Niñera

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Bajó luciendo más guapa que nunca, usaba un vestido celeste que terminaba por encima de las rodillas, con un escote un tanto profundo en sus pechos, su largo cabello sujetado en media coleta haciendo que sus hermosos ojos blanquecinos lucieran más grandes, una adorable sonrisa en sus labios, la mujer perfecta estaba frente a mi, tan lujuriosa y lasciva como tierna y dulce, Mi Diosa.

-¿Lista?- dije.

Mi preciosa nena sonrió dejando que un lindo sonrojo le decorará el rostro, me tomo del brazo y salimos a la playa. Pasó la tarde preparando una cita para nosotros, algo así como una cena-picnic en la playa, realmente era un encanto Mi princesa. El ambiente era tranquilo, sólo las olas rompiendo se en la orilla a unos metros de nosotros, un mantel sobre la arena con las delicias que preparó Mi nena, la luz de la luna y algunas más de las antorchas que encendí.

Me gustaba estos detalles suyos, sobre todo porque se le ocurrió hacerlo cuando nos interrumpió una llamada del trabajo, parecía que al fin entendía la importancia de eso aún si no le gustaban aquellas llamadas cuando era nuestro tiempo el que era interrumpido.

Mi Hinata se sentó de rodillas frente a mi y acercó un bocado a mi boca, estaba seguro que ganaría peso una vez viviéramos juntos y más aún cuando entrara a la universidad, Mi Diosa se lamió los dedos quitándose los restos del bocadillo.

-¿Buscas engordarme para después comerme?- abrí la boca para comer el siguiente que me ofrecía.

-No necesito engordarte para comerte- lamió mis labios.

La tomé de la cintura y me incline asía ella para besarla, ella se alejó y se sentó dejando su espalda recargada en mi, la abrace a mi cuerpo.

-Aquí el cielo es muy despejado- alce la vista -pareciera que con sólo estirar la mano se podría tomar una estrella.

-¿Quieres que te baje una?

-No, ya estas aquí- me quitó mi propio intento de ser romántico con ella.

Bese su cuello.

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Caminamos por la playa o más bien yo era el que caminaba, Mi Hinata se había cansado y ahora estaba dormida en mi espalda, no la culpaba llevábamos dos días sin dejar de tocarnos, habíamos hecho algunas otras cosas además del sexo pero siempre caíamos en el contacto físico, me preocupaba que nunca nos quedáramos satisfechos pero una voz en mi cabeza me respondía "no es posible saciarse de una Diosa", era verdad y parecía que Mi nena tampoco podía saciarse de mi, esperaba que así fuera. Había aprendido a leerla, incluso ella decía que podía leerle el pensamiento y quería seguir hurgado en su mente, saber que la hacía frenar nuestro avance; Hiashi-san me dio luz verde para llevármela a vivir conmigo, si es que ella aceptaba y eso era lo que me estaba costando. No la forzaría, sabía que ella también lo quería, por momentos me contaba su visión futura sobre nosotros que en resumidas palabras: "familia", Mi Diosa nos veía teniendo una familia y lo admitía, no sólo lo deseaba, yo quería volverlo realidad; la palabra "siempre" era más que sólo un sueño para nosotros, ni siquiera era una promesa, era una realidad que ambos aceptábamos y queríamos, nos pertenecíamos.

-¿Alguna vez- sonó su dulce voz, creí que estaba dormida -pensaste en casarte con Konan-san?

-Ahora pienso en hacerlo contigo- sólo nosotros importábamos ahora y por siempre.

-Esa no fue mi pregunta- su tono era tranquilo, sin reproches.

-Tal vez- sería honesto -en algún momento lo hice- pero eso no importaba ya.

-¿Querías tener hijos con ella?

-Jamás llegue a eso- sus preguntas cesaron por unos segundos, ahora yo necesitaba respuestas -¿Para qué necesitas saber eso amor?

-Neji me mandó una postal cuando cumplí 17- ¡¿?! -tiene un koala y atrás sólo tiene "feliz cumpleaños"- si ese bastardo se atrevía a poner un pie en este país o ponerse en contacto con MI HINATA podía considerarse muerto.

Mi princesa se movió hasta bajar de mi espalda.

-Lo siento- dijo suave -lamento no haberte dicho antes- su voz tenía ese tono a punto de llorar.

-Me lo estas diciendo ahora- la abracé con posesión.

-Tengo miedo de alejarme de ti- soltó, aniquilaría a ese Hyuga.

-Eso no pasara Mi princesa, nadie te alejara de mi, nunca.

-¿Y si un día encuentras a alguien mejor que yo?- sollozaba.

-Imposible- la estreche más a mi -eso no pasará.

-También la amabas a ella ¿verdad?

Sentí sus manos en mi pecho, no quería soltarla pero perdía la fuerza en mis brazos a cada instante que ella me alejaba sin realmente usar la suya.

-Te fue fácil dejar a Konan-san y deshacerte de Neji...- yo no la dejaría, ni me desharía de ella.

-No, no lo fue- ella levantó su mirada -nunca es fácil separarte de una persona con la que compartes años de tu vida; dolió y mucho- la tomé del rostro -si con ella fue doloroso, con Mi Diosa es algo imposible, moriría antes de tener que soportar no estar contigo.- Mi Hinata abrió los ojos con sorpresa -Sabes bien porque Neji Hyuga no está, nadie toca lo que es mío y sale limpio, ya habíamos hablado de eso.

-Siempre arruino los buenos momentos con mis tonterías ¿no es así?- estaba apenada.

Prefería mil veces que me las digiera a que se las guardara, de esa forma podía dejarle bien en claro mis intenciones, mis sentimientos con ella y aclararle las sombras de su cabeza.

-Tú no arruinas nada- bese su frente -aún si pudiera dejar de sentir algo por ti amor así fuera por un instante con sólo ver esos hermosos ojos tan llenos de ti me enamoraría de inmediato nuevamente.

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Un hilillo de baba salió de nuestras bocas al separarnos, me media un poco más en ella, sólo porque quería; me encantaba esa expresión en su rostro después del orgasmo: labios entre abiertos, hinchados y rijosos, ojos semi-cerrados, mejillas con un radiante tono de rojo y ese brillo en de satisfacción bañándolo.

Baje a recostar la cabeza en sus pechos bañados en sudor, saqué mi pene con demasiada lentitud de su vagina, con un brazo le rodee la cintura y mi mano izquierda bajo a acariciar con dulzura su clítoris, recién empezábamos; esta noche le daría varias rondas de sexo. Se las tenía bien merecidas.