Niñera
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Mi princesa se apegaba a mi brazo desde que salimos del auto, sonreí de medio lado, era agradable que también sintiera esa necesidad de tenerme cerca. Sentí un beso suyo en la mejilla y una dulce sonrisa se formó en sus labios, no le heriría de nuevo, aunque no podía asegurar que todo sería perfecto.
Entramos al edificio.
-Buenos días joven Uchiha, señorita- dijo el portero del edificio -creí que la mudanza la empezarían la próxima semana.
-Sólo quería mostrárselo a mi novia- Hinata se sonrojó por como la llamé, era toda una ternura, la rodee por la cintura apegándola a mi cuerpo -Asuma, ella es Hinata Hyuga, vendrá aquí con frecuencia.
-Mucho gusto.
-Un placer señorita Hyuga, espero le de el gusto bueno al lugar.
Caminamos al elevador, en cuanto se abrió entramos.
-¿Vas a mudarte?
-Si.
-¿Por qué?- la tomé del rostro y la bese, Hinata paso sus manos a mi espalda y se aferró a mi ropa.
-Me gusta mi privacidad- dije juntando nuestras frentes.
El elevador se abrió, la tomé de la mano y bajamos de el; una vez dentro del departamento la abrace por detrás.
-Estarás más lejos.
-En realidad será más cerca- bese su mejilla y la estreche más a mi.
Hinata se separó y vago por aquel piso vacío.
-Aún así no quiero que te vallas.
-Ven- camine hasta abrir una puerta del fondo.
-Es un cuarto vacío.
-Es nuestro cuarto vacío- Hinata abrió los ojos con sorpresa.
-¿Vas a secuestrarme?- sonaba divertida.
-Los fines de semana- Hinata se acercó a mi.
-¿Cómo ahora?- se paró de puntitas pegando su pecho contra el mío.
-Si- pase mis manos bajo su falda y las metí bajo sus bragas -eres mía preciosa- afirme mi agarre en sus nalgas.
-Mmmmm- extrañaba escucharla excitada.
-Mi hermosa niña ¿puedo?
Me beso sin tardar en meter su lengua, fui deslizando sus bragas por aquellas bellas y torneadas piernas, sus manos levantaron mi playera y desabrochaban mi cinturón, se separó de mis labios por algo de aire, me incline asía adelante buscando no alejarme de su húmeda boca pero sólo logre pescar su labio inferior que solté más deprisa de lo que me hubiera gustado cuando coló una mano acariciando me el pene.
-Te quiero ya- suplico, sus mejillas ardían en rojo.
-Como pidas princesa.
La levanté de las piernas y di vuelta con ella chocando su espalda en la puerta de madera, me abrazo con sus piernas y saco mi miembro. Me restregué es su caliente entrada, quería reconciliarme con ella de esta forma también pero antes necesitaba oírla la gemir, suplicarme por que la hiciera mía, necesitaba que sintiera que sólo yo la hacía sentir de esta forma.
-Ah... Itachi... ah...- aún no era suficiente, la haría volverse loca aún sí eso me volvía loco a mi también -ya... ah... por...favor... ah... te nece...sito.
-Eres mía Hinata.
-Ah... si.
-Sólo mía- no aguantaría mucho.
-Só...lo tuyA- entré de una dura y exquisita estocada en su estrecha vagina.
Sus gemidos hacían eco en nuestra habitación vacía, amaba oírla, me excitaba escucharla, le tome las piernas y las levanté para que me rodearan más arriba de la cintura para sumergirme más, la penetraba con fuerza.
-Me perteneces Hinata- el eco en la habitación me hizo percatarme de mi voz ronca.
-Só...lo ah tu...ya ah Ita...chi- devoraba su cuello con lujuria -mi ah Ita...chi más ah dame ah más ¡ah!
Me complacía escucharla así, la separe de la puerta, le tome la cintura y salí de ella, mi princesa protesto con ruido y con mirada molesta, me puse detrás de ella, la empuje asía adelante y abajo dejando su trasero expuesto a mi, levanté su falda, la tomé de las muñecas y volvía a cogérmela.
-¡AH!
-¿Así amor?
-¡Ah! si ¡ah! que ri...co ¡ah!
Sus piernas temblaban y poco a poco fue cayendo de rodillas esa postura me hacia llegar más a fondo. ¡Diablos! Me sentía llegar y Hinata me apretaba en su interior, que dulce y pasional niña, mi niña.
-¡AHHHH!- me salí de inmediato y me corrí en el piso.
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Mi mano le rodeaba por los hombros, bajábamos por el elevador.
-¿A Kisame-san no le molestara que yo este aquí?- cuando le dije que tendría un compañero de cuarto Hinata se incómodo. Le bese la coronilla.
-A Kisame le gusta salir los fines de semana preciosa, no te preocupes por él.
Salimos del edificio, yo simplemente no podía esperar a mudarme.
