— Un año completo de vivir juntos… ¿No crees que es maravilloso? —Se oía la música suave en la sala de estar, unas baladas que ambos se habían decidido por poner, más para el ambiente de paz que para ellos mismos. Jack, que estaba sentado esperando la respuesta de Hipo desde el sillón, observaba con cuidado la silueta del menor frente a él, mientras este trataba de acabar con su origami.

— ¿Maravilloso? Yo creo que la palabra es "Escandaloso", si me permites. — No quería enfadarse en el primer aniversario de compañeros que tenían, pero realmente no le veía lo "maravilloso" a haber pasado un año completo siendo… ¿Acosado?, sí… acosado es la palabra.

— No te enojes, sólo digo… — Un largo suspiro, algo melancólico escapó de los labios del albino, que había apartado la mirada y ahora la tenía clavada en el techo, mirándolo como si tuviera las respuestas para cada pregunta tonta que se hacía en su mente. — Aprovecharé la ocasión… tengo que decirte algo…

Hipo, que hacía unos veinte minutos se había puesto a hacer rosas y flores de kudama en origami, finalmente levantó la vista de sus dobleces, fijando sus ojos verdes en la mirada perdida del mayor. Un sonrojo se fue haciendo paso por sus mejillas al notar la sonrisa… tan cariñosa que llevaba en su rostro el contrario. No se fiaba de él aún, nuevamente, tras un año de constante acoso ya debería haberse ido a la comisaría y denunciarlo con su padre –dicho sea de paso que su padre era un policía-, pero por alguna razón no lo había hecho; Hipo ya consideraba a Jack como su amigo y no podía hacerle eso, mucho menos ahora, cuando le dirigía tan amorosa sonrisa.

— Y… ¿Qué es lo que tienes que decirme? — El sonrojo que había comenzado rosado lentamente se iba tornando rojo, mientras seguía sin despegar su mirada de aquella dulce sonrisa.

— Lo siento… muchísimo… — Y con esas últimas palabras, su sonrisa se fue desvaneciendo, mientras el albino se levantaba y se dirigía hacia él, otorgándole el más sincero de sus abrazos, suaves sollozos escapando de él aunque siguiera sin soltarse del menor.

Caricias y besos fueron intercambiados a modo de disculpa, simples gestos de comprensión mientras el pobre muchacho se despojaba de todos los errores cometidos en este primer año. Hipo, que estaba consolando al mayor con suaves palmadas en la espalda, seguía en un leve estado de shock escuchando a su compañero de cuarto y amigo llorar descargándose. Jamás habría esperado una disculpa en todo el tiempo que habían pasado juntos, si bien había sido tan solo un año, a estas alturas esperaba alguna otra tontería, algún chiste, una broma…
Se soltó de aquel transe al escuchar a Jack comenzar a reír de a poco, hacía algunos minutos que había dejado de temblar y sollozar, pero el menor seguía en su modo de "Consuela a tu mejor Amigo", por lo cual aún lo palmeaba con cuidado y seguía murmurando canciones sin sentido.

— Hipo… la gente normal no abraza por tanto tiempo; Sé que soy guapo pero esto es demasiado — Una risa algo más suelta y relajada escapó del albino, que había logrado soltarse de los brazos de su compañero, quien le sonreía con los primeros indicios de otro sonrojo comenzando a formarse.

— Cállate, subnormal, se nota que no querías soltarte… — Una sonrisa tímida pero juguetona se abrió camino, curvando los labios del menor en un gesto de cariño. — Esto no va a volver a repetirse todos los años… ¿Cierto?

— No, no… No, tranquilo; Pero ya, en serio… lo lamento, nunca quise hacerte sentir mal con todo eso… es que creí que tal vez así por lo menos tendríamos bueno… algo, no lo sé… no me malinterpretes, no te digo que me gustes ni nada, no es como si me hubieras gustado desde que nos pusieron aquí y eso es que bueno, jamás creí que serías tan- — Hipo lo calló con un dedo sobre sus labios, sonriéndole como si nada jamás hubiera pasado.

—Oye… tranquilo, ¿Sí? Ya te disculpaste y yo te perdone, explícate cuando te pegue una patada en el estómago, no cuando te esté sonriendo — Una risa ligera y un abrazo más tarde, continuaron con sus cosas por el resto de la tarde; Astrid llegó a visitarlos, no se descartaron problemas pequeños pero pronto pasaron. Fue una tarde como cualquiera… excepto por los repentinos gritos que comenzaron a oírse por todo el vecindario y por la pobre muchacha que andaba corriendo detrás de un albino que daba zancones como podía para escapar.