— ¿Diez meses?… ¿Diez meses viviendo con ÉSTE tipo? — La rubia que se sentaba frente a él parecía indignada mientras señalaba al "bello durmiente" todo desparramado en el sillón. Astrid había venido a visitar a su mejor amigo para ver cómo iba su vida, pero realmente no se esperaba esto. — ¡Tiene que ser una broma!

— Peeero no lo es… — Hipo, que estaba desayunando cuando su amiga llegó, realmente se arrepentía de haber abierto la puerta. Llevaba quince minutos repitiendo que no podía creerlo, que viviera con un "pervertido" –Aunque él ya no pensara eso de Jack- y que además lo incentivara aún más. A él ya no se le hacía tanto problema que Jack lo abrazara o lo molestara de vez en cuando, es más, para él ya era un hábito, una broma de simples compañeros y nada más; Pero a la vista de Astrid, parecía ser el peor escenario en que su "inocente y dulce" mejor amigo se podía encontrar. — ¿No quieres café, té… té verde?

— ¡No trates de evadir el tema, Haddock! — El repentino grito de la rubia despertó no sólo al gato, sino también al pobre albino que pegó un salto del susto y cayó del sillón, golpeándose la cabeza y el trasero en la caída— ¡Ya era hora!

— Ehh… Hipo… — La voz confundida del mayor logró atraer la atención del castaño, quien ya se sentía culpable por tener que presentarlos. Jack, desde el suelo, no comprendía por qué la chica –a la que ni siquiera conocía- parecía estar tan furiosa con él… hasta que le vino a la cabeza una idea bastante aterradora… ¿Esa era la novia de Hipo?, ¿Y si le había dicho algo de todo lo que había sucedido? ¡Él sólo jugaba! — Hipo… ¿Ella es tu novia?

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— Espero que ya estés contento… — Dijo la enfadada muchacha al ver a Hipo meterse con una cara idéntica a la suya en la cocina.

— ¿¡Cómo se supone que lo supiera!? — El mayor, ya desesperado tras horas de su día de descanso desperdiciadas, comenzaba a asustarse con siquiera mirar a la rubia, quien seguía con gesto de enojada a través de la mesa— ¡Estás loca, mujer!

— ¡Yo no estoy loca!, ¡El único maniático aquí eres tú, pervertido! — Cuando estuvieron a punto de comenzar a volar las tazas y los puñetazos, Hipo abrió la puerta de una patada, simplemente para alertarlos y que pararan.

— ¡Ya estuvo bueno, basta los dos! — Una vez el silencio se hizo sobre el pequeño comedor –con excepción de la rubia que aún murmuraba por lo bajo-, Hipo se sentó junto a Jack, no porque quisiera, sino porque Astrid estaba alterada y no quería arriesgarse a perder su pierna buena. — Escucha, Astrid… Jack y yo… ya somos amigos, no hay nada de lo que tengas que preocuparte… además, ya te dije que sé controlarlo, puedo de-

— NO; Corrección, NO puedes defenderte. No te estás defendiendo, lo estás tentando, Hipo. — La rubia, tan cansada como los varones frente a ella, se cruzó de brazos, ignorando el plato con pancakes que hacía algún rato se había enfriado.

Un suspiro exasperado fue el último sonido que salió de los labios del pecoso, que de una vez por todas se dignó a comerse su plato de pancakes, harto de la discusión y de ambos de sus amigos por ahora.
La hora de almorzar se había hecho su paso lentamente entre el silencio incómodo y las repentinas discusiones que se repetían durante las siguientes 2 horas; Astrid, a pesar de ser la "invitada", para disculparse con Hipo se ofreció a hacer la comida, avisando desde la cocina que estaría lista en una hora y media. Ambos varones subieron a sus respectivas habitaciones a elegir su ropa y bañarse, acordando los turnos para no tardar demasiado. El castaño fue el primero en entrar, lentamente despojándose de sus ropas mientras tarareaba una canción que su madre solía cantarle cuando era pequeño y no se quería meter a bañar. Una sonrisa se plasmó en su rostro ante el recuerdo y, con ese pensamiento, se metió a la ducha, ignorando el sonido de la puerta cuando fue cerrada… con llave.

Mientras se enjabonaba el cabello, el agua tibia de la ducha y el sonido constante de las gotas cayendo sobre la cerámica de la bañera lo distraían de oír los pasos suaves del mayor, mientras se escabullía en la ducha junto a él. Se asustó casi hasta pegar un grito cuando sintió las manos frías del contrario sobre su cintura, y estuvo cerca de lanzarle el shampoo por la cabeza al ver que no era más que Jack. Claro que no por esto estaba menos enojado.

— ¿Qué se supone que haces aquí? ¡Teníamos un turno! — Dijo en un susurro el pecoso para evitar que Astrid los oyera, aunque estuvieran en el piso superior la paranoia lo perseguía después de tanto agotamiento—

— Sólo ahorro agua caliente… además, puedo ayudarte si quieres — Una falsa sonrisa inocente logró convencer al castaño, quien simplemente se dio la vuelta para poder mirarlo y vigilar cualquier movimiento. Del shampoo pasó al acondicionador, que Jack amablemente se ofreció a aplicarle, mientras Hipo intentaba enjabonar el cabello salvaje de su compañero.

Podía decirse que Hipo estaba sorprendido al salir de la ducha sin haber sido manoseado, pero la sorpresa no duró mucho. Apenas Astrid dio el aviso de que quedaba media hora para el almuerzo, Jack empujó a Hipo dentro de su propia habitación y cerró la puerta detrás de él con traba. Se acercó al menor, quien con cada paso hacia atrás se acercaba más a la cama, donde acabó cayendo de espaldas con Jack sobre él. Rápidamente, el albino tomó las manos del menor, sujetándolas de una mano con firmeza mientras con la otra sostenía levemente el rostro del menor, acercándose a besarlo con dulzura y suavidad. Los besos siguieron hasta que Jack aflojó su agarre en las muñecas del pecoso, esperando que ya estuviera embelesado… vaya sorpresa que se llevó.
En un instante, Hipo ya lo había lanzado al suelo y esperaba realmente un buen rodillazo en su intimidad que lo mandara a dormir, pero el castaño parecía tener otros planes. Unos suaves labios se posaron sobre los suyos, y unas manos tímidas se hicieron camino desde su cuello hasta su pecho y estómago y más abajo aún, posándose en la entrepierna del albino que lentamente caía en la trampa.

Hipo, que estaba perdiendo noción de su plan, se fue posicionando sobre el mayor para poder sentarse sobre él como tantas otras veces, mientras Jack se sentaba sobre el suelo y se abrazaba a su cintura. Planeaba fingir que se dejaba llevar, no exactamente acabar haciéndolo en realidad. Pero ya le valía, se estaba dejando hechizar por aquellas manos firmes aferradas a su cintura y los besos cariñosos que el mayor le proporcionaba, porque ya ni siquiera era deseo lo que había en esos besos tan dulces, no para nada…

Sus pensamientos se interrumpieron unos minutos más tarde, cuando la rubia subió para encontrarse a Jack sentado en el suelo, con Hipo encima y ambos gimiendo bastante pegados el uno al otro; al parecer se estaban divirtiendo hasta que entró en la habitación –sep. La chica había forzado la cerradura-

— Ya está listo el almuerzo, nerd, puedes traer a tu novio si quieres.

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— ¡Te juro que Jack y yo sólo somos amigos, estaba intentando distraerlo para poder castrarlo de una patada!

— ¿Por qué tienen que ser tan crueles conmigo? Yo sólo quiero amor… — Jack, desde la punta de la mesa, observaba a Hipo completamente rojo y avergonzado, explicándole a su amiga miles de veces la misma situación, mientras ella sólo reía y le lanzaba uno que otro guiño a Jack, como diciendo que aprobaba de él finalmente. El albino, satisfecho, daba un buen mordisco al sándwich de pollo que se había hecho con su comida, esperando una semana de ser ignorado por el menor hasta que su vergüenza pasara.