Tic, tock, tic, tock…
El rítmico paso de los segundos se hacía pesado sobre los hombros del de ojos zafiro, mientras este clavaba la mirada en la puerta abierta, habiendo sido descubierto por cuarta vez en la semana. Los ojos de su compañero también estaban clavados sobre él, con una mirada que gritaba sorpresa por todas partes.
— ¿Qué haces en mi cuarto? … — Logró formular el bello castaño, con sus ojos verdes aún clavados en los zafiros del mayor, lentamente indignándose al notar que, alrededor de donde el albino estaba sentado, estaban desparramadas sus ropas; Algo habría estado buscando…
Tic, tock, tic, tock…
Jack, que no tenía excusa esta vez por haber entrado sin permiso a la habitación del contrario, comenzó a mirar hacia todas partes menos hacia él. Estaba seguro de que la vena de la ira de Hipo comenzaba a crecer, a medida que pasaba la mirada por el desastre que había hecho en su habitación buscando algunas de las cosas que el castaño le arrebató la última vez.
Hipo, por su parte, se llevó una mano al rostro y con ambos dedos se masajeaba la sien, tratando de calmarse para no abalanzarse sobre el mayor y arrancarle uno por uno todos sus cabellos. Cuatro veces ya era suficiente, debía aprender que no le devolvería aquellas fotos por nada del mundo; ¿Quién demonios se creía, sacándole fotos sin permiso y además guardándolas para sí? Estaba dispuesto a castigarlo de varias formas por tan, tan… ¡Tan terrible acto! Sólo que aún no se le ocurría nada…
Tic, tock, tic, tock…
Ya habían pasado cerca de 5 minutos de ambos jóvenes mirándose el uno al otro, el albino con una mirada que suplicaba piedad, mientras la del castaño estaba iluminada de ira. Claro que lo que Jack no esperaba, era encontrar en esos ojos tan llenos de ira, cierta pizca de malicia. "Oh no…" pensó para sí mismo el de ojos zafiro, al notar que lentamente el menor cerraba la puerta tras de sí, y con paso gatuno se acercaba a la cama donde se encontraba sentado y con las furtivas fotos en mano. "Ooooh no" se repitió, mientras veía al muchacho gatear sobre la cama hasta él, meneando levemente la retaguardia. Repetía la misma frase como un mantra a medida que el menor se iba encimando sobre él, llevando las manos llenas de pequeñas pecas hasta su pecho y suavemente empujándolo sobre las cálidas sábanas….
Tic, tock, tic, tock…
El reloj despertador sobre la mesita de luz señalaba las 7:32 A.M., pero a Hipo poco parecía importarle. Mientras el reloj seguía sonando con el pasar de los segundos, él cómodamente se iba sentando sobre la entrepierna del mayor, notablemente despierta aún sobre la ropa y enterrándose suavemente entre la fibra de los bóxers verde aceituna que traía puesto. Una sonrisa intrépida se hizo camino por sus finos labios, a medida que se apoyaba con sus manos sobre el pecho del albino, ayudándose así para poder moverse sensualmente sobre la creciente erección de su compañero.
— ¿Qué fue lo que te dije de meterte a mi cuarto, Jack? — Levemente, comenzó a restregarse sobre aquél bulto que sentía entre sus nalgas.
— Q-Que no debo entrar sin permiso… — El tinte rojo sobre las mejillas del albino hacía un gran contraste, pero poco importaba comparado con el calor que comenzaba a presentarse sobre cierta zona.
Tic, tock, tic, tock…
— ¿Y no fui claro la primera vez~? — Acentuando cada palabra con un movimiento de sus caderas, Hipo parecía complacido con la reacción que estaba logrando en el mayor.
— Ahh… ¿N-No? — Las palabras sonaban como un dulce ronroneo en los oídos de Jack, que lentamente iba perdiendo la paciencia, aunque no soltaba las fotografías del menor. Cada leve roce de ese tan deseable trasero lo estaba volviendo loco, pero por nada del mundo soltaría las fotos.
— Pues bien… supongo que tendré que tomar mis medidas para que comprendas…
Jack se esperaba todo menos el rápido movimiento de manos con el cual el contrario le arrebató las fotos, y las fue destrozando frente a sus ojos una por una. Cada bello trozo de las fotos estaba ahora en el suelo, hecho una pila que Hipo planeaba quemar.
— Eso te enseñara. — Se levantó y se alejó del mayor, rápidamente deslizando un par de pantalones por sus delgadas piernas y pasando su sudadera favorita por sobre sus hombros— Ya es tarde… así que te recomiendo que te encargues de eso antes de presentarte a clases, pervertido. — Y con sus últimas palabras ya dichas, se puso sus zapatos y tomó su mochila, dejando a un confundido y… emocionado Jack aún recostado sobre la cama, con ambas manos sobre su rostro y cierto amiguito saludando por debajo de sus pantalones.
