*/*-
Juvia dejó su pequeño bolso en la habitación que Ur le había indicado anteriormente, como tenía que estar tiempo completo con Gray, era obvio que dormiría en la casa. A pesar de ser una habitación de huéspedes era muy acogedora, con paredes color azul Francia y detalles blancos. Se sentía extrañamente bien, imaginarse entre las sabanas azules durmiendo plácidamente, escapando por unas horas de la realidad.
Una vibración la sacó de sus pensamientos, rápidamente revolvió en su bolso, quizás era Ur con algo importante que decirle, ni bien vio el celular lo tomó tan rápido que su bolso se le escurrió de las manos produciendo que la mayoría de sus cosas cayeran al piso. Después de atender lo juntaría.
-¿Hola?- Juvia podía esperar el llamado de cualquier persona, incluso podía esperar un llamado del presidente, o incluso uno más imposible, que sería el de Gray, pero nunca hubiera esperado que su tío la llamara.
-¿Dónde estás Juvia?- quiso gritarle, reprocharle por no haberle avisado que dejaría de costearle la universidad, pero la voz no le salía. – ¡No me dejes hablando solo niña!- frunció el ceño y apretó los labios.
-¿Qué quieres tío José?- se escuchó una risa burlona seguida del rechinido de una silla.
-¿Te has vuelto valiente mocosa?- Juvia rodó los ojos, no estaba con ganas de aguantar las burlas de su tío.
-Si llamaste para molestar a Juvia…- José la interrumpió con un gruñido.
-Te llamó por algo importante, seré corto y directo, sabes que no me gusta dar vueltas- y vaya que Juvia lo sabía, cuando era niña y solía bacilar en algo, él le gritaba diciendo que no debía ser tan tonta e ir al grano –el hijo de un poderoso empresario que me hace la competencia se enamoró de ti al verte en una foto, quiero entregarle tu mano a cambio de unos beneficios, de esa manera quizás logres que tu futuro esposo te costee la universidad, y a mí me dejas en paz ¿ves? Todos felices- Juvia se quedó sin habla, sabía que su tío era frió, insensible y cínico, pero esto lo superaba todo, la estaba tratando como un objeto, del cual se había deshecho y ahora quería volver a utilizar para su beneficio, pero era suficiente, Juvia no toleraría semejante insulto.
-Juvia no lo acepta, puedes buscar dinero por otra parte porque a costa de Juvia no lo harás- podía sentir como su tío comenzaba a enfurecerse, y en parte se alegraba, ya no le tenía miedo.
-¡No seas idiota Juvia! ¿Quién más te va a querer? Tu amiguito, el metalero sucio ese, ya no está para salvarte el trasero ¡te quedarás sola y pobre! ¡Humillada como siempre!- contuvo las lágrimas, pero no de dolor, sino de impotencia ¿Cómo se atrevía a mencionar a Gajeel? Podía insultarla como quisiera, a ella no le importaría ni le afectaría, pero era intolerable e imperdonable que hablara de su amigo de semejante forma.
-¿¡Cómo te atreves!? ¡Más te vale no volver a mencionar a Gajeel-kun! ¡A Juvia le importa poco lo que quieras! ¡No necesita de nadie!- cerró los ojos y apretó los puños, dispuesta a lanzar la bomba –Quien se está humillando al llamar a Juvia eres tú, tú eres el que se quedará solo y triste, así que escucha con atención, Juvia no quiere que la vuelvas a llamar nunca ¡apáñatelas solo! Y que nunca más salga de tu sucia boca algo con respecto a Gajeel-kun ¿¡Entiendes!? ¿O acaso Juvia no está siendo lo suficientemente directa para ti?- y colgó, sintiéndose orgullosa de sí misma, pero a la vez dolida, no por ella, sino por José, era triste que una persona sea así, de verdad algún día lo lamentaría amargamente, el haberse vuelto enemigo del mundo.
Al mirar hacia el suelo recordó que todas sus cosas se habían caído y comenzó a juntarlas. Había un par de abrigos, unas remeras, un pantalón y vestidos hechos por ella misma, todo estaba comprimido en el bolso junto con otras cosas, no le sorprendería que algún día el pobre bolso explotara. Al levantar un pequeño álbum de fotos, una pequeña foto cayó, al parecer se había despegado.
Juvia sintió que le tiraban un balde de agua fría en la cara al ver la foto, se trataba de Gajeel y ella en una cafetería del centro, él la había llevado a comer algo rico luego de la ruptura con Bora. La foto la había tomado un mesero, Gajeel estaba sonriendo y levantando una tostada, mientras que Juvia tenía una mano apoyada en el hombro de su amigo y la otra levantando un café, nunca olvidaría como el mesero reía luego de tomar la foto, les había mencionado que se veía que se querían mucho.
-Gajeel-kun…- susurró abrazando la foto y apoyando su espalda en el borde de la cama. Todo había sido su culpa, si no fuera por ella, Gajeel estaría bien. Su muerte era reciente, sólo había transcurrido un año y tres meses. Juvia valoraba mucho la vida y nunca sería capaz de quitársela, pero el dolor y la culpa la carcomían, por eso siempre buscaba ayudar a los demás, quería limpiar su alma de sus pecados. –Levy McGarden- parte de ella quería saber cómo se encontraba, había pasado solo un año y no creía que pudiera cambiar mucho la vida de Levy, pero otra parte temía que al presentarse ante ella, la hiciera sumirse aun más en el dolor, y lo último que quería era traerle más problemas y dolor a aquella dulce chica.
-*/*/*/*-
Gray sabía que tarde o temprano debía enfrentarse a Juvia, y él no era de los que huían, prefería enfrentar las cosas sin dejarlas para después. En realidad ella no le caía mal en lo absoluto, Gray no juzgaba a las personas sin conocerlas, sólo que veía a Juvia como un obstáculo para él, y en cierto punto lo era, después de todo, seguramente Ur le habría dejado una lista de lo que él podía y no podía hacer, dentro de la cual las fiestas no estaban permitidas. No había una razón detrás de su comportamiento, generalmente los problemas en los que se metía eran peleas por culpa de Natsu, ya que su amigo siempre solía enojarse cuando algún hombre intentaba acercarse más de lo debido a Lucy, y por supuesto Gray no podía dejarlo solo contra tres. Los policías le habían dicho que podría llegar a pasar una noche en la comisaria, pero como siempre su mamá exageraba todo y decía todo el tiempo que lo llevarían a la cárcel.
Aparcó su auto y entró a la casa con confianza, luego de colgar las llaves se dispuso a buscar a Juvia, quizás un buen plan seria ganarse su confianza y de esa manera lo dejaría salir. Subió al piso de arriba y cuando pasó por la puerta del cuarto de huéspedes escuchó sollozos, Ur ya se había ido, así que solo quedaba una opción, Juvia ¿Pero que le habría pasado?
-¿Juvia?- al entrar al cuarto la encontró sentada con la cabeza entre las piernas y abrazándose. Al escucharlo, Juvia se levantó como un rayo y le dio la espalda, al parecer estaba secándose las lágrimas.
-G-Gray-sama- Gray levantó una ceja al escuchar el sufijo. Hace unas horas no lo había tratado de esa manera. Juvia se dio la vuelta y se cruzó de brazos. – ¿Dónde estaba? Espero que la próxima vez le avise a Juvia a donde va- no caía en lo que estaba escuchando ¿Acaso lo creía tan tonto o tan insensible como para ignorar la escena anterior?
-¿Por qué estabas llorando?- Juvia corrió la mirada y enrolló la punta de su saco azul en sus manos, estaba nerviosa.
-J-Juvia no- Gray la interrumpió, no le gustaban los rodeos de "no me pasa nada".
-Te vi llorar, no intentes engañarme y dime que te sucede- Juvia no quería hablar sobre Gajeel, sabía que volvería a llorar si lo hacía y no era partidaria de llorar frente a alguien, si podía evitarlo lo haría. –Juvia- tuvo que levantar la mirada, y tal como cuando lo conoció sus ojos la helaron, se sentía intimidada pero a la vez en cierta manera atraída, tuvo la impresión de sonrojarse, Gray era atractivo y seguro.
-¿Por qué a Gray-sama le importaría?- él suspiró, ellos habían empezado con el pie izquierdo, pero no le gustaba ver a las chicas llorando.
-Escucha Juvia, no tienes porque llorar sola aquí en la oscuridad, sé que no empezamos precisamente bien pero puedes decirme que te pasa- ella mordió su labio inferior y él se acercó, pero sin dejar de mantener la distancia.
-J-Juvia sólo extraña a su amigo… Gajeel-kun, hace un año que se fue y…- la voz se le cortó tal y como lo predijo, ella sabía que no aguantaría y aun así se aventuró a contarle. Cuando las lágrimas comenzaron a fluir intentó taparlas cubriendo su cara con ambas manos, se sentía débil. De repente se sintió protegida, rodeada por algo o más alguien. Gray la estaba abrazando, inconscientemente ella llevó sus manos a su pecho, apretando su camisa. Juvia no sabía si aquello era bueno o malo, lo único que sabía era que se sentía extrañamente bien.
Disculpen la tardanza :( estuve teniendo como dos o tres exámenes por día y no me daba tiempo a escribir, esta semana me quedan como tres más jaja pero hasta ahora me está yendo bien.
¡Muchísimas gracias por los reviews! Me alegro que les guste la historia. Nos estamos leyendo
¡Saludos!
