Era cosa de todas las mañanas para el muchacho de cabellos blancos. Levantarse, ducharse, hacer el desayuno, espantar al maldito gato de su compañero de cuarto para que se alejara de la habitación, y luego servirle en su plato la comida al pecoso adorable con el que compartía su departamento.
Claro que sí, era cosa de todos los días verlo lentamente despertarse de su sueño, repetir la rutina de rascarse un poco los ojos y estirar los brazos hacia arriba, para luego hacer el más escandalosamente sensual de los sonidos. ¿Y lo peor? Él ni siquiera se daba cuenta de cuán rápido hacía eso volar la imaginación del pobre y pálido muchacho.
Era cosa de todos los días, sí, era la costumbre de esperar a que se levantara de la cama, sólo para volver a escucharlo repetir esos deliciosos gemidos, aunque no los provocara él —como quisiera—.
Lástima que no pudiera hacer mucho por la situación; eran compañeros de habitación, no necesariamente amigos, ni mucho menos se podría decir que fueran cercanos, pero eso al albino parecía darle igual. Siempre y cuando pudiera seguir oyéndolo emitir esos gemidos, y pudiera seguir haciendo volar su imaginación con ellos, no tenía ningún problema… o eso pensaba hasta ahora.
Comenzaba a notar como lentamente el castaño se acercaba a él, en varios sentidos de la palabra. Comenzaba a intercambiar palabras a modo de conversación, simples anécdotas y risas nada más; Otras veces, sin embargo, y principalmente durante la mañana, se estiraba aún por más tiempo, arqueando la espalda y haciendo levantar su camiseta negra que usaba de pijama, mostrando algo de esa piel tan suave a la vista, y haciendo notar más su redondo tras—
— ¿Jack? — La voz algo nasal del muchacho lo sacó de sus indignos pensamientos, con un tono levemente preocupado y una mirada igual haciendo juego. — Estás… rojo.
— ¿Uuh? Ahh… claro, es… es el café, está muy caliente… — Fue su mal disimulada respuesta, y ver la mirada sarcástica del menor no pudo hacer más que advertirle que había dicho alguna cosa incoherente— ¿Qué pasa?
— Que tu tan llamado "café", es "Té" Jack… ¿Dormiste bien o es que hay algo que te está distrayendo? — Y lo que el albino vio en los labios del pecoso no era nada parecido a una sonrisita inocente como las que solía regalarle… para nada, esta era una completamente diferente.
— ¿Distrayéndome? ¡Para nada! Sólo… estaba divagando un poco y ya… tú sabes, debo seguir dormido o algo — Una risa nerviosa escapó de sus finos labios chapados, pero no ayudó realmente, puesto que sólo logró agrandar aquella sonrisa traviesa que seguía plasmada en el rostro del menor—
— ¿Estabas divagando? Hmm… pues bien, no hay nada que hacerle. — Vio como el castaño se encogía de hombros, e iba levantando la mesa, tornándose de un leve rosado mientras se dirigía hacia la cocina, dándole una vista bastante agradable al mayor mientras caminaba— Por cierto, Jack… ¿Eso era una banana en tus pantalones o sólo estás feliz de verme?
Y con esa misma pregunta, se escabulló hacia la cocina, el rojo sobre sus mejillas ya a su punto máximo mientras desaparecía de la vista del albino. Jack, mientras tanto, observaba la puerta de la cocina atónito, para luego bajar la mirada y ver que, efectivamente, se había emocionado un poco con los pensamientos que tanto dirigía hacia su adorable compañero de cuarto. Subió las escaleras con paso rápido, dirigiéndose a su cuarto a toda velocidad mientras se escuchaba de fondo la risa del menor, y los suaves pasos descalzos hacia su propia habitación… que era precisamente donde el albino se había encerrado.
