Niñera

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El agua de la bañera estaba tibia pero el cuerpo de Hinata calentaba el mío, no como hace unos momentos donde no podía parar de poseerla, esta vez era un calor distinto, no quería soltarle ni un segundo, no podía apartarla ni un milímetro de mi. Neji Hyuga se había ido, no importaba como; ahora me sentía posesivo, amado por la chica que yo amo y con esa pequeña, diminuta esperanza de que tal vez tenga a alguien más para amar.

Hinata hizo su cabeza para atrás dejándola recargada sobre mi hombro, por sobre el agua apreciaba la vista de su desnudes, de ese cuerpo que me pertenecía al igual que sus sentimientos, toda ella era mía y nadie, jamás le haría daño ni la apartaría de mi.

-¿En qué piensas amor?- había aprendido la lección, ya no la dejaría ocultarme nada.

-Se siente bien estar así ¿no?

-A mi me encanta- le bese en la mejilla.

-Lamento meterte siempre en problemas- mi nariz le acariciaba el cuello, la dejaría continuar antes de intervenir -con Konan, con Deidara- suspiro -con Neji.

-Yo cuido mis cosas, y con mi novia no haría excepción.

-Pero no puedo dejar de sentirme mal.

-No voy a soltarte.

-No quiero que lo hagas, pero no es correcto que pases por estas cosas y con Neji en casa...

-No quiero hablar de eso ahora- ya le había dado algunas horas a ese imbécil que no merecía nada más que mis golpes, lo menos que quería era hablar de él -no por estos días, sólo somos tú y yo amor.

Puede que nunca logre convencerla de que lo que sucedía no es su culpa, ¿tomo malas decisiones? Si, pero conocía bien su parte bondadosa y aunque no me agradara todo el tiempo entendía porque libraba a todos de su culpa incluyéndome. Hinata aparto mis manos de su vientre.

-Me asusta que acaricies tanto esa zona.

-¿Por qué?- subí una mano a su ceno izquierdo y la otra la apoye en el borde de la bañera.

-Siempre te meto en problemas- recargó su cabeza a mi brazo sobre la bañera -te orille a hacer algo que no querías y ahora me odiarás porque ya no quiero hacerlo.

Deje su pecho y acaricie su azulada cabellera.

-¿Ya no?- ella negó, suspire mentalmente.

Nuestros papeles se habían invertido, yo vivía una remota ilusión de que estuviera embarazada mientras que ella ya no lo quería, los impulsos adolescentes eran lo peor y realmente ya no tenía por que haber un bebe el peligro en la casa Hyuga se había ido para siempre, yo mismo me encargue y asegure de eso.

-Bueno ahora no hay mucho que se pueda hacer con eso. Sólo esperar.

-Tengo miedo- estaba por llorar.

Maniobre en la bañera tirando agua pero logre sentarla en mis piernas frente a mi, tan cerca como para apoyar mi frente en ella.

-Lo se, pero no me iré a ninguna parte, si no pasa nada todo seguirá igual hasta que sea tiempo de dar ese paso y si pasa algo, no estás sola, jamás vas a estarlo- la bese con dulzura, le daría el consuelo que me pedía con su mirada, le daría todo lo que me pidiera.

-¿Me odias?- sollozaba.

-Claro que no. Te Amo- volví a besarla, justo como estábamos ahora me sentía lleno, completo con ella.

Más de una cosa salió durante nuestra conversación en la bañera, preocupación, temor, algunas risas y sobre todo besos, empalagosos, golosos y castos también, era una nueva forma de abrirnos el uno con el otro, ahora la amaba más, mucho más.

Volvimos a la cama pero de una forma diferente, nos recostamos y dormirnos, tal vez hubo una suave caricia en mi pecho, alguna mano resbalando en su espalda y eso fue todo, Era la primera de muchas en que sólo dormíamos.

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Cuando desperté Hinata no estaba en la cama, la luz entraba por la ventana, debía ser tarde, no quería levantarme sentía el cansancio de la semana y las sábanas olían a ella, un chiflido afuera de la habitación fue el que me hizo ponerme de pie. Abrí la puerta, Mi nena estaba siendo acorralada por Hidan en el refrigerador.

-Hidan- mi voz era sería.

Ambos voltearon a verme, él se enderezo y Mi Hinata vino a mi lado. La rodee con posesión.

-Tranquilo Itachi- intervino Kisame saliendo de su habitación- al feo le gusta como se ve Hinata porque le recuerda a cierta rubia.

-Pero que idiotez estúpido cara de pez, sólo quería comprobar que era el corderito de la otra vez porque ahora parece...- levanté una ceja, Hidan bufó molesto.

-¿Ya se van?- no tenía paciencia para esos dos, este era un fin de semana para nosotros.

-Te urgen tus "asuntos" he Itachi- dijo Hidan con toda su cara de idiota molestando.

-Vamos, adiós Hinata- Kisame camino a la salida.

-No tienes que decirme que hacer maldito pez.

Suspire una vez salieron, Hidan debía mantener su distancia.

-Itachi- la voz de Mi niña atrajo toda mi atención.

-¿Estas bien?- se había asustado de Kisame y Hidan no era una mejora.

-¿No pudiste conseguir amigos que no dieran miedo?- me puse frente suyo.

-Lo siento nena, eran los únicos que quedaban- ella río.

Le apreté el trasero metiendo mis manos en aquella minifalda, sus manos fueron a mis hombros y me enredo sus piernas en la cintura, la lleve a la barra de la cocina mientras le saboreaba su boca y la senté ahí.

-¿Por qué te levantaste de la cama?

-Quería dejarte descansar- era un ángel.

-¿Quieres que te prepare el desayuno?

-¿Sabes cocinar?-su voz era incrédula.

-¿Con quién crees que sales preciosa? Puedo ofrecerte cereal- su risa era lo más dulce de la vida, quería escucharla siempre.

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Había repasado su piel tantas veces que ya sabía que puntos tocar, donde era más sensible y aún así encontraba junto con ella una nueva forma de sentirnos. Subía y baja las manos por sus muslos, sin intención de tocar más allá, recargaba la espalda y mi cabeza en el respaldo del sofá, Mi Hinata tenía sus manos en mi rostro, estaba arrodillada sobre el sofá con una pierna a cada lado de las mías y sus labios me brindaban la más placentera caricia que me habían dado jamás, jugueteando con nuestras lenguas sin que ninguno cesara de saborear la boca del otro. No tenía sentido del tiempo, que importaba si llevábamos unos minutos u horas haciendo esto. Su boca aún sabían al desayuno que preparó para ambos, su aroma aún era el del jabón que usamos en la bañera, su piel aún era la misma que sentí por primera vez después de aquella primera mamada; Hinata seguía siendo la hija de un empresario del mundo de los fármacos, seguía siendo la princesita que mi madre creía que siempre era, la niñera de mi hermano, continuaba siendo una menor y mi novia al mismo tiempo. No importaba en que papel estuviera ella era mía.

La puerta se escucho, Hinata se separó ligeramente, apreté sus piernas un poco llamando su atención.

-Sigue- susurre y ella volvió a mis labios.

Sus besos se volvieron nerviosos, Kisame paso a la cocina como si nada y de ahí a su habitación. No paso mucho tiempo de eso cuando Hinata se separó.

-¿Podemos ir a la cama?- en realidad estaba muy a gusto en el sofá.

-No saldrá de su cuarto por horas- intenté volver a tomar sus labios.

-Por favor.

Le tomé de la cadera y la cargue hasta llegar a nuestra habitación, me senté en la cama con ella sobré mis piernas.

-Listo- Hinata me empujo hasta dejarme recostado en la cama.

Su hermoso cuerpo se deslizó para abajo rozando cada poro en mi hombría, comenzó a besar mi miembro por sobre el bóxer y a tocarlo; una de sus manos se coló debajo de la tela por una de mis piernas y con la otra le daba vuelta a mi punta con su pulgar, maravillosa atención, hacia ruidos con la garganta entre ronroneos y gemidos ahogados.

-¿Te lo meterás a la boca?- levanto la vista.

-Tal vez- dijo su voz suave.

Se sacó la blusa que usaba y para mi deleite no llevaba sostén, amaba verle los pechos libres, puso su gran par sobre mis piernas y se alaba los pezones ocasionando que se mordiera el labio; mi erección ya se notaba y la tela del bóxer sólo la asfixiaba, ella pareció apiadarse de mi liberándome el pene, soplo sobre mi falo, gruñí, con sus montañas aprisionó mi excitación y las apretó mientras las hacía bajar y subir.

-¿Te gusta?- su voz dulce con un ligero tinte de lujuria.

-Mucho preciosa- eche la cabeza para atrás.

Su boquita me chupaba la punta cada tanto, había extrañado sus mamadas, cada ocurrencia sexual de Hinata era una tortura, me volvía loco esta nena. Y me encantaba.

Sus cenos se alejaron casi al final, y se metió mi duro pene en la boca, esas, esas sí que eran las estrellas, Hinata chupaba con fuerza, con ganas y delicadeza, nunca entendería como podía ser ambas cosas al mismo tiempo, me deje derramar en su boca, se tragó mi semen y me limpio el miembro. Se recostó en mis brazos.

-Te amo- dijo y comenzó a cerrar los ojos.

Le bese la frente, supongo que no durmió bien.

-Yo te amo más Mi pequeño ángel.

Era un buen comienzo, sólo nosotros sin ninguna persona que se entrometa, sólo ella y yo juntos, pegados y sin posibilidad de separarnos.