Niñera
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Nada era perfecto, todo siempre era y sería una montaña rusa, mi vida, a diferencia de lo que muchas personas pensaban, no era miel sobre hojuelas, nada era perfecto, ni siquiera Itachi; él también tenía defectos, impulsos y errores muchos errores, pero había momentos donde sólo Mi Itachi podía ser perfecto.
Cada vez que me decía lo valiosa que era, lo hermosa que le parecía, cada que se comportaba de forma caballerosa, cada que dormía, cuando usaba aquella camisa negra incluso cuando era todo un pervertido Itachi tenía un aire de perfección.
-Pero que ojos tan curiosos, ¿vienes a inspeccionarme?- sonreí cuando lo escuche.
Me ofreció su navaja de afeitar.
-¿Por qué no lo intentas?
-¿Insinúas que debo afeitarme?- él río.
-No, digo que fuiste tú la que me pidió afeitarme bajo la amenaza de que tú misma lo harías mientras duermo, así que- me tomo de la cintura y me acercó a su masculino cuerpo cubierto por apenas una toalla -quiero verte intentarlo preciosa.
Me sentó en el lavabo y se quedo quieto, algo temerosa sujete la navaja y la pase por su rostro cubierto de crema para afeitar, me estaba tomando mi tiempo no quería cortarlo, amaba su rostro, su cuerpo, yo amo a Mi Itachi. Él hizo una mueca de dolor.
-Lo siento- lo había herido.
-Sólo bromeaba- su bella sonrisa traviesa apareció en su bello rostro de hombre.
-No es gracioso- replique dejando la navaja a un lado.
-Me fascina verte preocupada por mi- su voz sonó sensual.
Se acercó a besarme pero lo detuve poniendo mis manos en sus hombros.
-No tienes que hacer esas bromas para preocuparme- yo realmente no quería lastimar a nadie y mucho menos a Mi Itachi.
-Ya, pero no te pongas así tampoco.
Me tomo de los brazos y unió nuestros labios en un beso, si yo decía no él paraba, si yo pedía él me daba, si yo lo amo él ama y con eso me bastaba para sentirlo perfecto, perfecto para mi.
-¡Wow! Abra función en el baño.
La odiosa voz de Hidan sonó de repente y había llegado a molestar como siempre, estire el brazo y empujé la puerta del baño para cerrarla. Mi Itachi río en el beso.
-Eres asombrosa nena- sus manos subieron por mis muslos -¿ya te he dicho lo perfecta que eres princesa?
Era lo que más me decía últimamente.
-Tú eres el perfecto- dije, él levantó una ceja -llegaremos tarde.
Me baje del lavabo, el tema de la perfección nadie lo ganaba, entre virtudes e ilusiones que nosotros nos creábamos del otro nadie nunca ganaba.
-¿Una cogida en el baño amor?- dijo antes de que abriera la puerta.
-Hidan esta afuera- y hoy no quería lidiar con sus comentarios idiotas sobre mi vida sexual.
-¿Y qué?- se acercó dejándome entre su perfecto cuerpo y la puerta -ya me tienes bien encendido primor.
Sentía su erección bajo la toalla, mi cuerpo tembló. Mi pervertido sonrió con malicia contagiándome.
Lo tomé del cuello y lo acerque a mis labios, Mi novio adentro su lengua y lo saboree, lo amo tanto que dolía y me volvía adicta a ese dolor; me deshice de la toalla que lo cubría y le toque el trasero.
-¿Te gusta preciosa?
-Tú sabes que sí- dije lujuriosa.
Pase un brazo alrededor de su cuello y mi otra mano bajo por su fuerte torso, lo amo, lo amo tanto; elevo una de mis piernas y la llevo a la altura de su cintura, ya estaba lista, estimulada, lo quería dentro ya. Me sentí mantequilla cuando sentí su pene erecto dentro, y empece a arder cuando me embistió con ganas, con fuerza, tan Itachi.
Salió de mi de improvisto me dio la vuelta y se adentró de nuevo, mi vestido subió hasta más arriba de mi cintura, sus manos lo elevaron sólo para tocarme los cenos, me pare de puntas buscado levantar mi trasero y sentirlo más adentro, sus gruñidos me inundaban los oídos, mi cuerpo se calentaba al punto de hacerme sudar con cada embestida, pase una mano para atrás a su nuca y ladee la cabeza, Mi Itachi capturo mi boca en un jugoso beso, sólo él me hacia babear, sólo él me demostraba cuanto me amaba con una actividad gana pació nada como lo era el sexo.
-¡AH!- le mordí el labio por puras ganas.
Y su semen se esparció en mis paredes y más allá.
-Mi Diosa- pose mis manos en sus hombros.
-También te amo- dije con el poco aliento que tenía.
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Pasar la noche en su departamento no era nuevo, pero pasarla cuando mi padre lo sabía si lo era y aunque no era recurrente hoy era una noche así, había algo de tranquilidad dentro mío aún sabiendo que mañana cuando llegará a casa mi padre me haría las preguntas más incómodas posibles. Se sentía bien no esconderle nada.
-Princesa- Mi caballero de ojos negros cerraba la puerta -salgamos.
-¿Ahora?- estaba en pijama apunto de meterme a la cama.
-No, yo hablo de hacer un viaje- se acercó a mi -sólo tú y yo- paso un mechón de cabello detrás de mi oreja -¿Qué dices?
-¿Sólo tú y yo?- él asintió mientras con sus dedos me rozaban las mejillas -sin móvil- era mi condición.
-Haré lo que pueda- suspire.
Cerré los ojos levantando la cabeza, Mi Itachi río y me beso.
-¿Puedo tomar eso como un si?- dijo separándose por un instante.
-Mjum.
Lamí sus labios y el beso continuo por unos segundos más, Mi Caballero sin armadura me recostó en la cama y se acostó junto a mi, nos cubrió con la cobija y me rodeo en sus brazos.
-Así cuando le contestes a Hiashi-san que no hice nada indecente en la noche no estarás mintiendo- reí como boba.
Pocas veces dormíamos en la cama durante la noche pero no me disgustaba, en realidad lo encontraba satisfactorio.
-Te amo- lo bese sólo posando un instante mis labios en los de él.
-Descansa Mi Diosa.
Los "te amo" de su parte ya no estaban, ahora yo era nombrada su Diosa, su deidad, su todo; había llegado a ese punto "y cuando deje de decir que la amo será porque la palabra amor ya no hará justicia a lo que sienta por Hinata-san". Iria a dónde sea que él me pudiera ir.
